10-01-2019

No sé nada de ella. No teníamos una relación no convencional. Ahora podemos ser amigas. En el transcurso del tiempo en que no nos vemos salí con dos chicas. Sin comentarios. Me gusta la tranquilidad de estos días, eso de no pensar en nadie. Ilusiones vendrán después, de eso no tengo duda, pero vivir sin ilusiones es todo un regalo.

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Navidarks

28 de diciembre. Ella se fue de viaje el 25, no nos despedimos ni nos hablamos, le dije para vernos antes y me dijo que no tenía tiempo. Todo bien. Si no se puede, no se puede, luego habrá otras oportunidades, o tal vez no, pero sin complicaciones. Igual me sigue gustando mucho, pero eso no indica nada más que mi propio gusto. Y tal vez yo le guste mucho, pero eso indica solamente un gusto. Nada de densidades. Le da likes a mis cosas y a veces comenta. No sé qué pasará en el futuro, pero espero que sigamos siendo amigas.

Ayer una chica me escribió para tomarnos un café. Ya me lo había propuesto antes, pero nunca nos habíamos podido dar un tiempo. Y como no tenía nada que hacer, acepté. Nos encontramos a las 5 en Plaza Bolognesi, de ahí nos fuimos a Monarca (no iba a tomar café). Era más guapa de lo que imaginaba. Conversamos largo rato y me coqueteaba mucho, pero pensaba que era porque hay gente así con esa coquetería natural. En un momento me pregunta si me puede besar y le digo que sí. El bar estaba lleno de hombres, y me besa y todos se quedan como desquiciados, porque la estaban mirando desde hacía rato intentando llamar su atención o cruzar miradas, pero ella solo me miraba a mí.

Nos volvimos a besar, nos tomó una foto en pleno beso y se la mandó a sus amigas. Nos tomamos seis chelas y ya estábamos medio movidas y ella vive muy lejos, así que la acompañé hasta el paradero, nos volvimos a besar un largo rato, se subió al bus y se llevó mi camisa. Al día siguiente me escribió, seguro quedamos para vernos uno de estos días.

No convencional

19 de diciembre. Ayer nos atrevimos a hablar, por primera vez, de la especie de “relación” que tenemos desde hace aproximadamente medio año, ella y yo.

Fue así, estábamos en el cumpleaños de L, y eso era borrachera fija, disfrutamos toda la noche de bailes y bebidas, pero no conversábamos mucho, como siempre. Casi al final, me acerco y le pregunto si ya puedo besarla, no recuerdo qué me contestó. pero era algo así como “tenemos que hablar”, luego me dijo que yo le dije para hablar, pero bueno, la cosa es que hablamos. En ese momento pensé: “uy, acá empieza lo bueno”. Estábamos en el patio, y mientras ella armaba un cigarro de tabaco, yo la escuchaba hablar sobre la relación “no convencional” que tiene conmigo, ella estaba muy seria y hablaba pausadamente. Primero dijo que no era una relación, luego que sí, pero atípica, porque, en general, ella no suele acostarse más de dos veces con alguien, lo deja ahí, no va más allá, pero conmigo se viene acostando ya varios meses, de forma intermitente, e incluso el día anterior habíamos dormido juntas…

Acá interrumpo la narración para contar la noche anterior. Fue así. 

