En terapia 4

La segunda didáctica era separarnos en grupos de 10, cada grupo recibe un papelógrafo y plumones. En el papel tenemos que poner la edad en que sentimos el primer deslumbramiento por una mujer, cómo fue y quién era.

Yo pongo a los 7, otras a los 10, 11, 13, una a los 6, otra a los 8. Las razones: mucho tiempo con la compañera de colegio, una se enamoró de su profesora, otra bañando a su prima, la prima la comenzó a acariciar y le gustó, yo viendo bailar a una compañera de colegio, la mayoría con las amigas del colegio, jugando al papá y la mamá, todas eran el papá.

Con los otros dos grupos es parecido, la de menor edad es la de 5, la de mayor es la de 26, todas sentimos esa sensación que revoluciona nuestros cuerpos y por fin nos hace pensar en lo que somos. Hasta ese tiempo, sólo éramos niñas andando por el mundo como cualquier niña común y corriente, de pronto aparece la amiga, la vecina, la compañera, la prima, la profesora, y nos cambia la vida completamente, nos da un revolcón a nuestros sentimientos y nos hace sentir incomprendidas, extrañas, fuera del mundo.

Algunas contaban sus experiencias, otras no querían. Esa didáctica duró bastante, todas tenían algo que decir, algo que expresar, algo que contarle a las demás. Todas nos reíamos porque algunas historias eran muy graciosas, claro, sólo contábamos la parte bonita de la historia, lo que venía después lo guardábamos para nosotras, para nuestra intimidad, para nuestro diario, o para nuestro mejor amigo o amiga.

Cuando ya las risas sobrepasaban la disciplina y no podíamos escucharnos ni a nosotras mismas, la moderadora ponía orden: A VER, LESBIANAS. Y todas nos callábamos. Era una forma de sentir que éramos lesbianas y no teníamos que tener pena porque nos llamen así. Varias veces se repitió ese llamado de atención: LESBIANAS, SILENCIO. Y todas nuevamente a escuchar, a poner atención a lo que nos decían, a aferrarnos a la idea de estar entre gente que nos comprendía y sabía lo que sentíamos, a tratar de entendernos mutuamente.

Al final dieron las últimas indicaciones. Para celebrar el 14 de febrero se haría una especie de ceremonia de renovación de votos para las parejas, cuando se fueran las parejas, entrarían las solteras que harían una cita con la chica que más les guste. Eso va a ser duro. Con lo difícil que me resulta hablar con alguien., pero bueno, ya me metí en esto, no voy a salir corriendo.

Al salir nos repartieron unos volantes de una fiesta, dice Ladies night, domingo 10 de febrero, show al rojo vivo , desde las 7 hasta las últimas consecuencias, fiesta privada solo para chicas, discoteca El Bombardón. Dirección. Los Virreyes 378-Rímac (espalda Metro de Av. Alcázar). No conozco el sitio, ni siquiera conozco el Rímac, pero varias chicas del MHOL van a ir así que seguramente ahí estaré dando vueltas a ver si encuentro a alguien conocida. Aunque no lo creo. Pero estar en mi casa sería peor.

En terapia 3

Esta era la segunda semana que iba al MHOL. Trato de salir temprano porque voy sola y no quiero paltearme con la gente ya sentada. En el carro me quedo dormida. Estoy sentada detrás del chofer, hay un muchacho a mi lado. Cuando despierto me dice que el aire puede hacerme daño (las ventanas están abiertas por el calor insoportable que hace en Lima en estos meses), le pregunto si ya pasamos la Av. Tacna. Todavía, me responde. Qué bueno, gracias, le digo. A veces el aire hace que te duela el cuello, me vuelve a decir. Le digo que generalmente a mí me pone un ojo más pequeño. ¿Sí? Sí, cuando despierto un ojo está más chiquito.

 

Me cuenta que estudia Arquitectura en la Ricardo Palma, le digo que yo tengo una amiga ahí, que estudia Ingeniería Industrial. Me dice que seguro no la conoce, son facultades separadas. Ok. Me pregunta lo que estudio, le contesto, me pide más explicaciones, se las doy. Me pregunta si me puede pedir más información a mi correo porque ya tiene que bajar. Claro. Le doy mi correo de yahoo. ¿No tienes de hotmail? Le doy el de hotmail. ¿Tienes teléfono?. Me río, eso no te lo doy. ¿Por qué? No hay ninguna necesidad de que me llames, le digo. Está bien.

 

Es un muchacho simpático, hasta podría decir que es guapo, ¿cómo le digo que soy lesbiana? Que me gustaría saber si tiene hermanas o que me presente a sus primas. No le digo nada. Me llamo Angelo, me dice antes de bajar. Ok. Le digo.

 

Me paso 5 cuadras pensando en tonterías, llego por fin al MHOL, hay como 15 chicas sentadas. Bueno, saco una silla y me acomodo, saludo a las que recuerdo de la semana pasada. Hay varias nuevas, ahora seremos 30. hacemos un juego, nos reparten una cartulina, tenemos que enumerarla hasta el número 12 y hacer 12 citas que durarán 3 minutos cada una. Nos paramos y comenzamos, esto me paltea pero bueno, lo intento, llego a 11. Converso con varias pero es muy poco el tiempo. Las conversaciones se quedan a la mitad muchas veces, algunas están interesadas en otra cosa, a otras no les importas un pepino. La mayoría es amable o tratan de serlo. Hay algunas que hacen preguntas muy directas, otras que no saben qué decir.

 

A muchas les sorprende que no haya estado con una mujer antes y me preguntan si realmente soy lesbiana. Les digo que sí ¿o es necesario acostarse con alguien para saber que uno es heterosexual? Eso lo sabes nomás, aún sin haber hecho nada. La didáctica termina y termina el penoso recorrido de chica en chica pidiendo información que realmente no nos interesa conocer, pero imagino que es para romper el hielo y hacer las cosas más simples o más relajadas.

  

La depilación

Al salir del clóset (?) tenía muchas dudas sobre qué debía hacer cuando saliera con una chica. Por ejemplo: ¿quién invita?, ¿ella o yo?, ¿quién se supone que debe tomar la iniciativa?, ¿quién debe dar el primer beso?, ¿debía depilarme?

La última era la que más me preocupaba. Creo que a la mayoría de hombres no les importa los vellos púbicos de las mujeres, creo que a la mayoría les gusta, pero a mí no me gustan, y menos verlos en otra mujer, creo que sería insoportable, aunque quizás tendría que acostumbrarme.

Le pregunté a varias chicas, todas me dijeron que debía depilarme. Entonces me decidí a depilarme, compré uno de esos afeitadores que se consiguen en todas partes, fui a la ducha, me eché bastante jabón y comencé a depilarme. Me daban un poco de pena los pobres pelitos cayendo, pero sentía que esto era como una especie de ritual, dejaba atrás mi heterosexualidad y comenzaba mi homosexualidad, y ese debía ser el primer paso, además yo pensaba que iba a ser rápido este asunto de acostarme con alguien, y quería estar preparada (ya sabrán que me equivoqué rotundamente).

Terminé, por fin estaba libre de todo ese vello, estaba lista para acostarme con quien quisiera acostarse conmigo. Pero no pasaba nada en semanas, lo vellos crecen y cuando crecen pican (que alguien me dé una mejor manera de depilarme por favor, es la primera vez que lo hago y creo que debe haber mejores formas).

Así que voy a dejar que crezcan y ya habrá oportunidad de depilarme alguna otra vez, cuando realmente lo haga con alguien. Ojalá que esa persona me enseñe cómo se hace.

Mi problema con las mujeres

Me han aconsejado que no desespere, que tenga paciencia, que vaya lentamente, que no me ilusione y muchas cosas más. Y creo que tienen razón. Cuando salgo con alguna chica creo que es la mujer de mi vida, y no es así, y en el fondo yo sé que no es así, pero que ganas de joderme la vida pensando lo contrario.

 

Le pregunto al papá de mi hija por qué las cosas no me funcionan. Él se ríe. Imagínate que un hombre venga y te diga que quiere acostarse contigo, ¿qué le responderías?. Que no. Pues lo mismo pasa con las mujeres. Pero yo no le digo a nadie que se acueste conmigo, le respondo. Ya lo sé, pero lo has puesto en tu blog y las chicas creen que eres, no sé, una mujeriega, superficial pero sobretodo que estás más loca que una cabra. Si, ya lo sé. Además, es difícil conquistar a una mujer, no sabes lo que sufrí para conquistarte, demoré años, y tú crees que  en una semana ya vas a tener novia y una relación que te va a satisfacer, complementar y durar toda la vida, y no es así.

 

Yo lo escucho, él debe saber algo de mujeres, me imagino. Me gusta conversar con él. No me odia por haberlo dejado y ser lesbiana. Creo que hasta me comprende y le doy un poco de lástima. Tiene un poco de temor que sus padres se enteren de lo que está pasando. Frente a ellos actuamos como la pareja perfecta. Con sus amigos es igual. Él me presenta como su esposa y yo le doy besitos a todo el mundo, nos abrazamos, y cuando termina todo nos vamos de la mano. Somos amigos y lo adoro, pero todo el camino lo único que hago es pensar en mujeres. Y él no sé en qué pensará.

