Cicatrices 2

Continuando

Una vez me dejaron encerrada en mi habitación (de broma), quería salir y no podía, la puerta era de metal y vidrio, así que golpeaba para que me abrieran, pero nadie lo hacía. Golpeé tan fuerte que terminé rompiendo un vidrio con mi mano derecha. Decenas de pequeños vidriecitos se incrustaron en ella, tenía terror de sacarlos así que lo único que hacía era sacudirla para que cayeran. Lo único que veía en la mano era sangre, carne y vidrios. Mi hermana vino y al darse cuenta de lo que había pasado trajo una cebolla y me envolvió la mano con la piel de esta. Primero envolvía los dedos, luego las colocaba encima de la palma, extrañamente la hemorragia se detuvo. Yo tendría 12, ella es mayor por un año, pero me sorprendió su sangre fría y su delicadeza, algo generalmente extraño en su forma de ser.

La última en la mano derecha, específicamente en el dedo meñique. Trataba de entrar al baño y no podía, entonces rompí el vidrio para abrirlo por dentro. Todo estaba perfectamente calculado, menos la rapidez con la que iba a entrar mi mano. La meto y un vidrio me abre un pedazo de carne del dedo, como cuando uno corta la carne para freírse un pedazo. Otra vez esa sensación de terror al ver la propia carne expuesta. Levanto el pedazo que estaba por caerse y lo vuelvo a poner en su sitio, trato de colocarlo de la mejor manera posible pero no quedó muy bien.

A los 15 me dio varicela, sí, suena estúpido, pero esas cosas pasan, claro que generalmente a los 5 ó menos, pero me pasó en pleno quinto de secundaria. Yo no sabía qué era, me aparecían los granitos y los reventaba. Reventé varios, y claro, quedaron ahí para que el amor de mi vida los vea. Si alguna otra quiere ver se pueden concertar reuniones.

A los 18, en plena efervescencia de las marchas estudiantiles contra las masacres de Barrios Altos y La Cantuta, fui a la primera que se organizó. Como buena estudiante de Derecho y Ciencia Política estaba adelante, y por lo tanto, me sacaron la mugre, retrocediendo para que no me siguieran golpeando rompí un vidrio (es la historia de mi vida) de un restaurante, y me quedó una marca en el codo que no puedo ver bien. Aparte del palazo en la cabeza que me hizo ver estrellas. Yo pensaba que era sudor por el esfuerzo de escaparnos de la policía pero alguien me dijo que era sangre chorreando de mi cabeza. Volví a mi casa, prendí el televisor, a ver si aparecía por ahí, pero no, ni una noticia sobre lo que pasó, en ningún canal, en ningún noticiero. Al día siguiente viendo los periódicos, pues lo que pasó nunca pasó, no había nada. Estábamos en una hermosa dictadura bicéfala.

De ahí nada hasta los 24, mi embarazo estaba muy bien, excepto la posición de mi hija: se había acomodado de pie y no quería dar vuelta. La doctora era mi amiga, y me dijo que esperaríamos hasta el último minuto para que se voltee pero si no, cesárea asegurada. Pues mi linda hija no se volteó, estaba de lo más feliz y tranquila. Por suerte la doctora me conocía desde que nací así que hizo la cesárea más linda de la que haya historia, bueno, eso es lo que decían las enfermeras cuando se acercaban a ver mi cicatriz (¿?) y yo les creo.

La última fue hace poco, me quemé entre los dedos pulgar y anular, una quemadura relativamente grande y que todavía no se cura, imagino que quedará una cicatriz ahí, todavía no sé cómo será.

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Cicatrices

Viendo mi cuerpo, me puse a pensar en todas las cosas que me marcaron físicamente en el transcurso de mi aún breve existencia. Aquí un resumido recorrido por mi historia corporal.

La cicatriz que me quedó cuando me subí a la pelota para tratar de andar sobre ella y me rompí la cabeza  no se nota, a no ser que algún día me rape. Las marcas en las rodillas por todas las caídas que tuve, ya no están, también se borraron.

