Cicatrices 2

Continuando

Una vez me dejaron encerrada en mi habitación (de broma), quería salir y no podía, la puerta era de metal y vidrio, así que golpeaba para que me abrieran, pero nadie lo hacía. Golpeé tan fuerte que terminé rompiendo un vidrio con mi mano derecha. Decenas de pequeños vidriecitos se incrustaron en ella, tenía terror de sacarlos así que lo único que hacía era sacudirla para que cayeran. Lo único que veía en la mano era sangre, carne y vidrios. Mi hermana vino y al darse cuenta de lo que había pasado trajo una cebolla y me envolvió la mano con la piel de esta. Primero envolvía los dedos, luego las colocaba encima de la palma, extrañamente la hemorragia se detuvo. Yo tendría 12, ella es mayor por un año, pero me sorprendió su sangre fría y su delicadeza, algo generalmente extraño en su forma de ser.

La última en la mano derecha, específicamente en el dedo meñique. Trataba de entrar al baño y no podía, entonces rompí el vidrio para abrirlo por dentro. Todo estaba perfectamente calculado, menos la rapidez con la que iba a entrar mi mano. La meto y un vidrio me abre un pedazo de carne del dedo, como cuando uno corta la carne para freírse un pedazo. Otra vez esa sensación de terror al ver la propia carne expuesta. Levanto el pedazo que estaba por caerse y lo vuelvo a poner en su sitio, trato de colocarlo de la mejor manera posible pero no quedó muy bien.

A los 15 me dio varicela, sí, suena estúpido, pero esas cosas pasan, claro que generalmente a los 5 ó menos, pero me pasó en pleno quinto de secundaria. Yo no sabía qué era, me aparecían los granitos y los reventaba. Reventé varios, y claro, quedaron ahí para que el amor de mi vida los vea. Si alguna otra quiere ver se pueden concertar reuniones.

A los 18, en plena efervescencia de las marchas estudiantiles contra las masacres de Barrios Altos y La Cantuta, fui a la primera que se organizó. Como buena estudiante de Derecho y Ciencia Política estaba adelante, y por lo tanto, me sacaron la mugre, retrocediendo para que no me siguieran golpeando rompí un vidrio (es la historia de mi vida) de un restaurante, y me quedó una marca en el codo que no puedo ver bien. Aparte del palazo en la cabeza que me hizo ver estrellas. Yo pensaba que era sudor por el esfuerzo de escaparnos de la policía pero alguien me dijo que era sangre chorreando de mi cabeza. Volví a mi casa, prendí el televisor, a ver si aparecía por ahí, pero no, ni una noticia sobre lo que pasó, en ningún canal, en ningún noticiero. Al día siguiente viendo los periódicos, pues lo que pasó nunca pasó, no había nada. Estábamos en una hermosa dictadura bicéfala.

De ahí nada hasta los 24, mi embarazo estaba muy bien, excepto la posición de mi hija: se había acomodado de pie y no quería dar vuelta. La doctora era mi amiga, y me dijo que esperaríamos hasta el último minuto para que se voltee pero si no, cesárea asegurada. Pues mi linda hija no se volteó, estaba de lo más feliz y tranquila. Por suerte la doctora me conocía desde que nací así que hizo la cesárea más linda de la que haya historia, bueno, eso es lo que decían las enfermeras cuando se acercaban a ver mi cicatriz (¿?) y yo les creo.

La última fue hace poco, me quemé entre los dedos pulgar y anular, una quemadura relativamente grande y que todavía no se cura, imagino que quedará una cicatriz ahí, todavía no sé cómo será.

Cicatrices

Viendo mi cuerpo, me puse a pensar en todas las cosas que me marcaron físicamente en el transcurso de mi aún breve existencia. Aquí un resumido recorrido por mi historia corporal.

La cicatriz que me quedó cuando me subí a la pelota para tratar de andar sobre ella y me rompí la cabeza  no se nota, a no ser que algún día me rape. Las marcas en las rodillas por todas las caídas que tuve, ya no están, también se borraron.

Así que comenzamos con las que puedo ver, a los 9 ó 10 años estaba de moda entre los niños (entre los que yo conocía) meterse agujas en la piel de los dedos, y romper esa pielcita delicada que había ahí, nos la pasabamos así todas las tardes, era un juego raro pero nos divertía, pero en una de esas la aguja se me fue más allá de donde quería que vaya y la tenía ahí clavada un buen rato hasta que me la saqué y quedó una herida que se me infectó por no decírselo a nadie. El dedo medio  de mi mano derecha es testigo de ello.

No puedo terminar esto hoy, estoy en una horrible cabina de barrio, cuando vuelva la conexión a mi casa , lo terminaré.

 

 

Cómo tratar de olvidar a alguien

Estoy tratando de olvidar a alguien que me gusta mucho, y estas son cosas que estoy haciendo para lograrlo. Ojalá funcionen.

Primero: hacer un montón de cosas en el día, en la tarde también, para estar supercansada en las noches y no pensar en ella ni en lo que pasó ni en nada. Cansancio total. A veces no funciona pero con el tiempo mejorará.

Segundo: no hablar por msn con ella, o reducir las horas de conversación. Por ejemplo, si hablaban toda la mañana, entrar cuando sabes que ya no está por ahí. Es difícil, sientes una enorme necesidad de hablar con ella, pero no, hay que poner un muro sobre todo eso. Luego, ya puedes sacarla de tus contactos. Eso es como una operación al corazón pero hay que hacerlo, sino el corazoncito se muere.

Tercero:  borrar todos sus mensajes del celular, sino siempre los estás leyendo, una y otra vez, estúpidamente, en forma masoquista. Operación muy dolorosa. Cuando aprietas el botón borrar todo, es cuando sientes que ya se está borrando aunque sea un poco.

Cuarto: cuando te llame por teléfono, tratar de estar lo más feliz posible, responderle de  forma sencilla, evitar monosílabos pero buscar una forma de escapar. Por ejemplo: me llama mi mamá, tengo mucho trabajo, tengo que bañarme ahora, se me quema el arroz, se me aflojó el estómago, mi hermano se ha caído de cabeza, mi gato se está ahogando. Aparte de aprender a mentir, te reirás un rato y te sentirás mala.

