Volviendo a vivir

Volver a vivir es empezar otra vez, de cero. Eso es imposible porque nadie puede comenzar de cero. Una carga con un pasado que muchas veces no te deja salir de donde tu mente te ha metido. Y ese pasado va contigo a donde vayas, silencioso y discreto hasta que aparece algo que puede hacer que el pasado se quede atrás, entonces despierta, malhumorado y egoísta, para devolverte al mundo de los recuerdos que quieres olvidar, o no olvidar necesariamente pero que ya no pesen tanto en tu vida como pesaban antes. Por lo menos eso.

Y el pasado hace que uno haga o deje de hacer cosas que podría hacer si este no estuviera ahí. Una cree que aún hay cierto compromiso con el pasado porque hubo tanto que cuesta dejarlo atrás, duele dejarlo atrás, y en el fondo, una se niega a dejarlo atrás, no quiere. Y todo eso no te deja vivir. No te deja respirar sin que cada brisa del aire te traiga a la memoria el aire que respiraban juntas, y que sientas que cada canción se refiere a ti, retrata tu vida y te lastima.

Y yo sé que el pasado sigue ahí, esperando para meter un zarpazo al corazón desgastado. Pero sé también que ese pasado ha creado anticuerpos y cada día le resulta más difícil volver a alojarse en la vida de una, y sientes cómo se diluye, casi como lava ardiente que se va enfriando, esa pesadez. El problema es cuando las defensas bajan. Todo tiene un ciclo, y a veces estás muy bien, con todas tus fuerzas y ganas, y en el siguiente ciclo los que se encargan de proteger tu cuerpo desaparecen como por arte de magia. Y es ahí cuando el pasado vuelve con todas sus fuerzas para contraatacar porque sabe que estás débil. Y en esos momentos no hay ninguna medicina que pueda inyectarse en el corazón, solo queda esperar a que el ciclo pase y las fuerzas vuelvan y los anticuerpos se renueve.

El viernes salí con S. Era la primera vez que nos veíamos después de haber terminado. Nos encontramos en Risso (a ella le gusta ese lugar). De ahí nos pusimos a buscar un sitio a donde ir. Yo propuse la 13. ¿La 13? No. ¿Por qué? Incómodas ex que pueden aparecer por ahí. Eso a veces resulta peligroso. Ok, ¿entonces?. El 259 (o algo así, no recuerdo bien el número). Nop, aburrido, no me gustan los karaokes. ¿El Príncipe? Claro, hace mucho tiempo que no voy, además, la calle Berlín estaba hecha un desastre. Ahora se ve mejor. Así que fuimos a El Príncipe. Interesantes recuerdos, sobre todo del baño.

Pedimos una cerveza, conversábamos amenamente. Siempre me siento tranquila cuando no hay nada que reclamarse y ya habíamos hablado bastante por msn para saber que no podían haber reclamos de parte de ninguna. Por suerte ella es de las que trata de explicar sus sentimientos y no los guarda en el misterio más absoluto como para dejarme colgada sin saber qué pensar. Luego llegó su amiga N, súper extrovertida, tanto que ya no tuve necesidad de hablar por un buen tiempo. Pedimos otra cerveza. Era la última porque queríamos ir al Twin.

Lo anecdótico de ese rato es que mientras íbamos por la segunda cerveza llega la ex de S con sus amigas y se sientan en la mesa del lado. Y luego veo también a mi exexex conversando con sus amigas unas mesas más allá. Fue gracioso. El Príncipe llenos de ex y Miraflores ya está quedando chico.

Terminamos la cerveza y nos quitamos al Twin. Ahí pedimos unas jarras y seguíamos con la conversa, aunque la verdad yo no conversaba mucho. Cuando hay alguien que conversa más que yo para mí es suficiente, ya puedo quedarme callada. En el Twin había poca gente, primero estábamos en la barra, ahí vuelvo a ver a K, la chica que estaba llorando por su ex. Me saluda contenta, la verdad pensé que ni me recordaría porque ese día estaba tan metida en sentimientos tan tristes que nada podía hacerla reaccionar y yo imaginaba que todo en su mente era solo pensar en su ex y nada más. Pero me recordó. Luego, con S y N nos vamos a sentar en la pista de baile.