Así que comenzamos con las que puedo ver, a los 9 ó 10 años estaba de moda entre los niños (entre los que yo conocía) meterse agujas en la piel de los dedos, y romper esa pielcita delicada que había ahí, nos la pasabamos así todas las tardes, era un juego raro pero nos divertía, pero en una de esas la aguja se me fue más allá de donde quería que vaya y la tenía ahí clavada un buen rato hasta que me la saqué y quedó una herida que se me infectó por no decírselo a nadie. El dedo medio  de mi mano derecha es testigo de ello.

No puedo terminar esto hoy, estoy en una horrible cabina de barrio, cuando vuelva la conexión a mi casa , lo terminaré.

 

 

Cómo tratar de olvidar a alguien

Estoy tratando de olvidar a alguien que me gusta mucho, y estas son cosas que estoy haciendo para lograrlo. Ojalá funcionen.

Primero: hacer un montón de cosas en el día, en la tarde también, para estar supercansada en las noches y no pensar en ella ni en lo que pasó ni en nada. Cansancio total. A veces no funciona pero con el tiempo mejorará.

Segundo: no hablar por msn con ella, o reducir las horas de conversación. Por ejemplo, si hablaban toda la mañana, entrar cuando sabes que ya no está por ahí. Es difícil, sientes una enorme necesidad de hablar con ella, pero no, hay que poner un muro sobre todo eso. Luego, ya puedes sacarla de tus contactos. Eso es como una operación al corazón pero hay que hacerlo, sino el corazoncito se muere.

Tercero:  borrar todos sus mensajes del celular, sino siempre los estás leyendo, una y otra vez, estúpidamente, en forma masoquista. Operación muy dolorosa. Cuando aprietas el botón borrar todo, es cuando sientes que ya se está borrando aunque sea un poco.

Cuarto: cuando te llame por teléfono, tratar de estar lo más feliz posible, responderle de  forma sencilla, evitar monosílabos pero buscar una forma de escapar. Por ejemplo: me llama mi mamá, tengo mucho trabajo, tengo que bañarme ahora, se me quema el arroz, se me aflojó el estómago, mi hermano se ha caído de cabeza, mi gato se está ahogando. Aparte de aprender a mentir, te reirás un rato y te sentirás mala.

Pero sobre todo, si aún no has podido dejar de hablar con ella, no dejar que te diga: te llamo después. Estarás como una estúpida alrededor del teléfono esperando la llamada. Si no pudiste evitarlo, sal de la casa, ve a pasear, deja el celular en la habitación, toma aire, distráete, ve al cine. Además, nunca te llamará, será una espera inútil, una gran pérdida de tiempo y un momento demoledor para la autoestima. 

Quinto: estudiar. Cualquier cosa, salir de casa, sentir la presión de los estudios. Revisar los libros, hacer las tareas, volver a casa, y seguir con eso. Cansa, pero te mantiene ocupada.

Sexto: negocios. Menos pesado que los estudios, pero más absorvente, además, conoces a gente, te distraes, y tienes dinero para gastar o malgastar. En eso estoy en estos momentos, sí que mantiene ocupada.

Sétimo: no aceptar sus invitaciones a salir. Esto si que es difícil porque te mueres por verla, pero lo mejor es no verla, te ahorras un montón de problemas (el problema es que quién quiere ahorrarse problemas cuando te gusta alguien tanto), ahorras muchas lágrimas, ahorras dinero, y por último, sabes que tienes la capacidad de manejar a voluntad tus sentimientos. Hasta ahora no lo logro, pero tiempo al tiempo.

Si se me ocurre otra cosa luego les digo.

El maquillaje

Nunca aprendí a maquillarme. Veía a mi madre hacerlo casi todos los días, pero al final no me interesó mucho, prefería agarrar mis libros y encerrarme en mi cuarto. En secundaria, en aquel pequeño colegio religioso sólo para mujeres, las que se maquillaban eran las más vagas, y mi grupo era de las medio nerd (discúlpame Pinche pero éramos nerds) así que tampoco aprendí a maquillarme con ellas. Luego, en la academia, lo único que me interesaba era ingresar y no podía perder mi tiempo ni mi dinero en maquillaje. En la universidad, mi grupo era otra vez las niñas más buenas y más inocentes, y por supuesto, las más estudiosas, y no se maquillaban para nada.

