Otra vez

Quedamos en vernos a las dos y media el sábado para comprar los discos de The L word (conozco un sitio en donde los venden baratos). Quedamos en eso en el msn  el miércoles o jueves, no recuerdo, ella me iba a llamar el sábado para confirmar, porque salía más temprano del trabajo los sábados, y yo la iba a esperar en la universidad a que me llamara y a que llegara.

 

No la conozco pero eso para mí no es un problema, sólo iba a ayudarle a comprar los discos y quizás conversar un poco y después cada una se quitaba a sus casas.

 

El sábado me levanté temprano porque mi madre iba a llevar a mi hija a la playa, me llama a las 6 y 30 de la mañana y me dice: tráela antes de las 8 para salir temprano. Ok, le digo. Así que nos alistamos rápido y salimos las dos apuradas para no llegar después de las 8 a La Molina. Cuando llego, mi madre está preparando el desayuno tranquilamente. Si ibas a salir más tarde me hubieras dicho para no salir tan apurada, le digo. Era por si acaso, me dice. Si tú sabes que yo soy puntual mamá, le digo un poco molesta.

 

Me voy a estudiar, le digo. Ok. Me pongo a buscar mi celular. En mi bolso, en la mochila de Camila, en todas partes y no lo encuentro. Mierda. Y Ye me va a llamar para confirmar si nos vemos o no. Mami, le digo tengo que regresar a la casa, he olvidado mi celular y me van a llamar. Ya, nos vemos entonces en la noche. Ok.

 

Regreso a casa de Camila (porque no es mi casa), una hora, recojo mi celular y veo la hora, 9 y 30,  muy tarde, el viaje dura una hora y mi clase comienza a las 10. Llegaría media hora después de comenzada. Iré en el turno de 12 a 2, total, no pierdo nada. Y mejor, así no espero mucho y me encuentro con Ye a las 2 y 30, como quedamos.

 

Termina mi clase y salgo corriendo. Espero que Ye llame para confirmar que nos encontraremos en la universidad pero no llama. Son las 2 y 30, le mando un mensaje de texto: entonces, no pasa nada?. No contesta. Espero hasta las 2 y 50. Veinte minutos está bien, pienso. Pero no llega.

 

Me voy, triste, pensando qué podría haber pasado, quizás también olvidó el celular, pero no fue de un cono a otro para recuperarlo por una simple llamada de una desconocida, tal vez lo tenía en su bolso mientras trabajaba y no pudo escuchar el timbre del mensaje, tal vez se enfermó, o le pasó cualquier cosa. Tal vez, tal vez.

 

En el carro me pongo a pensar, las mujeres no son tan diferentes de los hombres, y eso que yo creo que somos superiores, también fallamos, también llegamos tarde, tampoco llamamos cuando debemos hacerlo. Por fin la igualdad a plena luz. Somos iguales, en las buenas y en las malas. 

 

Ye me llama a las 3 y 30, me dice que se le pasó la hora, que no se dio cuenta, y no sé qué más, no escucho bien porque estoy en el carro y la música está fuerte. Me pide que la disculpe. Ya no importa, le digo. Que quedemos para otro día. Ok, le digo. Y corto.

 

Ya son dos pero para mí es suficiente. Esta noche me voy al Twin  a tratar de emborracharme con 20 soles ¿podré?. Ojalá no me pierda en el camino.

  

Decepción

Algunas cosas no funcionan así escribas un blog para conocer chicas. Una de ellas es decir lo que sientes sin pensarlo. Y eso es lo que hago continuamente, el problema es que también lo escribo, y eso hace que mi imagen se vaya por los suelos jaja.

 

Bueno, he conocido a varias chicas por el msn, varias muy simpáticas (Gia te extraño) pero había una que me caía muy bien y sobre todo tenía un nick muy sexy (para mí). Conversamos varios días, casi todos los días de una semana entera que fue cuando comencé con lo del blog. Nuestras conversaciones nos hacían reír y no sé, a mí olvidar ciertas frustraciones. Y creo que me lo tomé muy en serio. Y claro ella no tiene la culpa de nada.

