El último hombre de mi vida 3 (fin)

Después de cuatro años le dije que era lesbiana, que quería estar con chicas, que me gustaban desde pequeña y que no iba a esperar más. Me dijo que le confesara lo que le confesara el siempre me amaría (creo que eso lo escuché en una canción). Entonces, para que no sea injusto, tú puedes acostarte con las mujeres que quieras, le dije. No tengo la menor gana de acostarme con nadie , me dijo. Por qué, le pregunté. Eso de estar de nuevo ahí tratando de conquistarla, invitándola a salir, todo eso, me aburre, además estoy muy ocupado. Como quieras, pero yo me voy a sentir mal si no te acuestas con nadie y yo sí. Con tal que no te acuestes con un hombre. Querido, aunque no lo creas, eres el último hombre en mi vida. ¿En serio?. Sí, de ahora en adelante solo vienen mujeres. No me interesan los hombres para nada. Bueno, ¿estás segura que quieres ser lesbiana?. Lo he querido ser desde siempre. ¿No te importa que nuestra relación se vaya al diablo?. Qué relación, somos amigos desde siempre, esto no va a cambiar nada. De acuerdo, si eso es lo que quieres está bien.

Así que aquí comienza mi nueva vida. La mitad de la semana estoy en casa de mi madre, la otra mitad estoy en casa de él. No quiero que mi hija no sea parte de su vida y el la ama demasiado para soportar que esté lejos mucho tiempo. Duermo donde ella quiere dormir. Por eso digo que no tengo casa. Voy de un lado a otro con mi hija. Pero ella tiene dos casas y tiene suerte, en las dos la adoran. Él me pregunta si ya estuve con una chica, le dije que no, que ya me chotearon como tres veces, que las mujeres se hacen las difíciles y que ya me estaba hartando, nunca he estado en la posición del hombre, y me siento extraña, no sé qué decirle a una chica, no sé cómo actuar con ella, no sé nada. Estoy yendo a las sesiones del MHOL que empezaron ayer (y siguen todos los lunes) a ver si alguien me explica todo lo que no sé todavía. Ojalá me lo explicaran.

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El último hombre de mi vida 2

Cuando me fui al Cusco invitada por unos amigos, me divertí mucho y perdí mi virginidad (por fin, ya estaba harta de ella, pero esa es otra historia). El único problema era que siempre pensaba en él, en sus cuidados, en su protección, en su ternura, en su solidaridad. Cuando volví del Cusco lo llamé, estaba decidida a volver con él.

Yo sabía que habiendo perdido mi virginidad podía por fin hacer con mi cuerpo lo que quería y no quise que pasara eso, no quise una vida de promiscuidad que luego me trajera estúpidos cargos de conciencia (ahora me arrepiento) pero en ese entonces quería ser una chica buena. Así que le dije para volver. El aceptó. Le dije que ya no era virgen. Se molestó pero no le quedaba otra que aceptarlo, no había marcha atrás, si quería me tomaba así o simplemente me dejaba. Los hombre y las mujeres le dan mucha importancia a esto de la virginidad, para mí era una mierda que tenía que sacarme de encima de una vez, y me la saqué a los 21.

Entonces volvimos, estuvimos juntos desde ese tiempo, desde los 21 hasta los 28, siete años. Siete años en los que el me amó sin contemplaciones y yo traté de amarlo con total sinceridad. Cuando le dije que era bisexual (eso fue a los 21) se mató de risa y creyó que estaba loca (aunque eso ya lo sabía) así que creyó que estaba más loca todavía. Cuando le expliqué mi teoría (dos años después) de que todos éramos bisexuales necesariamente, genéticamente pero no culturalmente, él me dijo que no era bisexual para nada, que le gustaban las mujeres y que le sería imposible siquiera sentir el menor gusto por un hombre. Le dije que en los hombres eso es más fuerte culturalmente pero que con las mujeres sucede lo contrario, reprimimos nuestra bisexualidad pero en el fondo lo somos. No me volvió a tomar en serio.

Entonces quedé embarazada, al enterarme al mes (porque yo tenía mi regla recontra exacta), mi primera reacción fue sacarme un examen de embarazo, enseñárselo a papá y mamá y encerrarme en mi cuarto, no me importaba lo que dijeran. Además era imposible que volviera a salir con mis amigos, dejé totalmente el alcohol, las drogas y las fiestas y toda clase de diversiones por una vida más saludable. La reacción de él fue: primero se preocupó, un hijo, la cagada, tan jóvenes, ni habíamos terminado la carrera; segundo, me preguntó si era suyo, tantas veces me había escapado de él para irme sola con mis amigos que era indudable que dudara, pero yo sabía que era de él, porque no me había acostado con nadie más y con él era suficiente para saber que no pasaba nada con los hombres.

Entonces tuve a mi hija a los 24, decidimos vivir juntos porque la situación con mi madre era desastrosa. Nos fuimos a casa de sus padres, en donde tuve que dar algunas lecciones de feminismo, querían que cocinara, limpiara, lavara y planchara, y me negué rotundamente. Yo no era sirvienta de nadie, no había estudiado tanto en mi vida para terminar así, además no sabía cocinar, ni lavar, ni planchar, pero el feminismo era mi excusa. Hubo muchos problemas pero al final tuvieron que aceptar, y él también tuvo que cambiar su concepto de las mujeres. No era su sirvienta así su viejo se quejara, así su vieja se quejara, así mi madre me dijera que diera mi brazo a torcer.