 

Termina el contacto social y termina nuestro contacto táctil. Nos convertimos nuevamente en los mejores amigos del mundo, al que le cuento mis frustraciones, y mis malos desempeños en esto de ser lesbiana. Él sonríe y trata de aconsejarme, escucharme, y no importarle. Espero con todo el corazón que no sufra, que no le importe, que no tenga esperanzas de que algún día volveré con él. Deseo con todo el corazón que me olvide y me saque de su corazón. Que acepte que seremos solo amigos y nada más, que asimile la situación y no lastimarlo. Que encuentre una mujer que lo quiera y que sea el hombre más feliz del mundo. Siempre estaremos unidos así no queramos, tenemos una hija a la que adoramos, pero las cosas han cambiado y él cree que todo es una simple fase, una etapa graciosa y medio loca de mi vida. Un desliz, simple curiosidad y ganas de joderlo. Pero no es así. Imagino un futuro con una mujer, no con un hombre. Un futuro con la mujer de mi vida. Un futuro en el cuál el no será la parte central de mi vida.

Talento peruano

Estos poemas los encontré en la lista de Leslima, y me parecieron muy buenos, uno refleja un gran dolor oculto en tules de seda, la frustración del día a día de las lesbianas; la otra es una irónica y erótica vuelta de tuerca en la poesía lésbica, son lo máximo chicas, sigan así.

Quisiera encontrarte

Quisiera encontrarte, vernos frente a frente,
pero sin buscarte, que nos junte dios,
sé que de repente, dirán nuestros ojos,
cosas que en los libros, ninguno escribió.
Quisiera encontrarte, porque te he querido,
porque sé que he sido, algo para ti
pero sin buscarte, ya que te he perdido,
no seré mendigo, de mi gran amor.

Pero quisiera encontrarte,
a ver como reaccionas,
yo sé que miente la gente,
cuando dice indiferente,
que de mí ni te acuerdas.
Yo sé que ellos no saben,
pero que tú sí sabes,
sangramos la misma herida,
y en tu vida y en mi vida,
ni una ni otro pueden ser.

Yo sé que en la vida, se gana o se pierde,
pueda que esta vuelta, me toque perder,
pero igual me juego, este último resto,
quisiera encontrarte, a ver lo que haces.
Pero sin buscarte y no es cobardía,
sin temor a nada, lo puedo jurar,
tal vez al hallarte, mi dicha sonría,
o tal vez de pena, me ponga a llorar.

Keyt López

QUE NOCHE LA DE ANOCHE !!!

Tumbada aquí, sobre mi cama,
con el pensamiento fijo en ti.
Con un enorme deseo de agarrarte
y apretarte fuertemente entre mis manos,
todavía excitada con el recuerdo de la noche anterior.

En la noche cálida y sofocante,
tengo incontenibles ganas de agarrarte
y de decirte todo lo que siento.
Tu recuerdo me tiene angustiada.. .

Apareciste.. . y desapareciste. ..

Todo sucedió en esa noche y en esta cama.

Con fricción, te acercaste a mí.
Sin mostrar pudor alguno, te pegaste a mi desnudo cuerpo.
Percibiendo mi indiferencia, te acercaste más y más…
Mordías todo mi cuerpo…
Sin recatos…
Sin escrúpulos…
Mis partes más íntimas supieron de ti.
Me volviste loca
No sabía qué hacer.
Por fin… me dormí.

Hoy, cuando desperté, te busqué desesperadamente.
En vano.
No te encontré.
Ya no estabas.
¡ Te habías ido !!!

En toda la sábana, había muestras de lo sucedido la noche anterior.
En mi cuerpo dejaste huellas inolvidables.
Marcas profundas que tardarán mucho tiempo en sanar
y que estarán mucho tiempo presentes en mí.

Esta noche me acostaré temprano y te esperar é.

Cuando llegues… no quiero imaginar lo que va a suceder…

Me abalanzaré sobre ti
con la fiereza de un león y rapidez de una cobra.
Y ya no te irás.
Ya no podrás escapar de mí.
Te apretujaré hasta sentir la sangre de tu cuerpo.

Sólo así podré descansar :
¡ Zancudo conch…me las vas a pagar!!!

jejeje

kEiTh eLiZaBeTh

Para Vainilla

La conozco solo por msn, pero me gusta conversar con ella, está reloca. Las cosas que dice son divertidas y fuera de lo común y me relajan. Su consejo de la coca cola (heladita) es genial, y su excusa de los neurotransmisores un cage de risa. Por eso me cae bien y por eso le dedico estos poemas de César Moro, el poeta peruano más gay conocido hasta el momento. No te conozco, flaca, pero eres super, debe ser porque eres medio filósofa. Salud con coca cola (heladita).

 

Además no tengo cabeza para pensar en otra cosa que no sea mi terapia de hoy así que seguro mañana escribiré algo sobre eso.

 

Espero que te gusten, aunque imagino que no porque estás más loca que yo. Hubiese puesto las Cartas a Antonio pero son muy largas y muy tristes. Ahí van, son cortitos por suerte.

  EL AMOR AL DESPEDIRSE DICE: SUEÑA CONMIGO… 

El amor al despedirse dice: sueña conmigo

el sueño es una bestia huraña

que hace revolverse los ojos con la respiración

entrecortada pronunciar tu nombre

con letras indelebles escribir tu nombre

y no encontrarte y estar lejos y salir dormido

marchar hasta la madrugada a caer en

el sueño para olvidar tu nombre

y no ver el día que no lleva tu nombre

y la noche desierta que se lleva tu cuerpo

   

La muerte es el término espantoso del sol.

El contrato que debe terminar.

Costumbres de propietario.

 

Vuelve a mí fantasma de mis noches.

Vuelve a verme para que yo me encuentre.

 19 de marzo de 1953   

Sólo un agua para lavar tanta sangre

Un único amigo para la felicidad

Al despertarse en el sueño resplandeciente

Tu rostro de castillo hirviendo en la noche.

Gracias

Sé lo que es el amor, me enamoré un par de veces, las dos veces me trataron como a trapeador, pero yo hice lo mismo con gente que ni recuerdo. Sólo recuerdo a los que me lastimaron, y eso se llama egoísmo del más puro. Pero así es el ser humano. Por eso es bueno, a veces, no amar, no sentir, no pensar. Tranquilidad duradera. Pensamientos claros y razonables. Soledad de la buena, y de la mala también. No tengo por quién llorar en el día. No tengo por quién embriagarme en la noche. Busco constantemente miradas que me perturben. Sonrisas que me digan más de lo que dicen unos simples dientes blancos. Manos que al contacto me estremezcan. Nadie llora por mí. Lloro por cualquier cosa menos por el amor. Lamento los caminos vacíos en las noches, los carros llenos de borrachos, la mejilla en la ventana viendo a la poca gente que queda en las calles pasar. Lamento el dolor de pies, el mareo de la embriaguez, la resaca del día siguiente. Lamento derramar una lágrima cada vez que me despido. Lamento que no pase nada y que pase todo a la vez. Detesto la soledad, pero creo que ella es la única que me ama.

El que sigue es un poema de Wislawa Szymborska (el que más me gusta):

Agradecimiento

Mucho debo
a quienes no amo.

El alivio al enterarme
que intiman con otros.

La alegría de no ser
el lobo de sus corderos.

En paz estoy con ellos,
y en libertad,
dos cosas que el amor no puede dar
ni sabe tomar.

No les espero,
yendo y viniendo de la puerta a la ventana.
Con la paciencia
de un reloj de sol,
comprendo lo que el amor no comprende,
perdono
lo que el amor jamás perdonaría.

Entre una carta y una cita
no transcurre la eternidad
sino sólo días o semanas.
Los viajes son siempre perfectos a su lado,
los conciertos se escuchan,
las catedrales se visitan
y los paisajes se contemplan.

Y cuando siete montes y ríos
nos separan,
son montes y ríos
señalados en el mapa.

Suyo es el mérito
de poder yo vivir en tres dimensiones,
de un espacio no lírico y no retórico,
frente a un horizonte movedizo y, por tanto, real.

Ignoran
cuánto me entregan sus manos vacías.

“Nada les debo”,
diría el amor
acerca de tan discutible cuestión.

Bette y Tina

Conocí hace poco a Bette y a Tina, dos mujeres que se aman como el primer día, dos mujeres ya mayores (una tiene 36, la otra 39), pero cuando se miran se quedan en los veinte, se aman como si tuvieran 20 y ese es todo un mérito en estos tiempos. Cuando las miro creo que se puede amar de verdad, que el amor no es una mierda, como tantas veces lo repito, pero no sé cómo será con ellas en la intimidad, nunca compartiré sus despertares, nunca compartiré sus almuerzos ni sus cenas, nunca compartiré el baño ni la cama en donde han pasado sus vidas. Sólo puedo suponer, por la forma en que se toman de las manos y el sonido de sus voces al hablarse entre ellas, una conexión que yo no tengo con nadie. Una conexión más fuerte que el universo entero. Y creo que eso es el amor.

 

Me las presentó la chica que me dejó plantada el miércoles, la disculpé, y bueno quiso reparar el daño, acepté otra vez. A las 7 en El Pacífico. Ok. Llegué a las 7, no estaba. Como a las 7 y 15 me llama: ¿ya llegaste?. Si, estoy aquí, en la puerta que está frente a Saga. ¿Cómo te reconozco? Soy la única que está sentada (como una huevona esperando que llegues otra vez, pero eso no le dije). Ok.

 

Así que tú eres la famosa exploradora lunar. Pues sí. (qué esperabas, ¿una astronauta?, pero eso tampoco le dije). No la miro a los ojos, me pone nerviosa cualquier situación que tenga que ver con relacionarse con seres humanos. Sólo la sigo mientras camina y habla sin parar. No parece que tienes 28, no parece que tienes una hija (no parece que escribas ese blog que tanto me fascina, eso no dijo). Pues sí.

