Primero

El lunes en el taller del mhol las chicas discutieron por el tipo de lesbiana que se supone debemos ser. Algo así como si somos respetables se nos respetará. En cambio si andamos borrachas, drogadas o acostándonos con un montón de mujeres o haciendo escándalo pues tendrían toda la razón de pensar mal de nosotras y considerar que somos unas enfermas anormales. Por suerte no todas piensan así, pero sí una gran mayoría. Y aquí el error empieza en el momento de querer establecer una norma de conducta para las personas.

 

En el mhol no se enseña cómo debe comportarse la gente ni mucho menos cómo deben vivir su vida. Las personas son libres de hacer lo que les dé la gana siempre y cuando, y eso siempre aparecerá, el prójimo no salga perjudicado. De ahí para adelante todo está permitido.

 

En todas partes se cuecen habas. Por un lado y por el otro hay gente buena y gente mala, pero cuando se hacen las leyes no se piensa en lo bueno o lo malo sino en lo que se considera justo dentro de una sociedad determinada (por eso pueden diferir tanto de un lugar a otro), y lo justo es que todas tengan los mismos derechos y los mismos deberes, sin importar cómo se comportan, visten o viven. Todas somos iguales ante la ley (se supone, aunque eso es una gran mentira). Y todas merecemos respeto sin importar el estilo de vida que se quiera llevar. No estamos para pontificar o para establecer reglamentos o crear manuales de buena conducta.

 

La segunda discusión fue: si eres un personaje público y con tu visibilización lésbica puedes ayudar a las lesbianas a sentirse más fuertes y a ganar más territorio, por qué no lo haces, se supone que por cobardía. Entonces algunas chicas dijeron que no se puede obligar a nadie a salir del clóset. Eso nadie lo niega, no se puede obligar a nadie a hacer lo que no quiere. Solo se están poniendo los puntos sobre las íes. ¿Por qué no revelan su identidad? Porque, primero, a nadie le importa; segundo, no quieren problemas (y en el Perú, ser lesbiana es un problema); tercero, no les da la gana; cuarto, tienen miedo. Y si eres una persona que ha triunfado, que ha ganado los títulos más altos, que académicamente eres lo máximo o que deportivamente ya alcanzaste tu cima, pues por simple y pura cobardía. Y no digo que esté mal, pero hay que ponerle nombre a las cosas de vez en cuando (y luego destruir ese nombre).

 

Y yo me agrego al grupo de las cobardes. No le digo a todo el mundo lo que soy, porque no quiero discutir, ni confrontar, porque me da roche, porque me evito problemas, porque mientras menos se enteren menos raro me miran, porque tengo miedo, porque soy una huevona que al parecer aún siente algo por lo que opina la gente de mí. Y no debería serlo, no debería sentir nada malo por esto porque ser lesbiana o bisexual o lo que sea no es nada malo, eso yo lo tengo muy claro, y además soy muy feliz sabiéndolo. Pero como muchas sabemos: las palabras destruyen, y no me gusta ser destruida. Y necesito un proceso aún un poquito largo para poder soportar las palabras (ya me lo dijo el psiquiatra).

 

Hace poco salió el Chato Grados (el cantante folclórico) por televisión a decir que había ganado el juicio por difamación que le interpuso a otra cantante que lo había llamado mentiroso y homosexual. Estaba feliz enseñando la sentencia en la que seguro decía que no era mentiroso ni homosexual. No sé cómo habrá corrido ese juicio, pero si llamarte homosexual es difamar que miedo (y vergüenza) me dan algunos jueces en el Perú, que no saben que ser homosexual no es un insulto ni una mella en el honor de nadie.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s