Jamás

A veces suelo preguntarme si seré feliz algún día. Si encontraré por fin ese estado de tranquilidad y alegría, esa mezcla de paz espiritual y física que da sosiego. No sé si alguien ha alcanzado alguna vez esa sensación. Veo a parejas de años y años y las envidio. Cómo hacen para durar tanto, para soportarse, para quererse a pesar de todo. A veces pienso que seré incapaz de lograrlo, que es algo que está vedado para mí. A veces también me canso de vivir, siento que es medio inútil todo. Y a veces renuevo las fuerzas y vuelvo a ser el mismo ser de antes, con un poquito de alegría. No creo que yo lo esté haciendo realmente mal. Trato de ser paciente, receptiva y comunicativa, de explicar lo que siento en el momento que lo siento, o no esperar mucho para decirlo, o hacerlo de la forma más amable posible. No soy para nada perfecta, estoy llena de imperfecciones que muchas veces suelen arruinar cosas buenas, pero creo que yo también perdono una serie de cosas que arruinan mis relaciones, con tal de que sigan funcionando. ¿Seré yo realmente la que está arruinando todo? A veces siento que soy incapaz de verme a mí misma. Que ellas tienen razón, pero sé que eso también es injusto, que así no funcionan las cosas. A veces siento que esta oscuridad que viene de vez en cuando me atrapará y no me soltará jamás.

Hablar

A veces quiero decirle tantas cosas y a veces siento que solo el silencio puede decir lo que siento. O tal vez mi mirada, o tal vez algún acto casual que aparezca de repente, o tal vez alguna señal que le diga lo que siento, y no mi voz. A veces quiero decirle que la amo y me contengo. Quiero decirle amor y siento que una risa sincera cortará mi intento. Quiero decirle que la amo y que es mi amor, y que mi vida es más bonita a su lado, y que sin ella tal vez vuelva a ser ese hoyo negro que fue por mucho tiempo. Quiero decirle que ilumina mi vida de formas que jamás había imaginado, y que me llena de esperanza, me llena de todo aquello que pensaba perdido. Quiero decirle tantas cosas y todo eso se queda estrujado en mi garganta, porque no sé cómo decirlo, porque siento que no me creerá, porque creo que no es el momento, porque tal vez ni siquiera le importe tanto como a mí me importa.

A mí toda la vida me ha costado hablar, me cuesta decir lo que siento, por eso cuando lo digo, cuando logro sacarlo de mi garganta es porque realmente lo siento, porque realmente lo vivo; no es lo mismo que escribir, creo que escribir puede hacerlo cualquiera, aunque también cualquiera puede mentir hablando, eso es cierto, pero yo no, porque a mí, desde muy pequeña, me ha costado demasiado hablar, hasta creían que era muda, y en algún momento creyeron que era sorda, lo que es muy gracioso porque lo escuchaba todo, hasta lo que no quería escuchar. En algún momento de mi infancia fui tartamuda, en algún momento de mi adolescencia eso desapareció. En algún momento tuve el síndrome de Tourette, en algún momento también desapareció. Lo único que no desapareció fue la fobia social, que es algo con lo que sigo viviendo.

Hablar siempre me ha costado, pero con los años creo que he logrado manejarlo. Manejar mis sentimientos también lo he intentado, creo que por mucho tiempo fui muy irresponsable sobre ellos, y de esa forma, mucha gente tal vez se sintió maltratada. No sé si es irresponsabilidad realmente o es una forma de querer que muy pocas personas entienden. Creo que amo intensamente y creo que el tiempo se pasa volando, y que no tiene sentido vivir sin amar. Creo que es necesario amar intensamente porque nada nos asegura estar vivas al día siguiente. Nada me asegura que no me muera mañana. Y suelo pensar constantemente en la muerte, y en el tiempo desperdiciado, y en las cosas que no se escribieron, y sobre todo en las que no se dijeron.

La amo a pesar de que a veces me sienta un poco maltratada, la amor y no me importa nada. Solo me preocupa no poder darle todo lo que quisiera, llenarla de mis problemas, estresarla con mis inquietudes, no divertirla, no estar a su altura. Me preocupa el tiempo y que este no sea 100% de calidad para nosotras, me preocupa todo, cada detalle de su mirada y cada palabra que sale de su boca. Y de pronto ya no quiero preocuparme más y solo quiero ser feliz a su lado, siempre a su lado, poco a poco, lentamente, como ella quiere, o rápidamente, como yo quiero, con esa ansiedad de su cuerpo, de su mirada, de sus orgasmos, de su vida entera.

A veces siento que quiero seguir viviendo como antes, viviendo por vivir, pero la mayoría del tiempo solo quiero vivir para ella y con ella, y que nuestras vidas sigan unidas, a su ritmo, y a sus poco a poco, a su paso a paso, y a su así está bien, porque es de esa forma de la que me enamoré de ella, y no tengo por qué cambiarla.