El último hombre de mi vida 1

Lo conocí en la academia, nos preparábamos para postular a la universidad, él estaba becado por conocimientos, yo por coordinación, es decir, él por su inteligencia, yo por el trabajo. Los coordinadores  becados trabajaban en la mañana y estudiaban en la tarde, o al revés. Yo dije que vivía en Chosica, que por favor me pusieran para estudiar en las mañanas y trabajar en las tardes, les importó un pepino y no me hicieron caso.

 

Todos los días tenía que levantarme a las 5 de la mañana para llegar antes de las 8 a la academia, por suerte mi papá me preparaba un poco de comida antes de salir porque ahí en la academia no te daban comida y la mayoría de coordis generalmente o no comían nada y comían mal, había que compartir la comida con los que no tenían nada y en eso tiempo la situación económica de la casa estaba bien fregada (gracias Alan).

 

Mis padres se habían separado y yo me había quedado con mi papá y con mi hermano de dos años, mi mamá se había ido con mi hermana mayor y mi hermano de 12 a vivir a casa de mi padrastro. Estábamos desquebrajados y mi padre destrozado, y yo no podía hacer nada contra eso. Solo verlo sufrir y cómo su vida se iba apagando. Y a mi hermano pequeño llorando llamando a mi mamá y a mi padre llorando con él por no poder traerla.

 

Yo tenía que llegar más temprano que los demás porque  era coordi de puerta, la que recibía a los alumnos y les pedía su carné de ingreso, cerrándoles la puerta a los que llegaban tarde y torturándolos afuera diciéndoles que no iban a entrar, solo dejaba pasar a los que me decían que venían de Chosica. Después me iba a estudiar de 2 a 8 y llegaba a mi casa a las 10, excepto cuando había reunión de coordinadores que duraba hasta las 10, y entonces llegaba a casa a las 12. Pero yo estaba dispuesta a hacer cualquier sacrificio para poder ingresar a la universidad así que no me importaba mucho todo eso. El problema era que me quedaba dormida en las clases, la ventaja era que ya me sabía la respuesta de los exámenes porque los había tomado temprano

 

A medio semestre los directivos reagrupan a los alumnos y separan a los que tienen más posibilidades de ingresar en un salón llamado Círculo. Ahí lo conocí, a mí me pusieron en el salón con otros dos coordis, los que tenían las mejores notas. Después de un tiempo nos dividieron en dos salones Círculo A y Círculo B, yo fui a círculo B (no era muy buena para las matemáticas). Pero una chica que estaba en mi salón ingresó en segundo puesto y los del primer salón en puestos menores así que no le salieron muy bien sus cálculos a los directivos.

 

El se la pasaba detrás de una chica que no le hacía caso, yo salía con un muchacho que siempre me invitaba al cine. El pobre no ingresó y dejamos de vernos. Sólo faltaba un mes para terminar la academia y postular cuando se atrevió a hablarme, o mejor dicho, yo le hablé porque no me importaba nada hablarle. Yo estaba buscando un libro de poemas de Patti Smith en Quilca, él una mochila. Me acerqué y no recuerdo qué le dije, pero ahí hablamos, parece que se enamoró instantáneamente de mí porque después de eso ya no me dejaba, me invitaba al cine, me compraba libros, me llamaba por teléfono, y por fin se decidió a mandarse. Yo  lo acepté, a pesar de que en ese tiempo estaba todavía medio enamorada de un muchacho del que tuve que separarme por diferencias irreconciliables, yo era atea, y el era católico y preparaba a los jóvenes para su confirmación. Él me quería llevar a la iglesia, yo lo quería tener en mi cama todo el día. La situación se volvió insostenible.

 

Acepté primero por pena, sus ojitos estaban tan tristes y le había costado tanto esfuerzo mandarse que dije sí sin pensarlo. Al mes postulamos, él ingresó a Medicina, yo a Derecho, le dije que como íbamos a estar en locales separados, él en San Fernando, yo en la Ciudad Universitaria, sería mejor que termináramos, además quería concentrarme en mis estudios y él me importaba un rábano. Así que terminamos. Pero de vez en cuando iba a visitarme, me llevaba tarjetitas y poemas y me invitaba al cine. Podíamos hablar de mil cosas como amigos, como enamorados no decíamos una palabra, yo me aburría lastimosamente y él no sabía qué hacer para cautivarme, para demostrarme que era el hombre de mi vida.

 

Estuvimos un buen tiempo así, volviendo y terminando continuamente, le presenté a mis amigos inútiles, borrachos y drogadictos, y lo aceptaron como a un hermano, aunque al comienzo estuvieron un poco recelosos, cuando comenzó a soltar el dinero para las jarras ya todos se hicieron sus amigos sin el menor disimulo.

 

Él iba todos los fines de semana a Chosica, estaba terriblemente enamorado de mí, y yo no sabía qué hacer, me daba lástima su situación, cuidaba que no me pasara nada, que no se propasaran conmigo, que llegara bien a mi casa, y muchas veces tuve que escaparme de su férrea protección aunque al final me arrepentía, porque sabía que con él hubiera estado mejor, más cuidada y más serena.