18 de diciembre. Habíamos quedado en reunirnos todas las del proyecto para cenar juntas por navidad, así que ahí estábamos las siete juntas otra vez, como cuando actuamos en la obra, preparamos comida, llevamos vino y cerveza, y conversamos y nos reímos mucho. En un momento de la noche ella ya se veía muy cansada, entonces una amiga le dijo que vaya a descansar un rato, ella se va y yo le mando un mensaje, le pregunto: puedo quedarme a dormir contigo. Pero me digo, se va a dormir y no va a responder nada. Así que entro a su cuarto y le pregunto directamente. Sí, me dice, y comenzamos a besarnos y tiramos. Es una de las pocas veces que lo hacemos sin estar tan ebria, y fue bonito, por lo menos hicimos cosas nuevas. Al día siguiente despertamos desnudas y con mucho calor, estuvimos un rato conversando hasta que ya no soporté la sed y me vestí para ir a tomar agua. Me preguntó: qué pasa, como sorprendida porque me vistiera. Le dije lo de la sed y se rió, luego le pasé su ropa y también se vistió. Fuimos a la cocina, tomé agua y me puse a lavar todas las cosas que estaban sucias, cuando terminamos de arreglar alisto mis cosas para irme, me acerco a ella, nos abrazamos fuerte otra vez, nos besamos y besamos y besamos, y luego nos volvemos a besar antes de que me vaya. Mientras me abre la puerta me dice que llegará súper tarde al cumple de L, no le pregunto por qué y me voy. 

seguimos con lo anterior:

…y esta noche no sería la excepción.

Yo la escuchaba y la escuchaba, casi sin decir nada, luego nos besamos mucho, y nos dio sueño, pero no podíamos ir a nuestras casas así que nos quedamos a dormir en casa de L, en un cuarto aparte, estuvimos buscando un rato un lugar donde dormir porque solo estaba el piso, por suerte me di cuenta que había un colchón pegado en la pared. Estábamos muy cansadas así que nos dormimos automáticamente. Al despertar, continuamos la conversación, mejor dicho, el casi monólogo explicativo de ella de por qué no tener parejas exclusivas, y luego me empezó a contar sus romances fallidos en donde había sido clara sobre el asunto de que no creía en la exclusividad, yo le conté algunos míos, y así hasta el momento de despedirnos.

Creo que nuestras despedidas son las mejores, porque estamos sobrias, porque nos abrazamos muy fuerte, porque nos besamos largo rato, y porque siento que ese momento es de real amor, más allá del deseo intenso, es purito amor, ganas de tenerla entre mis brazos, ganas de que la abrace y la bese, ganas de que no se termine, porque luego vienen días de no conversar, de no decirnos nada, de no vernos hasta la próxima casualidad que nos junta en la vida. Porque así es nuestra relación, casual, sin convenciones, sin deberes ni derechos, sin saber mucho de su vida y de mi vida, excepto lo que publicamos en nuestras redes.

A mí me gustaría decirle que me gusta, que me vuelvo loca por ella, pero tampoco quiero arruinarlo, creo que tampoco quiero una relación convencional, no como las que he vivido todo este tiempo, de saber todo de la otra, lo que generaba una dependencia emocional enorme luego, pero a la vez quiero un poco de esa convencionalidad. Quiero poder acariciarle el rostro en cualquier lado, darle besos, tomarla de la mano, decirle cosas tiernas, pasar tiempo a su lado, no mucho tiempo, pero algún tiempo, dormir algunas noches más a su lado, despertar más seguido, para no estar forzando a mi mente a recordar su olor, sus ojos, sus besos, sus abrazos, sus suspiros.

No nos imagino como parejas convencionales, pero a la vez alucino que todo es posible, que ella es posible.

Casi nada, casi todo

10 de diciembre. Luego de una reunión intensa de coordinaciones, pero también de denseos y malas vibras, nos vamos en grupo a tomar. Extrañamente encontramos un billar casi vacío y entramos. Tomamos unas cuantas cervezas, jugamos fulbito y luego nos quedamos las dos solas y nos vamos a su casa. Conversamos largo rato, tomamos vino, preparamos un trago más, me acerco a ella y empezamos a besarnos, me lleva hacia la lavandería y nos desnudamos, mientras nos acariciamos y besamos, luego vamos a su cuarto y lamentablemente nos quedamos dormidas a los dos minutos. A la mañana siguiente despierto a las 7 am y ya no puedo dormir. Ella duerme plácidamente sin que nadie la moleste. Me pongo a chequear el facebook, cuando ella voltea y me abraza, me tiene abrazada como dos horas mientras sigue durmiendo y yo viendo su rostro tan cerca al mío, su piel de fruta, todas las pequitas que rodean su cara, cómo no enamorarse de un rostro así, como no querer que te abrace todo el día y toda la noche.