 

Me gustaría ser un encanto. La mujer más sociable del mundo. La que entra a un lugar y lo llena de gracia. La que llega a un grupo y lo llena de vida. Pero no, soy seria, callada y tímida. Estamos en el hall del cine, me dice: hay un problema. ¿Cuál?, le pregunto (pienso, no, con que cagada me saldrá ahora). No vamos a poder ir al cine. ¿Por qué?. Unas amigas quieren verme, uhmmm, ¿quieres ir?. Bueno. Ya, vamos. ¿A dónde? A un bar por acá. Ya. Pero yo no voy a tomar. ¿Por qué? Me siento un poco mal.  Bueno.

 

Caminamos por Berlín. Hablamos de cualquier cosa. Su amiga (Bette) la estaba esperando en la puerta del bar. ¿Ellas son como nosotras?, le pregunto. Sí, son pareja.  Llegamos, se saludan, me presenta, y nos sentamos. La otra todavía no llega. Piden una cerveza.  Conversan, yo las escucho, tratan de ser amables conmigo, interesarse en mis cosas, me hago la loca, sigo la corriente. Mi amiga me dice: dos cervezas y nos vamos, mañana tengo que trabajar. Ok.

 

Cuando llega Tina, ya íbamos por la cuarta, seguimos conversando, voy al baño unas veinte veces (debo tener la vejiga pequeña o jodida). Me mojo el cabello, me vuelvo a sentar. Me gustaría saber qué conversan cuando me voy, pero es imposible. No creo que sea de mí, pero es simple curiosidad. En la sexta ya estábamos mareadas. Mi amiga bota dos cervezas las dos veces que va al baño. Ella se moja, yo también. Habla de alguien que no conozco y que desapareció de su vida sin dejar rastro y que la odia y no sé qué más. Estamos jodidas. Pero no habla conmigo, habla con ellas.

 

No recuerdo en qué momento pero le pregunto a Tina si ella (mi amiga) sigue enamorada de la otra, a pesar de lo que le hizo. No recuerdo lo que me contesta exactamente, pero como que siente cosas que no puede superar, me da esa idea.  La llaman por teléfono, es un muchacho. Le dice que ya va, que la espere. Me siento molesta, no sé por qué, se supone que no debería molestarme.  Así que me pregunto qué es lo que me molesta: ¿Que la llame un hombre?, ¿qué le diga que ya va?,  ¿qué se vaya y que me deje?, ¿qué me invite a salir después de haberme dejado bien plantada el día anterior y que después me deje de nuevo para irse con el pata? No sé, podría ser cualquiera de ellas, podría ser ninguna.

 

Se acerca Bette y me dice: Tú me dices un secreto, yo te digo un secreto. Ya, le digo. Yo primera. Ok. No recuerdo su secreto (que piña, sí que estaba borracha). Yo le digo el mío: me gusta tu amiga. Se ríe. Ya, otro secreto. Bueno, no tengo ningún secreto creo (sólo que estoy molesta y que me muero por romperle la cara a alguien, si es un maniquí mejor, pero ese secreto no se podía decir). Así que pongo cara de niña buena y le digo que no tengo secretos. Entonces, ella ya no puede decirme los suyos. Y se termina el juego.

 

Se ponen a cantar todas las canciones de lesbianas que recuerdan. Luego se entusiasman y quieren ir al Twin a bailar. Yo las sigo. Llegamos pero el Twin está cerrado. Ellas se despiden, se van tomadas de la mano a casa. Mi amiga me pregunta si estoy bien. Sí, le digo, no podría estar mejor, mientras pateo todo lo que encuentro en mi camino. Llegamos a la esquina, estamos como a metro y medio de distancia. Porque si quieres te pago el taxi. No gracias, estoy bien. De nuevo la llaman. Si, ya voy, le dice, espérame un rato. Me doy media vuelta y me voy. Ya era suficiente por ese día.

 

Camino nuevamente por las calles semivacías. ¿Qué esperabas? me pregunto, ¿qué esperabas? Me lo pregunto mil veces, mientras las lágrimas corren por mis mejillas sin poderse contener. Me siento nuevamente en el pastito que está frente a Plaza Vea. Lloro como una niña. Ese se está convirtiendo en el sitio perfecto para mí. Sería capaz de quedarme ahí a dormir. El pasto se siente tan suave y acogedor. Y yo me siento tan mareada y extraña que no tengo ganas de ir a ningún lado. Menos con esa sensación que me corroía por dentro.

 

Pero pasan los minutos y también pasa mi carro. Lo paro y subo corriendo, me siento en el último asiento. El cobrador se acerca, me sueno la nariz creo que con demasiada fuerza porque unos borrachos se despiertan. Me río, le pago y se va. Luego me quedo dormida, despierto porque unos borrachos hacen un ruido infernal. Me doy cuenta que me pasé. Mierda, me bajo del carro. Cruzo la pista, tomo un taxi, llego a mi casa. Mi hija duerme plácidamente en mi cama. No quiero molestarla y me echo en la de ella. Me saco la ropa, el calor es insoportable y me duermo. No recuerdo en qué momento me caí de la cama, solo recuerdo el golpe y el ruido. Estoy tirada en el suelo, semidesnuda, en plena oscuridad, con la espalda y las piernas adoloridas. No sé si reír o llorar. Prefiero reír. Y río, río estruendosamente sintiendo el frío del piso y el dolor de mi cuerpo. Me quedo ahí como media hora. Me levanto y me vuelvo a echar en la cama. Me siento feliz y no sé por qué. Debe ser por estar en casa, porque no me pasó nada en el camino, porque mi hija está a mi lado. Es la única mujer que todavía no me deja. Ya llegará el momento. No lo espero con impaciencia.

  

Días extraños

El miércoles fue un día realmente lamentable, quedé con una chica (la que me plantó el sábado) para enseñarle el Twin, creo que no tiene muchas amigas, entonces yo toda solidaria iba ayudarla. El problema es que otra chica me dijo para ir al cine o yo se lo dije, no sé (si, creo que fui yo), eso fue al mediodía. Yo esperaba que la otra me llame para confirmar, dijo que me llamaría temprano y como no llamaba le dije para salir y ella me dijo que ya. Entonces bacán a las 7 en el Pacífico. Ya bacán.

 

Pero la otra sí llama, le digo: pucha, tengo un inconveniente, no creo que pueda desocuparme hasta las 10, ¿puedes a las 10?. No, me dijo, tengo que trabajar mañana. ¿Entonces el viernes? Si, el viernes puede ser. Ya ok, me llamas para confirmar. Ya.

 

Su voz realmente sonaba decepcionada, pero quería conocer a la otra, siempre me escribe y quería saber por qué le gustaba tanto mi blog. Entonces me bañé, me alisté, y salí corriendo para no llegar tarde (no me gusta llegar tarde a ningún lado). Llegué 7 en punto, le dije que iba a estar con una botella de agua en la mano. Se suponía que así me reconocería.

 

Pues no llegó. Estuve dando miles de vueltas por el cine, me sentaba un rato en cada puerta, miraba a la gente pasar, me sorprendía siempre el hecho de que todos parecieran más felices que yo, lo cual, analizándolo bien, no era cierto, todos tenemos problemas, pero yo me sentía el más triste microbio plantado en medio del desierto de la felicidad.

 

Esperé hasta las 8 y 40. Realmente no tenía ya ninguna esperanza de que llegara, pero igual tenía que hacer tiempo. No podía llegar temprano a mi casa para que mis hermanos me jodieran (te plantaron, te plantaron) cada 10  minutos. Y mi vieja me dijera: ¿por qué vienes tan temprano? ¿no ibas a ir al cine? Sí mamá pero la flaca me dejó plantada. Ah, ya ves, eso te pasa por salir con mujeres. Sí mamá, ya nunca más, sólo hombres de ahora en adelante. Por fin algo razonable que sale de tu boca. Si mamá, ahora déjame dormir y no me friegues más.

 

Para evitar todo eso, me quedé hasta esa hora, lamentando haber dejado a la otra, lamentando no haberle dado mi teléfono a la de ahora para que me llame y me diga: oye, no voy a poder ir, sorry, reunión de último minuto. Y yo: bueno, está bien. Y me iba por ahí a dar vueltas o a sentarme en un banco del parque a seguir desilusionándome de mi mala suerte.

 

Dentro del cine habían puesto un panel para escribir frases sobre el amor, parte de la publicidad de “El amor en los tiempos del cólera”, me acerqué a leer, había un grupo de gente leyendo lo que habían escrito otros, una señora estaba con un plumón preguntándole a la gente si querían escribir algo. Al acercarme me da el plumón. Escribe algo, me dice. ¿Cualquier cosa?, le pregunto. Sí, lo que quieras. Ok, escribo: El amor es una mierda. La gente se reía menos yo. Le devolví el plumón y me fui. Yo me sentía una mierda.

Virgen Moderna

A propósito de las complicaciones que tuve sobre decidir si soy femenina, masculina, intermedia, andrógina o lo que sea que soy, va este poema de una de las mejores poetas que existen.

Vierge moderne

Yo no soy una mujer. Soy un neutro.
Soy un niño, un paje y una osada decisión.
Soy una raya riente de un sol escarlata…
Soy una red para todos los voraces peces,
soy un brindis en honor de todas las mujeres,
soy un paso hacia el azar y la ruina,
soy un salto en la libertad y el yo…
Soy el murmullo de la sangre en el oído del hombre,
soy un estremecimiento del alma, el deseo y el rechazo de la carne,
soy la enseña de nuevos paraísos.
Soy una llama, inquieta e intrépida,
soy un agua, profunda pero audaz hasta las rodillas,
soy agua y fuego en leal unión libre…

Edith Södergran

En terapia 2

Todas nos sentamos alrededor del salón en unas sillas de plástico blancas, nos repartieron cartulinas y lapiceros y teníamos que escribir en ellas cómo nos identificábamos.

