2-1 (perdió Perú)

No sé cómo pero hoy fue el día de la discusión editorial. Y todas mis observaciones se vieron refutadas.

Primero: le digo a un redactor que la frase inicial sobre el país, en la presentación de este, debe ser atractiva para que jale a la lectura. Pero hace todo lo contrario, me pone datos estadísticos que a nadie le interesan. Le digo que lo cambie. No entiende por qué y va donde mi jefe a preguntar si hace lo que le digo o lo deja así. Mi jefe me llama y me pregunta: ¿por qué has puesto “cambiar todo”? (todos los textos pasan primero por él y debe disgustarle encontrar que se le ha pasado algo tan importante, que no es ortográfico ni estilístico sino editorial, y él es el ¡editor!) Porque poner datos estadísticos al principio no es nada agradable, y poner dos es peor, le respondo, es como abrir una aburrida revista de economía. Uhmm, se pone a pensar, luego de un rato me pregunta: ¿y qué debería poner? Algo turístico, quizás hablar sobre el arte o la cultura, las paradisíacas playas, qué se yo, debe tener algo bonito ese país. Uhmmm, ya, tienes razón, busca algo atractivo y ponlo. Ya, dice el redactor. Mi jefe sigue: cualquier cambio que quieras hacer primero me consultas a mí. Ok, le respondo.

Segundo: los acrónimos de las direcciones de policía e investigación criminal. Hay varias direcciones con sus respectivos acrónimos, todos van en altas, eso es seguro, pero uno tiene una preposición que también está en el acrónimo y en altas (generalmente las preposiciones, lo adverbios, cualquier tipo de enlace gramatical, va en bajas). En el nombre completo han puesto la preposición “contra” en altas (Dirección Contra el etc.). Entonces, al momento de corregirlo, yo lo bajo. El redactor (otro) va donde el jefe y le pregunta si lo baja o no, porque en la página web está en altas. El jefe me llama y me pregunta: ¿por qué lo has bajado? Le explico. Sí, me dice, pero la palabra está formando el acrónimo. Si, le digo, pero eso solo es una cuestión de poder: por ser la policía debe ser fuerte en cualquier aspecto de su imagen, por ello todo está en altas, hasta la preposición, y por eso todas las direcciones contienen esa especie de tres sílabas que coordinan entre ellas, imagínese que esa dirección tenga solo dos sílabas, no tiene la más mínima autoridad, queda subyugada frente a las que tienen tres, y lo que es peor, frente a lo que tiene que combatir. Él me dice que eso no viene al caso (veo que así le explique mil veces no me va a entender, que el asunto del discurso cargado de poder, ideología y hegemonía le resbala grandemente). Dame una explicación lingüística. Ya se la di. Entonces dame un ejemplo de que se puede hacer eso. Yo creo que mejor consultamos con los otros correctores para llegar a un consenso. Está bien. Llama a los otros y nos reunimos. Hace la pregunta. Uno se queda callado, otro dice: creo que debe ir en bajas (creo que lo hace solo para apoyarme). Mi jefe dice: pero esto y esto y esto. Sí pues, dicen, entonces en altas. Revisemos los libros. Todos toman un libro, yo agarro el panhispánico y comienzo a buscar (no me gusta perder, ya me di cuenta), lo encuentro y se lo enseño: “Los acrónimos suelen omitir para su formación los artículos, las preposiciones y las conjunciones que aparecen en la denominación completa, salvo si son necesarios para facilitar su pronunciación: ACUDE (por Asociación de Consumidores y Usuarios de España)…”. Uhmm, sí, ese es un buen ejmplo, entonces lobajamos. Los correctores: sí, lo bajamos. Yo (mutatis mutandi) me voy a mi sitio otra vez.

Tercero: las lenguas oficiales. La redactora había puesto “castellano, quechua y aimara”. Yo le pregunto: ¿y las lenguas amazónicas? Entonces le pregunta al editor (mi jefe): V dice que incluya las lenguas amazónicas. Él me llama: ¿las lenguas amazónicas son oficiales? Sí, le digo. ¿En dónde está eso? En la Constitución. ¿Estás segura? Porque, que yo sepa, las oficiales son solo esas tres. Revisemos la Constitución, le digo. Abrimos el librito este y leo: “Artículo 48°. Son idiomas oficiales el castellano y, en las zonas donde predominen, también lo son el quechua, el aimara y las demás lenguas aborígenes, según la ley.” ¿Y qué hacemos? Bueno, le digo, si todas las otras están discriminadas pongámoslo como está en la Constitución. Pero no va a entrar todo (es para calendarios). Bueno, entonces ponemos “castellano, quechua, aimara y lenguas amazónicas”; así no discriminamos a nadie. Voy a pensarlo (transcurren 10 segundos hasta que sus neuronas hacen conexión). Vamos a poner “castellano” del tamaño normal, y los otros más chiquitos. Claaaaaro, le digo, porque el castellano es “superior”. Siiii, me dice. Y las demás lenguas son “inferiores”. Siiiiii. Me parece perfecto (¿captaron la ironía?).

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