Virgen Moderna

A propósito de las complicaciones que tuve sobre decidir si soy femenina, masculina, intermedia, andrógina o lo que sea que soy, va este poema de una de las mejores poetas que existen.

Vierge moderne

Yo no soy una mujer. Soy un neutro.
Soy un niño, un paje y una osada decisión.
Soy una raya riente de un sol escarlata…
Soy una red para todos los voraces peces,
soy un brindis en honor de todas las mujeres,
soy un paso hacia el azar y la ruina,
soy un salto en la libertad y el yo…
Soy el murmullo de la sangre en el oído del hombre,
soy un estremecimiento del alma, el deseo y el rechazo de la carne,
soy la enseña de nuevos paraísos.
Soy una llama, inquieta e intrépida,
soy un agua, profunda pero audaz hasta las rodillas,
soy agua y fuego en leal unión libre…

Edith Södergran

En terapia 2

Todas nos sentamos alrededor del salón en unas sillas de plástico blancas, nos repartieron cartulinas y lapiceros y teníamos que escribir en ellas cómo nos identificábamos.

 

Primero raza (aunque aclararon que ese concepto no existe, era sólo para facilitar las cosas) teníamos que escoger entre blanca, negra, trigueña, mestiza; luego género (mujer u hombre), identidad cultural (femenina o masculina), identidad biológica (hembra o macho), identidad geográfica (costa, sierra o selva), alguna discapacidad o enfermedad (miopía, astigmatismo, diabetes, VIH, etc), identidad cronológica (18-21, 22-25, 26-31, 31- +), identidad sexual (heterosexual, homosexual, dentro de homosexual: lesbiana, bisexual, gay, transgénero, transexual, travesti), identidad religiosa (católica, evangélica, atea, mormona, agnóstica, etc.), identidad académica (colegio, instituto, universidad, nada), por último si éramos inmigrantes o nuestros padres inmigrantes.

 

Yo puse en mi lista: trigueña, mujer, femenina, hembra, costa, miopía, 28, lesbiana, atea, universidad, de Lima. Una chica puso blanca pero hubiera sido mejor que ponga trigueña, una puso mestiza, la mayoría trigueña, había otra atea, la mayoría católica (?), todas hembras, todas mujeres, algunas de instituto, otras de universidad, otras trabajaban, ya habían terminado. La mayoría de la costa, una de la selva (de la selva, su lesbiana). Y en padres había de todo. Dos bisexuales, la mayoría lesbiana, una heterosexual, dos que no sabían lo que eran (las más jóvenes).

 

Yo discutí lo de atea, no creo en Dios pero si en una fuerza superior que hace que seamos lo que somos y si quieres llamarlo Dios, Jehová, Alá, ese es tu problema. No sabía qué poner en lo de femenina y masculina, no me siento muy femenina, pero menos masculina, así que tenía un dilema: ¿qué era? ¿un intermedio?, ¿andrógina?, tuve que poner femenina que era lo que más se acercaba a mí. En lo de homosexualidad también tuve problemas, fui heterosexual, nunca bisexual, ahora lesbiana virtual, así que no sabía cómo explicarlo, así que puse lesbiana nomás, que me quedaba.

 

Nos dijeron qué era la identidad, que debíamos revalorizar algunas palabras como: hembra o lesbiana. Que muchas cosas son culturales pero no naturales, y otras que ya sabía y que no creo necesario repetir. Me sentí bien, fue estimulante, se hacían bromas, y todas estaban medio palteadas y medio contentas como yo, porque era la primera vez y todo eso.

 

Me fui, no me despedí de nadie, mi timidez es más fuerte, caminé hasta el paradero, y regresé sola a casa. Pero volveré el próximo lunes. Eso es seguro. Ya no hay marcha atrás.

   

En terapia 1

Fui al MHOL por primera vez este lunes, primero porque siempre quise entrar, recuerdo que cuando tenía 18 daba vueltas alrededor del local y nunca me atrevía a tocar la puerta, eso pasó varias veces. Diez años después estoy parada de nuevo en este portón, tocando el timbre y esperando que alguien abra lo más rápido posible.

 

Este lunes comenzaron los talleres sobre identidad para lesbianas así que tenía que ir, conocer más gente como yo y ubicarme en un espacio y en un tiempo para lograr la soñada coherencia.

 

Llegué puntual como siempre, había dos chicas, una de 19 que no paraba de hablar, y otra de 40 que escuchaba y opinaba de vez en cuando, yo no tenía ganas de hablar así que con las justas las saludé. Luego llegaron dos más, una más, dos más,  dos que trabajaban ahí, y luego llegó un manchón, eran como seis y todas amigas, y creo que ya antiguas en eso de los talleres, una chica más que se fue, otra que se quedó, y como media hora después tres chicas muy jóvenes, tenían 17 años las tres.

 

Antes de que ellas llegaran hicimos una especie de dinámica. Primero nos separaron por edades. Las de 18 a 21 a un lado, las de 22 a 25 al otro, las de 26 a 31 a otro, las de más a otro. Todas teníamos que conversar tres minutos como máximo, presentarnos, decir qué hacíamos y hablar de cualquier cosa. No era complicado así que estaba tranquila.

 

Luego nos separaron por cantidad de parejas. Las que han tenido 1 ó 2 parejas a un lado, las que han tenido 2 ó más al otro. Yo me quedé sola. Pregunté: las que han tenido cero parejas. Con las de 1 ó 2. Ok. Volver a conversar, a presentarnos, a decir lo que hacíamos, etc.

 

Ahora, las que son lesbianas a un lado y las bisexuales al otro. Solo había una bisexual. Yo no sabía que hacer, había sido heterosexual mucho tiempo, ya no lo soy, no había sido bisexual activa que recuerde y ahora soy lesbiana (virtual pero lo soy) así que no sabía en donde ponerme por ello me fui con la chica que estaba sola.

 

Luego, nos separaron por la cantidad de veces que habíamos ido al MHOL, las que habían ido por primera vez, y las que iban a cada rato. Me fui con las primeras.

 

Después nos separaron por los gustos culinarios, las que preferían el pescado, el pollo o la carne. De nuevo me quedé sola. Yo prefería la carne. La mayoría el pollo y dos el pescado.

 

Y ahí terminó esa dinámica, ya la mayoría nos vimos las caras, ya sabíamos los nombres aunque no los recordáramos después, ya sabíamos que hacíamos en la vida y ya habíamos perdido el temor de decir que éramos lesbianas. Entonces venía la segunda fase.