Días extraños

El miércoles fue un día realmente lamentable, quedé con una chica (la que me plantó el sábado) para enseñarle el Twin, creo que no tiene muchas amigas, entonces yo toda solidaria iba ayudarla. El problema es que otra chica me dijo para ir al cine o yo se lo dije, no sé (si, creo que fui yo), eso fue al mediodía. Yo esperaba que la otra me llame para confirmar, dijo que me llamaría temprano y como no llamaba le dije para salir y ella me dijo que ya. Entonces bacán a las 7 en el Pacífico. Ya bacán.

 

Pero la otra sí llama, le digo: pucha, tengo un inconveniente, no creo que pueda desocuparme hasta las 10, ¿puedes a las 10?. No, me dijo, tengo que trabajar mañana. ¿Entonces el viernes? Si, el viernes puede ser. Ya ok, me llamas para confirmar. Ya.

 

Su voz realmente sonaba decepcionada, pero quería conocer a la otra, siempre me escribe y quería saber por qué le gustaba tanto mi blog. Entonces me bañé, me alisté, y salí corriendo para no llegar tarde (no me gusta llegar tarde a ningún lado). Llegué 7 en punto, le dije que iba a estar con una botella de agua en la mano. Se suponía que así me reconocería.

 

Pues no llegó. Estuve dando miles de vueltas por el cine, me sentaba un rato en cada puerta, miraba a la gente pasar, me sorprendía siempre el hecho de que todos parecieran más felices que yo, lo cual, analizándolo bien, no era cierto, todos tenemos problemas, pero yo me sentía el más triste microbio plantado en medio del desierto de la felicidad.

 

Esperé hasta las 8 y 40. Realmente no tenía ya ninguna esperanza de que llegara, pero igual tenía que hacer tiempo. No podía llegar temprano a mi casa para que mis hermanos me jodieran (te plantaron, te plantaron) cada 10  minutos. Y mi vieja me dijera: ¿por qué vienes tan temprano? ¿no ibas a ir al cine? Sí mamá pero la flaca me dejó plantada. Ah, ya ves, eso te pasa por salir con mujeres. Sí mamá, ya nunca más, sólo hombres de ahora en adelante. Por fin algo razonable que sale de tu boca. Si mamá, ahora déjame dormir y no me friegues más.

 

Para evitar todo eso, me quedé hasta esa hora, lamentando haber dejado a la otra, lamentando no haberle dado mi teléfono a la de ahora para que me llame y me diga: oye, no voy a poder ir, sorry, reunión de último minuto. Y yo: bueno, está bien. Y me iba por ahí a dar vueltas o a sentarme en un banco del parque a seguir desilusionándome de mi mala suerte.

 

Dentro del cine habían puesto un panel para escribir frases sobre el amor, parte de la publicidad de “El amor en los tiempos del cólera”, me acerqué a leer, había un grupo de gente leyendo lo que habían escrito otros, una señora estaba con un plumón preguntándole a la gente si querían escribir algo. Al acercarme me da el plumón. Escribe algo, me dice. ¿Cualquier cosa?, le pregunto. Sí, lo que quieras. Ok, escribo: El amor es una mierda. La gente se reía menos yo. Le devolví el plumón y me fui. Yo me sentía una mierda.