Cambios radicales

Ayer compré chicharrón para el desayuno, desperté a Cami, la senté en la mesa y no quiso comer. Le pregunté el porqué y me dijo que no tenía ganas, solo comió pan con mantequilla. Pensé que era su acostumbrado malhumor mañanero.

Al día siguiente compré jamonada. Otra vez no quiso comer. Me dijo que le preparara pan con manjar blanco. Se lo preparé. Esta vez sí me pareció rarísimo que no probara la jamonada porque es su preferida. Lo dejé pasar. A la hora del almuerzo le preparé pollo frito con papa sancochada. Veíamos televisión, obviamente dibujos animados. Y mientras yo me comía todo, ella ponía a un lado el pollo y solo se comía el arroz y las papas.

Ahora sí estaba extrañada. Le pregunté qué le pasaba. Y ella, con sus cinco años a la espalda, me dijo seriamente, que era vegetariana. Específicamente me dijo: ¿qué no sabes que soy vegetariana?

Primero me reí, no pude evitarlo. Luego me puse a pensar. ¿Tan chiquita y tomando decisiones tan drásticas? Por favor, ni yo puedo hacer algo así. He vivido toda (TODA) mi vida encadenada a la carne como a mi vida misma, la he buscado, la he saboreado, me he deleitado con ella sin pensar en nada más que en mi propio placer (¿en qué más podría pensar?).

Y viene esta chiquita a enrostrarme en la cara que algo que yo creo parte de mi humanidad me hace completamente inhumana. Que ella con apenas cinco años me diga a mí, una mujer de 30 que la vida que yo creo llevar no es una vida sana porque permito situaciones indignas. Bueno, no me dijo nada de eso, pero yo me lo imaginé todito solo viendo su miradita sobre mi pollo.

Y yo, que he repetido hasta el cansancio que ni por amor cambiaría (pensando claro en el amor de una mujer), me puse a pensar que podría cambiar por amor a mi hija. Y creo que es una buena edad para cambiar, mi desarrollo ya está completo, ya tuve una hija, ya he vivido lo suficiente como para permitirme cambiar pensando solo en lo bueno que puede ser cambiar a esta edad.

Pero, y siempre hay un pero (de ahí mi horrible inconstancia), pero no es un mal pero, yo creo que es un buen pero: no haré un discurso de mi nuevo intento de cambiar, simplemente lo haré sin tanto chongo. Cuando me inviten carne diré que no tengo ganas y me comeré la ensalada, o las papas o el arroz, y sé que será muy difícil para mí resistir con la tentación a mi lado, pero haré mi mayor esfuerzo. Y no lo voy a decir por lo siguiente:

El discurso de los vegetarianos me cae superchinche (imagino que por ser carnívora), pero aún así también creo que mi discurso queer debe caerle superchinche a la gente hetero (y hasta a la gente homo). Pero además, me cae chinche porque ser vegetariano es algo que se elige, es una decisión libre y completamente personal, ser lesbiana- gay-trans  no se elige, no creo que pueda existir esa probabilidad (aunque ahora casi todo es posible).

Y no sé, pero no he visto vegetarianos que se avergüencen de su elección, es más, los he visto muy orgullosos diciéndolo y eligiendo las comidas y haciendo que todos se enteren y defendiendo su elección y sintiéndose los más buenos del mundo porque representan la voz de los que no tienen voz (porque no hablan), pero sí he visto queers que se avergüenzan de sus deseos, que los esconden, que los niegan, que los reprimen, que los sufren y que quisieran encontrar una cura mágica para sentir lo que sienten.

Ese privilegio que ellos tienen de elegir y sentirse orgullosos de ello es lo que me cae más chinche, más allá de lo coherente que pueda ser su causa y sus motivaciones, que yo sé, estoy completamente segura, es buena y comprometida y casi tan loca como la nuestra: querer que no se dañe a los animales como querer que las personas LGTB lleven una vida plena y feliz. Defensores de causas perdidas.

A todo esto, en la noche fuimos a comprar unas cosas al supermercado con su papá, y él le compró una hamburguesa de pollo. Esperaba ver la misma mirada que me escaneó todita en el almuerzo y me hizo tomar una decisión tan radical (por lo difícil que será para mí). Pero no. Cami extendió lánguidamente el brazo, tomó la hamburguesa y se la comió. El vegetarianismo no se asomó por ningún lado.

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