Crónica rápida de un día laboral

Nos dicen que mañana tenemos que venir elegantes, porque van a visitarnos clientes VIP, o sea, prohibidos los jeans.

Mi amigo comenta que por fin volveré a vestirme como en las primeras semanas y los chicos de la oficina de al lado preguntaban por mí. La cosa es que no volví a vestirme así porque de los dos únicos pantalones de vestir que tengo, uno me queda a reventar (he aumentado dos kilos por estar casi todo el día sentada) y el otro tiene la basta rota de tanto pisarla. Así que tendré que coser el roto porque no creo que baje dos kilos de un dia para otro.

Hoy es una de las pocas veces que salgo a comer, como aquí hay un comedor lo más cómodo es entrar a él, pero desde hoy me fugo todas las tardes, aunque sea para caminar un rato a ver si bajo de peso. En el restaurante, la chica que atendía me miraba constantemente, yo estaba viendo las olimpiadas y no me percaté hasta que realmente su mirada se convirtío en insistente y venía acompañada de un sonrisa. Me preguntaba si tenía algo en la cara así que fui al baño a revisar, pues no, cara sin marcas de tinta, dientes sin comida, todo normal, solo me miraba porque sí.

Mi chief me ha conseguido un libro de Italiano, dice que para que haga algo productivo (¿?), aprender otro idioma en lugar de estar llenando crucigramas. Lo intentaré. Hoy me toca Ricardo Palma y luego el Twin. Ya estoy emocionada y eso es algo que no sentía hace mucho. Espero no hacer horas extras.

Tres cosas:

1. Saber que mi exexex sale con una chica y que no me afecte en lo más mínimo.
2. Saber que mi exex está asada conmigo y que ahora no me importe para nada (digo ahora porque ayer sí estaba preocupada)
3. Que ya no me palpite la piel debajo del ojo, que me atormentaba porque el ritmo de latidos había aumentado considerablemente y ya estaba dispuesta a visitar al neurólogo.

En pocas palabras, estoy tranquila. También he reflexionado bastante.

En el trabajo, en el segundo piso en donde está la editorial, hay una enorme ventana en la que me paro a veces a ver como van y vienen los obreros de planta, me relaja ver a esas personitas apuradas para llegar a tiempo al trabajo.

Ayer estaba sin hacer nada y me puse a llenar el geniograma gigante. Estaba en esas lides cuando se acerca the chief, y claro, yo ni cuenta me doy hasta que ya está a mi lado.

Él: ¿Qué haces?
Yo: Luchando contra el Alzheimer
Él: ¿Cómo?
Yo: Sabe, mi papá fue un hombre que pese a su avanzada edad se mantenía muy lúcido, él tenía la costumbre de llenar los crucigramas que salían en los periódicos
Él: ¿Y?
Yo: Pues, cuando llegue a su edad me gustaría ser como él
Él: ¿Y?
Yo: Por eso me dedico a este tipo de ejercicios mentales
Él: Ah, bueno, lo único que quería saber era si estás ocupada para que revises esto
Yo: Pues no
Él: Entonces te lo dejo
Yo: Ok

Me pregunto por qué tengo que hablar tanto.

Ayer, dos amigas me recomendaron lo mismo: decir lo que siento sin miedo a lo que pudiera pasar y sacarme las dudas de una vez por todas. Lo intenté, pero no pude terminarlo. Al final, me pareció inútil, además de equivocado y hasta incorrecto, porque iba a meterme otra vez a divagar sobre las cosas que podrían pasar, y eso no es ser realista ni sensata.

Yo me conozco, sé cómo soy, mis decisiones generalmente pueden estar equivocadas, pero las asumo y sigo con mi vida. Hay una cuestión muy primigenia en esto de sentir dolor por una pérdida, podemos sumergirnos en él o buscar las formas (que hay) para salir, pero no lo hacemos, no salimos de esa vorágine de sufrimiento porque nos gusta, en el fondo nos causa satisfacción, un goce muy grande que no queremos que termine. Muchas encontramos en el dolor el sentido de nuestra existencia

Nos gusta regodearnos en él, nos da un placer adrenalínico y esas causas que muchos negamos (me incluyo) son tan profundas, están tan fuertemente arraigadas que creemos que no es así, que otros nos lastiman, que otros nos ofenden, que otros nos humillan, cuando los únicos que mantenemos esta situación somos nosotros mismos.

Esto tiene mucho de egocéntrico, cuando sufro todo se concentra en mí, el mundo entero gira alrededor de mi dolor, mis actos están guiados por este sentimiento de pesar que maneja mi conducta, los actos que realizo se convierten en tubos de escape sin salida porque estos tubos están bloqueados por mi enorme ego.

Al final, la conversación con estas dos amigas me hizo ver que ya estoy dando vergüenza, gritando mis penas como si fuera la única en este mundo, como si no hubiera otra cosa de la cual hablar; aunque estas cosas me hacen reflexionar bastante, y conocer más de lo que ya creo que me conozco, es suficiente análisis de mí misma. Además, esto ya está afectando a las personas que estimo, se preocupan por lo que escribo o por cómo me siento y no quiero ser una preocupación más para ellas.

Conclusiones: Si, aceptaré las invitaciones a salir, conversar, ver alguna película o tomar algo (ya pueden invitarme jaja). Dejaré de quejarme. Lo de la distracción con el estudio es mitad cierta, necesito distraerme, pero también me gusta, así que no es mi tubo de escape bloqueado. Y no me pregunten cómo estoy, siempre contestaré lo mismo: bien. Y ahora podría decir que mejor. Gracias.