 

Primero raza (aunque aclararon que ese concepto no existe, era sólo para facilitar las cosas) teníamos que escoger entre blanca, negra, trigueña, mestiza; luego género (mujer u hombre), identidad cultural (femenina o masculina), identidad biológica (hembra o macho), identidad geográfica (costa, sierra o selva), alguna discapacidad o enfermedad (miopía, astigmatismo, diabetes, VIH, etc), identidad cronológica (18-21, 22-25, 26-31, 31- +), identidad sexual (heterosexual, homosexual, dentro de homosexual: lesbiana, bisexual, gay, transgénero, transexual, travesti), identidad religiosa (católica, evangélica, atea, mormona, agnóstica, etc.), identidad académica (colegio, instituto, universidad, nada), por último si éramos inmigrantes o nuestros padres inmigrantes.

 

Yo puse en mi lista: trigueña, mujer, femenina, hembra, costa, miopía, 28, lesbiana, atea, universidad, de Lima. Una chica puso blanca pero hubiera sido mejor que ponga trigueña, una puso mestiza, la mayoría trigueña, había otra atea, la mayoría católica (?), todas hembras, todas mujeres, algunas de instituto, otras de universidad, otras trabajaban, ya habían terminado. La mayoría de la costa, una de la selva (de la selva, su lesbiana). Y en padres había de todo. Dos bisexuales, la mayoría lesbiana, una heterosexual, dos que no sabían lo que eran (las más jóvenes).

 

Yo discutí lo de atea, no creo en Dios pero si en una fuerza superior que hace que seamos lo que somos y si quieres llamarlo Dios, Jehová, Alá, ese es tu problema. No sabía qué poner en lo de femenina y masculina, no me siento muy femenina, pero menos masculina, así que tenía un dilema: ¿qué era? ¿un intermedio?, ¿andrógina?, tuve que poner femenina que era lo que más se acercaba a mí. En lo de homosexualidad también tuve problemas, fui heterosexual, nunca bisexual, ahora lesbiana virtual, así que no sabía cómo explicarlo, así que puse lesbiana nomás, que me quedaba.

 

Nos dijeron qué era la identidad, que debíamos revalorizar algunas palabras como: hembra o lesbiana. Que muchas cosas son culturales pero no naturales, y otras que ya sabía y que no creo necesario repetir. Me sentí bien, fue estimulante, se hacían bromas, y todas estaban medio palteadas y medio contentas como yo, porque era la primera vez y todo eso.

 

Me fui, no me despedí de nadie, mi timidez es más fuerte, caminé hasta el paradero, y regresé sola a casa. Pero volveré el próximo lunes. Eso es seguro. Ya no hay marcha atrás.

   

En terapia 1

Fui al MHOL por primera vez este lunes, primero porque siempre quise entrar, recuerdo que cuando tenía 18 daba vueltas alrededor del local y nunca me atrevía a tocar la puerta, eso pasó varias veces. Diez años después estoy parada de nuevo en este portón, tocando el timbre y esperando que alguien abra lo más rápido posible.

 

Este lunes comenzaron los talleres sobre identidad para lesbianas así que tenía que ir, conocer más gente como yo y ubicarme en un espacio y en un tiempo para lograr la soñada coherencia.

 

Llegué puntual como siempre, había dos chicas, una de 19 que no paraba de hablar, y otra de 40 que escuchaba y opinaba de vez en cuando, yo no tenía ganas de hablar así que con las justas las saludé. Luego llegaron dos más, una más, dos más,  dos que trabajaban ahí, y luego llegó un manchón, eran como seis y todas amigas, y creo que ya antiguas en eso de los talleres, una chica más que se fue, otra que se quedó, y como media hora después tres chicas muy jóvenes, tenían 17 años las tres.

 

Antes de que ellas llegaran hicimos una especie de dinámica. Primero nos separaron por edades. Las de 18 a 21 a un lado, las de 22 a 25 al otro, las de 26 a 31 a otro, las de más a otro. Todas teníamos que conversar tres minutos como máximo, presentarnos, decir qué hacíamos y hablar de cualquier cosa. No era complicado así que estaba tranquila.

 

Luego nos separaron por cantidad de parejas. Las que han tenido 1 ó 2 parejas a un lado, las que han tenido 2 ó más al otro. Yo me quedé sola. Pregunté: las que han tenido cero parejas. Con las de 1 ó 2. Ok. Volver a conversar, a presentarnos, a decir lo que hacíamos, etc.

 

Ahora, las que son lesbianas a un lado y las bisexuales al otro. Solo había una bisexual. Yo no sabía que hacer, había sido heterosexual mucho tiempo, ya no lo soy, no había sido bisexual activa que recuerde y ahora soy lesbiana (virtual pero lo soy) así que no sabía en donde ponerme por ello me fui con la chica que estaba sola.

 

Luego, nos separaron por la cantidad de veces que habíamos ido al MHOL, las que habían ido por primera vez, y las que iban a cada rato. Me fui con las primeras.

 

Después nos separaron por los gustos culinarios, las que preferían el pescado, el pollo o la carne. De nuevo me quedé sola. Yo prefería la carne. La mayoría el pollo y dos el pescado.

 

Y ahí terminó esa dinámica, ya la mayoría nos vimos las caras, ya sabíamos los nombres aunque no los recordáramos después, ya sabíamos que hacíamos en la vida y ya habíamos perdido el temor de decir que éramos lesbianas. Entonces venía la segunda fase.

El último hombre de mi vida 3 (fin)

Después de cuatro años le dije que era lesbiana, que quería estar con chicas, que me gustaban desde pequeña y que no iba a esperar más. Me dijo que le confesara lo que le confesara el siempre me amaría (creo que eso lo escuché en una canción). Entonces, para que no sea injusto, tú puedes acostarte con las mujeres que quieras, le dije. No tengo la menor gana de acostarme con nadie , me dijo. Por qué, le pregunté. Eso de estar de nuevo ahí tratando de conquistarla, invitándola a salir, todo eso, me aburre, además estoy muy ocupado. Como quieras, pero yo me voy a sentir mal si no te acuestas con nadie y yo sí. Con tal que no te acuestes con un hombre. Querido, aunque no lo creas, eres el último hombre en mi vida. ¿En serio?. Sí, de ahora en adelante solo vienen mujeres. No me interesan los hombres para nada. Bueno, ¿estás segura que quieres ser lesbiana?. Lo he querido ser desde siempre. ¿No te importa que nuestra relación se vaya al diablo?. Qué relación, somos amigos desde siempre, esto no va a cambiar nada. De acuerdo, si eso es lo que quieres está bien.

Así que aquí comienza mi nueva vida. La mitad de la semana estoy en casa de mi madre, la otra mitad estoy en casa de él. No quiero que mi hija no sea parte de su vida y el la ama demasiado para soportar que esté lejos mucho tiempo. Duermo donde ella quiere dormir. Por eso digo que no tengo casa. Voy de un lado a otro con mi hija. Pero ella tiene dos casas y tiene suerte, en las dos la adoran. Él me pregunta si ya estuve con una chica, le dije que no, que ya me chotearon como tres veces, que las mujeres se hacen las difíciles y que ya me estaba hartando, nunca he estado en la posición del hombre, y me siento extraña, no sé qué decirle a una chica, no sé cómo actuar con ella, no sé nada. Estoy yendo a las sesiones del MHOL que empezaron ayer (y siguen todos los lunes) a ver si alguien me explica todo lo que no sé todavía. Ojalá me lo explicaran.

El último hombre de mi vida 2

Cuando me fui al Cusco invitada por unos amigos, me divertí mucho y perdí mi virginidad (por fin, ya estaba harta de ella, pero esa es otra historia). El único problema era que siempre pensaba en él, en sus cuidados, en su protección, en su ternura, en su solidaridad. Cuando volví del Cusco lo llamé, estaba decidida a volver con él.

Yo sabía que habiendo perdido mi virginidad podía por fin hacer con mi cuerpo lo que quería y no quise que pasara eso, no quise una vida de promiscuidad que luego me trajera estúpidos cargos de conciencia (ahora me arrepiento) pero en ese entonces quería ser una chica buena. Así que le dije para volver. El aceptó. Le dije que ya no era virgen. Se molestó pero no le quedaba otra que aceptarlo, no había marcha atrás, si quería me tomaba así o simplemente me dejaba. Los hombre y las mujeres le dan mucha importancia a esto de la virginidad, para mí era una mierda que tenía que sacarme de encima de una vez, y me la saqué a los 21.

Entonces volvimos, estuvimos juntos desde ese tiempo, desde los 21 hasta los 28, siete años. Siete años en los que el me amó sin contemplaciones y yo traté de amarlo con total sinceridad. Cuando le dije que era bisexual (eso fue a los 21) se mató de risa y creyó que estaba loca (aunque eso ya lo sabía) así que creyó que estaba más loca todavía. Cuando le expliqué mi teoría (dos años después) de que todos éramos bisexuales necesariamente, genéticamente pero no culturalmente, él me dijo que no era bisexual para nada, que le gustaban las mujeres y que le sería imposible siquiera sentir el menor gusto por un hombre. Le dije que en los hombres eso es más fuerte culturalmente pero que con las mujeres sucede lo contrario, reprimimos nuestra bisexualidad pero en el fondo lo somos. No me volvió a tomar en serio.