 

Así que el maquillaje no fue parte de mi educación sentimental, o quizás si lo fue, pero no del mismo modo que las demás. Yo pensaba que esa disposición mía a no maquillarme era por no parecerme a mi madre, era una buena razón realmente. Luego el feminismo reemplazó esas ideas. Condenarme a estropear mi cutis porque la sociedad quiere que disfrace mi rostro para ser aceptada en el mundo machista en el que vivía y para poder representar la imagen de mujer establecida siglo tras siglo, nones.

 

Ahora, es sólo la completa ignorancia de cómo hacerlo lo que me hace rechazar el maquillaje, además que sigue presente la idea de que pierdo el tiempo y el dinero si lo hago. Tal vez también sea que no trabajo y por ello no necesito maquillarme, como creo que es requisito tácito para las mujeres en muchos trabajos.

 

Cuando salía con chicos, muchos de ellos me decían que era bueno que no me maquillara, que al natural era más linda y todo lo que dicen los muchachos cuando quieren estar con alguien. Y hasta ahora me lo dicen, lo que me sorprende un poco. Les gustaba mi rebeldía, creo, y mi extraña, para ellos, forma de pensar.

 

Casi todas mis amigas de ahora se maquillan, la verdad no recuerdo a nadie que no se maquille, excepto a una a la que admiro mucho por otras cosas, que no tienen nada que ver con el maquillaje y estos temas mujeriles. Me gustaría saber por qué, ellas, chicas universitarias, inteligentes, lindas, que no trabajan en nada, se maquillan.

 

La mamá de una amiga es evangélica desde que ella nació, nunca se ha maquillado ni nada, es una señora muy conservadora y estricta, y mi amiga tiene la mayor colección de maquillaje que he visto en mi vida, es casi una artista en ello, y se maquilla realmente muy bien, tiene pinturas y cremas y potes y lápices de colores para toda su vida, y a pesar de ello, sigue comprando más maquillaje. Yo pensaba que ella no quería parecerse en nada a su madre, aún lo creo, esa motivación está en su inconsciente y aflora cuando discuten, las dos con completamente diferentes pero se quieren a pesar de las diferencias, o quizá, por ellas.

 

Bueno, a nadie realmente le importaba que yo no me maquillara, antes, pero parece que ahora sí importa. Parece digo, me da esa ligera impresión, de que necesito maquillarme, de que las mujeres de mi asociación (les y bis para más señas) tienen la necesidad de demostrar que son mujeres a pesar de todo (o sea, a pesar del lesbianismo o la bisexualidad, aunque parezca increíble), pero claro, no son todas, no he conocido a todas aún, sólo les comento de las que conozco un poco. Las chicas tienen que demostrar que son chicas, no sé si pasará lo mismo en el mundo de los hombres gay, no sé si ellos tiene que mostrarse más machitos mientras más gay sean. Pero en lo que va de este camino de aprendizaje superintensivo de lesbianismo que llevo he sentido y visto cosas que pensé que nunca haría ni vería, por ello muchos de mis clichés han caído, y han aparecido otros, lamentablemente.

 

Espero que en el transcurso de los años conozca chicas que no necesiten sentirse chicas chicas ni chicos chicos ni nada de nada,  y lo mismo con los chicos, al fin y al cabo, a quién tenemos que demostrarle algo: ¿a la sociedad?, ¿a nuestros padres?, nos pasaremos toda la vida tratando de demostrar algo, y no habremos vivido nada.

Volviendo al cauce acostumbrado

Viví en Chosica más de 20 años de mi vida. Cada dos o tres veranos hay huaicos, ese alud de lodo y piedras que se lleva casas, carros, personas y animales si no te haz preparado para ello, luego el verano pasa y nos olvidamos de los huaicos hasta nuevo aviso. Les cuento esto porque siento que algo así ha pasado con mi vida: hubo un huaico, bajó lleno de barro, rocas, basura y otras cosas, y me lastimó, a mí y a mis vecinos. Pero me lastimó porque me enfrenté, lo cual no es fácil (era más fácil huir), yo me metí y salí damnificada, pero salí. Todo esto para contarles sobre un poco de felicidad.

