Mi padre que no es mi padre

Cuando murió mi padre, en el 2003, nos dejó a todos completamente desamparados, a mi madre, a mis hermanos y a mí (afectivamente hablando). Luego del entierro, comenzaron los problemas de la herencia, tramitar los papeles a ver quien se quedaba con qué. Él había tenido un matrimonio anterior del cual nunca se divorció, por lo tanto la viuda (legal) era otra y no mi madre. De ese matrimonio había tenido tres hijos. De la convivencia con mi madre tenía cuatro. En total éramos 9 los que deberíamos repartirnos lo poco que dejó el pobre hombre en su paso por la tierra. Y la disputa iba a ser complicada.

 

Quienes se quedarían con más, ellos o nosotros. Teníamos que sacar partidas de nacimiento, partidas de defunción, una para cada uno de los hermanos, pruebas de la convivencia de más de 20 años entre mi padre y mi madre, pruebas de la separación de más de 20 años entre mi padre y su esposa. Papeles y más papeles, abogados, notarios, más abogados, más notarios, certificaciones, etc.

 

En todo el trajín de los trámites me enteré que mi padre no era mi padre. Él había firmado a todos sus hijos como Alberto F. T. Pero a mí me firmó como Luis Alberto F. T. La partida de nacimiento y la partida de defunción decían Alberto F. T. Legalmente yo no era su hija, ante la ley, el estado y la sociedad yo no era hija de él. Él no era mi padre. No existía ninguna relación legal que nos uniera.

 

La ocurrencia de mi padre de inscribirme en la partida de nacimiento de la municipalidad como Luis Alberto nunca podré responderla, ya está muerto. Habrá sido una de sus grandes bromas. Una forma de rebelarse ante el Estado. Ganas de joder mintiéndole a las autoridades. No lo sé. La cosa es que en mi partida figura como mi padre Luis Alberto F. T. Y a ese hombre nunca lo conocí.

 

Yo solo conocí a Alberto. El hombre que me cargaba en sus hombre haciéndome caballito cuando mi madre ya no me soportaba, el que me llevaba al parque con mi pequeña bicicleta para que aprendiera a manejar, el que escuchaba mil historias del mismo tema: yo; el que se preocupaba porque tomara mi leche e hiciera mis tareas, el que se lavaba los dientes conmigo y me llevaba dormida después de ver televisión así estuviera completamente agotado por el trabajo diario. El hombre más amado (por mí) y también más odiado (pero no por sus hijos).

 

Me siento extraña al pensar que legalmente no soy su hija. No recibo nada de la herencia (para lo que me importa). Mi familia también se sintió extraña, pensaban que era una broma pesada. El abogado dijo que eso se podía arreglar, unos cuantos trámites, unos cuantos meses (o años) y solucionado el problema. Pero la verdad no pienso mover un dedo para cambiar lo que ya está hecho. Mi padre ahora es Luis Alberto. El gran bromista.

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