Pero sobre todo, si aún no has podido dejar de hablar con ella, no dejar que te diga: te llamo después. Estarás como una estúpida alrededor del teléfono esperando la llamada. Si no pudiste evitarlo, sal de la casa, ve a pasear, deja el celular en la habitación, toma aire, distráete, ve al cine. Además, nunca te llamará, será una espera inútil, una gran pérdida de tiempo y un momento demoledor para la autoestima. 

Quinto: estudiar. Cualquier cosa, salir de casa, sentir la presión de los estudios. Revisar los libros, hacer las tareas, volver a casa, y seguir con eso. Cansa, pero te mantiene ocupada.

Sexto: negocios. Menos pesado que los estudios, pero más absorvente, además, conoces a gente, te distraes, y tienes dinero para gastar o malgastar. En eso estoy en estos momentos, sí que mantiene ocupada.

Sétimo: no aceptar sus invitaciones a salir. Esto si que es difícil porque te mueres por verla, pero lo mejor es no verla, te ahorras un montón de problemas (el problema es que quién quiere ahorrarse problemas cuando te gusta alguien tanto), ahorras muchas lágrimas, ahorras dinero, y por último, sabes que tienes la capacidad de manejar a voluntad tus sentimientos. Hasta ahora no lo logro, pero tiempo al tiempo.

Si se me ocurre otra cosa luego les digo.

El maquillaje

Nunca aprendí a maquillarme. Veía a mi madre hacerlo casi todos los días, pero al final no me interesó mucho, prefería agarrar mis libros y encerrarme en mi cuarto. En secundaria, en aquel pequeño colegio religioso sólo para mujeres, las que se maquillaban eran las más vagas, y mi grupo era de las medio nerd (discúlpame Pinche pero éramos nerds) así que tampoco aprendí a maquillarme con ellas. Luego, en la academia, lo único que me interesaba era ingresar y no podía perder mi tiempo ni mi dinero en maquillaje. En la universidad, mi grupo era otra vez las niñas más buenas y más inocentes, y por supuesto, las más estudiosas, y no se maquillaban para nada.

 

Así que el maquillaje no fue parte de mi educación sentimental, o quizás si lo fue, pero no del mismo modo que las demás. Yo pensaba que esa disposición mía a no maquillarme era por no parecerme a mi madre, era una buena razón realmente. Luego el feminismo reemplazó esas ideas. Condenarme a estropear mi cutis porque la sociedad quiere que disfrace mi rostro para ser aceptada en el mundo machista en el que vivía y para poder representar la imagen de mujer establecida siglo tras siglo, nones.

 

Ahora, es sólo la completa ignorancia de cómo hacerlo lo que me hace rechazar el maquillaje, además que sigue presente la idea de que pierdo el tiempo y el dinero si lo hago. Tal vez también sea que no trabajo y por ello no necesito maquillarme, como creo que es requisito tácito para las mujeres en muchos trabajos.

 

Cuando salía con chicos, muchos de ellos me decían que era bueno que no me maquillara, que al natural era más linda y todo lo que dicen los muchachos cuando quieren estar con alguien. Y hasta ahora me lo dicen, lo que me sorprende un poco. Les gustaba mi rebeldía, creo, y mi extraña, para ellos, forma de pensar.

 

Casi todas mis amigas de ahora se maquillan, la verdad no recuerdo a nadie que no se maquille, excepto a una a la que admiro mucho por otras cosas, que no tienen nada que ver con el maquillaje y estos temas mujeriles. Me gustaría saber por qué, ellas, chicas universitarias, inteligentes, lindas, que no trabajan en nada, se maquillan.

 

La mamá de una amiga es evangélica desde que ella nació, nunca se ha maquillado ni nada, es una señora muy conservadora y estricta, y mi amiga tiene la mayor colección de maquillaje que he visto en mi vida, es casi una artista en ello, y se maquilla realmente muy bien, tiene pinturas y cremas y potes y lápices de colores para toda su vida, y a pesar de ello, sigue comprando más maquillaje. Yo pensaba que ella no quería parecerse en nada a su madre, aún lo creo, esa motivación está en su inconsciente y aflora cuando discuten, las dos con completamente diferentes pero se quieren a pesar de las diferencias, o quizá, por ellas.

 

Bueno, a nadie realmente le importaba que yo no me maquillara, antes, pero parece que ahora sí importa. Parece digo, me da esa ligera impresión, de que necesito maquillarme, de que las mujeres de mi asociación (les y bis para más señas) tienen la necesidad de demostrar que son mujeres a pesar de todo (o sea, a pesar del lesbianismo o la bisexualidad, aunque parezca increíble), pero claro, no son todas, no he conocido a todas aún, sólo les comento de las que conozco un poco. Las chicas tienen que demostrar que son chicas, no sé si pasará lo mismo en el mundo de los hombres gay, no sé si ellos tiene que mostrarse más machitos mientras más gay sean. Pero en lo que va de este camino de aprendizaje superintensivo de lesbianismo que llevo he sentido y visto cosas que pensé que nunca haría ni vería, por ello muchos de mis clichés han caído, y han aparecido otros, lamentablemente.

 

Espero que en el transcurso de los años conozca chicas que no necesiten sentirse chicas chicas ni chicos chicos ni nada de nada,  y lo mismo con los chicos, al fin y al cabo, a quién tenemos que demostrarle algo: ¿a la sociedad?, ¿a nuestros padres?, nos pasaremos toda la vida tratando de demostrar algo, y no habremos vivido nada.

Volviendo al cauce acostumbrado

Viví en Chosica más de 20 años de mi vida. Cada dos o tres veranos hay huaicos, ese alud de lodo y piedras que se lleva casas, carros, personas y animales si no te haz preparado para ello, luego el verano pasa y nos olvidamos de los huaicos hasta nuevo aviso. Les cuento esto porque siento que algo así ha pasado con mi vida: hubo un huaico, bajó lleno de barro, rocas, basura y otras cosas, y me lastimó, a mí y a mis vecinos. Pero me lastimó porque me enfrenté, lo cual no es fácil (era más fácil huir), yo me metí y salí damnificada, pero salí. Todo esto para contarles sobre un poco de felicidad.

 

Hace poco, el viernes para ser más exactos, fui a una actividad que se realizó en mi universidad, San Marcos, sobre pueblos indígenas. Generalmente, las cosas que yo no decido son lo mejor que me pueden pasar, yo no decidí esta vez (por suerte), decidieron por mí, y lo agradezco. Pero por qué. Porque gracias a esa decisión mi vida está tomando el rumbo que tenía antes del primero de enero, día en que tomé las riendas de mi libertad, y con la que he estado jugando casi dos meses.