Pero llega alguien y ella tiene que levantarse y vestirse, me veo obligada a vestirme también, me prepara el desayuno, conversamos largo rato, busco mis lentes por todos lados y nunca lo encontramos, me hago a la idea de que lo he perdido de alguna forma extraña.

Me dispongo a despedirme de ella, me acerco, se para, nos abrazamos, me besa en la mejilla, luego en la boca, le beso el cuello, el hombro, ella está metida en mi cuello suspirando profundamente, le acaricio la espalda, nos volvemos a besar. De pronto escucho que me dice: “Te quiero”, y yo con el corazón en la boca le digo: “Yo también te quiero”. Nos damos los últimos besos y me voy.

Creo que fue el mejor día de mi vida, no significa más que eso, pero es hermoso, ese “te quiero” no significa una relación de pareja, ni siquiera algo parecido, significa solamente que me quiere, que le gusta pasar el tiempo conmigo, que cada vez es más lesbiana, que me quiere, que me quiere, que me quiere. Y con eso ya tengo para vivir meses enteros, incluso sin su presencia.

Ama-necer

21 de octubre. Despierto a su lado, estamos desnudas, no sé si abrazarla o correr al baño. Despierto porque quiero orinar y los recuerdos empiezan a llenar mi cabeza. Salgo del baño y me echo a su lado, ella ya se ha puesto el pijama y sale al baño también. Regresa y empieza a acariciar al perro. Él ha estado todo el tiempo ahí, pero no me había dado cuenta. Recién en la mañana me percato de su presencia. Ella se ríe. Ahora está entre nosotras. Le tomamos foto, lo acariciamos. Le pregunto sobre su trabajo, la abrazo suavemente de la cintura, mientras el perro lame mi mano. Es extraño, siempre es extraño estar a su lado, es como si fuéramos dos personas distintas en el día y en la noche. En la noche es como si todo nos atrajera la una a la otra, es fácil acercarme, es fácil abrazarla, es fácil besarnos locamente y hacer el amor hasta que nuestros cuerpos se agotan, desfallecen y el sueño nos vence. En la mañana todo es difícil, incluso mirarla a los ojos. La abrazo por la cintura y me acerco más a ella, meto mi cara en su cabello que huele a cigarro. Ella vuelve a reírse. De eso conversamos hace un rato. ¿Hace un rato? ¿En la noche? Dijimos: olemos a cigarro. Lo recuerdo, pero no recuerdo el tiempo en el que lo dijimos. ¿Lo habremos soñado? Sigue acariciando al perro, mientras yo intento tomarle otra foto. Luego gira levemente, extiende su brazo hacia mí rodeando mi cuello y me besa en la boca. Es el primer beso que nos damos en la mañana y ya quiero más, pero todo siempre es a cuentagotas a la luz del día. Mis amigos están en el cuarto de al frente, les digo para ir a tomar un jugo. Aceptan. Ella también se anima, sacamos a pasear al perro, mientras esperamos que se alisten. Y vamos juntos al mercado. Y todo es como si no hubiera pasado nada la noche anterior. Como si fuéramos buenas amigas. Como si acabáramos de encontrarnos. Me recuerda a cuando la veía con su novio. Casi no se tocaban, no andaban de la mano, no se hacían cariño. ¿Así será siempre? Debe haber más que eso, pero tal vez yo no lo descubra, tal vez lo descubra otrx, o tal vez ya hubo y se perdió con el tiempo. Diez o veinte años después del primer y segundo y tercer amor ya nada es igual. Regresamos a su casa, no sé si subir o despedirme en la puerta. Por suerte tengo que recoger unos libros. Subo. Mientras los empaquetan, nos abrazamos, le acaricio la espalda, ella suspira un par de veces, no sé bien por qué suspira, pero me gustaría saberlo, veo sus ojos detrás de los enormes lentes negros que usa, nos damos un beso en los labios, y otro más hasta que nos interrumpen. Dos besos que se quedan clavados en mi mente desde hace cinco días porque es lo que me mantiene a flote cuando la soledad parece invadirlo todo. Recuerdo sus besos, la vuelvo a besar en mi mente, imagino nuevamente historias de amor a su lado, que duermo con ella, que despertamos juntas, que vuelve a susurrarme todas esas cosas que me susurra en las noches, ebrias de amor o de algo parecido al amor, prometiéndonos imposibles que al día siguiente olvidaremos. Pero lo más importante: me dijo que ya no está con él. Así no sea cierto.

