Apuntes

Después de mi clase de Chino hice tiempo un buen rato para poder estar en la conferencia sobre diversidad familiar y madres lesbianas que organizaba gpuc-guds.

Invitaron al sociólogo Giancarlo Cornejo, quien es el que hace el Taller sobre Judith Butler (al que voy cada dos viernes); a Susel Paredes, abogada y activista del movimiento lésbico; y a Claudia Montalvo, quien es una madre lesbiana, es decir, conforma una familia de dos madres lesbianas y un hijo que nació dentro de esa unión (porque madres lesbianas debe haber un montón, conozco a varias, yo mismo soy una). Ella y su esposa serían el modelo prototípico de familia conformada por dos madres y un hijo.

Estuvo bastante entretenida, fueron bastantes alumnos, el salón estaba lleno. Yo estaba con mis amigos E y L, vi a varias chicas conocidas y pude observar como se va gestando un movimiento activo y combatiente dentro de una universidad que no se caracteriza por la pluralidad de pensamiento frente al tema homosexual.

Me sorprendió un poco que uno de los organizadores pidiera que no se hagan comentarios que puedan molestar a los invitados, lo que estaba un poco fuera de lugar, aunque quizás había pasado antes, quién sabe, y mejor es prevenir que lamentar. Pasaron los resultados de una encuesta que realizaron y dieron inicio al evento.

Empezó Giancarlo, y a mí me gusta mucho cómo expone sus temas porque rompe con algunas normas que se supone uno debe seguir en determinados actos, en este caso, un acto académico, en donde se mantiene frente al público una actitud de autoridad y de cierto poder (que da el conocimiento), con una ropa determinada y una voz neutralizada en el sentido de que solo hay dos voces (hombre o mujer).

Él es muy sencillo, enrojece con facilidad, es afeminado, usa palabras que “académicamente” no se usarían como: maricón, machona, culo, tirar, etc., y siempre está tan metido en su tema que no se fija en el tiempo, lo que hace la exposición muy espontánea.

Lo que puede resultar chocante a primera vista a un público no habituado a este tipo de presentaciones es que una “loca”, como a él le gusta llamarse, maneje argumentos y herramientas de las ciencias sociales con una soltura que solo lo da el conocimiento profundo del tema y lo exponga performando su feminidad y haciéndola obvia. Yo creo que lo hace con una intención política muy fuerte que es la de romper estereotipos académicos y de género.

Él argumentó cuatro cosas:

1. “Hay tantos niños abandonados en el mundo que se abre la posibilidad de darlos en adopción a parejas de gays y lesbianas de clase media para que puedan cuidarlos”. Esto nos lleva a repensar lo que se está confrontando con esta afirmación: que la pareja heterosexual biparental es la ideal y que, en su defecto, y solo en su defecto, es posible que otro tipo de parejas puedan tener o adoptar niños. Lo que nos lleva siempre a vivir bajo un sistema heteronormativo que permite y tolera la existencia de otras formas familiares, pero siempre haciendo hincapié en que no son lo correcto, lo bonito, lo normal, lo convencional, lo bueno. Romper con esos esquemas es trabajo de nosotros.

2. “Un niño que vive con padres gays o lesbianas va a tener dudas sobre su sexualidad” (yo crecí con padres heterosexuales y siempre tuve dudas sobre todo, especialmente sobre la sexualidad). Que un niño tenga dudas sobre su sexualidad no debe ser un problema, es más, debería ser lo convencional, dar por sentado y no cuestionar debería ser un síntoma de que algo anda mal, darle la vuelta a las cosas y crear nuevas formas de conocimientos es lo mejor que podemos ofrecerles a nuestros hijos, que tengan dudas, que pregunten y que se sientan con la confianza necesaria para hablar sobre sus dudas es una garantía de que quizás estamos haciendo bien nuestra labor de padres.

3. La tensión entre el movimiento LGTB con el Estado. A la vez que le pedimos al Estado que intervenga en nuestras vidas cuando buscamos que legislen sobre nuestros derechos, también le pedimos que salga de nuestras vidas al inmiscuirse y querer legislar sobre lo que podemos hacer o no con nuestro culo (“lo que le meta y por dónde lo meta es mi problema”).

4. No todo vínculo debe ser biológico. Hay vínculos de amistad más importantes que los familiares. Los travestis, por ejemplo, forman comunidades que se convierten en familia para ellos, ya que muchos son expulsados de sus hogares (yo tenía una amiga que le decía “papá” y “mamá” a una pareja de lesbianas amigas y ellas le decían “hijo”, y a la pareja de ella “hija”, y tengo la ligera sospecha de que las cuatro conformaban en su momento una familia auténtica). La sociedad nos dice que no tenemos derecho a vivir, y nosotros, formando familias diferentes y diversas, familias que rompen las reglas de lo establecido y de lo ideal o de lo prevaleciente le respondemos que la vida sí es posible, que los márgenes no son tan invivibles, que se puede ser feliz a pesar de todo.

 A todo esto se suman dos argumentos implícitos:

1. Lo peligroso que es caer en la reidealización de la madre y asociarlo al cuerpo femenino.

2. La creencia de que solo puede haber vida en marcos heterosexuales. Asociamos la vida, lo bueno, lo reproductivo a la heterosexualidad, y la muerte, lo malo, el sida a la homosexualidad.

Y una frase que me quedó grabada: “Yo soy un hombre heterosexual porque deseo a la mujer que jamás quisiera ser” 

En un momento, una de las conferencistas preguntó quién tenía más de 25 años, y mis amigos me miraron para que levantara la mano, pero no quise; luego preguntó si había alguien que era madre o padre, y de nuevo me miraron para que levantara la mano, pero nada; también preguntó si había alguien heterosexual y ahí era imposible que levantara la mano, pero si hubiera preguntado si era homosexual tampoco hubiera levantado la mano.  Y no es una cuestión de miedo a reconocerme como una cosa u otra. Me sentí medio mutante siendo la única que entraba en dos categorías: mayor de 25 años y madre, junto a un grupo de gente muy joven. No es una novedad “ser” diferente, ni tampoco “sentirme” mutante, pero no me gusta “sentirme” diferente ni mucho menos “ser” mutante.

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