 

Pues como les contaba, volví a ver a viejos amigos, gente que estimo y que admiro, y a la cual me siento feliz de conocer. Conversé, tomé pisco sour, escuché cosas interesantes, me regalaron tres libros, y por un momento me sentí feliz, pero decir un momento es poco, tres horas, sí, 120 minutos de felicidad. Extraño pero cierto, todos ahí tienen los mismos intereses, las mismas ganas de transformar el mundo, de cambiar las cosas. Era un lugar en donde me sentía orgullosa de estar. Además conocí a personas muy buenas, asháninkas, shipibos (aunque una muchacha quechuahablante no sé por qué estaba molesta conmigo pero esos son los menos), estudiantes de sociales, etc.

 

Y todo esto es sólo para decirles que me sentí bien, estuve contenta, a pesar de estar parada por llegar tarde, a pesar del calor horroroso que hacía, a pesar de que la decisión no fue mía, a pesar de una linda herida en la mano que tengo y todavía no cura y que me duele mucho y por la cual no debo escribir (por prescripción médica) ni tomar ni nada,  pero no recuerdo cuándo le hice caso por última vez a un médico. 

 

Así que, como se darán cuenta, no siempre escribo sobre cosas tristes, ni mucho menos, el problema de escribir sobre uno es que podemos ser extremadamente subjetivos y por ello parecer terriblemente negativos, pero no necesariamente es así (lo de subjetivos sí, lo de negativos no). Los que me conocen (muy pocos por cierto), saben que me la paso haciendo chistes y tontería y media. Yo me pregunto: ¿alguna vez mis amigos me han visto triste? Creo que no (desde el colegio), lo oculto bien, y así no quiera ocultarlo se me salen las bromas sin querer (ese siempre es un problema) y me paso de la raya. Las lágrimas salen cuando estoy sola, no se preocupen, no me verán llorar.

La vita nuova

Estoy reflexionando sobre mi vida todo este tiempo. Recapitulo desde el primer día en que empecé a escribir el blog hasta hoy. Vuelvo a pensar en lo que escribí e hice. Escribí cosas muy locas y a muchas personas les gustó, quizás porque quise ser honesta, porque quise destapar todos mis errores y virtudes, porque quise hablar sin tapujos ni medias verdades.

 

Solté todo lo que tenía dentro y la imagen que construí desde que tengo razón de ser hasta hoy cayó en pedazos para mostrar otra, alguien que quizá siempre quise ser, una persona que escribe sin miedos. Pero sólo escribe y piensa, no actúa ni demuestra (aún).

 

Traté de ser coherente con lo que escribí. Cuando puse solo quiero sexo, realmente sentí que sólo quería eso y además quería contradecir a todas las que me dijeron que eso no es así, mes y medio después me enseñaron que no era eso lo que quería y que tenían razón, y no es una cuestión de falsa moral o de sentimientos de culpa, a mí la iglesia y la religión me interesan muy poco, desde pequeña fue así, ahora no es el momento de pensar en lo contrario.

 

Al decidir aceptarme tal como soy, en forma franca, me liberé de mucho peso que llevaba arrastrando, pero comencé a cargar con otro que no quería, el de mi libertad a pesar de todo, el de escoger y sentir que me dolía escoger, el de dejar atrás toda una vida hecha por otra en la que sabía que no me aceptaría fácilmente la sociedad y los que me rodean, que son los que me interesan, mi familia, mi hija, mis amigos. Lo tomo como viene, a veces como ráfaga, a veces como brisa.

 

Todo lo que me pasó desde el primero de enero que decidí dejar atrás y darle la espalda a muchas cosas y empezar algo nuevo hasta hoy me ha enseñado tanto que quizás fue demasiado. He lastimado a personas que quería pero siento que no había alternativa, he lastimado a personas que no quería también, ahí quizás había alternativa pero escogí la peor. A todas les pido disculpas. No puedo pedir nada más. ¿Comprensión? No ¿Tolerancia? Menos ¿Perdón? Tampoco. No puedo pedir ni comprensión, ni tolerancia ni perdón por ser quien soy. 

 

Se preguntarán tal vez qué he perdido y no me queda otra que responder. Perdí lo que creí que era mi estilo de vida. Una mujer con su esposo y su hija. La típica familia heterosexual, limpia y feliz por fuera, llena de rayos y truenos por dentro. Pero a eso a los demás no les interesaba, lo único que veían era que seguía el camino “correcto”, la vía dispuesta fieramente por siglos de cultura occidental, lo “normal”. Entonces, todos felices.

 

Darle la espalda a una vida así es complicado, difícil, muy duro y una tarea que aún no he completado. Cuando estaba con él no me importaba como me veía la gente, me podía vestir lo que me daba la gana, actuar como me daba la gana, decir lo que me daba la gana, me respaldaba toda una cultura machista, forjada con lágrimas y sangre, porque lo decía una persona que estaba dentro del sistema, dentro de la vida “correcta”, al lado de un hombre, con una hija, con todas las garantías de decencia existentes.

 

Imagino cómo será mi vida cuando vuelva a la universidad y le diga a mis compañeros, hombres y mujeres, quién soy. Todo lo que vista será sospechoso, todo lo que diga indicará mi orientación sexual, todo lo que haga pasará por el filtro de la falsa conciencia y la falsa moral. Mi palabra ya  no será respetada pues tras de mí, estará lo que muchos creen que es una perversión, mi imagen será de una rareza desatada, mi mirada insistentemente maliciosa, generaré incomodidad, no podré acercarme a los demás sin que piensen: Oye, ella es lesbiana. Anda, ¿en serio? Sí. No jodas, ¿en serio? Sí. Pucha. Sí, ¿quién podría creerlo no? ¿Pero no tiene su marido? Ya lo dejó, pura pantalla. ¿Y su hija? Pues no es muy complicado tener una hija o ¿sí? Pues creo que no, si para ella no lo fue. Sí pues, uno puede tener un hijo y ser lesbiana, qué suerte.

 

Sé que a muchos no les importará, pero sé en qué mundo vivo, sé en que medio he manejado mi vida todo este tiempo. Y si alguien a hecho algo “extraño”, “raro” o “equivocado” sólo se le recuerda por eso. Oye, ahí viene el ladrón, el violador, la asesina, la burrier, el marica, la lesbiana, el corrupto, el mujeriego, la bruja.