Un año antes

Setiembre. Ella tal vez no recuerde la fecha, pero yo sí. Ella no sabe hace un mes se cumple un año de haberlo hecho por primera vez. Yo tenía un tiempo de haber acabado una relación larga, hermosa y tormentosa a la vez, con todo lo que eso puede significar. La había visto antes, pero nunca me había llamado mucho la atención. Era como cualquier compañera, una chica más que apoyaba la lucha. Y ese día estaba en la fiesta, y yo ya estaba picada así que me atreví a decirle para bailar, algo imposible de hacer de otra forma por mi timidez, y aceptó, y bailamos. Después de eso todo es medio nublado. Tengo una foto que nos tomó una amiga. Una foto delirante en donde las dos estamos ciegas.

Luego de eso desperté en tu cama. Creo que querías que me vaya, ni tú sabías muy bien qué hacía ahí, pero yo no podía irme, no por ti, sino por mí, no podía mantenerme en pie, me sentía muy cansada. Dormí un par de horas más, tú también, luego volví a despertar, me alisté y me fui. Estabas durmiendo y no me despedí. Intentaba encajar el rompecabezas imperfecto de mi mente. Te recordaba desnuda tocándome. Yo encima de ti intentando hacer algo, seguramente algo inútil por mi estado. No sabía si sentirme feliz por lo que había pasado, aunque en el fondo me sentía infeliz. Ese amor del pasado volvía y volvía y me seguía arrastrando. Dos días después me escribiste. Me avergonzaba no haberte dicho nada. Me escribiste algo lindo. Algo que debía haber aprovechado para invitarte a tomar algo y conversar. Pero no, seguía en el pasado y seguí así por mucho tiempo. Y tú ya tenías un presente. Y yo había perdido mi oportunidad. Tal vez una oportunidad que realmente no existía, pero algo se había perdido, porque ni siquiera lo había intentado.

Te volví a ver varias veces después, pero actuábamos siempre como si nada hubiera pasado. Tal vez nada había pasado realmente, pero siempre imaginaba que algo aunque sea había sucedido en ese momento en que nuestros cuerpos estuvieron juntos. Pasaron varios meses más, no teníamos nada en común. Hasta que la suerte empezó a jugar de mi lado. Me comprometí en un proyecto en donde tú estabas indirectamente, aunque yo no lo sabía. Acepté porque era un reto nuevo para mí, nunca había hecho teatro, y siempre termino aceptando las cosas locas que me proponen. Te veía nuevamente de vez en cuando entrar y salir sin imaginar que tú manejabas ese espacio, que era tuyo, que era lo que amabas.

Y yo ya me acostumbraba a no ser nada de ti, a no intentar nada, a verte como una amiga, hasta el día de tu cumpleaños (26/7), que una amiga en común me empujó para bailar contigo, ella sabía que yo moría por ti, que siempre estaba haciendo bromas al respecto, ella era la única que sabía que nos habíamos acostado hace un año, solo ella, tú y yo. Y bailé contigo y te besé, y me besaste frente a tu novio, y te sentiste mal, porque no es bueno hacer esas cosas frente a gente que nos quiere, pero yo estaba feliz, por fin te había vuelto a besar, y de nuevo renació en mí la esperanza, como un filo de luz entrando por la puerta.