Entonces quedé embarazada, al enterarme al mes (porque yo tenía mi regla recontra exacta), mi primera reacción fue sacarme un examen de embarazo, enseñárselo a papá y mamá y encerrarme en mi cuarto, no me importaba lo que dijeran. Además era imposible que volviera a salir con mis amigos, dejé totalmente el alcohol, las drogas y las fiestas y toda clase de diversiones por una vida más saludable. La reacción de él fue: primero se preocupó, un hijo, la cagada, tan jóvenes, ni habíamos terminado la carrera; segundo, me preguntó si era suyo, tantas veces me había escapado de él para irme sola con mis amigos que era indudable que dudara, pero yo sabía que era de él, porque no me había acostado con nadie más y con él era suficiente para saber que no pasaba nada con los hombres.

Entonces tuve a mi hija a los 24, decidimos vivir juntos porque la situación con mi madre era desastrosa. Nos fuimos a casa de sus padres, en donde tuve que dar algunas lecciones de feminismo, querían que cocinara, limpiara, lavara y planchara, y me negué rotundamente. Yo no era sirvienta de nadie, no había estudiado tanto en mi vida para terminar así, además no sabía cocinar, ni lavar, ni planchar, pero el feminismo era mi excusa. Hubo muchos problemas pero al final tuvieron que aceptar, y él también tuvo que cambiar su concepto de las mujeres. No era su sirvienta así su viejo se quejara, así su vieja se quejara, así mi madre me dijera que diera mi brazo a torcer.

El último hombre de mi vida 1

Lo conocí en la academia, nos preparábamos para postular a la universidad, él estaba becado por conocimientos, yo por coordinación, es decir, él por su inteligencia, yo por el trabajo. Los coordinadores  becados trabajaban en la mañana y estudiaban en la tarde, o al revés. Yo dije que vivía en Chosica, que por favor me pusieran para estudiar en las mañanas y trabajar en las tardes, les importó un pepino y no me hicieron caso.

 

Todos los días tenía que levantarme a las 5 de la mañana para llegar antes de las 8 a la academia, por suerte mi papá me preparaba un poco de comida antes de salir porque ahí en la academia no te daban comida y la mayoría de coordis generalmente o no comían nada y comían mal, había que compartir la comida con los que no tenían nada y en eso tiempo la situación económica de la casa estaba bien fregada (gracias Alan).

 

Mis padres se habían separado y yo me había quedado con mi papá y con mi hermano de dos años, mi mamá se había ido con mi hermana mayor y mi hermano de 12 a vivir a casa de mi padrastro. Estábamos desquebrajados y mi padre destrozado, y yo no podía hacer nada contra eso. Solo verlo sufrir y cómo su vida se iba apagando. Y a mi hermano pequeño llorando llamando a mi mamá y a mi padre llorando con él por no poder traerla.

 

Yo tenía que llegar más temprano que los demás porque  era coordi de puerta, la que recibía a los alumnos y les pedía su carné de ingreso, cerrándoles la puerta a los que llegaban tarde y torturándolos afuera diciéndoles que no iban a entrar, solo dejaba pasar a los que me decían que venían de Chosica. Después me iba a estudiar de 2 a 8 y llegaba a mi casa a las 10, excepto cuando había reunión de coordinadores que duraba hasta las 10, y entonces llegaba a casa a las 12. Pero yo estaba dispuesta a hacer cualquier sacrificio para poder ingresar a la universidad así que no me importaba mucho todo eso. El problema era que me quedaba dormida en las clases, la ventaja era que ya me sabía la respuesta de los exámenes porque los había tomado temprano

 

A medio semestre los directivos reagrupan a los alumnos y separan a los que tienen más posibilidades de ingresar en un salón llamado Círculo. Ahí lo conocí, a mí me pusieron en el salón con otros dos coordis, los que tenían las mejores notas. Después de un tiempo nos dividieron en dos salones Círculo A y Círculo B, yo fui a círculo B (no era muy buena para las matemáticas). Pero una chica que estaba en mi salón ingresó en segundo puesto y los del primer salón en puestos menores así que no le salieron muy bien sus cálculos a los directivos.

 

El se la pasaba detrás de una chica que no le hacía caso, yo salía con un muchacho que siempre me invitaba al cine. El pobre no ingresó y dejamos de vernos. Sólo faltaba un mes para terminar la academia y postular cuando se atrevió a hablarme, o mejor dicho, yo le hablé porque no me importaba nada hablarle. Yo estaba buscando un libro de poemas de Patti Smith en Quilca, él una mochila. Me acerqué y no recuerdo qué le dije, pero ahí hablamos, parece que se enamoró instantáneamente de mí porque después de eso ya no me dejaba, me invitaba al cine, me compraba libros, me llamaba por teléfono, y por fin se decidió a mandarse. Yo  lo acepté, a pesar de que en ese tiempo estaba todavía medio enamorada de un muchacho del que tuve que separarme por diferencias irreconciliables, yo era atea, y el era católico y preparaba a los jóvenes para su confirmación. Él me quería llevar a la iglesia, yo lo quería tener en mi cama todo el día. La situación se volvió insostenible.

 

Acepté primero por pena, sus ojitos estaban tan tristes y le había costado tanto esfuerzo mandarse que dije sí sin pensarlo. Al mes postulamos, él ingresó a Medicina, yo a Derecho, le dije que como íbamos a estar en locales separados, él en San Fernando, yo en la Ciudad Universitaria, sería mejor que termináramos, además quería concentrarme en mis estudios y él me importaba un rábano. Así que terminamos. Pero de vez en cuando iba a visitarme, me llevaba tarjetitas y poemas y me invitaba al cine. Podíamos hablar de mil cosas como amigos, como enamorados no decíamos una palabra, yo me aburría lastimosamente y él no sabía qué hacer para cautivarme, para demostrarme que era el hombre de mi vida.

 

Estuvimos un buen tiempo así, volviendo y terminando continuamente, le presenté a mis amigos inútiles, borrachos y drogadictos, y lo aceptaron como a un hermano, aunque al comienzo estuvieron un poco recelosos, cuando comenzó a soltar el dinero para las jarras ya todos se hicieron sus amigos sin el menor disimulo.

 

Él iba todos los fines de semana a Chosica, estaba terriblemente enamorado de mí, y yo no sabía qué hacer, me daba lástima su situación, cuidaba que no me pasara nada, que no se propasaran conmigo, que llegara bien a mi casa, y muchas veces tuve que escaparme de su férrea protección aunque al final me arrepentía, porque sabía que con él hubiera estado mejor, más cuidada y más serena.

¿La tercera será la vencida?

Ella es linda aunque no lo crea, y cuando se suelta el cabello lo es aún más. Es divertida. Es alegre. Es genial. Trabaja duro, pero le pagan bien. Me ayudó la primera vez que quise ir a un sitio de ambiente, me acompañó otra vez cuando estaba sola y triste tomando una cerveza en el mismo sitio. Ella tiene su vida. Una vida que yo no conozco. Responde mis dudas, se ríe de mi inocencia. Cuando me mira no sé en qué estará pensando, pero creo que en cualquier cosa menos en mí. Quizás piensa en su antigua novia, es lo más seguro, no puede olvidarla, está muy enganchada a ella. Estas situaciones son tan comunes que ya no sé si seguir escribiendo sobre esto. Todo el mundo ama a  otro. Todos aman menos yo.

Me gustó que me diera su confianza sin conocerme. Generalmente la gente duda y se llena de temores, creen que una puede ser una loca o una psicópata, qué se yo. Ella no. Ella confió. Nos conocimos por msn y rápidamente se ofreció a ayudarme, yo trataba de ir a un lugar de ambiente, encontrar a alguna chica simpática, conversar desde hace mucho tiempo. Me llevó, habremos estado juntas dos horas, luego se fue, tenía que trabajar al día siguiente, además había llegado otra chica que conocí en el msn y ya no iba a estar sola. Pero la extrañé toda la noche. El problema es que no recuerdo mucho de esa noche, estaba tan contenta, por fin estaba en un sitio en donde me sentía a gusto rodeada de gente como yo, que no controlé el alcohol y me fui al diablo. Por suerte mi otra amiga me “cuidó”.

Este sábado 19 estaba programado en el Centro Cultural de España un ciclo de anime gay así que me animé a ir (dura hasta la otra semana, sólo sábados y domingos a las 9 de la noche). Hice la cola, comenzó a las 9 y 25. Habré estado hasta las 10. No había nada gay así que me aburrí y me fui. Pensaba que era muy temprano para irme a casa (lo que es raro porque siento que no tengo casa) y me decidí ir al Twin.

Me senté en la barra, compré una cerveza, miraba a la gente entrar y salir, la mayoría estaba acompañada, me sentía sola y sin ganas de nada más que de emborracharme. Le mandé un mensaje, me dijo que vendría, por suerte vive cerca y por suerte es superamable. Llegó y compró unas jarras, yo ya no podía más y nos fuimos. La pregunté si no le gustaba aunque sea un poquito. Me dijo: eres una niña. Una niña, sí claro, pensé. Tengo 28 pero soy una niña. Estoy jodida. Todo el camino me siento mal. Llegamos al paradero y me subo al carro. Pero iba en la dirección contraria  así que me bajo. Tengo que cruzar la pista y tomar de nuevo el carro de la misma línea pero para el otro lado. Le mando un mensaje: sigo aquí. En dónde, responde. En la Arequipa. Por qué. Porque el carro iba a otro lado. Entonces quédate en mi cuarto. No quiero incomodarte. Bueno, suerte. Ok.