 

 Mi vida se convertirá en un adjetivo de ahora en adelante, precisamente a partir de abril cuando comience a sostener lo que pienso y creo. Espero tranquilamente el momento, sé que empiezo algo difícil por lo marginal, porque en este país la gente se regodea con lo que no le parece bien, porque el mundo es como es. Sé también que no puedo dar marcha atrás, que me avergonzaría de mi misma. Que no sería coherente. Que me llenaría de vergüenza. Seguiré esperando tranquilamente la tormenta.

 

Al fin comienza la vida, ya no soy una niña, lalala.

Emergencia de Estado

Como vemos en nuestra falsa democracia las muestras de métodos de dictadura nunca faltan. Por eso copio unos poemas de Erich Fried (alemán) para no dejar de lado la poesía, que por suerte no es pura, son poemas duros y llenos de rabia:

 Derecho de regulación

No la excepción

 sino el estado de excepción

confirma

la regla.

¿Qué regla?

Para impedir la respuesta

a esta pregunta

se proclama

el estado de excepción.

El estado de emergencia

se encuentra

a tiro

de la ley marcial

es decir

no más lejos

que la longitud del cuerpo

de una democracia asesinada.

Superación terapeútica de la militancia

Tu resistencia

contra la policía

que te pisotea

precisa de interpretación analítica 

en tanto que conflicto antiguo

con la autoridad del padre

y secreto deseo

de ser forzado por él.

Así te verás liberado del odio

contra la policía,

no tendrás que llorar

por sus gases lacrimógenos,

y reconocerás bajo cada casco

los ojos de un ser humano

al que podrás sonreír

cuando te acribille.

Discriminación

¿Por qué discriminamos? Parece que fuera algo genético aunque las razones son culturales. Parece que ya fuera parte de nuestro ADN, porque está tan fuertemente arraigado que ni nos damos cuenta que lo hacemos. Se da de una forma tan natural, lo hemos aprendido desde pequeños en casa (desayuno, almuerzo y cena), en la escuela (6 horas por 5 días), en el barrio (después de hacer las tareas), viendo televisión (en todo, sobre todo en los comerciales). Y en general, en todos lados.

 

Lo que no deja de sorprenderme que hasta en grupos que se supone deberían estar unidos porque son minorías, porque también son discriminados y porque desde tiempo atrás han sido oprimidos, segregados, marginados, humillados y rejodidos, que han tenido que mantenerse ocultos y se mantienen aún escondidos, pueda discriminarse.

 

Un ejemplo de mayoría discriminada son las mujeres, por mucho tiempo tomando lo que el hombre les daba, aceptando migajas, tratando de vivir en una sociedad falocéntrica sin un falo que las ayude a vivir mejor. Incompletas, insatisfechas, indignadas, pero sin la capacidad de unirse para luchar contra las taras de la sociedad.

 

Pero de lo que quiero escribir es de mi grupo (algunas le llaman estilo de vida, ellas sabrán por qué, yo creo que es algo más, casi como una tribu con jerarquías y divisiones de clase como en todos lados). Se supone que mi grupo es el de lesbianas y bisexuales. No el de madres, ni el de estudiantes universitarias, ni el de futuras profesionales. Esto del lesbianismo es algo que está en los genes, latente, esperando el momento preciso para salir, para explotar y para comenzar a desarrollarse o para reprimirse, sólo tenemos dos opciones. Llevar una vida que se supone “normal”, o hacer lo que realmente queremos.

 

Si tomamos la segunda alternativa, la pregunta que debemos respondernos es cómo queremos hacerlo: muchas por dentro se sienten hombres o desearían serlo, si toman la decisión de serlo o parecerlo, van a ser discriminadas, por todos sin excepción, por las mujeres, por los hombres y por las lesbianas que se creen muy femeninas o “normales” pero lesbianas.

 

La mujer lesbiana que toma la alternativa de parecer un hombre, porque eso es lo que le dice su corazón, porque siente que así será más feliz, porque es una necesidad imperante en sí, será la otra, la alteridad, lo que no sigue la línea conocida, la que se ha rebelado completamente contra una sociedad que no la acepta por ser diferente a lo que culturalmente debería ser. Se convertirá en un ser extraño para ella misma y para todos, necesitará mucho tiempo para lograr su estabilidad emocional, y ni siquiera cabe esperar que logre algún día la aceptación social.

 

La segunda alternativa a el cómo queremos hacerlo es aceptar lo que culturalmente se nos ha enseñado y actuar de esa forma. Nos han enseñado ha ser formalitas, a romper en llanto por cualquier cosa, a ponernos ropas de una forma y un color determinado, a escondernos si queremos orinar, a no pelearnos, a jugar sin ensuciarnos la ropa, a jugar con muñecas más lindas que nosotras, a sentarnos con las piernas juntas o cruzadas, a andar bamboleándonos, a maquillarnos, a sorprendernos por alguna cosa llamativa que haga un muchacho, a actuar, a sobreactuar, a falsificarnos, a llevar siempre una máscara, a tratar de querernos con todas las mentiras que nos han metido desde que nacemos. Y muchas llegamos a ser felices con eso.

 

El problema a todas estas enseñanzas aparecen cuando nos damos cuenta que somos lesbianas, que nos gusta la amiga, la vecina, la prima, la compañera de colegio, la compañera de trabajo, la novia del hermano, la hermana de nuestro enamorado, la actriz más que el galán, etc. Cuando procesamos todos los descubrimientos que llegan a continuación y escogemos (porque no hay alternativa, tenemos que escoger) seguir siendo como nos han enseñado, o sea, femeninas, nos ahorramos muchos problemas y llevaremos una vida cuasinormal, pero no evitaremos ser también (como las masculinas) la otra, la diferente, la que está fuera del centro, de lo común y corriente, de lo “normal” culturalmente hablando, la extravagante, la extraña, la oveja negra de la familia (si se enteran claro), la que no se ubica, la que está fuera, la que no es algo sino otra cosa, la que no es lo correcto sino lo incorrecto, la rara.

 

Pero toda esta argumentación (o introducción) es para explicar en qué forma discriminamos las lesbianas y bisexuales, pero creo que el tiempo no me va a alcanzar. Yo recién estoy empezando en este mundo, ese es un hecho indiscutible, y no debería opinar hasta conocerlo mejor, eso también es indiscutible, pero no puedo dejar de molestarme cuando veo y oigo idioteces tan evidentes como: si voy a estar con una chica que parece un chico mejor estoy con un chico. Eso es lo más falso que he escuchado. Nunca estarás con un chico pues, por algo eres lesbiana, maldita. ¿Es tan difícil de entender?, que les han metido en la cabeza a las mujeres, por qué tanta basura mental.