 

Hace poco, el viernes para ser más exactos, fui a una actividad que se realizó en mi universidad, San Marcos, sobre pueblos indígenas. Generalmente, las cosas que yo no decido son lo mejor que me pueden pasar, yo no decidí esta vez (por suerte), decidieron por mí, y lo agradezco. Pero por qué. Porque gracias a esa decisión mi vida está tomando el rumbo que tenía antes del primero de enero, día en que tomé las riendas de mi libertad, y con la que he estado jugando casi dos meses.

 

Pues como les contaba, volví a ver a viejos amigos, gente que estimo y que admiro, y a la cual me siento feliz de conocer. Conversé, tomé pisco sour, escuché cosas interesantes, me regalaron tres libros, y por un momento me sentí feliz, pero decir un momento es poco, tres horas, sí, 120 minutos de felicidad. Extraño pero cierto, todos ahí tienen los mismos intereses, las mismas ganas de transformar el mundo, de cambiar las cosas. Era un lugar en donde me sentía orgullosa de estar. Además conocí a personas muy buenas, asháninkas, shipibos (aunque una muchacha quechuahablante no sé por qué estaba molesta conmigo pero esos son los menos), estudiantes de sociales, etc.

 

Y todo esto es sólo para decirles que me sentí bien, estuve contenta, a pesar de estar parada por llegar tarde, a pesar del calor horroroso que hacía, a pesar de que la decisión no fue mía, a pesar de una linda herida en la mano que tengo y todavía no cura y que me duele mucho y por la cual no debo escribir (por prescripción médica) ni tomar ni nada,  pero no recuerdo cuándo le hice caso por última vez a un médico. 

 

Así que, como se darán cuenta, no siempre escribo sobre cosas tristes, ni mucho menos, el problema de escribir sobre uno es que podemos ser extremadamente subjetivos y por ello parecer terriblemente negativos, pero no necesariamente es así (lo de subjetivos sí, lo de negativos no). Los que me conocen (muy pocos por cierto), saben que me la paso haciendo chistes y tontería y media. Yo me pregunto: ¿alguna vez mis amigos me han visto triste? Creo que no (desde el colegio), lo oculto bien, y así no quiera ocultarlo se me salen las bromas sin querer (ese siempre es un problema) y me paso de la raya. Las lágrimas salen cuando estoy sola, no se preocupen, no me verán llorar.

La vita nuova

Estoy reflexionando sobre mi vida todo este tiempo. Recapitulo desde el primer día en que empecé a escribir el blog hasta hoy. Vuelvo a pensar en lo que escribí e hice. Escribí cosas muy locas y a muchas personas les gustó, quizás porque quise ser honesta, porque quise destapar todos mis errores y virtudes, porque quise hablar sin tapujos ni medias verdades.

 

Solté todo lo que tenía dentro y la imagen que construí desde que tengo razón de ser hasta hoy cayó en pedazos para mostrar otra, alguien que quizá siempre quise ser, una persona que escribe sin miedos. Pero sólo escribe y piensa, no actúa ni demuestra (aún).

 

Traté de ser coherente con lo que escribí. Cuando puse solo quiero sexo, realmente sentí que sólo quería eso y además quería contradecir a todas las que me dijeron que eso no es así, mes y medio después me enseñaron que no era eso lo que quería y que tenían razón, y no es una cuestión de falsa moral o de sentimientos de culpa, a mí la iglesia y la religión me interesan muy poco, desde pequeña fue así, ahora no es el momento de pensar en lo contrario.

 

Al decidir aceptarme tal como soy, en forma franca, me liberé de mucho peso que llevaba arrastrando, pero comencé a cargar con otro que no quería, el de mi libertad a pesar de todo, el de escoger y sentir que me dolía escoger, el de dejar atrás toda una vida hecha por otra en la que sabía que no me aceptaría fácilmente la sociedad y los que me rodean, que son los que me interesan, mi familia, mi hija, mis amigos. Lo tomo como viene, a veces como ráfaga, a veces como brisa.

 

Todo lo que me pasó desde el primero de enero que decidí dejar atrás y darle la espalda a muchas cosas y empezar algo nuevo hasta hoy me ha enseñado tanto que quizás fue demasiado. He lastimado a personas que quería pero siento que no había alternativa, he lastimado a personas que no quería también, ahí quizás había alternativa pero escogí la peor. A todas les pido disculpas. No puedo pedir nada más. ¿Comprensión? No ¿Tolerancia? Menos ¿Perdón? Tampoco. No puedo pedir ni comprensión, ni tolerancia ni perdón por ser quien soy. 

