Viaje

Regresé el domingo en la noche y lo único que hacía era tratar de mantener el olor de su cuerpo en el mío, luchando porque no se pierda, porque el aire no se lleve esas reservas de oxígeno, porque el agua no borre su sudor, porque el recuerdo de sus besos me siga haciendo estremecer.

Pero eso era imposible, estar sin ella es volver a la realidad, monótona, rutinaria, sin pies ni cabeza.

Solo mi hija es la única que me puede dar cierta tranquilidad, la que puede llenar ese vacío que causa la soledad y la distancia. La mujer que me desquicia pero que también me devuelve a la cordura es solo una niña de cuatro años, pero es más que eso, es esperanza, es ilusión, es amor sin condiciones, sin juicios, sin reclamos… todavía.

Yo quería viajar con ella, pero no se pudo, primero su papá se opuso tercamente. No tenía ningún argumento para su obstinación y solo pudo decir idiotamente que no, no y no. Luego de discutir cedí, ¿por qué?, no quería joderle más la vida de lo jodida que ya la tiene.  

Y a pesar de su negativa igual pensaba llevármela, simplemente porque no había ninguna buena razón que me lo impidiera, pero Cami no quiso, traté de convencerla y nada, que no quería caminar (vamos a ir en carro), que le llevara la playa a la casa (eso era absolutamente imposible aunque ella creyera que no). Sus razones me parecieron más convincentes, simplemente tenía mucha flojera para ir, prefería quedarse en casa.

Entonces alisté mis cosas el viernes en la noche (pocas cosas realmente porque no iba a quedarme mucho tiempo), al día siguiente fui a trabajar y a la salida me fui directo a tomar el bus. Cuatro horas después estaba en el lugar en donde vive L. Ella estaba esperándome para hacer un pequeño tour por la pequeña ciudad destruida.

Era la primera vez que iba a ese lugar. Ahí ocurrió uno de los peores terremotos de la historia reciente de este país. Murieron más de quinientas personas, muchas más quedaron heridas, muchas más que esas han quedado traumatizadas.

Un año después las cosas no han cambiado mucho, las casas siguen derrumbadas, pequeños módulos se levantan en los lugares en donde alguna vez hubo un hogar. Las calles no son calles, son cúmulos de tierra y huecos por donde uno debe de caminar zigazagueante o saltar para no caer.

No puedo imaginar lo bonita que era la ciudad para compararla con lo triste que se ve ahora, solo puedo tratar de reconstruir lo que me dice L: Aquí había una iglesia (ahora solo hay tierra apisonada). Aquí estaba el mejor hotel. Este era un colegio. Aquí trabajaba yo. Aquí murió una amiga. Aquí casi muero.

Y me resulta imposible concebir la magnitud de la tragedia y lo cerca que estuvo de la muerte. Pero veo la destrucción, veo los escombros, veo el lúgubre vacío en donde alguna vez hubo algo lleno de felicidad, veo su rostro, veo sus ojos, su mirada triste, sus miedos, sus sobresaltos, sus pesadillas, sus lágrimas. Y no puedo evitar llorar por dentro para no dejar más lágrimas en ese lugar.

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