De pronto, un intermedio en el cumpleaños de un amigo (23/8), casi un mes después, en donde nos dimos besos de a tres con otra amiga, una amiga que me había robado el corazón por tres semanas y que me había hecho olvidar el enorme deseo que tenía por ti, mientras tú estabas con él. Y luego del beso, tu preocupación por tu novio volvió a enturbiar los recuerdos.

Luego unas semanas más y el proyecto también ya era tuyo, ya eras del equipo porque varias habían desertado, y ya te veía todo el tiempo, y para celebrar las funciones que estábamos haciendo en el CCE (5/10) fuimos todas a tomar a un bar, y nos divertimos, y como locas nos fuimos a otra discoteca, y ahí me tomaste de la mano y me llevaste a un cuarto oscuro y dimos rienda suelta a eso que teníamos guardado tanto tiempo, hasta que nos botaron, y de pronto te vi yéndote con alguien y te jalé y no dejé que lo hicieras, nos subimos a un taxi, no recordaba tu dirección, así que fuimos a mi casa, nos dormimos en el taxi, al despertar vi como el taxista intentaba tocarte la pierna, lo insulté, me gritó, y nos botó a unas cuadras del lugar donde vivo. Llegamos exhaustas y dormimos. Al día siguiente desperté y me quedé viendo tu rostro mientras dormías, tu piel de fruta, tus cabellos locos. Luego despertaste y te reíste mientras te contaba todo el esfuerzo que hice por llegar sanas y salvas. La resaca nos hundía en el colchón, te traje agua, me volví a echar, luego de un rato nos dimos cuenta que habías perdido el celular, media hora después te levantaste para irte, tenías que pasar sobre mí, así que te acercaste para despedirte y me besaste, y ya no nos soltamos, nos fundimos en un abrazo intenso y en cientos de caricias, y si no hubiera sido porque, como siempre, soy una idiota que no se atreve a terminar las cosas, hubiéramos hecho el amor como hacía un año. Solo tus marcas me quedaron en la espalda, tu olor en mis dedos, tus gemidos que me hacían explotar la cabeza y el recuerdo de tu rostro acercándose al mío para poder por fin respirar.

Después pasó lo que menos hubiera imaginado: viajar juntas. Y me dije: mi momento ha llegado. Pero no llegó. A pesar de todo, no puedo intentar entrar en tu vida a la fuerza, y si tengo algún encanto, este al parecer no sirve junto a ti. Fueron diez días los que estuvimos juntas, y solo al antepenúltimo (16/10) pudimos besarnos y volver a hacer el amor, pasaron siete días para que te acercaras a mí con una cerveza, mientras yo ponía la música en ese bar de mala muerte, y me miraras de forma extraña y me dieras besos en la mejilla, y yo sin entender nada te hacía bailar una salsa, y luego me seguía preocupando por la música en lugar de ti. Hasta que no te vi. Y dejé todo y me fui al patio trasero a buscarte, y ahí estabas tú sonriendo y charlando, y yo también me pongo a bailar y a cantar, hasta que no sé cómo estamos nuevamente en la pista de baile besándonos, y te digo para irnos y aceptas, y nos vamos al hotel y otra vez esa fusión de cuerpos, y esas manos locas y tiernas, y esos labios que se desean con fruición, casi con desesperación, porque no hay un mañana, porque el mañana tiene 30 días, porque serán 30 días de miradas serias y de saludos distantes y de frases cortas y de aniquilamiento de la ilusión.

