Un problema/Una solución

Las mujeres, las que fuimos construidas como tales, desde el inicio de los tiempos,  hemos liderado muchos tipos de revoluciones.

Desde las más elementales revoluciones domésticas, que aunque parezcan básicas fueron las más difíciles, como dejar de depender de un marido e ir a trabajar o hacer pequeñas empresas en nuestros hogares (lo que ya hacían muchas mujeres esclavizadas y que no entraban dentro de la norma burguesa), hasta las revoluciones culturales como la liberación sexual en la que la mujer tuvo acceso a métodos de anticoncepción y logró tener el control sobre la maternidad.

Desde las revoluciones educativas en las que se trató de lograr leyes inclusivas y la oportunidad de estudiar en las universidades para poder depender de nosotras mismas, hasta revoluciones históricas como la Revolución francesa (en la que miles de mujeres salieron con sus ollas a protestar porque sus hijos morían de hambre) o la lucha por abolir la esclavitud en la que una mujer anciana se negó a ser discriminada en un autobús  al no moverse del lugar destinado para los “blancos” (lo que desató una ola de sabotajes al racista sistema de transportes de esos tiempos en Estados Unidos ).

Pero así como hemos liderado valientemente todo tipo de revoluciones, y las lesbianas estuvimos en todas, casi siempre ocultas, casi siempre como feministas, así también hemos dado un paso atrás y hemos dejado que otros se lleven los laureles de nuestros sacrificios. Y hemos caído una y otra vez en ese tipo de situaciones. Hemos reproducido lo que buscamos destruir: la subalternidad.

Y seguimos educando a nuestras niñas y niños en ello. Existen más profesoras que profesores, existen más madres que padres, existen más mujeres que hombres. ¿Quiénes son las responsables de que las cosas sigan como están? Es una pena decirlo, pero somos nosotras mismas. Ocupando siempre el segundo lugar en todo, dejando que otros hablen por nosotras y tomen las “decisiones importantes” sobre nuestras vidas y nuestros cuerpos, educando a nuestras alumnas y alumnos, hijas e hijos, hermanas y hermanos  así, seguimos reproduciendo sistemas de dominación que nos llevan al mismo círculo vicioso: esconder nuestra voz, bajar la mirada y asentir, cuando por dentro la lógica nos dice que no es así y la realidad nos dice que están equivocados, porque el miedo nos impide hablar, porque el temor nos detiene la mirada, porque el pánico maneja nuestros cuerpos.

Y si este tipo de situaciones pasan en Lima, la capital, qué cosas no pasarán en provincia, a qué maltratos no verán sometidas nuestras hermanas de Puno, de Huancayo, de Cerro de Pasco, de Iquitos. Ellas son aún MÁS invisibles que nosotras, las limeñas, que somos invisibles.

Porque cuando una mujer quiere transgredir se le detiene, se le dice que no lo debe hacer, pero no porque esté mal, sino porque es mujer. Y no nos lo dicen solo hombres, también nos lo dicen nuestras abuelas, nuestras madres, nuestras hermanas, nuestras profesoras, nuestras amigas, nuestras parejas, nuestras mismas compañeras de lucha. Un pequeño ejemplo de ello, sucedió la noche de la Romería contra los crímenes de odio. Cuatro gays llevaban un ataúd en el que simbólicamente cargábamos a todos nuestros muertos, ninguna lesbiana pudo cargar ese ataúd, ningún travesti fue invitado a cogerlo y ser parte de esas muertes,  a pesar de que son ellos los que más mueren.

Este sábado, que es la Marcha del Orgullo, algunas lesbianas hemos decidido  hacer una performance para mostrar a todos aquellos que logren ver el recorrido, que a nosotras se nos discrimina, se nos insulta, se nos humilla, se nos golpea y se nos mata, y que esas historias son ocultadas por TODOS.

Algunas lesbianas hemos decidido dejar de ser una SIMPLE COMPARSA que va detrás de las carrozas de las discotecas y convertirnos en una HERIDA ABIERTA que duela y que cause dolor y repulsión.

Algunas lesbianas hemos decidido decirle ADIÓS A SER LA COLA que va detrás de tanta payasada y convertirnos en REFORMULADORAS  de nuestras propias vidas.  

Algunas lesbianas hemos decidido forjar un NUEVO TIPO DE PARTICIPACIÓN que no sea solo caminar y corear lemas, que no sea solo ver como bailan y cantan otros, sino también ser la LLAGA ARDIENTE que hace que te des cuenta que estás viva.

Algunas lesbianas hemos decidido ser las actrices principales de nuestras propias luchas y NUNCA MÁS las secundarias, NUNCA MÁS las que se dejan ganar el papel, NUNCA MÁS las que se ponen a un lado, NUNCA MÁS las que corren detrás de otros.

Hemos decidido mostrarles a todos una REALIDAD que se cuece y se oculta entre lentejuelas y nalgas cimbreantes, entre vestidos de luces y maquillajes recargados, entre música electrónica y cuerpos semidesnudos.

Hemos decidido mostrarles a todos aquellos que quieran ver, que todos los días MORIMOS un poco, cada vez que OCULTAMOS a nuestra familia el nombre de nuestra pareja, cada vez que cambiamos el nombre de ELLA por el de él, cada vez que buscamos la OSCURIDAD para besarla, cada vez que tenemos que reunirnos en una discoteca de ambiente, en una asociación para lesbianas, en un cuarto cerrado, en un baño público, detrás de un muro, al fondo de un bus, para tomarle la mano y demostrar nuestro afecto, porque en todos los espacios públicos se nos repudian, porque la luz se nos está prohibida, porque las miradas nos matan, porque las palabras nos destruyen, porque la vida no se ha hecho para que nosotras la habitemos.

Algunas lesbianas hemos decidido mostrar nuestro ORGULLO, sí, pero también mostrar una HISTORIA cargada de injuria, vergüenza y opresión, que no debe quedar en el olvido, que no debemos permitir que se invisibilice.

Algunas lesbianas hemos decidido mostrar los límites precarios en los que se nos permite vivir, porque la MEMORIA es tan importante como el orgullo, porque lo que nos causa vergüenza y dolor y nos ha constituido como seres que no importan y que no merecen ser llorados, también puede transformarse en un movilizador que haga de nosotros seres comprometidos y felices, porque soñamos con un mundo mejor.

Algunas lesbianas hemos decidido ser dueñas de nuestros propios cambios, hemos decidido arrojar nuestros cuerpos al suelo, hemos decidió mancharnos de sangre, hemos decidido MORIR para que otras VIVAN.

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2 comments

  1. Lucia · junio 26, 2009

    ojala y no les echen agua… y eso de morir? a ver, te quiero ver… y yo soy lesbiana pero prefiero vivir en paz… saludos…

  2. exploradoralunar · junio 27, 2009

    Hola Lucía, espero que me echen agua porque voy a estar sudando después de tanta marcha y tanto tirarme al piso. Ojalá puedas ir y me veas morir ps. No sé cómo es vivir en paz para ti. Yo no puedo vivir en paz viendo tanta discriminación y tanta violencia a nuestra comunidad, y tanta indiferencia y dejadez de nuestra propia comunidad también. Si tú puedes vivir en paz con eso, está bien, qué bueno, uhmmm… ¿tienes corazón?

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