Fácil

Me pregunto si ella también me acusará de haberla querido poco. La quiero, me gusta demasiado, es hermosa en todos los sentidos. Y es también extraña, pero esa extrañeza es porque aún no nos conocemos bien, nos falta mucho para conocernos aunque vamos trabajando en ello. Tal vez yo también sea un ser extraño para ella. Tal vez siempre seamos extraños hasta para nosotros mismos.

Sé que tengo que comprenderla. Hace más de un año que no está con nadie. Ha salido de varias situaciones difíciles. Es demasiado joven. Está empezando a acostumbrarse a tener pareja de nuevo. Y estar conmigo creo que no es fácil para nadie. Mi exposición pública puede perjudicarla de alguna forma. El hecho de que haya chicas escribiéndome, buscándome o solo intentando conocerme también debe perturbarla. Y yo, que soy medio idiota con eso, no me doy cuenta de cuánto puede incomodarla hasta que ya la idiotez está consumada.

En todo caso, cuando ella aparece en mi vida todo se vuelve dulce y tierno, y esa sensación es tan agradable, tan adictiva, que no quiero dejar de sentirla. Es la primera vez que siento que el amor es como una droga, y la quiero tener continuamente conmigo. Tal vez sea porque estamos separadas, no vivimos juntas, y ella tiene poco tiempo para pasar conmigo, aunque hace todos los esfuerzos posibles porque así sea y podamos compartir juntas varias actividades.

Podría mirarla todo el día aunque eso a ella la incomode. Podría decirle cosas lindas todo el día aunque eso la avergüence. Podría seguirla como un perro por las calles sin ningún problema. Me encanta el solo hecho de que pueda ser posible estar cerca de ella, y creo que ella no se lo cree. No me cree, desconfía, y tal vez sea para no salir lastimada.

Es tan fácil lastimar, es tan fácil arruinarlo todo, es tan fácil decir adiós. Es tan fácil perder a la gente. Y luego es tan espantoso seguir viviendo, seguir viviendo, seguir viviendo

En el corazón

Si algo me ha enseñado mi relación anterior, algo que debí aprender en la anterior-anterior también, es que ya no quiero soportar cosas raras, mal humor, cambios de estados de ánimo repentinos, silencios, ni incomprensiones.Y tal vez este sea el final, tal vez tenga que dejarlo ahí para que ella madure, para que maduremos ambas. No lo sé, sé que me convenceré de nuevo, que no voy a dejarla ahora, capaz estoy siendo demasiado impulsiva, ya no sé nada. Pero quiero tranquilidad y en estos momentos no la tengo, y no me gusta estar así.

Ella es súper linda, podría pelear por ella todas las batallas, menos sus batallas interiores, esas son sus propias batallas y ella misma tiene que pelearlas. Con esas batallas yo no quiero luchar, porque sé que terminaré perdiendo. Puede que al final me eche la culpa de todo

Este sea tal vez el fin, no lo sé, no lo creo. Tal vez mañana, en el futuro, estaré tranquila y bien. Y ella también. Y espero que siempre llevemos encima el recuerdo de nuestro amor, porque yo siempre la tendré en mi corazón.

Arcoiris

A veces ella es una leoncita. Me encanta cuando le pone pasión a las cosas. Cuando se trepa a los cerros llevando un poco de felicidad a los niños más abandonados, cuando trata de acompañarme a mis actividades de feminismo/lgtb, cuando está a mi lado mientras me peleo con medio mundo intentando que entiendan que no hay solo una visión de las cosas, pero por sobre todo, que no pensamos negociar ni un poquito nuestras vidas.

Me gusta que sea tan fuerte y a la vez tan frágil. Tan frágil cuando está conmigo, tan fuerte cuando me acompaña, o cuando va sola al fin del mundo a hacer algo bueno por los demás. Tan fuerte cuando piensa en los animales y su sufrimiento antes de cualquier otra cosa. Tan fuerte cuando se esfuerza por comprender un mundo que es una porquería para casi todxs, pero sobre todo para mujeres, lgtbi, niñxs, ancianxs y animales.

Y esa fuerza la hace tan grande y tan hermosa, que me siento la mujer más feliz del mundo de haberme enamorado de ella, de que ella me quiera, me necesite y me llene de tantas cosas hermosas y repletas de sentido.

A veces se pone un poco celosa, pero sus “celos” son encantadores, tipo: “entiendo que mires a esa chica, es tan guapa”. Y yo justo la miraba porque no me parecía guapa y me parecía extraño cómo caminaba. Por suerte me dice esas cosas de forma calmada y sonriendo, como esperando mi respuesta sabiendo que habrá una buena respuesta.

