Cambios radicales

Empecé este blog con muchas ganas, con un espíritu festivo y sumamente emocionada como parte de mi proceso de cambio. Me separaba de mi esposo luego de casi 10 años de estar juntos. Me refiero a la separación de cuerpos porque seguimos siendo amigos y compartiendo cosas. Pero para mí se iniciaba una etapa completamente nueva en cierta forma. Nunca antes había salido con mujeres en plan romántico ni nada de eso. Para mí todas eran mis amigas.

 

Cuando decidí empezar mi vida lésbica, porque sentía que ya no podía más, y me aventuré en un mundo desconocido para mí, lo hice muy feliz, llena de ilusiones, realmente pensaba que las mujeres sentían diferente, vivían las cosas de un modo más especial, que eran mejores en cierto sentido. Y no digo que no lo sean, sino que somos muy parecidos mujeres y hombres, tenemos las mismas taras sentimentales, los mismos complejos, los mismos traumas que condicionan nuestras emociones.

 

Una amiga, a quien quiero mucho, me dijo que el blog era como una droga para mí, y es cierto, lo necesito porque a veces me hace sentir bien, y lo odio porque a veces ocurre todo lo contrario. Y esa ambivalencia me hace daño. No quiero seguir con algo que quiero y me lastima a la vez. Tengo estos sentimientos tan encontrados desde hace unos meses y no me los puedo sacar de encima. Trato, pero no puedo. Me gustaría arrancármelos de un tirón pero por el momento parece muy complicado.

 

Otra amiga, a quien también quiero mucho, me dice que ya aburro con tanta queja, que de una vez piense con la cabeza fría o mejor me mate (eso era una broma claro). Y también tiene razón, si hasta yo me aburro de mí misma, qué será de las pocas chicas que aún me leen.

 

Yo sé que el tiempo lo cura todo, que la mayoría ha pasado por esto y no ha muerto. Que las cosas se superan. Que el dolor pasa. Que uno vuelve a sonreír, a divertirse y a ser feliz. Pero para que esto suceda se deben dejar atrás las cosas que te siguen llevando al estado en que estás. Porque sino sigues con lo mismo, adicta a sensaciones que solo te generan infelicidad. Y ya no quiero más. Así que dejo esto. Ya no pienso escribir nada en el blog. Ahí queda. Este es mi primer cambio, ya vendrán otros. Más lentos, pero más necesarios.

 

Espero volver algún día muy lejano con otro blog, más anónimo quizás. Y me reafirmo en que el amor es una mierda, pero el orgullo es una mierda peor.

 

Adiós.

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