7,9

¿Cómo un número puede contener tanto dolor? Si fue 7,5 o 7,8 realmente no importa, lo que importa es que ese día se destruyeron cientos de vidas, y que las vidas que sobrevivieron siguen así: sobreviviendo. Que no hay forma de saber la magnitud de la desgracia. Que se pueden levantar edificios, casas y calles, pero esas almas que quedaron enterradas bajo los escombros ya no se levantarán. Que se puede dar mucho dinero y soltar muchas palabras, pero las palabras no llenan los vacíos y el dinero no reemplaza los recuerdos. Y el dolor, por muchas palabras, dinero y hechos que les dés, no pasa, continúa incesante corroyendo los días que vendrán.

Y las personas que perduraron a la desgracia, que como espíritus atormentados deambulan por las calles de Pisco, Ica, Chincha y otros lugares que sufrieron la devastación, cómo encontrarán la paz de espíritu que tanto necesitan, cómo consiguen dormir tranquilamente, cómo consiguen que los recuerdos no vuelvan, atormentadores y maniáticos a revivirles ese día lleno de tragedia.

Porque perder a un ser querido es terrible, pero perder la dignidad aumenta el sentimiento de abandono, incrementa la tristeza y desata los más oscuros temores, junto a los más duros sentimientos.

Y eso es lo que ocurre cuando un pueblo no siente que quienes lo representan se solidarizan con su dolor. Que nunca llega el abrazo de un gobierno que puede comportarse a la altura de la situación y restablecer dignidades. Que ese gobierno es incapaz de sentir y ponerse en la piel del otro para saber lo que significa el sufrimiento humano. Que ese gobierno no tiene la fuerza ni las ganas de ayudarte a superar y salir de los escombros. Un gobierno inhumano, mediocre, inútil, superficial, lleno de taras cerebrales y prejuicios imbéciles, indigno de gobernar al pueblo que lo ha elegido, es ese que no se manifiesta después de un año de ocurrido los hechos y que luego reclama que no se le agradezca lo poco que ha hecho.

No se agradece lo que es una obligación hacer. Nunca se agradece haber hecho nada, haber hecho muy poco o no haber hecho lo suficiente.