Ahora, dentro de lo razonable, cualquier cosa puede pasar entre nosotras dos, ella se puede enamorar de otra persona, tal vez lo esté, quién sabe, algunas experiencias me han quitado la confianza en la gente, pero mientras no me entere todo bien. Yo también podría arruinarlo todo, pero mientras no suceda nada que me lleve a hacerlo, tampoco lo haré. Y mientras tanto, seguiré alimentando esta ilusión y este amor bonito, tranquilo, esperanzador.

Felicidad

“Hace tiempo que no era tan feliz como lo soy ahora, te quiero más”, me dice.

Leo sus mensajes. Pienso en que ella es feliz, realmente feliz, y yo también lo soy. De una forma apasionada y también de forma tranquila. La combinación perfecta. Disfruto de su compañía, de su conversación, de sus observaciones sobre cine, de su música, de su risa, de su frescura y naturalidad cuando habla con Dani, cuando almuerza conmigo, cuando se echa a mi lado, cuando hacemos el amor, cuando me da sus opiniones sobre la vida, sobre todo, de forma tan inteligente y madura que me sorprende que tenga 21, y a veces la veo tan frágil que me sorprende que no tenga 17.

Se ríe a carcajadas de mí y no me molesta, siento que lo hace con cariño, con ternura. Su risa contagiosa me hace reír a mí también. Me enseña los lunares de su cuerpo y los cuento y los guardo en mi memoria. Guardo también todo este sentimiento de tranquilidad, de amor, de seguridad, de orden, de paz, de pasión loca entre las dos, solo para las dos, para nadie más. Eso también me gusta, he hecho tan pública mi vida por tanto tiempo, que hacerla ahora más discreta tiene su encanto, el encanto de que ella no tiene la necesidad de hacerlo, se siente bien con tal y como van las cosas, no tiene otra ansiedad más que verme, y la adoro por eso, porque también tranquiliza mis ansias de publicarlo todo, de abrirlo todo, de mostrarlo todo.

Hay que mostrar lo importante, me dice, para mí eso lo hace especial, cualquier cosa no es especial. Y siento, como ya es costumbre, que me gana en madurez, en autoestima, en racionalidad.

Le digo que hemos perdido cinco años, que debió estar conmigo desde que la conocí y no pasar por todo lo que pasé esos años. Me pregunto a mí misma: ¿y si me hubiera lanzado la primera vez que la vi? sin importarme que estaba con novia, ¿si hubiera ido tras de ella?, ¿si hubiera seguido mi instinto y no hubiera temido tanto a su edad, a su juventud, a su timidez de entonces?

Cinco años, ella era una jovencita, yo empezaba mi vida de lesbiana. Ella venía tras de mí pidiéndome consejos, que la acoja, que la haga fuerte, y yo, como una mentora, le señalaba los pasos a andar para que ella los ande sola, para que vea cómo los anda, pero que sepa que había gente en el camino que andaría con ella. Cinco años después ella está acá, conmigo, compartiendo mi vida, con su juventud, su belleza, su amor, su valentía, todo junto, todo nuevo y todo de antes, porque siempre fue joven, bella, amorosa y valiente.

Me pregunto qué hubiera sido de mi vida hace cinco años si hubiera seguido mis instintos y sé que no tiene sentido, pero me gusta imaginar que algo fue posible antes mientras hoy todo es posible.

Creo que me estoy enamorando de ella. Y me emociona y me asusta, como todo lo nuevo, como todo lo hermoso. Creo que ya estaba enamorada de ella desde que la conocí, tan pequeña y aguerrida, buscando justicia para ella, para su amor juvenil. Estaba enamorada de su entereza, de su atrevimiento, de sus ganas de no dejarse vencer. Y nada se ha perdido, ella sigue siendo la misma, ese ser hermoso, casi angelical (sigo creyendo que es un milagro), que demoró cinco años tal vez porque yo tenía que aprender y me lo merecía, pero que ya está aquí, ya está conmigo, ya está en mi vida, haciendo milagros en ella también.

El primer recuerdo que me viene de ella es su mirada como Adele mirando a Emma mientras están echadas las dos en el pasto. Esa mirada, esas ansias por besarme, esa cercanía, esa forma de conjugar los instantes, de hacer frágiles los segundos, de hacer fuertes los nudos que nos atan. La adoro, no puedo decir menos que eso.

Sueño

Estoy en Cusco desde el jueves, y no dejo de pensar un solo día en ella. Me asusta abrir mi fbchat y que ella me haya mandado un mensaje diciendo que ahí lo dejamos, que terminamos, por cualquier motivo. Me asusta mucho, pero veo sus mensajes y tienen tanto amor, espera, paciencia, ternura que nuevamente me vuelve el alma al cuerpo.

Este blog se volverá un continuo de miedos, a perderla, a que ya no quiera estar más conmigo, a que se aleje de mi vida. También contendrá la esperanza porque eso no suceda. El martes la vuelvo a ver, y ya quiero que sea martes de una vez, y ser feliz entre sus brazos, atada a su cuerpo, a sus besos, a su amor.