En terapia 1

Fui al MHOL por primera vez este lunes, primero porque siempre quise entrar, recuerdo que cuando tenía 18 daba vueltas alrededor del local y nunca me atrevía a tocar la puerta, eso pasó varias veces. Diez años después estoy parada de nuevo en este portón, tocando el timbre y esperando que alguien abra lo más rápido posible.

 

Este lunes comenzaron los talleres sobre identidad para lesbianas así que tenía que ir, conocer más gente como yo y ubicarme en un espacio y en un tiempo para lograr la soñada coherencia.

 

Llegué puntual como siempre, había dos chicas, una de 19 que no paraba de hablar, y otra de 40 que escuchaba y opinaba de vez en cuando, yo no tenía ganas de hablar así que con las justas las saludé. Luego llegaron dos más, una más, dos más,  dos que trabajaban ahí, y luego llegó un manchón, eran como seis y todas amigas, y creo que ya antiguas en eso de los talleres, una chica más que se fue, otra que se quedó, y como media hora después tres chicas muy jóvenes, tenían 17 años las tres.

 

Antes de que ellas llegaran hicimos una especie de dinámica. Primero nos separaron por edades. Las de 18 a 21 a un lado, las de 22 a 25 al otro, las de 26 a 31 a otro, las de más a otro. Todas teníamos que conversar tres minutos como máximo, presentarnos, decir qué hacíamos y hablar de cualquier cosa. No era complicado así que estaba tranquila.

 

Luego nos separaron por cantidad de parejas. Las que han tenido 1 ó 2 parejas a un lado, las que han tenido 2 ó más al otro. Yo me quedé sola. Pregunté: las que han tenido cero parejas. Con las de 1 ó 2. Ok. Volver a conversar, a presentarnos, a decir lo que hacíamos, etc.

 

Ahora, las que son lesbianas a un lado y las bisexuales al otro. Solo había una bisexual. Yo no sabía que hacer, había sido heterosexual mucho tiempo, ya no lo soy, no había sido bisexual activa que recuerde y ahora soy lesbiana (virtual pero lo soy) así que no sabía en donde ponerme por ello me fui con la chica que estaba sola.

 

Luego, nos separaron por la cantidad de veces que habíamos ido al MHOL, las que habían ido por primera vez, y las que iban a cada rato. Me fui con las primeras.

 

Después nos separaron por los gustos culinarios, las que preferían el pescado, el pollo o la carne. De nuevo me quedé sola. Yo prefería la carne. La mayoría el pollo y dos el pescado.

 

Y ahí terminó esa dinámica, ya la mayoría nos vimos las caras, ya sabíamos los nombres aunque no los recordáramos después, ya sabíamos que hacíamos en la vida y ya habíamos perdido el temor de decir que éramos lesbianas. Entonces venía la segunda fase.

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