 

Cuando comencemos a dejar de discriminar este será un mundo más feliz, sobre todo en grupos minoritarios como el nuestro, que tienen que esconderse, para no ser ofendidas ni reprimidas (lo que es totalmente comprensible). Empecemos a no discriminar entre nosotras para que en un futuro muy lejano no nos sigan discriminando a TODAS nosotras. Eso sería lo ideal.

Esta historia continuará, porque me he quedado corta y con mucha rabia (jaja).

Sola

Es extraño esto de estar con un montón de gente y sentirte sola, pero creo que le ha pasado a mucha gente. Sobre todo sentirte sola cuando sabes que la gente que te rodea en ese momento te quiere o te admira o siente algo por ti. Sola porque no estás con la persona con la que quieres estar, que no sabes ni en dónde está, que ni te llama, y que quizás ni está pensando en ti, que quizás está pensando en otra, que quizás está feliz por otro lado mientras una lamenta su propia existencia, rodeada de gente y sin nadie a quien querer.

 

La gente me ignora, me adora o me detesta, creen que me conocen cuando escribo y no conocen nada de mí más que ciertas anécdotas, y algunas tonterías que se me ocurren. Todas dan sus consejos (que se agradecen con todo el corazón). No cambies. Cambia. Mejora un poquito. No cambies nada. Eres única. Paciencia (esos son los más). Depende del tipo, pues.

 

Hasta ahora no entiendo eso del tipo, yo no tengo tipo, uno piensa que al comienzo sí tiene, puede responder: linda, femenina, delgada, inteligente (no sé que quieren decir con eso), que trabaje (eso dice la mayoría), que estudie aunque sea, que haga algo en la vida. A mí sólo me interesa que me caiga bien, no me interesa si es bella, si tiene plata, si estudia o no, si trabaja o no, creo que la inteligencia emocional es más importante que cualquier otra, y que tenga buenos sentimientos es lo mejor que puede tener una persona.

 

Debe ser por eso que no entiendo a las mujeres, porque generalmente tienen demasiados intereses que quizás yo no cumpla. Me ven o muy desubicada o muy sobrada o les doy miedo (?), no sé realmente que imagen tienen de mí, no sé realmente qué quieren de mí. Y me gustaría saberlo, sólo para no cometer los errores de siempre, para evitarlos un poco o para meter la pata completamente, pero con conocimiento de causa.

 

Con los hombres todo era fácil, son tan básicos. Con las mujeres todo es difícil, son tan complicadas (como yo, imagino). Por eso será que no me ubico, o que doy miedo, o que me quedo callada, o que no hago nada, porque ni yo me entiendo, cómo puedo entender a las demás.

 

¿Alguien puede hacerme el favor de explicarme por qué somos así? Necesito respuestas urgentemente.

  

San Valentín te odio

Me pregunto porqué los símbolos pesan tanto, porque destruyen de esa forma nuestras vidas y también por qué las hacen mejores en contadas ocasiones.

No es que odie a San Valentín, odio estar sola este día porque me siento la más sola del planeta, odio que las personas se amen y lo demuestren sin ningún problema, mientras que yo tengo que esconderme en una discoteca, un cuarto de hotel, la habitación de una casa, un baño, o lo que encuentre en el camino.

Este día debería ser feriado, la gente iría al día siguiente a trabajar más feliz, o porque se relajó, o porque salió con su pareja, o porque se emborrachó con algún extraño o por cualquier cosa, o solo deberían trabajar los que no quieren salir en este día, los que no tienen a quien amar, a quien besar, a quien abrazar, a quien apachurrar, a quien llorar; los que desean distraerse (o embotarse) con el trabajo. Claro que algunos no volverían, estarían muertos, muchos se habrán suicidado, otros estarán a punto, otros se habrán conformado con sus vidas. Hay de todo. Pero deberían dejarnos este maldito día libre.

La vida es una mierda, amando o no, con dinero o sin dinero, sanos o enfermos. Perdonen tanta depresión pero así me siento hoy (mañana estaré mejorcita). Y detesto todo en este  momento (menos a mi hija claro, es la única que me saca del vacío en el que me hundo).

Esta mañana su papá me regaló una caja de chocolates en forma de corazón, yo le canté una canción en la que lamentaba lo que le estaba pasando (sé que sigue enamorado y sé que sufre y sé que es tan fuerte que es capaz de estar a mi lado sin decirme nada, como si todo siguiera normal, como si nada hubiera cambiado aunque el sabe que todo ha cambiado, todo), una amiga me mandó un mensaje de texto deseándome un feliz día, todo fue antes de las 8 de la mañana.

Después todos mis planes se fueron al diablo, todo lo que imaginaba que pudo pasar se acabó entre la más miserable de las frases: no puedo. Y así, con sólo dos pequeñas palabras se destruye un mundo, pero también se puede construir otro. Ese es el que estoy tratando de construir hoy. Un mundo nuevo para mí. Uno diferente. Uno mejor. Uno más bonito. Uno que me haga ver estrellitas doradas y no noches oscuras. Uno que tenga muchos te quieros, y ningún no puedo.

Todo esto me recuerda un poema de Edith Sodergran, que paso a copiarlo:

El país que no es

Anhelo el país que no es,

pues todo lo que es estoy cansada de desearlo.

La luna me habla en plateadas estrofas

del país que no es.

El país donde todo deseo nuestro será maravillosamente saciado,

el país donde caen nuestras cadenas,

el país donde refrescamos nuestra frente herida

en el rocío de la luna.

Mi vida fue una ardiente ilusión.

Pero he hallado una cosa y una cosa he ganado verdaderamente:

el camino del país que no es.

En el país que no es

mi amante pasa con una resplandeciente corona.

¿Quién es mi amante? La noche es sombría

y las estrellas tiemblan en respuesta.

¿Quién es mi amante? ¿Cuál es su nombre?

Los cielos se elevan, más alto, siempre más alto,

y un hijo de hombre se ahoga en brumas infinitas

y no reconoce respuesta.

Pero un hijo de hombre no es otra cosa que una certidumbre.

Y alza sus brazos más arriba que todos los cielos.