 

Fui yo la que se lo tomó en serio y comencé a pensar en ser amigas (pero no más que amigas). Le pregunté que si no hubiera leído mi blog ni conversado todo lo que conversamos hubiera pasado algo conmigo, y me dijo que sí, que hubiera pasado algo. Me alegré, era lo que quería escuchar.

 

Entonces seguí intentándolo, que tal si nos encontramos un día para conversar, SOLO CONVERSAR. La conversación claro que fue más larga pero es inútil escribir todo ahora. Y me dijo que no. NO. Así, bien clarito. Y yo pregunté por qué. No te conozco, respondió. Y eso sí me dolió. Hasta unas lagrimitas se me salieron.

 

No puedo contárselo a nadie y por eso lo escribo aquí. Pero de verdad me dolió, y yo que pensaba que ya nada podía dolerme en esta vida, por dios, ni siquiera la conozco yo tampoco, apenas la he visto en una pequeña foto que me mandó, pero cómo me gustaba conversar con ella.

 

Sólo quería decirte, si lees esto que lo de sensible era cierto. A pesar de que me gustaría que no lo fuera, a pesar de querer aparentar otras cosas. Y a la mierda con todo. Ya me cansé.

  

La tercera vez (y la última) 2

La volví a ver unos meses después en la calle con unas amigas. Me llamó y me las presentó. Eran de lo peor. Pequeñas pandilleras perdidas en un mundo trágico de pobreza e incomprensión, en sus rostros se reflejaba claramente la experiencia vivida, tendrían 14 ó 15 años pero ya no eran niñas. Estaban en la puerta de una discoteca de muy mala fama, y yo estaba bajando a encontrarme con mis amigos. Me dijo que no tenían dinero para entrar y que estaban esperando a alguien conocido para que las haga pasar. Le pregunté cuánto se pagaba para entrar. Me dijo que si compraba una jarra de sangría entraban cuatro. Nosotras éramos cuatro. Compré la jarra y entramos.

La discoteca estaba repleta, hacía un calor insoportable. La gente era horrible, pero ellas parecían encantadas de estar ahí. Encontraron a sus amigos, me los presentaron, a sus enamorados, me los presentaron, a sus conocidos, también me los presentaron. Uno de ellos me dijo: ¿Qué haces andando con ellas?. ¿Por qué?, le pregunté. Son unas pandilleras, tienen fama de ser unas rucas. ¿Unas qué? Rucas, que andan con un montón de tipos a la vez y se aprovechan de ellos y ellos de ellas. Parece una buena transacción, le dije, bueno, tendría que comprobarlo, ¿no?. Pues sí, cuídate, no creo que sean buenas amigas. No sabía si agradecerle por la información o molestarme por lo que dijo de mis nuevas amigas, así que mientras pensaba en qué responderle no dije nada y el muchacho se fue.

Pero claro que lo comprobé y más rápido de lo que esperaba, íbamos de un grupo a otro tomándonos sus jarras hasta que se acababan y después íbamos con otros y así toda la fiesta, hasta que al final, ellas completamente borrachas sacaban su propio dinero y comenzaban a tomar solas (o sea las 4) y botaban a cualquiera que osase acercarse. Las tres estaban muy borrachas así que las llevé a mi casa y dormimos en mi habitación.

Al día siguiente desperté más temprano que ellas. Las veía ahí echadas y me parecía que el mundo no era justo con ellas. Yo estaba a punto de cumplir 20 años ellas apenas tenían 15, ¿qué había pasado con sus vidas para que actúen de esa manera?, ¿para emborracharse de esa forma corriendo el peligro de que cualquier hombre pueda aprovecharse de ellas?

Me sentía inútil y confundida. No podía hacer nada. Pero me caían muy bien. Eran muy graciosas y divertidas. Y seguí andando con ellas aunque a veces se aprovecharan de mi inocencia. Pero eso no era lo que quería contar, sino cómo me gustaba esta chica, aunque ella moría por los hombres, y mientras más mejor, y yo detrás de ella como una idiota. Esa relación de amistad duró como dos años. Una vez me dijo que yo, borracha, intenté besarla. ¿En serio? Le pregunté. Sí. Pucha. ¿Y por qué no me besas ahora? me dijo. Estábamos echadas en la cama viendo tele. Porque no estoy borracha, le dije. Y eso fue lo más cerca que estuve de besarla. Claro que después lamenté mi estúpida respuesta, aún la lamento.