N se va al baño. Estoy tan cerca de S que puedo sentir su perfume. Ella me mira, me pregunta todo el tiempo si estoy bien. Pone una de sus manos en mi pierna, se acerca a comentarme algo y me besa. Yo la sigo. Y nos detenemos. Vuelve su amiga y seguimos conversando como si nada. Ellas bailan. Seguimos tomando. N se va al baño otra vez, S me vuelve a besar, esta vez nos demoramos más porque mientras estamos así escuchamos: ¡Ah, pendejas!. N había vuelto y nos estaba viendo. Luego S se va al baño y N me pregunta: ¿Por qué terminaste con S? Le digo que íbamos muy aceleradas, que me sentía muy abrumada y que la experiencia me ha enseñado que las cosas deben comenzar a tomarse con calma porque sino todo se va a la mierda muy rápido, y eso es lo que estábamos haciendo: tomar las cosas como vienen, pero tranquilamente. Asiente silenciosamente.

Así seguimos tomando y besándonos casi toda la noche. N está triste. Lamenta su mala suerte en el amor, quizás el hecho de que S y yo estuviéramos besándonos era incómodo para ella porque no tenía a quién besar. O muchas cosas venían a su memoria (el alcohol a veces ayuda con eso: te trae todo de vuelta). No sé. La cosa es que estaba triste, y nos comentaba que si tomaba la decisión de casarse y llevar una vida heterosexual y tener hijos y todo eso que podemos creer que es perfecto pero que al final es una reverenda mierda, no la juzgáramos, porque lo habría pensado mucho, habría analizado todo y no quería ni una sola puta palabra de reproche. Ok, le decimos.

Luego nos juntamos con K y su amiga J. Con ellas estamos un rato más. J me dice que la ex de K había quedado en ir pero que la había dejado plantada. Lo imaginaba. Aunque K hace como si nada le importara y que todo está bien y que se divierte mucho. Y me recuerda tanto a mí hace algún tiempo, actuando a que todo va bien cuando todo está cagado.

Ya para irnos N nos dice que podemos quedarnos en su departamento, que no hay problema, y nosotras: Ok. Y como ya era tarde la seguimos. Vamos a pie porque el depa estaba en un edificio a unas calles del Twin. El portero nos queda mirando pero no nos dice nada. Subimos al ascensor hasta el octavo piso. Realmente era un depa muy lindo, espacioso (imagino que carísimo). N se va a una habitación. S se queda despidiéndose de ella. Yo me voy a la otra habitación y cierro con seguro. Claro, en mi mente alucinada y medio ebria (y eso que yo no era así, pero muchas cosas han cambiado en mí) imagino que S está agarrando con N y simplemente no quiero ni enterarme de ello (además, no es que esté reloca, sé que hubo un pasado muy, muy pasado entre ellas, pero igual no era razón para sospechar nada, simplemente tenía ganas de una tragedia, la idiotez de siempre que no me abandona). S vuelve y me pide que abra la puerta. Me pregunta por qué la he cerrado. Se lo digo. No recuerdo qué me contesta, pero todo me parece tan tonto que la verdad ya no tenía ninguna importancia.

La cama solo tenía una ligera sábana y hacía un frío de mierda, pero no nos importó porque nuestra mente solo estaba concentrada en una cosa, siiiii, en eso. Así que nos quitamos la ropa y comenzamos lo que queríamos hacer desde la primera vez que nos vimos pero que por ciertas apariencias que se deben guardar para no dañar la imagen que los demás se construyen de una o hacer lo que se supone que es correcto y las hipocresías de siempre una tiene que esperar cierto tiempo para poder hacer lo que realmente quiere hacer.

Y esta vez sí sentí su aroma invadiendo mi cuerpo, mientras sucumbíamos al deseo de poseernos y sus labios recorrían milimétricamente cada parte de mí, y su cuerpo suave y delgado se acomodaba al mío sutilmente pero con pasión, como una ligera lluvia refrescante que de pronto se convierte en tempestad, que llega justo en el momento en que más necesito sentir esa sensación de ser de alguien, de ser en el otro una unidad sin medida, como si todo hubiese estado dispuesto para ese día en que nos encontraríamos piel con piel y sabríamos lo que teníamos que hacer. Y la vida se daría vuelta otra vez para mostrarnos las partes agradables de la existencia.

Aún estoy tratando de dejar atrás todo ese blindaje del que estoy compuesta ahora, ese blindaje que me protege contra el dolor, pero que tampoco deja que el amor se acerque demasiado, porque lo primero que hará es espantarlo. Y sé que eso lo lograré poco a poco. Tampoco me apuro. Tiempo al tiempo.

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