Y se oye una respuesta: Yo soy el que amas y que siempre amarás.

Las diferencias de siempre

Quedamos para encontrarnos el lunes, simplemente no podía esperar más, ya había esperado sábado y domingo, era demasiado, y no quería esperar hasta el jueves. Estoy medio castigada porque salgo mucho y llego hecha un desastre, así que me han pedido más control y menos estupideces de mi parte. Tuve que aceptar. Mi comportamiento ha sido muy malo desde enero. No me quedaba otra más que aceptar ciertas reglas que restringen mi libertad, pero mantienen aquello que el papá de mi hija quiere seguir llamando “familia”.

 

Como todos los lunes, tenía que ir al mhol, íbamos a conversar sobre las relaciones saludables entre mujeres, por qué nos ilusionamos tanto, cuáles son los errores más comunes entre parejas, qué es lo que podemos hacer y qué es lo que deben y no deben hacer o permitir las parejas. Falté, quería verla y aclarar todo lo que teníamos que aclarar.

 

Ella también canceló una actividad que tenía para poder conversar, y quedamos en encontrarnos en el sitio de siempre. Ese lugar siempre me va a recordar a ella. Ya no tengo muchas ganas de ir por ahí. Nos dedicamos a caminar buscando una difícil tarjeta de cumpleaños, luego de dar miles de vueltas y entrar a varias tiendas, encontramos una muy buena. Yo estaba viendo los accesorios de Pucca, pensaba qué comprar para obsequiárselo el jueves, trataba de recordar en dónde quedaba el sitio para regresar. Bueno, esa idea también ya es pasado.

 

Mi relación de pareja con ella duró aproximadamente de 26 a 28 horas, desde el sábado a las 7 que la llamé o me llamó (no sé) y le dije que sí quería estar con ella, hasta el lunes a las 9 de la noche en la que, con unas cervezas de por medio, me dijo que le demos tiempo al tiempo, que primero nos conozcamos y seamos amigas y que luego se verá.  Está bien, le dije, eso debe ser lo mejor (con una tristeza bien oculta detrás de mi vaso de cerveza).

 

Además de decirme las cosas que no le gustaban de mí: muy informal, muy radical (?), que parece que todo me llegara. Que debía verme linda para ella, que debía cambiar algunas cosas. Y las que sí: mi cerebro (es lindo).

 

Cuando en una conversación aparece el verbo “cambiar” es que algo anda mal, yo no le pido a ella que cambie, yo no le pido nada, pero ella me dice que cambie, y eso me parece injusto (y doloroso). Si yo cambio ya no soy yo, entonces qué seré, ¿lo que ella quiere? Imposible, eso no puedo hacerlo aunque me muera por hacerlo. Si fuera alcohólica, eso podría cambiarlo, o drogadicta o mujeriega, todo eso tiene arreglo, pero mi alma cómo la cambio, cómo cambio sentimientos y emociones, cómo cambio pensamientos que siempre me han ayudado a soportar las miserias de la vida. Simplemente no puedo, y lo lamento (y no debería lamentarlo pero no puedo evitarlo).

 

Yo acepté todo lo que me dijo, qué podía hacer, ¿ponerme a discutir sobre mi forma de ser o hacer las cosas?. Ella quiso conocerme porque le gustaba cómo escribía, cuando me conoció le gusté físicamente, cuando conversamos, le gustó la conversación y nos divertimos. Y ahora quiere que cambie. No, eso va contra mis principios (jajajajaja).

Mejor… imposible

La primera vez que la vi me gustó, y tanto que no pude ni mirarla directamente a los ojos, la miraba de reojo, le hablaba mirando para otro lado, estaba jodida. Sobre todo porque hablaba con una seguridad encantadora, y me dio la mano en lugar del común beso en la mejilla, creo que eso me dejó medio colgada.

 

Me llevó con sus amigas, me cayeron bien, hasta les dije que ella me gustaba. Luego su comportamiento se puso errático y ya no supe qué pensar. Me hice un montón de preguntas (ver Bette y Tina) que ya pude responder.

 

¿Por qué me sentía tan mal? porque me gustaba. ¿Por qué me sentí jodida? porque me gustaba. ¿Por qué me sentí triste y me quedé sentada llorando en el pasto? porque me gustaba. Es la única respuesta que conseguí después de un largo análisis y muchas deliberaciones.

 

Seguimos hablando por msn, aunque es difícil hablar por ese medio con ella (se cae a cada rato), y además anda ocupada con su trabajo (imagino).

 

Quedamos para encontrarnos otro día. Yo realmente creía que ya no pasaba nada, pero igual fui (me gusta sufrir). Estaba con sus amigas (y milagro, temprano). Nos saludamos, saludo a sus amigas, una de ellas cree que soy menor de edad y me bromea un buen rato. Yo me río, para mí es un halago.

 

Ella me mira medio sarcástica y con una sonrisa misteriosa, no sé qué  pensará, a veces ni quiero saberlo, me asusta pensar que no siente nada por mí, o que le doy pena, o que le parezco una tonta.

 

Tomamos como salvajes, no recuerdo ni cuántas jarras de cerveza fueron, cada vez que hablaba con su amiga, yo me volteaba y trataba de ocuparme en otra cosa. No podía soportarlo. Hablé con Tina, me dijo que tenga paciencia. No me quedaba otra, yo ya lo creía todo perdido.

 

Entonces me llevó a bailar, ni sé qué bailamos, habían unas tres parejas en la pista contándonos a nosotras. En un momento del baile me tomó del rostro con sus dos manos, me acercó a ella y me besó. Me sorprendió, la verdad no creí que fuera capaz de hacerlo. Se veía tan indiferente hacia mí, que era lo último que podía imaginar. Seguimos besándonos un buen rato, eran besos fuertes, locos, deliciosos.

 

No recuerdo cuándo volví a la barra, no recuerdo qué más pasó, no recuerdo cómo salí de la discoteca, hasta que desperté en el taxi (estábamos sentadas atrás) porque ella se estaba bajando y no entendía por qué. Por suerte yo ya estaba cerca de mi casa, me acerco para darle unas indicaciones al taxista y la basura me agarra la cara y me besa, yo lo empujo y le digo: huevón, que mierda haces, soy lesbiana. No me importa, me dice, con una sonrisa estúpida en el rostro. Ya te jodiste ahora no te pago. Me bajé y patee la puerta, todavía tengo las huellas de esa patada porque mi pierna me duele y tengo una hinchazón. No sé cómo entré a la casa de mi hermana (me da vergüenza preguntarle). La cosa es que desperté ahí, a las 10 de la mañana, sola y con un dolor de cabeza parecido a una bomba atómica.

