Yo, si, yo

Mientras me lavaba las manos para realizar mis femeninas labores dominicales, me llaman por teléfono, me dicen que es M y contesto:

– Hola V, quiero sugerir tu nombre como asambleista del Mhol.

– Ya, chévere (yo, como siempre, no me puedo negar a nada que me pida M, tengo cierta debilidad por la gente que admiro).

– Porque analizando fríamente la situación creo que tú estás preparada.

– Claro que sí (para algo debo estar preparada después de tanto tiempo de estudiar como condenada).

– Entonces así quedamos.

– Sipirili.

– Okas, nos vemos el lunes.

– Chauuuuuuuuu.

Así que tienen ante ustedes a una de las nuevas asambleistas del Mhol (aún no sé mucho de lo que voy a hacer aparte de participar en asambleas), pero me iré enterando en estos días.

Y me siento contenta, porque creo que me valoran, o valoran lo que hago, que viene a ser lo mismo, y también porque creo que es coherente con la forma en cómo he tratado de llevar mi vida (que creo que nunca fue mía).

Es decir, mi vida creo que nunca ha sido mi vida porque yo he estado muy distante de vivirme a mí misma por estar siempre pensando en los demás, y no es que me sienta la Madre Teresa, sino que yo lo veo como algo que casi tengo encarnado en mí (e imagino que mucha gente sentirá lo mismo).

Entonces, digo, mi vida, esta vida que he vivido, ha estado sujeta a otros, a pensar a otros, a pensar en otros, que no sean yo pero que están muy relacionados a cosas que he vivido.

Y  he movilizado mis decisiones hacia eso, estudiar Derecho en San Marcos a los 18 para luchar por la justicia (claro que me di cuenta que no servía ni para defenderme a mí misma), estudiar Geriatría para atender a mi papá porque ya estaba anciano y necesitaba ayuda especial. Cuando falleció estudiar para ser paramédico, para que otra vida no se me escape de las manos (ilusa yo). Luego, pensando en lo que me gustaba más en el colegio decidí volver a la U para estudiar lingüística y tratar de rescatar lenguas y culturas que se van perdiendo por la desidia del Estado.

Y así, pensando en otros casi nunca pensé en mí, en lo que yo sentía, y cuando decidí pensar en mí, fue cuando me aparecí una noche en la puerta del Mhol y decidí entrar (y así como en Criaturas celestiales, recordando charla anterior, yo sentí que entraba por fin al LUGAR para mí), y es ahí cuando realmente sentí que algo de mi vida comenzaba a pertenecerme por fin.

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