La segunda vez

Luego de la primera vez que sentí que me gustaban las chicas más que los chicos, no volví a sentir eso o lo evité muy bien, hasta la secundaria, exactamente en 5° de secundaria. Tendría 15 años, y seguía siendo tímida pero no tanto, tenía mi grupo de amigas y una mejor amiga, pero ella no era la elegida, por suerte, porque hasta ahora siento que es mi mejor amiga a pesar de estar separadas, ella está en España. La que me gustaba era otra, también de mi grupo, pero no me había dado cuenta hasta ya casi terminando las clases, por noviembre, debe ser el hecho de ya no vernos más que la puso nostálgica y se acercó a mí contándome algunas cosas personales y tristes de su vida, yo le dije lo que pude con mi “gran” experiencia de vida. Parece que le gustó lo que le dije y comenzó a andar conmigo en el salón, la pasábamos abrazadas todo el día, íbamos al parque, salíamos a caminar y todo el tiempo estábamos abrazadas, una junto a la otra queriéndonos como buenas amigas que éramos. Yo soñaba con ella, que nos besábamos, que dormíamos juntas abrazaditas, que la pasábamos bien juntas, que podíamos estar así por siempre, sin problemas, felices. Esto habrá durado hasta diciembre cuando terminaron las clases y nos alejamos del colegio para siempre. Yo pensaba, ¿cómo podíamos haber estado toda la secundaria juntas y recién darnos cuenta que nos queríamos mucho los dos últimos meses que pasaríamos juntas en toda nuestra vida?. Mi grupo seguía reuniéndose, pensando qué hacer con nuestro futuro. La universidad era una opción, no se me ocurría otra, para algunas de mis amigas también, para otras no. Así que el segundo paso era la academia, para prepararnos para el examen de admisión. Ahí la volví a ver. Íbamos a estar en la misma academia, pero ella ni me miró. Me pareció extraño. Me acerqué para hablarle, pero ella me respondió cortante. Yo estoy acostumbrada a perder amigos, eso no me preocupaba, pero me dolía su actitud. Un momento estábamos bien, éramos las amigas perfectas, y luego ya ni me quería mirar, detestaba mi presencia. Lo acepté como acepto todo, tranquilamente, aunque sufría por dentro. Por suerte ese dolor pasó rápido. Un tiempo después, sería un mes, aún en la academia, ella se me acercó, me pidió que la disculpe, que fue un error, que se comportó de una forma estúpida y que quería que todo fuera como antes. Le dije que ya, que estaba disculpada, que sí podíamos ser amigas otra vez. Pero no era cierto, yo evitaba su presencia, simplemente no la soportaba cerca, me parecía desagradable su actitud hacia mí. Y en el fondo no pude perdonarla. No nos volvimos a hablar después de eso aunque ella lo intentó varias veces. Pero no era lo mismo, yo ya no la quería.