Domingo

Hemos caminado interminablemente buscando un sitio en donde dormir. Solo dormir. Ambas estamos cansadas, muy cansadas. No hemos dormido toda la noche. Son las siete de la mañana y seguimos en la calle. Salimos a las seis de la disco y seguimos andando. Parece que encontrar un sitio un domingo es casi imposible, todo el mundo quiere tirar los sábados. Todos los sitios están llenos. Ya casi nos damos por vencidas. Decidimos que será el último sitio en dónde preguntar. Si no hay nada cada quien se quita a su casa. Yo solo quiero un sitio en donde orinar y luego dormir. Nada más. Creo que ella también.

 

Vemos ese toldito horrible que tienen los hoteles más misios de Lima. Nos acercamos. Estamos cerca del Museo de Arte, por Paseo Colón. Filas de pirañas pasan por nuestro lado pero sorprendentemente no nos hacen nada, ni nos dicen nada. Cada vez estamos más cerca. Casi camino dormida.

 

La señorita que nos recibe dice que sí hay lugar. Nos alivia saber eso. Le da la llave a ella, con el control remoto. Veo el número: 206. Me dirijo hacia la puerta. Está sin seguro. Entro. Ella viene después. Lo primero que hago es entrar al baño. Tengo que expulsar toda la cerveza acumulada a lo largo de la noche. Salgo. Ella está sentada en la cama mirándome. Me parece ver una sonrisa en su rostro. Trato de no mirarla. Esas situaciones me ponen tensa. Toda la timidez que se había ido vuelve en ese momento y simplemente busco la forma de huir, pero sé que es imposible, ya estamos ahí, solo debo esperar.

 

Ella sigue sentada mirándome. Su cabello castaño cae suavemente sobre su rostro. Tomo el control remoto y prendo la tele. Pongo el canal de música, lo cual tiene dos funciones: distraer para quitar la tensión y no escuchar ruidos extraños. Me saco las zapatillas, pero no las medias (me da frío). Me echo en la cama y me tapo con la frazada. Escucho su voz: ¿vas a dormir con pantalón? ¿no te incomoda? Me levanto y me lo saco (la verdad sí me incomoda, pero no quiero que piense nada). Me vuelvo a echar. ¿Vas a dormir con brassiere?, vuelvo a escuchar, porque yo no puedo. Lo pienso un rato, yo tampoco puedo, me lo saco y lo guardo en mi mochila. Suficiente, pienso.

 

Giro y le doy la espalda. Escucho que ella se saca el pantalón y se echa a mi lado. Siento su cuerpo acercándose. Siento su respiración en mi cuello. Pero no me toca. Su sola respiración hace que me humedezca. Me pregunto a qué hora me comenzará a acariciar. La ansiedad hace que me excite más, pero no me muevo. Sigo esperando. Sorpresivamente todo el cansancio y las ganas de dormir se me han quitado. Solo deseo que me toque de una vez.

 

Ahora sí siento sus manos. El deseo es casi desesperación. Sus manos realmente saben por dónde van. Conoce el tiempo justo en el que deben seguir acariciando cada parte de mi cuerpo. Sus caricias se hacen cada vez más intensas. Nuestros cuerpos están casi completamente pegados. Se mueven a un mismo ritmo. Nos deslizamos por las sábanas como pequeñas serpientes muriendo de calor.

 

Giro esta vez hacia ella. Nuestras bocas se encuentran y no quieren soltarse. Su lengua se ha convertido en un delicado instrumento de dominio. Me incita a desear cada vez más. Recorre mi cuello y mis hombros. Parece que no se cansara nunca. Luego baja hacia mis senos. Los absorbe con placer. Con una desesperada fruición. Como si no pudiera vivir sin ellos. Como si fuera lo único que había estado esperando para quedar rendida ante mí. Pero sus labios siguen bajando. Lo que ella hace es casi un culto hacia mi cuerpo. Un ritual lleno de erotismo y pasión. Y su lengua se hunde en mí y yo siento cómo esa desesperación que se albergaba en mi cuerpo va desapareciendo, se va escapando lentamente y me someto a ella y quiero más de sus labios y de su lengua y de su forma encarnizada de amar. Y quiero tenerla dentro por siempre, amándome, saboreándome, devorándome, consumiéndome. Llenándome de ella, de su cuerpo y de su alma. Y quiero que su olor sea mi olor y no se vaya nunca de mi piel. Y que su saliva no se seque. Y que sus labios no se aparten. Y que su mundo siempre gire alrededor de mí como si yo fuese el sol y ella la tierra.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s