Marcha, marcha

Esta fue mi segunda marcha del orgullo (disculpen que escriba con tanta tardanza, fue el 27, pero no he tenido mucho tiempo).

Volví a leer  la primera (junio del 2008) y no he cambiado mucho, igual que el año pasado después de la marcha terminé medio muerta, pero ahora con dolor de espalda. Estuve con las chicas del Mhol e hicimos la performance tres veces: la primera creo que saliendo del Campo de Marte, la segunda por Paseo Colón y la tercera frente al Sheraton.

En la primera no pude contener la risa, y creo que ninguna chica, porque era la primera vez y era un poco adrenalínico todo, luego ya nos habituamos y lo hicimos mejor.

Yo iba de un lado a otro porque tenía que hacer la performance y estar con Versiones, mi grupo de la U, que también se animó a participar en la marcha, y yo orgullosísima porque estamos haciendo en actos lo que decimos en el discurso. Y además que vaya un grupo LGTB a nombre de la UNMSM pues me hace saltar hasta el techo. Nosotros estábamos detrás de LGTB Legal y al costado de Derecho LGTB, que es el grupo universitario de la San Martín. Detrás venía la GPUC-GUDS que eran un montón considerando que de la San Martín eran unos 6 u 8 y de San Marcos éramos 8 o 10.

Casi culminando la marcha, M me presta su megáfono (que terminó hasta el perno) y yo grité San marcos, y todos: PRESENTE; Católica, PRESENTE; San Martín, PRESENTE; Universitarios, PRESENTE; hasta que se malogró el megáfono. Cada vez que lográbamos arreglarlo seguíamos gritando.

Luego se acercaron unas chicas y nos dijeron, griten por la de Lima también, así que lo hicimos unas cuantas veces. Luego se acercaron varias chicas de Villarreal, y nos pidieron gritar por su universidad, así que también lo hicimos.

Espero que el movimiento universitario LGTB se consolide con el paso del tiempo, lo de la marcha fue una muestra de que los jóvenes ya no tienen miedo de expresar sus sentimientos y pareceres, ni hacer de su vida una cuestión política que mueva un poco los pesados fardos del sistema que nos han agobiado las espaldas por tanto tiempo.

Lo que hacen hoy los jóvenes repercutirá en el futuro hacia niñas y niños, ya que son uno de los sectores que más sufren la violencia discriminatoria en una sociedad homofóbica, y son los que menos formas y oportunidades tienen de defenderse ya que, en muchos casos, es en su misma familia donde se ejerce esta opresión. Encontrar una niña o niño gay, lesbiana, bisexual, trans que haya pasado una infancia feliz con su identidad sexual evidente, conocida y aceptada, es encontrar una aguja en un pajar. Todos nosotros hemos sufrido muchas formas de violencia externa o interna, ajena o propia por sentir lo que sentimos. El movimiento de los jóvenes me hace tener esperanza de que esto pueda cambiar.

Y lo de la performance fue muy interesante porque creo que nadie ha hecho esto antes, una escenificación de la violencia, y ya son 8 marchas. La violencia que se ejerce sobre las lesbianas muchas veces es invisibilizada o no se quiere creer que es violencia. Mantener en secreto el amor que sientes por una mujer en la casa, el trabajo o la universidad es violencia; no poder decirle a tus padres porque te llenas de vergüenza es violencia; que tus padres te digan que los has decepcionado, es violencia; que te fuercen a ir al psicólogo a ver si te arregla, es violencia; no poder decirle a tus hijos que amas a una mujer es violencia; tener miedo de que dejen de pagarte la universidad o te boten a la calle por tus afectos, es violencia; temer las miradas, los cuchicheos, los chismes a tu alrededor, es violencia; que te miren mal o se burlen por tu “secreto” es violencia.

Esos pequeños actos de violencia nos conforman como seres humanos ilegítimos, y nosotros seguimos permitiendo esto todos los días. Lamentablemente aún no construimos formas de cambiar este tipo de actitudes, nuestras razones son muchas, nuestros temores son ciertos.  

Y sobre la performance, sería bueno que los travestis hagan algo así, y no sé porqué estoy tan traumada con los travestis y trans, pero creo que ellos sufren el triple de lo que sufrimos muchas de nosotras que podemos camuflarnos en la sociedad como mujeres convencionales.

La mayoría de travestis solo tiene dos o tres alternativas de trabajo (estilista, bailarina drag o prostituta), la discriminación se hace completamente patente en ellos.

Recuerdo que en una reunión con mi grupo una chica dijo que detestaba a Eliane Karp. Entonces, yo, para dar la contra, dije que me parecía admirable, que es difícil encontrar mujeres así, tan confrontacionales y que les importe muy poco el qué dirán. Me dijo que ella estaba queriendo que los pobladores ejerzan un racismo  a la inversa cuando soltó la expresión: “los pituquitos (o blanquitos) de Miraflores”.

Yo le dije que era imposible que un “cholo” o un “negro” puedan ejercer racismo (o discriminación) a la inversa, porque su racismo no se podría estructurar como un sistema que va a ejercer un hecho patente. Pueden tratar de ser racistas, sí; pueden creer que lo son, sí; pero no es un racismo efectivo, el “blanco” enfrentado a ese racismo no se sentirá afectado en su vida diaria, no perderá un trabajo o se le cerrarán ofertas laborales, no se enfrentará a prejuicios y estereotipos que pueden afectar su constitución como persona o como ciudadano, no le pasará nada, siempre se sentirá superior o mejor.

El racismo (o la discriminación) estructura y constituye un sistema de poder que se concretiza en tus actos diarios, en tus prácticas sociales y lingüísticas. El racismo hace que existan ciudadanos de segunda clase. Nuestro lenguaje es racista, nuestro pensamiento es racista, nuestra perspectiva del mundo es racista, hemos configurado nuestras vidas bajo sistemas de opresión racistas. Aprender a entenderlo, aceptarlo y transformarlo es un trabajo lento y un proceso complejo. La mayoría de la gente no acepta ser racista porque sabe lo mal que se siente el racismo, porque lo ha vivido o porque sabe que es políticamente incorrecto, el racismo habita en el ciudadano más pobre y en el ciudadano más rico, en el menos “culto” como en el más “culto”.

Siento que pasa lo mismo con los travestis, el sistema de opresión que nos ha constituido hace que ellos sean seres sin valor, no importa en qué trabajen, no importa que no puedan vivir una vida buena, no importa que los maten. Este sistema está construido para no aceptarlos, para violentarlos, para aniquilarlos. ¿Ellos podrán ejercer una discriminación a la inversa? No lo creo. El sistema puede aceptar ciertas fisuras, pequeñas fracturas, pero siempre encuentra el modo de hacernos creer que estamos siendo aceptados cuando en nuestras vidas diarias sus formas de opresión se hacen patentes en nuestros cuerpos.

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