No soy nada pero trato de serlo todos los días

El martes a las 8 de la noche en el ccespaña las chicas del colectivo Post-Op realizaron una conferencia sobre su trabajo. Lo que ellas hacen es desestabilizar las categorías imperantes en la industria pornográfica buscando alternativas no jerarquizantes ni normativas.

Al salir de las categorías establecidas y de las reglas pautadas para cierto convencionalismo pornográfico que genera millones de dólares y no quiere arriesgarse a cambiar (para que arriesgar si se gana bien), realizan un porno radical, con un discurso antihegemónico, tratando de excitarte con aquello a lo que no estás acostumbrado, con situaciones abyectas o desagradables, con monstruosidades y depravaciones (para la moral convencional), pero más que excitarte, que imagino que debe ser uno de sus objetivos, es crear otro tipo de pensamiento, un pensamiento no lineal, un pensamiento discordante en donde lo principal sea cuestionar todo: las categorías hombre-mujer, gay-lesbiana-trans, belleza-fealdad, el sistema sexo-género, activa-pasiva, los roles sexuales. TODO.

Su visión es bastante queer aunque ya no quieren entrar en lo queer, ellas serían postqueer, porque ser queer también te categoriza y te da unas formas establecidas de comportamiento. No querer ser nada y salirse de los nombres te haría renunciar a tus enunciaciones pero no a la de los otros. A mí no me queda otra que llamarlas queer porque yo soy la otra. Cuando a mí me llaman lesbiana, marimacho, machona, lesba, leca, lexere, pasiva, activa, bisexual, queer o loca yo siento que no soy ninguna de esas cosas, pero cómo convenzo al otro de que no lo soy si estoy siguiendo ciertas pautas de conducta que reflejan mi interior así no quiera y ese reflejo tiene lamentablemente un nombre para él/ella que yo siento que no me pertenece, pero que se me otorga.

Está claro que políticamente soy hembra, soy mujer, soy madre, soy lesbiana, soy bisexual, soy queer. Pero interiormente no soy NADA más que un manojo de sentimientos y emociones envueltos en sangre y piel que prefiero que sea llamado cuerpo y que a ese cuerpo se le dé la única categoría que acepto (rompiendo mis principios) de “ser humano” (aunque a veces soy bien animal).

Porque eso de hembra no sé lo que es, ¿será andar con un macho?, que te preñen y luego cuidar a la cría hasta que crezca y luego otro macho o el mismo macho te preñe otra vez, y así hasta vieja y cuando ya no sirvas de nada, seguir con el mismo macho por costumbre o compasión o necesidad, o simplemente irte a morir a algún lugar lejano.

Y qué es ser mujer, seguir ciertas pautas de conducta establecidas no sé por quién que me dice cómo debo sentarme, hablar, enamorarme, sonreír, contestar y comportarme. Que me obliga a desear a cierto tipo de personas y a formar con esa persona una familia que se reproduzca y seguir manteniendo la unidad económica vital de la sociedad (y la mujer también oprime a la lesbiana en tanto que no la acepta como mujer de “verdad” según sus cánones de conducta).

Y ser madre me enmarca dentro de esas convenciones que deben cumplir la madres que es hablar con otras madres sobre temas que no me interesan para nada, y un montón de pequeños detalles de los que trato de alejarme porque me enferman, y ni siquiera deseo escuchar a la profesora, pero lo hago solo para discutirle sus ideas cerradas (y la categoría madre subalterniza a la categoría no-madre haciéndola sentir incompleta y no realizada)

Y ser lesbiana me confina al hecho de que solo me gusten las mujeres que sí siguen su rol establecido por la sociedad, porque se supone que me deben gustar las “mujeres” (entonces, la lesbiana también oprime a las mujeres por medio de su idealización de mujer y de lo que quiere de ella).

Y ser bisexual ¿me confina a que me gusten los hombres heteros y las mujeres lesbianas?, o ¿los hombres gays y las mujeres de “verdad”?, o ¿los hombres heteros y las  mujeres heteros?, o ¿los hombres gays y las mujeres lesbianas? o…

Y ser queer me obliga a no ser ninguna de esas dos categorías fuertemente arraigadas que son la de hombre y mujer, pero también me obliga a no ser parte de esas dos categorías en proceso de empoderamiento que son gay y lesbiana. Me obliga a buscar un discurso neutral en donde no se manifieste mi género ni mi sexo, pero a la vez me obliga a asumir algo que está en el dentro y fuera de todo y que no carece de neutralidad sino que está cargadísimo de sentido político. Me obliga a manifestar mi feminidad solo cuando es políticamente relevante y manifestar mi masculinidad solo cuando es políticamente importante y a manifestar mi “neutralidad” de género cada minuto de mi vida.

Ser queer me obliga a ser políticamente radical y a ser discursivamente subversiva, todos los días, en todas partes.