Y me quedé ahí sentada en el pastito de Plaza Vea viendo los carros pasar. Varios taxistas pasaban y me decían: te llevo. No les hacía caso. Imbéciles, por qué no se acercaba una taxista, me preguntaba. Seguía mandándole mensajes pero ya no contestaba, seguro se había quedado dormida. Mejor, hubiera estado superincómoda en su cuarto y no hubiera podido dormir solo pensando que la tenía al lado (a no ser que hubiera dormido en el suelo). Se acercaron varios chicos, medio borrachos, la mayoría solo quería hablar. Todo el mundo quiere hablar. Es terrible esto de la soledad. Nadie quiere estar solo aunque le grite al mundo que sí. Todos queremos alguien que nos quiera, y cuando nos quiere, queremos más, y cuando nos ama, ya es poco para nosotros.

Otra vez

Quedamos en vernos a las dos y media el sábado para comprar los discos de The L word (conozco un sitio en donde los venden baratos). Quedamos en eso en el msn  el miércoles o jueves, no recuerdo, ella me iba a llamar el sábado para confirmar, porque salía más temprano del trabajo los sábados, y yo la iba a esperar en la universidad a que me llamara y a que llegara.

 

No la conozco pero eso para mí no es un problema, sólo iba a ayudarle a comprar los discos y quizás conversar un poco y después cada una se quitaba a sus casas.

 

El sábado me levanté temprano porque mi madre iba a llevar a mi hija a la playa, me llama a las 6 y 30 de la mañana y me dice: tráela antes de las 8 para salir temprano. Ok, le digo. Así que nos alistamos rápido y salimos las dos apuradas para no llegar después de las 8 a La Molina. Cuando llego, mi madre está preparando el desayuno tranquilamente. Si ibas a salir más tarde me hubieras dicho para no salir tan apurada, le digo. Era por si acaso, me dice. Si tú sabes que yo soy puntual mamá, le digo un poco molesta.

 

Me voy a estudiar, le digo. Ok. Me pongo a buscar mi celular. En mi bolso, en la mochila de Camila, en todas partes y no lo encuentro. Mierda. Y Ye me va a llamar para confirmar si nos vemos o no. Mami, le digo tengo que regresar a la casa, he olvidado mi celular y me van a llamar. Ya, nos vemos entonces en la noche. Ok.

 

Regreso a casa de Camila (porque no es mi casa), una hora, recojo mi celular y veo la hora, 9 y 30,  muy tarde, el viaje dura una hora y mi clase comienza a las 10. Llegaría media hora después de comenzada. Iré en el turno de 12 a 2, total, no pierdo nada. Y mejor, así no espero mucho y me encuentro con Ye a las 2 y 30, como quedamos.

 

Termina mi clase y salgo corriendo. Espero que Ye llame para confirmar que nos encontraremos en la universidad pero no llama. Son las 2 y 30, le mando un mensaje de texto: entonces, no pasa nada?. No contesta. Espero hasta las 2 y 50. Veinte minutos está bien, pienso. Pero no llega.

 

Me voy, triste, pensando qué podría haber pasado, quizás también olvidó el celular, pero no fue de un cono a otro para recuperarlo por una simple llamada de una desconocida, tal vez lo tenía en su bolso mientras trabajaba y no pudo escuchar el timbre del mensaje, tal vez se enfermó, o le pasó cualquier cosa. Tal vez, tal vez.

 

En el carro me pongo a pensar, las mujeres no son tan diferentes de los hombres, y eso que yo creo que somos superiores, también fallamos, también llegamos tarde, tampoco llamamos cuando debemos hacerlo. Por fin la igualdad a plena luz. Somos iguales, en las buenas y en las malas. 

 

Ye me llama a las 3 y 30, me dice que se le pasó la hora, que no se dio cuenta, y no sé qué más, no escucho bien porque estoy en el carro y la música está fuerte. Me pide que la disculpe. Ya no importa, le digo. Que quedemos para otro día. Ok, le digo. Y corto.

 

Ya son dos pero para mí es suficiente. Esta noche me voy al Twin  a tratar de emborracharme con 20 soles ¿podré?. Ojalá no me pierda en el camino.

  

Decepción

Algunas cosas no funcionan así escribas un blog para conocer chicas. Una de ellas es decir lo que sientes sin pensarlo. Y eso es lo que hago continuamente, el problema es que también lo escribo, y eso hace que mi imagen se vaya por los suelos jaja.

 

Bueno, he conocido a varias chicas por el msn, varias muy simpáticas (Gia te extraño) pero había una que me caía muy bien y sobre todo tenía un nick muy sexy (para mí). Conversamos varios días, casi todos los días de una semana entera que fue cuando comencé con lo del blog. Nuestras conversaciones nos hacían reír y no sé, a mí olvidar ciertas frustraciones. Y creo que me lo tomé muy en serio. Y claro ella no tiene la culpa de nada.

 

Fui yo la que se lo tomó en serio y comencé a pensar en ser amigas (pero no más que amigas). Le pregunté que si no hubiera leído mi blog ni conversado todo lo que conversamos hubiera pasado algo conmigo, y me dijo que sí, que hubiera pasado algo. Me alegré, era lo que quería escuchar.

 

Entonces seguí intentándolo, que tal si nos encontramos un día para conversar, SOLO CONVERSAR. La conversación claro que fue más larga pero es inútil escribir todo ahora. Y me dijo que no. NO. Así, bien clarito. Y yo pregunté por qué. No te conozco, respondió. Y eso sí me dolió. Hasta unas lagrimitas se me salieron.

 

No puedo contárselo a nadie y por eso lo escribo aquí. Pero de verdad me dolió, y yo que pensaba que ya nada podía dolerme en esta vida, por dios, ni siquiera la conozco yo tampoco, apenas la he visto en una pequeña foto que me mandó, pero cómo me gustaba conversar con ella.

 

Sólo quería decirte, si lees esto que lo de sensible era cierto. A pesar de que me gustaría que no lo fuera, a pesar de querer aparentar otras cosas. Y a la mierda con todo. Ya me cansé.

  

La tercera vez (y la última) 2

La volví a ver unos meses después en la calle con unas amigas. Me llamó y me las presentó. Eran de lo peor. Pequeñas pandilleras perdidas en un mundo trágico de pobreza e incomprensión, en sus rostros se reflejaba claramente la experiencia vivida, tendrían 14 ó 15 años pero ya no eran niñas. Estaban en la puerta de una discoteca de muy mala fama, y yo estaba bajando a encontrarme con mis amigos. Me dijo que no tenían dinero para entrar y que estaban esperando a alguien conocido para que las haga pasar. Le pregunté cuánto se pagaba para entrar. Me dijo que si compraba una jarra de sangría entraban cuatro. Nosotras éramos cuatro. Compré la jarra y entramos.

La discoteca estaba repleta, hacía un calor insoportable. La gente era horrible, pero ellas parecían encantadas de estar ahí. Encontraron a sus amigos, me los presentaron, a sus enamorados, me los presentaron, a sus conocidos, también me los presentaron. Uno de ellos me dijo: ¿Qué haces andando con ellas?. ¿Por qué?, le pregunté. Son unas pandilleras, tienen fama de ser unas rucas. ¿Unas qué? Rucas, que andan con un montón de tipos a la vez y se aprovechan de ellos y ellos de ellas. Parece una buena transacción, le dije, bueno, tendría que comprobarlo, ¿no?. Pues sí, cuídate, no creo que sean buenas amigas. No sabía si agradecerle por la información o molestarme por lo que dijo de mis nuevas amigas, así que mientras pensaba en qué responderle no dije nada y el muchacho se fue.

Pero claro que lo comprobé y más rápido de lo que esperaba, íbamos de un grupo a otro tomándonos sus jarras hasta que se acababan y después íbamos con otros y así toda la fiesta, hasta que al final, ellas completamente borrachas sacaban su propio dinero y comenzaban a tomar solas (o sea las 4) y botaban a cualquiera que osase acercarse. Las tres estaban muy borrachas así que las llevé a mi casa y dormimos en mi habitación.

Al día siguiente desperté más temprano que ellas. Las veía ahí echadas y me parecía que el mundo no era justo con ellas. Yo estaba a punto de cumplir 20 años ellas apenas tenían 15, ¿qué había pasado con sus vidas para que actúen de esa manera?, ¿para emborracharse de esa forma corriendo el peligro de que cualquier hombre pueda aprovecharse de ellas?

Me sentía inútil y confundida. No podía hacer nada. Pero me caían muy bien. Eran muy graciosas y divertidas. Y seguí andando con ellas aunque a veces se aprovecharan de mi inocencia. Pero eso no era lo que quería contar, sino cómo me gustaba esta chica, aunque ella moría por los hombres, y mientras más mejor, y yo detrás de ella como una idiota. Esa relación de amistad duró como dos años. Una vez me dijo que yo, borracha, intenté besarla. ¿En serio? Le pregunté. Sí. Pucha. ¿Y por qué no me besas ahora? me dijo. Estábamos echadas en la cama viendo tele. Porque no estoy borracha, le dije. Y eso fue lo más cerca que estuve de besarla. Claro que después lamenté mi estúpida respuesta, aún la lamento.

Nos separamos un buen tiempo, ella tuvo un hijo, yo también, ella se separó de su esposo, yo también, ella trabaja en un casino por Larcomar, yo escribo un blog (y también estudio). Ya no nos vemos ni nos hablamos. Simplemente dejamos de existir la una para la otra. Pero cómo me gustaba esa chica, cuando íbamos a la fiesta, y ella andaba con uno y otro tipo y yo me dedicaba a tomar, al final terminaba llorando como una tonta, y todos pensaban que era por mi mamá que me jodía la vida, o por un chico o por cualquier cosa menos por ella.

