graduación

El viernes 7 de mayo fue mi ceremonia de graduación, es decir, el acto simbólico en el que una se pone una toga y lanza el birrete para sentir que realmente ya dejó la universidad y ahora es una profesional. Las chicas que organizaron esta ceremonia le pusieron mucho punche ya que todos los demás se desentendieron del asunto y solo queríamos dar plata. Por suerte, el sueño de ellas de verse en una actividad así junto a sus familias logró que se llevara a cabo.

Hubo tres cosas que tuvimos que decidir solo por correo, porque la mayoría de nosotras trabaja.

  1. el nombre de la promoción
  2. quién daba el discurso final
  3. Con qué ropa ir

Para el nombre ganó Luis Hernán Ramírez, un lingüista reconocido en el medio “lingüístico”. Para el discurso final si hubo más lío. Se propusieron a dos chicas, pero solo una de ellas realmente se lo merecía y lamentablemente estaba ganando la otra en puntos. Por suerte una amiga y yo mandamos sendos correos diciendo dos buenas razones por  las que esta amiga se merecía dar el discurso y no la otra. Primero, porque había  ocupado el primer puesto en lingüística los cinco años de carrera; segundo, porque nunca había sido chupamedia de nadie, ni sobona, ni franelera. Ni siquiera se mostró nunca tan preocupada en los estudios, siempre relajada y cumplidora, demostró tener una gran inteligencia y capacidad. La tercera discusión era si iríamos con vestido o con otra ropa. La mayoría quería vestido, pero las mandé al diablo, no tenía la menor necesidad ni gana de disfrazarme. Yo fui con mi ropa normal y en zapatillas, al final varias querían tomarle fotos solo a mis zapatillas.

Pero esto no era lo que quería contar, sino algo que me sorprendió gratamente al momento del discurso central porque no me lo esperaba para nada e hizo que se llenaran mis ojos de lágrimas.

Con mi amiga, en los años de universidad, siempre habíamos hablado de temas de género, discriminación, sexualidad y, obviamente, de mi lesbianismo, fue a la primera en la U a la que le dije que me gustaban las chicas.

Pues la cosa es que en su discurso me mencionó, además de comentar varias cosas que conversamos en nuestros tiempos estudiantiles, aquí les copio un fragmento del discurso:

“Estemos orgullosos de haber estudiado en la Decana de América, en la única universidad peruana donde se reflejan todos los sectores sociales, así como creencias e intereses. San Marcos sí es parte del Perú; por ello, considero que cualquier movimiento crítico y  que repercuta favorablemente al cambio social, tendrá sus cimientos en San Marcos. San Marcos es más grande que sus problemas. Ningún otro recinto puede emanar, al mismo tiempo y contradictoriamente, libertad y compromiso como la nuestra universidad lo hace. San Marcos está abierto y arrojado al Perú.

Quiero aprovechar esta oportunidad para dirigirme a mis compañeros.  No temamos ser diferentes, no bailemos al compás de los otros, no seamos cómplices del desgobierno ni de  la mediocridad institucional. Cumplamos  nuestros proyectos. Seamos más críticos con nosotros mismos. Después de cinco años de estudio, no nos impongamos barreras. Todo depende de nosotros.

Espero sinceramente que muchas de las mujeres que se gradúan el día de hoy, destierren el machismo que lamentablemente aún impera en nuestra sociedad. Nosotras sí podemos, siempre hemos podido, démonos cuenta de ello. El simple hecho de estar aquí por haber concluido una carrera universitaria dice mucho de nosotras. No nos conformemos. Seamos las mejores.

Por otro lado, me gustaría dirigirme, especialmente, a una de nuestras compañeras.

Verónica: Esta graduación es una razón más por las que Camila debe estar orgullosa de ti. La educación que le das, que se caracteriza por la libertad y el respeto por los demás que le inculcas a tu hija, es un ejemplo para todos nosotros.

Pablo Macera dijo alguna vez que «San Marcos es anterior al Ejército, a la República y a los partidos políticos, y los sobrevivirá a todos». Merezcamos, día a día,  ser sanmarquinos; seamos los mejores, seamos diferentes. Que este acontecimiento sea un precedente para futuros reencuentros. Nuestra historia no acaba aquí”.

Cuando escuché lo que dije no pude evitar que se me llenaran los ojos de las lágrimas, fue una de las cosas más emotivas y emocionantes que me han podido pasar en toda mi vida. Y me alegró más que mi hija estuviera presente para que pudiera escucharlo ella misma.

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One comment

  1. jay · mayo 17, 2010

    hola hace un tiempo q te leo … solo no nos abandones muxo tiempo y ps cuidate creo q te dieron mis saludos en el mhol pero bueno un abrazo bye

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