 

Se preguntarán tal vez qué he perdido y no me queda otra que responder. Perdí lo que creí que era mi estilo de vida. Una mujer con su esposo y su hija. La típica familia heterosexual, limpia y feliz por fuera, llena de rayos y truenos por dentro. Pero a eso a los demás no les interesaba, lo único que veían era que seguía el camino “correcto”, la vía dispuesta fieramente por siglos de cultura occidental, lo “normal”. Entonces, todos felices.

 

Darle la espalda a una vida así es complicado, difícil, muy duro y una tarea que aún no he completado. Cuando estaba con él no me importaba como me veía la gente, me podía vestir lo que me daba la gana, actuar como me daba la gana, decir lo que me daba la gana, me respaldaba toda una cultura machista, forjada con lágrimas y sangre, porque lo decía una persona que estaba dentro del sistema, dentro de la vida “correcta”, al lado de un hombre, con una hija, con todas las garantías de decencia existentes.

 

Imagino cómo será mi vida cuando vuelva a la universidad y le diga a mis compañeros, hombres y mujeres, quién soy. Todo lo que vista será sospechoso, todo lo que diga indicará mi orientación sexual, todo lo que haga pasará por el filtro de la falsa conciencia y la falsa moral. Mi palabra ya  no será respetada pues tras de mí, estará lo que muchos creen que es una perversión, mi imagen será de una rareza desatada, mi mirada insistentemente maliciosa, generaré incomodidad, no podré acercarme a los demás sin que piensen: Oye, ella es lesbiana. Anda, ¿en serio? Sí. No jodas, ¿en serio? Sí. Pucha. Sí, ¿quién podría creerlo no? ¿Pero no tiene su marido? Ya lo dejó, pura pantalla. ¿Y su hija? Pues no es muy complicado tener una hija o ¿sí? Pues creo que no, si para ella no lo fue. Sí pues, uno puede tener un hijo y ser lesbiana, qué suerte.

 

Sé que a muchos no les importará, pero sé en qué mundo vivo, sé en que medio he manejado mi vida todo este tiempo. Y si alguien a hecho algo “extraño”, “raro” o “equivocado” sólo se le recuerda por eso. Oye, ahí viene el ladrón, el violador, la asesina, la burrier, el marica, la lesbiana, el corrupto, el mujeriego, la bruja.

 

 Mi vida se convertirá en un adjetivo de ahora en adelante, precisamente a partir de abril cuando comience a sostener lo que pienso y creo. Espero tranquilamente el momento, sé que empiezo algo difícil por lo marginal, porque en este país la gente se regodea con lo que no le parece bien, porque el mundo es como es. Sé también que no puedo dar marcha atrás, que me avergonzaría de mi misma. Que no sería coherente. Que me llenaría de vergüenza. Seguiré esperando tranquilamente la tormenta.

 

Al fin comienza la vida, ya no soy una niña, lalala.

Emergencia de Estado

Como vemos en nuestra falsa democracia las muestras de métodos de dictadura nunca faltan. Por eso copio unos poemas de Erich Fried (alemán) para no dejar de lado la poesía, que por suerte no es pura, son poemas duros y llenos de rabia:

 Derecho de regulación

No la excepción

 sino el estado de excepción

confirma

la regla.

¿Qué regla?

Para impedir la respuesta

a esta pregunta

se proclama

el estado de excepción.

El estado de emergencia

se encuentra

a tiro

de la ley marcial

es decir

no más lejos

que la longitud del cuerpo

de una democracia asesinada.

Superación terapeútica de la militancia

Tu resistencia

contra la policía

que te pisotea

precisa de interpretación analítica 

en tanto que conflicto antiguo

con la autoridad del padre

y secreto deseo

de ser forzado por él.

Así te verás liberado del odio

contra la policía,

no tendrás que llorar

por sus gases lacrimógenos,

y reconocerás bajo cada casco

los ojos de un ser humano

al que podrás sonreír

cuando te acribille.