Nos separamos un buen tiempo, ella tuvo un hijo, yo también, ella se separó de su esposo, yo también, ella trabaja en un casino por Larcomar, yo escribo un blog (y también estudio). Ya no nos vemos ni nos hablamos. Simplemente dejamos de existir la una para la otra. Pero cómo me gustaba esa chica, cuando íbamos a la fiesta, y ella andaba con uno y otro tipo y yo me dedicaba a tomar, al final terminaba llorando como una tonta, y todos pensaban que era por mi mamá que me jodía la vida, o por un chico o por cualquier cosa menos por ella.

La tercera vez (y la última) 1

A los 18 años uno hace muchas cosas, se convierte en mayor de edad, siente que el yugo paterno ya no es tan fuerte, crees que puedes hacer lo que quieras porque ya tienes DNI. Ese asunto del DNI para mí siempre fue un problema, no aparento mi edad, y tengo que sacarlo para que los que cuidan la puerta de las discotecas vean que soy mayor de edad, y a veces sigue pasando, lo cual me parece extrañísimo ya que tengo 28.

A los 18 uno hace muchas cosas, como postular a una de las universidades más prestigiosas del Perú ilusionada con cambiar el mundo, competir contra 45 000 ilusos más, ocupar una vacante, ser el orgullo de tus padres y tratar un año entero de ser una buena estudiante de Derecho y Ciencia Política, además de aprender a odiar tu carrera.

A los 19 puedes hacer más cosas, como dejar la universidad, irte de fiesta con los amigos, tener tu primera borrachera de verdad, esa que te deja inconsciente, de la cual no recuerdas nada al día siguiente que despiertas con todo el cuerpo adolorido de tanto haberte golpeado contra el suelo o contra las paredes. Rebelarte contra tus padres y decirle que no vuelves más a estudiar esa carrera de mierda llena de ambiciosos, arribistas y sobones. Decepcionar a tus padres.

Yo tenía en ese entonces mi grupo de amigos igual de inútiles que yo, todos estudiando algo, todos odiando lo que estudiaban, todos emborrachándose y drogándose los fines de semana. Comenzábamos viernes en la noche y terminábamos domingo en la madrugada. Al día siguiente todos a estudiar menos yo. Yo estaba aprovechando mi año sabático (que fueron dos años). Aprovechando mi libertad, había pasado casi 12 años de mi vida pegada a los libros, estudiando y encerrada en mi cuarto imaginando un mundo mejor. Mi madre me decía, cuando tenía 16 y mi hermana comenzaba a salir con sus amigos, que porqué yo no iba con ellos. Por que no quería. Pero anda hija, diviértete. No quiero, son una tira de idiotas. Está bien, me decía, pero te vas a arrepentir de no haber aprovechado tu juventud. Bueno mami, comencé a aprovecharla a los 19.

A ella la conocí en mi casa, mi mamá la había contratado para que cuide a mis hermanos pequeños, en pocas palabras era la niñera. Tenía buen cuerpo, comparada conmigo que en esos tiempos me faltaba poco para desaparecer. Era blanca, bonita, de cabello castaño claro largo, ojos color caramelo y una mirada que apenas se posaba en la mía me la hacía bajar y tratar de pensar en otra cosa. Tenía 15 pero le dijo a mi mamá que tenía 18, y de verdad parecía de 18. Y yo a su lado parecía de 12. Mi madre es una mujer muy confiada y no le pidió papeles ni nada, llegó de repente cuando más la necesitaba y la aceptó, la acomodó en una habitación y la comenzó a tratar como a una hija. Y ahí empezaron los problemas.

No atendía bien a mis hermanos, los dejaba jugando todo el día mientras ella veía televisión. Me decía, ¿puedes pasarme eso? Y yo iba corriendo y se lo pasaba. Las cosas iban mal, y no sé cómo mi madre pudo soportar tanto tiempo antes de despedirla. Pero lo hizo, y yo me sentía muy triste porque estaba feliz de ser su esclava, yendo y viniendo trayéndole cosas. Y conversando con ella y contándonos nuestras vidas. Pero al fin agarró sus cosas y se fue. Y yo volví a las andadas con mis amigos los fines de semana.