La tercera vez (y la última) 1

A los 18 años uno hace muchas cosas, se convierte en mayor de edad, siente que el yugo paterno ya no es tan fuerte, crees que puedes hacer lo que quieras porque ya tienes DNI. Ese asunto del DNI para mí siempre fue un problema, no aparento mi edad, y tengo que sacarlo para que los que cuidan la puerta de las discotecas vean que soy mayor de edad, y a veces sigue pasando, lo cual me parece extrañísimo ya que tengo 28.

A los 18 uno hace muchas cosas, como postular a una de las universidades más prestigiosas del Perú ilusionada con cambiar el mundo, competir contra 45 000 ilusos más, ocupar una vacante, ser el orgullo de tus padres y tratar un año entero de ser una buena estudiante de Derecho y Ciencia Política, además de aprender a odiar tu carrera.

A los 19 puedes hacer más cosas, como dejar la universidad, irte de fiesta con los amigos, tener tu primera borrachera de verdad, esa que te deja inconsciente, de la cual no recuerdas nada al día siguiente que despiertas con todo el cuerpo adolorido de tanto haberte golpeado contra el suelo o contra las paredes. Rebelarte contra tus padres y decirle que no vuelves más a estudiar esa carrera de mierda llena de ambiciosos, arribistas y sobones. Decepcionar a tus padres.

Yo tenía en ese entonces mi grupo de amigos igual de inútiles que yo, todos estudiando algo, todos odiando lo que estudiaban, todos emborrachándose y drogándose los fines de semana. Comenzábamos viernes en la noche y terminábamos domingo en la madrugada. Al día siguiente todos a estudiar menos yo. Yo estaba aprovechando mi año sabático (que fueron dos años). Aprovechando mi libertad, había pasado casi 12 años de mi vida pegada a los libros, estudiando y encerrada en mi cuarto imaginando un mundo mejor. Mi madre me decía, cuando tenía 16 y mi hermana comenzaba a salir con sus amigos, que porqué yo no iba con ellos. Por que no quería. Pero anda hija, diviértete. No quiero, son una tira de idiotas. Está bien, me decía, pero te vas a arrepentir de no haber aprovechado tu juventud. Bueno mami, comencé a aprovecharla a los 19.

A ella la conocí en mi casa, mi mamá la había contratado para que cuide a mis hermanos pequeños, en pocas palabras era la niñera. Tenía buen cuerpo, comparada conmigo que en esos tiempos me faltaba poco para desaparecer. Era blanca, bonita, de cabello castaño claro largo, ojos color caramelo y una mirada que apenas se posaba en la mía me la hacía bajar y tratar de pensar en otra cosa. Tenía 15 pero le dijo a mi mamá que tenía 18, y de verdad parecía de 18. Y yo a su lado parecía de 12. Mi madre es una mujer muy confiada y no le pidió papeles ni nada, llegó de repente cuando más la necesitaba y la aceptó, la acomodó en una habitación y la comenzó a tratar como a una hija. Y ahí empezaron los problemas.

No atendía bien a mis hermanos, los dejaba jugando todo el día mientras ella veía televisión. Me decía, ¿puedes pasarme eso? Y yo iba corriendo y se lo pasaba. Las cosas iban mal, y no sé cómo mi madre pudo soportar tanto tiempo antes de despedirla. Pero lo hizo, y yo me sentía muy triste porque estaba feliz de ser su esclava, yendo y viniendo trayéndole cosas. Y conversando con ella y contándonos nuestras vidas. Pero al fin agarró sus cosas y se fue. Y yo volví a las andadas con mis amigos los fines de semana.

Mi padre que no es mi padre

Cuando murió mi padre, en el 2003, nos dejó a todos completamente desamparados, a mi madre, a mis hermanos y a mí (afectivamente hablando). Luego del entierro, comenzaron los problemas de la herencia, tramitar los papeles a ver quien se quedaba con qué. Él había tenido un matrimonio anterior del cual nunca se divorció, por lo tanto la viuda (legal) era otra y no mi madre. De ese matrimonio había tenido tres hijos. De la convivencia con mi madre tenía cuatro. En total éramos 9 los que deberíamos repartirnos lo poco que dejó el pobre hombre en su paso por la tierra. Y la disputa iba a ser complicada.

 

Quienes se quedarían con más, ellos o nosotros. Teníamos que sacar partidas de nacimiento, partidas de defunción, una para cada uno de los hermanos, pruebas de la convivencia de más de 20 años entre mi padre y mi madre, pruebas de la separación de más de 20 años entre mi padre y su esposa. Papeles y más papeles, abogados, notarios, más abogados, más notarios, certificaciones, etc.

 

En todo el trajín de los trámites me enteré que mi padre no era mi padre. Él había firmado a todos sus hijos como Alberto F. T. Pero a mí me firmó como Luis Alberto F. T. La partida de nacimiento y la partida de defunción decían Alberto F. T. Legalmente yo no era su hija, ante la ley, el estado y la sociedad yo no era hija de él. Él no era mi padre. No existía ninguna relación legal que nos uniera.

 

La ocurrencia de mi padre de inscribirme en la partida de nacimiento de la municipalidad como Luis Alberto nunca podré responderla, ya está muerto. Habrá sido una de sus grandes bromas. Una forma de rebelarse ante el Estado. Ganas de joder mintiéndole a las autoridades. No lo sé. La cosa es que en mi partida figura como mi padre Luis Alberto F. T. Y a ese hombre nunca lo conocí.

 

Yo solo conocí a Alberto. El hombre que me cargaba en sus hombre haciéndome caballito cuando mi madre ya no me soportaba, el que me llevaba al parque con mi pequeña bicicleta para que aprendiera a manejar, el que escuchaba mil historias del mismo tema: yo; el que se preocupaba porque tomara mi leche e hiciera mis tareas, el que se lavaba los dientes conmigo y me llevaba dormida después de ver televisión así estuviera completamente agotado por el trabajo diario. El hombre más amado (por mí) y también más odiado (pero no por sus hijos).

 

Me siento extraña al pensar que legalmente no soy su hija. No recibo nada de la herencia (para lo que me importa). Mi familia también se sintió extraña, pensaban que era una broma pesada. El abogado dijo que eso se podía arreglar, unos cuantos trámites, unos cuantos meses (o años) y solucionado el problema. Pero la verdad no pienso mover un dedo para cambiar lo que ya está hecho. Mi padre ahora es Luis Alberto. El gran bromista.

Algunas razones para hacer un blog

Pueden ser las siguientes:

1. Sacarse los demonios interiores de encima
2. Puro exhibicionismo
3. Ganas de joder con lo que uno dice
4. Autocomplacencia
5. Autocompasión
6. Conocer gente (en mi caso chicas)

Imagino que deben haber más. Muchas más.Yo puedo incluirlas todas como mis razones, pero la que me importa más ahora es la última. Soy una mujer que a pasado casi toda su vida sexual siendo heterosexual por diversas razones y ya no quiero más. Ahora quiero ser completamente lesbiana, como cuando era chiquita.

El problema con ser lesbiana es que tengo que acostarme con una mujer para ser completamente lesbiana ¿o no?. Yo no he tenido sexo, lo que se dice sexo de verdad, con una mujer, entonces no puedo imaginarme lesbiana mas que virtualmente.

He estado hablando con algunas chicas por el messenger, y como que la mayoría busca una relación estable, amor, amistad, cariño, comprensión y todas esas cosas. A mí también me gustaría todo eso, es cierto, pero siento que he perdido tanto tiempo que lo único que busco por el momento es sexo, y si nace el amor, pues perfecto, pero si no, no importa, no voy a morirme ni suicidarme ni nada por el estilo. Quiero aprender cómo se hace el amor con una mujer, quiero saber qué se siente tener un orgasmo con una mujer, quiero acostarme con un montón de mujeres bonitas, simpáticas, sexys, blancas, morochas, chinitas. Quiero tener sexo. ¿Es malo decirlo?, quiero aprender y rápido. Quiero enamorarme también, quiero sentir esa sensación terrible cuando sientes que has caído, cuando sientes que estás presa, cuando sientes que ya te jodiste y que te enamoraste, y ahora cómo haces para desenamorarte (si no te corresponden claro).

Pero lo principal: QUIERO TENER SEXO, YAAAAAA.

Fobia social 3 Fin

Mi tercera visita al psiquiatra fue cuando ingresé otra vez a la universidad. El problema persistía y sabía que iba a recrudecer. Por eso me decidí a asistir otra vez. El médico era joven y simpático. Le expliqué todo lo que había que explicar. Preguntó si las pastillas habían funcionado. Le dije que parecía que no.  Hay buenas pastillas que puedes tomar, el problema es que son caras. ¿Cuáles?, le pregunté. Prozac, Dominium, etc. Pucha no creo. Recéteme el genérico nomás.  De acuerdo, ¿no has tomado ansiolíticos todavía no? No. ¿Por qué? Le estaba dando de lactar a mi hija. Pero ya no le das. No. Entonces comenzamos con los ansiolíticos ¿de acuerdo?. Está bien. Vas tomar sertralina, me dijiste que la dejaste de tomar. Si, pero sé que en la universidad el contacto con la gente me va a poner peor, por eso vine. De acuerdo, sertralina una diaria en la mañana y clonazepam en la noche. Ok. Vuelve la próxima semana. Ok.

