¿La tercera será la vencida?

Ella es linda aunque no lo crea, y cuando se suelta el cabello lo es aún más. Es divertida. Es alegre. Es genial. Trabaja duro, pero le pagan bien. Me ayudó la primera vez que quise ir a un sitio de ambiente, me acompañó otra vez cuando estaba sola y triste tomando una cerveza en el mismo sitio. Ella tiene su vida. Una vida que yo no conozco. Responde mis dudas, se ríe de mi inocencia. Cuando me mira no sé en qué estará pensando, pero creo que en cualquier cosa menos en mí. Quizás piensa en su antigua novia, es lo más seguro, no puede olvidarla, está muy enganchada a ella. Estas situaciones son tan comunes que ya no sé si seguir escribiendo sobre esto. Todo el mundo ama a  otro. Todos aman menos yo.

Me gustó que me diera su confianza sin conocerme. Generalmente la gente duda y se llena de temores, creen que una puede ser una loca o una psicópata, qué se yo. Ella no. Ella confió. Nos conocimos por msn y rápidamente se ofreció a ayudarme, yo trataba de ir a un lugar de ambiente, encontrar a alguna chica simpática, conversar desde hace mucho tiempo. Me llevó, habremos estado juntas dos horas, luego se fue, tenía que trabajar al día siguiente, además había llegado otra chica que conocí en el msn y ya no iba a estar sola. Pero la extrañé toda la noche. El problema es que no recuerdo mucho de esa noche, estaba tan contenta, por fin estaba en un sitio en donde me sentía a gusto rodeada de gente como yo, que no controlé el alcohol y me fui al diablo. Por suerte mi otra amiga me “cuidó”.

Este sábado 19 estaba programado en el Centro Cultural de España un ciclo de anime gay así que me animé a ir (dura hasta la otra semana, sólo sábados y domingos a las 9 de la noche). Hice la cola, comenzó a las 9 y 25. Habré estado hasta las 10. No había nada gay así que me aburrí y me fui. Pensaba que era muy temprano para irme a casa (lo que es raro porque siento que no tengo casa) y me decidí ir al Twin.

Me senté en la barra, compré una cerveza, miraba a la gente entrar y salir, la mayoría estaba acompañada, me sentía sola y sin ganas de nada más que de emborracharme. Le mandé un mensaje, me dijo que vendría, por suerte vive cerca y por suerte es superamable. Llegó y compró unas jarras, yo ya no podía más y nos fuimos. La pregunté si no le gustaba aunque sea un poquito. Me dijo: eres una niña. Una niña, sí claro, pensé. Tengo 28 pero soy una niña. Estoy jodida. Todo el camino me siento mal. Llegamos al paradero y me subo al carro. Pero iba en la dirección contraria  así que me bajo. Tengo que cruzar la pista y tomar de nuevo el carro de la misma línea pero para el otro lado. Le mando un mensaje: sigo aquí. En dónde, responde. En la Arequipa. Por qué. Porque el carro iba a otro lado. Entonces quédate en mi cuarto. No quiero incomodarte. Bueno, suerte. Ok.

Y me quedé ahí sentada en el pastito de Plaza Vea viendo los carros pasar. Varios taxistas pasaban y me decían: te llevo. No les hacía caso. Imbéciles, por qué no se acercaba una taxista, me preguntaba. Seguía mandándole mensajes pero ya no contestaba, seguro se había quedado dormida. Mejor, hubiera estado superincómoda en su cuarto y no hubiera podido dormir solo pensando que la tenía al lado (a no ser que hubiera dormido en el suelo). Se acercaron varios chicos, medio borrachos, la mayoría solo quería hablar. Todo el mundo quiere hablar. Es terrible esto de la soledad. Nadie quiere estar solo aunque le grite al mundo que sí. Todos queremos alguien que nos quiera, y cuando nos quiere, queremos más, y cuando nos ama, ya es poco para nosotros.