Entrevistas de trabajo

Aprovechando que estoy de vacaciones y para dejar un poco la vagancia general fui a dos entrevistas de trabajo para dos editoriales conocidas.

 

En la primera pedían un corrector de estilo. Fui con mi CV y de lo más informal, con mi polito, mi jean y mis zapatillas viejas porque, supongo yo, que al final de todo pesará la inteligencia sobre la apariencia (qué pretenciosa eh). Además, no me interesaba vestirme (o mejor sería decir disfrazarme y comenzar siendo insincera en donde se supone podría trabajar) cuando no necesito de ningún tipo de ropa especial para hacer el trabajo que se supone debo hacer. Así que fui como me visto siempre. Me recibió el editor general, revisó mi CV, conversó conmigo, me hizo algunas preguntas y me tomó un examen. Terminé el examen, se lo entregué y me dijo que me llamarían (la clásica). Me despedí y me fui. 

 

Luego fui a la siguiente editorial. Me entrevistó el gerente, me hizo bastantes preguntas sobre mis fortalezas y debilidades, yo estaba coloradota porque aparte de haber caminado un montón para encontrar la dirección, hacía calor y yo siempre soy medio rochoza. Y estaba ahí sentada en la oficina respondiendo las preguntas del tipo, también me tomaron un test. Cuando terminó me dijo que vaya a otra oficina a que me hicieran otra prueba. Fui, estaba a unas 10 cuadras. Ahí me recibió la editora general que me explicó lo que tenía que hacer: redactar como condenada. Me tomó la prueba y me dijo que me llamaría (lo de siempre).

 

En eso estuve perdiendo mi tiempo un día entero y no pude ir al mhol (pipipipipi), al día siguiente me llamaron de las dos editoriales. La primera me dijo que había pasado la prueba y que fuera inmediatamente, la segunda me dijo que me acerque apenas me desocupe.

 

Voy a la primera, me dicen que hice muy bien el examen, que mi CV es muy bueno, que todo chévere y bonito y que el puesto era mío. Yo estaba esperando escuchar las condiciones de trabajo, pero nada. El editor sonreía como si me hubiese ganado la lotería. Me pregunta: ¿algo que quieras saber? Si, le digo (como quien no quiere la cosa), el horario es? De lunes a viernes de 8 a 5 y los sábados hasta el mediodía. Bueno, hasta las 5 normal porque como está en el centro de Lima llego en media hora a la universidad cuando comiencen las clases. ¿El sueldo? El pago es de 600 soles, pero a los tres meses entras a planilla con todos los beneficios de ley.

 

Yo pensaba, asu, 600 soles, mierda, qué miseria, y voy a matarme leyendo cuchumil libros hasta que mi cerebro esté seco por 600 lucas que realmente no serán 600 porque entre pasajes y comidas (3) se me irían 200 y neto solo tendría 400 y por esos miserables 400 me voy  a matar todos los días, ver poco a mi hija y estar con los estudios siempre a medias?  Nica.

 

El editor me ve pensativa y no percibe en mi rostro muestras de alegría desbordante sino de ¿qué michi sigo haciendo aquí? Así que me pregunta si estoy de acuerdo. Le digo que no, que el sueldo me parece muy poco. Me dice que hay unas cinco personas más que esperan tomar mi lugar (como diciéndome que estoy desperdiciando la gran oportunidad de mi vida). Le digo que quizás ellos necesiten el trabajo en forma más urgente que yo así que no tendría ningún problema en dejarles el trabajo a ellos (la crisis pues). Me levanto para despedirme, el editor también se levanta. Le doy la mano y le digo que cuando decidan subir los sueldos me pase la voz. No me dice nada. Salgo.

 

Voy a la otra editorial. Ahí pregunto por el horario a la editora: de lunes a viernes de 8 a 6 y los sábados hasta el mediodía. ¿De 8 a 6? ¿ 10 horas? ¿eso no es ilegal? ¿no se supone que son 8 horas de trabajo? ¿en dónde están los derechos humanos? Y el sueldo, pregunto. El sueldo es de 800 soles. Uhmm, 800 soles que neto serían 600 por gastos en movilidad y alimentación. 600 por 30 días de trabajo, ¿eso es 20 soles diarios? ¿no es una completa miseria? Niet.

 

Le digo que pensándolo bien, reflexionando así concienzudamente, no me parece redituable, es decir, que el gasto en tiempo y el gasto intelectual no se condicen con lo que me van a pagar. Es decir la inversión en tiempo y esfuerzo, el sacrificio de mis estudios y del cuidado de mi hija, el cansancio y las pocas ganas de vivir que vienen después e todo eso no son equiparables a 800 lucas así que prefiero agarrar mi orgullo, meterlo en un pan, echarle limón y sal y comérmelo a diario antes que sentir que estoy siendo explotada (total, para eso no me he matado estudiando toda la vida).

 

Así que otra vez desempleada. Al día siguiente me llama el gerente de la segunda editorial y me pregunta que porqué no acepté el trabajo, si no me gustó el ambiente de trabajo o si la editora me dijo algo que no me gustó. Le dije que nada de eso sino que como es hasta las 6 y mis clases en la universidad comienzan a las 5 imposible que pueda aceptar, no quiero perder el año, y más aún si me falta solo este para terminar de una vez.

 

Me dijo que tenía otra propuesta para mí, y yo pensé o mi trabajo es muy bueno o están completamente desesperados o las dos cosas o ninguna. Me dice que trabaje free lance y por objetivos. De esa forma cada dos semanas podré ganar 500 soles si completo los objetivos. El trabajo lo hago en mi casa y a las horas que quiera con tal que cumpla con los plazos dispuestos. Me pareció bacán, cómodo y poco perjudicial para mí, y hasta iba a ganar más que si me encerraba en una oficina por 10 horas muriendo de sueño, cansancio y hambre porque ese es mi estado habitual, podía seguir estudiando francés e ir a mis clases de la universidad puntual sin faltar a ninguna de ellas. Entonces, acepté.

 

Tengo trabajo lero lero, y en mi casa, lero lero, y puedo dormir hasta tarde, lero lero, y el trabajo es papaya aunque es un montón pero papaya igual, lero lero y me pagan más que si estoy en oficina lero lero y puedo tirarme en mi cama cuando quiera lero lero y prepararme mi cafecito y recoger a mi hija del cole y prepararle su lechecita y su comidita, y ayudarle con las tareas lero lero y hacer mi voluntariado con los ciegos lero lero.

 

Parece que estoy contenta. Y es demasiado bueno para ser cierto, así que vamos a ver cómo va todo. Espero que bien, pero mi tendencia al pesimismo me jala como una especie de defensa para no terminar muy decepcionada con las cosas que suceden a mi alrededor. Ahora, a trabajar.

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