Es inevitable que cada canción que escuche me recuerde a ella, o a mi historia con ella, o a cómo terminó todo con ella. Yo imagino que cuando ya no sienta esa cosita medio dolorosa medio placentera dentro cada vez que escucho las letras de las canciones significará que ya la olvidé por completo. O cada vez que vaya por algún lugar y no piense en todo lo que hice con ella por ahí también será un signo más de que quedó en el pasado.
Pero por el momento no es así, aunque tampoco es tan doloroso como antes, es solo contemplativo, como un hacerse a la idea de una forma melancólica y llena de nostalgia, pero no cargada del apasionamiento de los primeros meses en los que me negaba completa, loca y delirantemente a aceptar que ella había dejado de amarme y se había enamorado de otra. Tiempos en los que yo era tan desdichada que me parece increíble la capacidad de sufrimiento del ser humano y también su capacidad de sobrevivencia a esos devastadores dolores del alma. Si algo he aprendido de todo esto es que es muy fácil morir de amor, es fácil humillarse, arrastrarse, llorar, dolerse, rabiar, odiar. Y es tan complicado y jodidamente difícil sobrevivir, pararse, caminar, reír, volver a soñar, perdonar, amar otra vez. La vida nos pone en el camino estas situaciones límites que nos colocan entre la muerte y la vida, y escoger la vida es una decisión difícil, una decisión que cuesta, que no dan ganas de tomarla. Me siento como una héroe de mi propia vida, a pesar de que otras personas puedan creer que el coraje me sobra por todo lo que hago. No, para mí dar la cara, salir en los medios y decir que soy lesbiana no me cuesta nada, pero sobrevivir al desamor casi me cuesta la vida.
Es inevitable pensar en ella, pero cada día pienso menos (creo que me gusta escribir eso). Cada día está más lleno de otras cosas y cada vez menos cosas se llenan con ella. Me gusta también pensar que no hay marcha atrás y que ya no hay forma de arreglar lo desarreglado. Me gusta pensar que quedará en el pasado. Claro que todo eso es por el momento solo anhelos. Aún no sé o no puedo estar segura de que no hay marcha atrás, de que no hay arreglo o de que quedó en el pasado. Eso solo lo sabré con el tiempo. El tiempo aún no me ayuda, y eso que ya pasó mucho desde el día en que empezó todo lo malo, 2 de julio de 2011, el día de su cumpleaños, cuando en la noche volvimos las tres juntas de la fiesta, dormimos las tres en la misma cama y al día siguiente, al despertar, ella abrazaba a la otra y yo me encontraba sola. El día en que empezó el fin.