 

En mi siguiente cita estaba ahí temprano haciendo cola (en la universidad hay cada loco). Era mi turno así que entré. Hola, me dijo el doctor, hoy vamos a hacer técnicas de relajación. Otra vez, pensé, esas técnicas que no relajan a nadie. Está bien, contesté. Échate en la camilla. Me eché. Vas a ponerte rígida y luego vamos a ir relajándonos poco a poco, ¿de acuerdo?. Sí. Comenzamos con los pies, tus pies se  relajan, vas subiendo, tus piernas se relajan, tu cintura se relaja, tu pecho se relaja, tus hombros se relajan, tu cuello se relaja, tu cara se relaja, tu boca se relaja, tu nariz se relaja, tus ojos se relajan, tus orejas se relajan, tu cabello se relaja, tu cabeza se relaja. Esto parecía el catecismo. ¿Estás relajada?. Pues creo que sí. Ya, ahora imagina un lugar hermoso, el más hermoso que puedas imaginar. Ok, campo, hierbas, árboles, flores (tengo alergia), cielo azul, una laguna (en donde puedo ahogarme si me meto), pájaros (que cagan encima de las cabezas). Aire fresco, yo corriendo, mi corazón palpitando cada vez más fuerte (no sirvo para los ejercicios cardiovasculares). ¿Estás ahí?. Sí, le dije. Ya, cada vez que te sientas nerviosa o quieras escapar del contacto de la gente, o sientas que ya no puedas más y que te estás volviendo loca, regresa a ese lugar, eso te va a dar tranquilidad. Ok. Ya puedes levantarte, sigue tomando tus pastillas y vuelve la próxima semana. Está bien.


Este doctor me caía bien., aunque sus técnicas de relajación no funcionaran, hacía chistes y me relajaba, y sobre todo, no se creía omnipotente. Eso era bueno.

 

Volví a mi tercera cita, sentía que las cosas estaban mejorando. Le pregunté a la secretaria por el doctor. Me dijo que ese doctor ya no trabajaba ahí. ¿Qué?, le pregunté, ¿por qué?. Se ha ido a hacer unos estudios a Alemania. Pero por qué no me lo dijo. La secretaria me miró con cara de a mí que me importa. Yo creí que era mi amigo. Te vamos a derivar con otro doctor. Bueno. El otro doctor era más viejo, me habló durante media hora de que nada de lo que decía era así, que todo podía ser diferente, que la vida hay que vivirla sin temores. Hay que relajarse y tomar las cosas con calma. Ok. Vas a tomar esto: anafranil y zatrix. Ok. Vuelve la próxima semana. Ok. No volví.

 

Ahora yo misma me medico, ya no voy al psiquiatra, tomo fluoxetina todas las mañanas y clonazepam todas las noches. Ya no recuerdo cuanto tiempo llevo haciendo esto. No sé si tendrá efectos secundarios en mi organismo (que seguro los tendrá) pero estoy tranquila, asisto a mis clases, mi hija es feliz, y creo que, a veces, yo también.

Fobia social 2

Tomé fluoxetina por 9 meses hasta que nació mi hija. Luego volví al psiquiatra, pero no era el mismo, este era del Hermilio Valdizán (o algo así). Me preguntó si algo había cambiado tomando fluoxetina, le dije que no, que me sentía igual. Entonces vas a tomar esto: sertralina y alprazolam. Le dije que estaba dando de lactar a mi hija. Entonces solo sertralina. Una diaria después del desayuno. Ok, le contesté. Pero además tienes que venir a las terapias grupales. ¿A las qué? Reuniones de chicos que tienen el mismo problema que tú. ¿Y cuál es mi problema? Según todo lo que me has dicho es fobia social. ¿Eso es lo que tengo? Parece que sí, los talleres grupales te ayudarán, son una vez a la semana. Está bien, vendré, le contesté. Y me fui.

 

Llegué temprano al taller de grupo con fobia social. En la habitación habían unas 10 sillas rodeando un escritorio. Me senté a esperar. Me preguntaba qué estupidez estaba haciendo. Comenzaron a llegar los chicos. En total seríamos 8, pero una más se coló porque su grupo no se había abierto. Su grupo era de depresivos. Me sentí mal. No quería que una persona que no tenía mi problema me viera exponiéndolo frente a todos, era como estar borracha frente a un montón de sobrios, no me parecía correcto y era una mala decisión del doctor.

 

Todos teníamos que decir lo que sentíamos, había gente que estaba peor que yo, otros un poco mejor, pero uno se da cuenta, todos tenían lo mismo, menos una. Yo hablé lo menos posible. El doctor nos explicaba algunas causas de esto y las mentiras que habíamos creado en nuestro cerebro para que perdurara. Luego nos enseñó métodos de relajación. Tenías que inspirar fuertemente sacando la panza y expirar metiéndola, yo lo hacía al revés. El doctor me dijo: así no se hace. Intenté otra vez. No es así, me dijo otra vez Yo ya me había convertido en el centro de atención por lo mal que hacía las respiraciones, estaba roja y sudaba, pero bueno, ese era el problema de todos, menos de una. La chica del costado me dijo: hazlo así. Me tranquilicé un poco y lo hice. Ahora está bien, dijo el idiota del doctor.

 

Luego de 15 minutos de intensas respiraciones que trataba de hacer bien y me tensaban más, el doctor dijo que comenzaríamos a trabajar con lo que nos generaba tensión. Comenzó conmigo. ¿Que te causa más tensión? me preguntó. Ser el centro de atención, le dije. Se dirigió a todos, ella no quiere ser el centro de atención, pues hoy día lo serás. Mierda, pensé, ¿no podía ser un poco más sutil todo esto?. Se acercó y me dijo, mírame fijamente a los ojos. Bueno. Estuvimos así dos minutos y comenzaron a arderme los ojos, todos nos miraban, mis ojos comenzaron a cerrarse y abrirse de manera maniaca. Miren como cierra los ojos cada vez más rápido, dijo el doctor. Todos miraban. Que mierda, yo quería curarme, no que me hagan sentir mal con lo que más me afectaba, que todos me miraran, que me juzgaran tal vez, que pensaran en sus pequeños cerebros lo que pasaba conmigo y sintieran lástima de mí.

Terminó la sesión y el doctor dijo que había estado muy bien. Gracias Gran Estúpido Nube Negra del Desierto. Tómatelas por el culo. Yo no vuelvo más. Y no volví.

Fobia social 1

Creo que tuve una infancia normal hasta los 7 años, aunque recuerdo muy pocas cosas de los 5 para abajo. Debe ser en 3° ó 4° grado que empezaron los problemas, yo aprendí a leer más rápido que mis compañeros de aula y la profesora siempre me sacaba al frente a leer los textos, lo hacía muy bien y estaba orgullosa de ello, pero aún me gustaría saber qué fue lo que pasó en el transcurso de esos años, qué fue lo que hizo que me retrajera en mí misma y me ocultara de los demás, aún no había descubierto mi opción sexual así que ese no era el problema, yo imagino algunas hipótesis, por ejemplo: leí mal alguna palabra del texto en clase y todos se rieron, no pude asimilar las burlas como debía, de una forma relajada y tranquila, quizás sentí que se burlaban de mí, de todo mi ser. Imagino que la profesora no supo manejar mi vergüenza y me dejó ahí parada siendo la burla de todos. Sospecho que desde esa vez no quise leer nunca más frente a clase. Supongo que esa es la razón para negarme siempre a participar en cualquier actividad del colegio: actuaciones, bailes, aniversarios. Pero solo son suposiciones, lo que pasó realmente no lo sé.

 

Desde entonces mi carácter se volvió introvertido y temeroso. Además mi hermana era una bala y la castigaban en todo momento (y no por eso dejó de portarse mal y ahora es una gran persona) pero yo no quería que me castigaran, yo quería que me quisieran. Me portaba bien en casa, hacía todos los mandados, hacía todas las tareas, obedecía ciegamente cualquier instrucción de mis padres, mientras mi hermana se portaba de la forma más rebelde que podía. Simplemente yo no quería dar más problemas, con ella era suficiente. Traté de convertirme en su antítesis. La niña buena. La niña modelo. La niña obediente. La que no mata ni una mosca. La que siempre está ahí cuando más lo necesitabas.

 

En la adolescencia no fue muy diferente. Mientras mi hermana iba a fiestas, yo me encerraba en mi cuarto a leer mis libros. Mientras ella pedía ropa y accesorios para verse bien, yo solo pedía que me dejaran en paz. Mientras ella se sacaba diplomas por cualquier cosa, yo recibía las notas más mediocres del año. Mientras ella era la más popular del colegio, yo era la hermana medio zonza a la que podían agarrar de lorna las amigas de ella. Tenía un gran problema para socializar a pesar de tener compañeras que siempre estaban rondándome para conversar. Las exposiciones eran las peores tragedias que podía pasar. Roja como un tomate, sudaba como un cerdo mientras todas me miraban, algunas ya ni querían mirarme de la pena que les daba. Temblaba y quería salir corriendo del salón aunque nunca lo hice y exponía hasta el final, mal y horrorosamente, pero lo hacía hasta el final.

 

Sabía que tenía que buscar tratamiento a este problema pero no me animé hasta quedar embarazada, no quería que mi hijo o hija (no sabía qué sería pero yo quería una hija) padeciera lo que yo sufrí. Entonces fui por primera vez al psicólogo a los 24 años. Me derivo al psiquiatra. Pensé: sí que debo estar loca, pero igual me sentía súper importante, una visita al psiquiatra, qué fantástico, realmente era especial entonces?

 

El psiquiatra me hizo las preguntas de costumbre y yo le conté todo lo que me había pasado en un cuarto de hora (había gente esperando por ser atendida). Me dijo: te deprimes cuando te pasa eso. Sí, le dije. Entonces vas a tomar esto: fluoxetina y clonazepam. Ok, contesté, pero estoy embarazada. Entonces solo toma fluoxetina, una vez al día después del desayuno y vuelves la próxima semana. Ok, respondí. Y me fui.