Pero solo fueron nueve días (27/10). Pensé que serían más, ya hasta me hacía a la idea de verte poco, de verte casi nada, aunque me moría por hablarte, por mandarte un mensaje, por invitarte a salir. Ese día que llegamos a Lima y nos despedimos, nuevamente fue con un fuerte abrazo, con tus suspiros que aún intento descifrar y con un beso en los labios, ¿cuántas veces vez más me besarás sin sentir nada? ¿Sin querer nada conmigo? A estas alturas ya no importa.

Cuando llego al bar te veo ahí sentada, me acerco a ti y te saludo normal aunque parecía que tú querías abrazarme, casi había olvidado que no nos veíamos desde el viaje, como si nos hubiéramos visto ayer y siguiéramos haciendo como que no tenemos nada (porque tal vez no tenemos nada). Pero estoy ahí sin poder verte a los ojos otra vez, muriendo de vergüenza, y haciendo cualquier cosa menos clavarte la mirada, porque no quiero ser de esas lesbianas locas que no se controlan y que terminan acosando a la gente. Lo que menos quiero es perturbar en algo tu existencia. Y bebimos, y luego me llevaste en tu moto a una fiesta, y luego a otra, y nuestros amigos se fueron temprano y no se despidieron porque nos estábamos besando, y de forma extraña y madura decidimos irnos también antes de perdernos totalmente en el alcohol. Y despierto a tu lado, estamos desnudas, y no sé si abrazarte o correr al baño.

 

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Quería estar con ella en esos momentos más importantes de su vida, como quería que ella estuviera en los míos, en mi estreno teatral, por ejemplo. La invité un par de veces, le separé la entrada, pero nada, nunca fue. Lo viví en la soledad acompañada de las amigas. Sé que ella no tiene ninguna obligación conmigo, ni yo con ella, pero no puedo evitar sentirme mal por eso. Una decide por quién correr, por quién amanecerse, a quién cuidar cuando se enferma, a quien ayudar, a quien acompañar. Y a quién separar. Yo no soy la elegida.

Partir de su vida no es fácil. Desde que terminamos, en setiembre del 2017, hemos estado juntas como si no hubiéramos terminado nunca, hasta julio de 2018, con un intervalo grande en donde ella se metió en problemas, y luego volví a sus brazos y a su cama, pero ella ya no era la misma, cargaba un dolor que le resultaba difícil compartir, hasta que pudo contarme y yo me sentí muy triste por ella, porque sabía que lo que había hecho era irreparable, aunque intentara ser comprensiva con su situación.

Mi recuerdo de ella está cargado de nostalgia, a veces sentía que el tiempo se extendía solo para torturarme.

Ya es hora de embarcar… de salir de su vida completamente, de no esperar nada más, ni palabras de aliento, ni de compasión, ni de quejas, ni de nada. Salir… partir… partir de su corazón… y dejar descansar al mío. Es hora de zarpar en ese barco a cualquier lado lejos de ella.

Jueves y sábado

Una chica me ha invitado a almorzar el jueves. No recuerdo haberla visto antes en vivo, solo hablamos por chat, pero quiere conversar conmigo, no sé muy bien de qué, creo que me está gileando. No sé si cualquiera viene y te invita así nomás porque sí, mínimo debes gustarle algo, y ella siempre me habla bonito. Es raro, siempre sospecho de mis capacidades de darme cuenta cuando alguien me gilea o solo quiere no sentirse sola o tal vez quiere una amiga. Ya ni sé qué pensar.

Otra chica me ha invitado para ir el sábado a una fiesta. Salí con ella el miércoles pasado. Me insistió bastante para encontrarnos en un evento, y luego cuando llegó, súper tarde, me dijo que tenía que irse en una hora porque había dejado a su hijita con su mamá y estaba medio mal. Lo que me pareció rarazo porque desde el día anterior estaba diciéndome para salir al evento juntas, y ese día desde la mañana también estuvo torturándome. Y luego llega y se va al toque. Ya no sé qué esperar.

Igual acepté salir con las dos. Por qué seré así.