Exploradora lunar











{24 diciembre 2011}   Ficción

Estábamos en el cine las dos cuando casi al mismo tiempo nos lleguen mensajes a cada una. A ella su novia le había escrito que tenía problemas. A mí, una amiga me decía que estaban celebrando el fin de año adelantado y quería celebrarlo conmigo. Le digo que quizás en dos horas. Quizás.

Ella estaba desesperada. Sabía que iba a arruinar el momento otra vez, casi en la misma circunstancia de hace varios meses y sabía que no podría evitarlo y que tendría qe asumir las consecuencias, otra vez. Y eso la asustaba. Le asustaba la posibilidad de perderme otra vez y esta vez no recuperarme.

Creo que en algún momento yo perdí la capacidad de indignación. Solo le dije: haz lo que creas correcto. Y ella se fue. A la mitad de la película dejándome completamente sola en una sala repleta de gente.

Yo salgo y no sé qué hacer, quiero irme a mi casa pero mis cosas están en su cuarto. No quiero celebrar nada pero no me queda otra que ir a la celebración. Suspiro y voy para allá. Sé que mi amiga y yo terminaremos besándonos,  de eso no hay duda. Y sé también que me gustará y que eso es lo que estoy buscando cuando voy hacia ella.

Llego y me reciben, me invitan cerveza, todas cantan. Luego me llegan mensajes de ella. Ya ven. Ya se fue. Ven por favor. Regresa. Quiero dormir contigo. Vuelve ahora.

Le digo que en un par de horas, que necesito distraerme, que quiero estar sola. Me dice que no lo haga, que vuelva a ella, que me distraiga con ella. No le vuelvo a contestar.

Cuatro horas después regreso a ella. Está furiosa. Me odia. Golpea la pared y se lastima la mano una y otra vez. Respira rápido y llora. Yo otras veces lloraba a su lado. La contenía. Cogía su mano y evitaba que se golpeara. Tranquilizaba su respiración. Velaba su sueño. Ahora dejo que se lastime. Deseo que se lastime. Deseo dormir. Solo son amagos de tragedia. Tragedia tantas veces repetida, tantas veces vivida.

Luego hablamos, pero aún no comprende la dimensión de su falta. Creo que nunca lo comprenderá. Es una niña. Inmadura, insensible, egoísta, pero niña al fin y al cabo. Extraviada en el pasado, hundida en los recuerdos. Perdida, llorosa, dubitativa. Y soy solo soy una mujer cansada que quiere dormir profundamente, despertar, ir a trabajar y seguir viviendo. Sin ella.

Al día siguiente actúa como si nada hubiera pasado. Yo actúo como si todo hubiera pasado. Estamos tan cerca y tan lejos. Como si un millón de estrellas se colocaran entre nosotras y nos impidieran tocarnos, a pesar de que nos tocamos. Como si nos impidieran besarnos a pesar de que nos besamos. Como si nos impidieran amarnos a pesar de que nos amamos. Y yo me alejo otra vez como tantas veces. Con el sabor de la derrota en cada poro de mi cuerpo. Y con todas las posibilidades a flor de piel.

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