La gran Simone

Leí  El segundo sexo cuando tenía 16 años, en esos tiempos (bueno desde un poco antes la verdad) buscaba una forma de explicar mi condición de mujer, qué era, para qué servía, para qué ser mujer. Sentía muchas cosas y buscaba una explicación en todas partes, sobre todo en los libros. El libro estaba en dos tomos, en ese tiempo me lo prestó mi mejor amigo, quien luego se convirtió en el padre de mi hija. El también estaba buscando su destino, creo que aún no lo encuentra, pero lo sigue buscando.

Ahora a lo que iba, el libro me sorprendió por su pulcritud, su gran conocimiento de la condición femenina, imaginaba todo el esfuerzo que debió hacer para escribirlo, romper esquemas y ser recordada 100 años después como la gran mujer y feminista que fue. Es admirable todo el trabajo que se dio para forjar una cultura femenina libre de la feminidad, esa terrible cadena que nos arrastra y aprisiona desde el hogar, la escuela y la sociedad en su conjunto. Uno aprende a ser mujer en el camino, toma decisiones y las decisiones que toma deben ser con conocimiento de causa, las elecciones deben ser libres, estamos obligados a actuar con libertad y escoger con libertad aunque suene contradictorio.

A veces nuestros padres, sin querer se convierten en nuestro primeros enemigos, especialmente las madres, nos dan la imagen de sumisión y creemos que ese es nuestro rol en la casa.  A veces podemos gritar y molestarnos pero de qué sirve si el que manda y el que toma las decisiones es el que trae el dinero a casa.

Otro enemigo es la escuela, nos subestiman y nos ubican dentro de una papel que creen que debería ser el nuestro, no nos permiten opinar, hablar de lo que sentimos, juzgar a los profesores libremente, disentir con lo que no estamos de acuerdo. Crecemos reprimidas y muchas no logran superarlo. Muchas se quedan en el rol y dentro del status que se les ha asignado en la sociedad. Ser esposa, madre y amante. Nada más. Para qué ser profesional, si nos van a pagar la mitad de lo que le pagarían a un hombre. Para qué soñar. Para qué esforzarnos tanto si nuestro cerebro no está hecho para eso, y si tienes un hijo, la cagaste, no vas a tener tiempo para hacer bien tu trabajo, si se enferma te vas a ir más temprano, si te embarazas perjudicas a la empresa y traicionas la confianza que se te dio. Lo he vivido continuamente en la escuela, en la academia y en la universidad. Discriminación por todos lados, sonrisas cínicas y disimuladas. Hombres que se creen pequeños dioses omnipotentes.

Simone nos dio un gran ejemplo, no se dejó vencer por la adversidad de ser mujer, porque en su tiempo realmente era una adversidad, como ser ahora una perra, o sea hembra, tu destino es ser preñada, por eso nadie quiere hembras, quieren perros machazos, que pisen a todas las perras pero que no traigan crías a la casa. He perdido muchos perros solo por ser hembras, me parecía que me rechazaban a mí, que me odiaban por ser mujer, me proyectaba en la pobre perra abandonada solo por no nacer con huevos entre las piernas.

Simone, te amo, espero algún día verte en el cielo de las feministas.

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