 

Trataba de recordar la noche anterior, cada vez que recordaba los besos me daba una sensación indescriptible en todo el cuerpo. No sé si me emociono mucho pero eso es lo que sentía, iba en el carro y lo recordaba y mi cuerpo se estremecía, iba caminando y no podía sacarlo de mi mente, lo único en que quería pensar era en los besos, los besos, los besos.

 

Hablamos al día siguiente por teléfono, me aclaró algunas cosas, como que ella tampoco se acuerda de cómo nos fuimos, no se acuerda por qué se bajó del taxi, que no quiere ser una chica más de mi blog, que no era un vacilón, que si quería estar con ella tenía que ser algo serio.

 

Yo decía si, si, si a las cosas buenas, no, no, no a las malas. Le prometí portarme bien. El problema es que no sé qué hacer, es la primera chica con la que estoy, no tengo idea de cómo es una relación con una mujer, qué se supone que hacemos (¿conversar?, ¿pasear?, ¿ir a la discoteca?). Bueno, ella ya me lo explicará, espero que todo vaya bien.

Mamita querida

El lunes fue el cumpleaños de mi madre, creo que cumple 50 aunque ella siempre dice 45. Fui a saludarla el martes con mi hija y con mi hermana. Realmente no nos llevamos muy bien las dos con ella, pero imaginábamos que se sentiría mal si no íbamos y simplemente no podemos hacer eso.

 

Habremos estado en su casa de Chosica unas dos horas, de ahí nos fuimos. Recordé que le había escrito un poema hace mucho tiempo, cuando todavía era una niña (13, edad crítica), así que me puse a buscarlo entre todas las cajas llenas de papeles, libros y cuadernos que tengo por acá. Por fin lo encontré y aquí lo copio:

  

Madre, yo escuché de tus labios

Plegarias inmensas, oraciones terribles

Y me identifiqué con tu voz y con tu ser

Que era como el dulce vaivén de las olas

Como la suave brisa del amanecer

Que prometía regocijo y calma

Y la culminación de mis sueños infantiles.

 

Pero de pronto madre eras turbulencia

Y ráfaga y mar crispado por el dolor

Y de pronto eras niña y estabas perdida

Y de pronto eras mujer y querías un hombre

Y de pronto eras anciana y buscabas apoyo

Y eras árbol, eras fuego, eras piedra, eras estrella

Y yo te amé.

 

Madre, yo crecí entre tus brazos

Como tierno tálamo inmaduro y frágil

Y fui dibujando en mi rostro de niña

Muchos pecados y algunos arrepentimientos

Y fui trazando mis nóveles pasos

Sobre los tuyos tratando de borrarlos

Pero estaban marcados con sangre y ceniza

Y mi lucha fue vana.

 

Te lo dije en una noche sin nombre

Te lo dije madre con los ojos de tierra

Y con las manos de fuego mientras moría

Pero no pude escuchar tu respuesta

Y en la enorme sombra de mis pesares

Yo me hundí.

 

Madre, la noche cae ante nosotras

Como un enorme alud de lodo y llanto

Y el silencio, preludio de la muerte,

Se siente tan pesado y amargo

Como la eterna desazón de lo callado.

 

Te digo que fui niña hace tiempo

Cuando no reflejaba mi sonrisa el dolor

Madre escucha, fui niña pero ya no

Y nada ha cambiado madre, solo mi cuerpo

El temor a todo lo que iba más allá de mí

Sigue ahí gravitando en mi memoria

Y tú dijiste que no más, que nunca más

Y yo te creí.

 

PD: Si a alguna de ustedes se les ocurre ser madres algún día, quieran a sus hijas y díganles todos los días que la quieren, más si ellas son ultrasensibles jaja.

Algo que había olvidado

Una vez estaba con una amiga en mi habitación, veíamos una estúpida telenovela porque no teníamos otra cosa que hacer,  yo la alojaba en mi habitación desde que mi mamá la había despedido, como mi cuarto era independiente de la casa no había problema, además tenía dos camas y no me incomodaba, venía en las noches y se quedaba a dormir, y luego toda la mañana nos quedábamos conversando, yo había dejado la universidad (a los 19) y estaba en mi etapa rebelde (aunque un poco tarde) así que podíamos hablar sin problemas, luego sacaba un poco de comida de la cocina y almorzábamos juntas, esa era nuestra rutina.

 

Ella tenía su enamorado, y se le ocurrió visitarla una noche, tocó la puerta mientras veíamos la estúpida novela, veo quién es y le digo a mi amiga. Ella se incomoda un poco, creo que no esperaba verlo. Lo dejo pasar y me voy. No quería incomodarlos o interrumpirlos con sus cosas. Pero me sentía molesta (al comienzo), y luego triste (como siempre).

 

A los 15 minutos me llama, estaba ella sola, lo cual me sorprendió, le pregunté por él, me dijo que ya se había ido, pero por qué le pregunté, porque me aburría, pero el pobre viene desde lejos hasta acá (Lima-Chosica) para verte y lo botas de esa forma. Es un idiota. Por qué. Debió avisarme, no venir así. Seguro quería darte una sorpresa. Oh, ya cállate. Ok.

 

Se echó en mi cama, seguíamos viendo la novela, se saca la blusa porque hacía mucho calor, pero yo ya estaba acostumbrada a que se desnude frente a mí así que no había problema. Yo estoy al lado de la pared, ella en la orilla. Se voltea y me pregunta: ¿Tú me quieres?. Me sorprende la pregunta. Claro que te quiero, le digo. Yo también te quiero mucho. Pues qué bueno. Y me abraza, siento sus pechos cerca de los míos, su aroma, su fuerza al abrazarme, su rostro sobre mi cuello. No sabía qué hacer. ¿Y sí hacía algo y se molestaba?, ese era mi gran temor, que se molesten si intento algo. No hice nada, me dejé abrazar hasta que se cansó. Creo que estaba llorando pero se volteó y no le podía ver bien el rostro. 

 

No podía dormir, solo pensaba en su abrazo, en sus senos, en su aroma, estaba durmiendo en mi cama y no sabía cómo decirle que se vaya a su cama, que no quería ni rozarla, que no podía estar tan cerca de ella que me volvía loca, me desesperaba tenerla tan cerca de mí y no poder hacer nada.

