Exploradora lunar











Primero, voy a mi clase de francés como todos los días, a la salida entro un rato al baño y dejo mi cel encima de la caja de agua, encima pongo mi casaca (el clima está loco y de pronto hace tanto calor como frío), salgo y solo recojo mi casaca. Estoy con mi amiga que me acompaña al paradero. Me doy cuenta que no tengo el cel y vuelvo corriendo. Ya no está. Habrán pasado menos de diez minutos.

Entonces, llamo a mi número y timbra. Timbra un buen rato y nadie contesta. Espero un rato y vuelvo a llamar. Está apagado. Segundo paso: robado. Porque una persona honesta contestaría y me lo devolvería, pero no lo hizo, lo apagó.

Luego de un momento de tristeza comienza la sensación de libertad, y no sé si la sensación de libertad depende de la tristeza y las ganas que uno tiene de ser libre, pero el celular realmente te encierra en un pequeño mundo de expectativas que no quiero volver a sentir por lo menos unos meses.



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