 

Por fin me dormí, al día siguiente todo seguía igual que antes, no volvimos a mencionar lo que pasó, no hablamos de eso nunca más. A la semana terminó con su enamorado y se fue a Huaraz. No la volví a ver por mucho tiempo.

En terapia 5

Otra vez lunes, otra vez el mhol, otra vez rodeada de chicas y señoras que buscan respuestas a sus preguntas, otras no sé lo que buscan, creo que el amor de sus vidas. Todas buscan algo, aunque no lo digan, me pregunto quién no busca, hasta yo busco, todo el tiempo, con desesperación (aunque no se nota), y así me digan mil veces que tenga paciencia. Qué paciencia puedo tener, me parece que he esperado una eternidad para esto, ya se me acabó la paciencia.

 

Comenzamos la primera dinámica, el tema es Autoestima I, responder a la pregunta ¿quién soy? en las pequeñas cartulinas que nos dan: unas cuantas ponen su nombre, soy Lucy, soy María, la mayoría ponen mujer y lesbiana; otras ponen sentimientos: soy buena, soy maravillosa, soy buena gente, soy soñadora, soy idealista, soy curiosa, etc., etc. Otras, profesiones: soy profesora, soy farmacéutica, soy tecnóloga, soy enfermera, soy abogada, soy estudiante.

 

La moderadora se alegra, nadie ha puesto soy madre, soy hija, soy esposa de alguien (¿?) o soy algo de alguien. Eso es bueno. Ser una misma, no depender de nadie, ser única.

 

La segunda dinámica la hace Mónica, una chica muy agradable, teníamos que decir cuál es nuestro mayor defecto y nuestra mayor virtud. Está difícil, no se me ocurre nada. No es porque no tenga, sino porque hay tantas que no se me ocurre ni una, la chica que está a mi costado está en la misma situación, no sabemos qué decir. Estamos nerviosas.

 

Digo que mi mayor virtud es ser sincera (mentiraaaaaa) pero no se me ocurría otra cosa, y mi mayor defecto ser muuuuuy sincera (mentiraaaaaa) pero tampoco se me ocurría nada y tenía que salir del paso. Las demás decían perseverante y terca, fiel y radical, tolerante y confiada, y no me acuerdo qué más.

 

Lo otro era decir lo mismo pero con otra frase: mi mayor virtud de la cintura para arriba es … y mi mayor defecto de la cintura para abajo es …. Eso si fue un chiste, todas se palteaban de la cintura para abajo y era gracioso y nos reíamos porque teníamos que señalar las partes.

 

Luego de eso nos dieron hojas bond, teníamos que doblarlas como un tríptico y escribir tres preguntas:

1.      ¿Cómo te ves?

2.      ¿Cómo te gustaría que te vieran?

3.      ¿Cómo crees que te ven?

 

Mis respuestas:

1.      Linda, llena de ideales, de sueños, de metas que cumplir, estudiando, optimista (sí claro).

2.      Idem

3.      Simpática y seria, un poco sobrada, aunque no lo soy.

 

Lo correcto era que las respuestas 1 y 3 se parezcan. Bueno, no se pudo, pero estuve cerca, así que mi autoestima está en un buen nivel, creo. Además, una pareja me ha invitado a su renovación de votos de amor lésbico el jueves 14 de febrero, eso si es emocionante y me siento muy feliz por participar en algo así.

  

El primer beso (casi sobria)

Tenía que ser en febrero (el mes del amor eh), bailábamos Mujer noche de Mar de Copas. Bailar es un decir porque yo no bailo nada, así que yo estaba recostada contra la pared, mientras ella trataba de que yo baile. Yo solo la miraba, y de repente se acerca y me besa. Un beso largo y bonito. Se aleja y me mira, yo me acerco y la beso, más corto pero más loco, porque se lo di yo, porque me atreví, porque mi corazón se desquiciaba.

 

De ahí nos fuimos a su casa. Yo quería besarla en la esquina, en el taxi, en la puerta de su casa, pero no hacía nada. Entramos a su habitación, nos desnudamos y nos seguimos besando, abrazando, acariciando. Era excelente. Y me gustaba mucho besarla, en la cama, a oscuras, desnudas, y que me toque. Aunque según ella yo le dije que no sentía nada (lo que me da un poco de risa porque sentía todo y quizás eso es nada).

 

La verdad creo que no hicimos mucho más, aunque al día siguiente me dolía la cabeza y el cuerpo entero, sobre todo las piernas, y no había bailado, ni me había caído por el camino ni nada. Ella se despertó primero y se duchó, después me mandó a la ducha. Hablamos hasta las 10 de la mañana. Me acompañó a tomar el carro. En todo momento se portó muy bien. Se comportó de una manera magnífica y me encantó.

 

La invité a mi casa, estuvimos viendo películas y luego se fue. En la noche nos conectamos por messenger. Hablamos de la noche que habíamos pasado, nos reíamos, le parecía extraño que  estuviera sola si era tan linda. Fue divertido hasta que me dijo que sentía pena que me quedara siempre en el parquecito de Plaza Vea y que por eso me llevó a su casa (entonces no fue mi irresistible atractivo físico), que mis amigas me llevaran a la fiesta y luego se fueran o me chotearan y por eso no me dejó (entonces no fue mi encanto personal). Pensé que sentía lástima por mí. Me dieron ganas de vomitar (¿habrá sido el pollo a la brasa?). Me dijo que no era lástima, que yo le gustaba y todo eso. Pero me sentía jodida, y triste, y no podía sentirme peor. Sentía como si se me hubiera vaciado el cuerpo. Y eso era muy extraño. Lo dejé ahí, no podía conversar más, no podía hacer nada.

 

Sé que esto se me quitará en unos días, sé que no debo sentir nada porque recién la conozco y sé que no es para tanto. Pero eso no lo saben mis sentimientos, ni mis emociones. Eso lo sabe sólo mi cerebro. Y en ese momento mi cerebro no estaba trabajando. Volverá a funcionar mañana.

 

Volveré a intentarlo otra vez.  Seguiré buscando a alguien que me quiera. Que no se quede conmigo por pena, por lástima, o por cualquier sentimiento humano de solidaridad. Lo que es muy comprensible pero no tan deseable. Fue el primer beso, sé que no lo olvidaré (o quizás sí, quién sabe), pero sé que vendrán más.