por el bien de quién

Este año comenzó súper movido, la semana pasada me entrevistaron a mí y a Key para el periódico La República y también para un programa de televisión llamado Domingo al día, las dos entrevistas salieron muy bien y yo recibí muchas felicitaciones, pero a key no le fue tan bien como a mí, se ha metido en muchos problemas con su familia a pesar de que su mamá ya sabía.

No lo están tomando muy bien y key pasa todo el tiempo triste por la situación y yo no sé cómo ayudarla, y creo que al final lo termino empeorando todo.

No tengo soluciones a la mano, y menos para alguien que aún depende de su madre en cierta forma y que tomará todo lo que digo como inviable.

Lo que me da más pena es que gente que dice amarla la haga sufrir tanto, pero eso ya es otro cantar, ellos creen que lo hacen por su bien, pero cuántas cosas terribles se hacen creyendo que es lo mejor para nosotras. Y una termina luego con tantas cicatrices que tiene que renacer para volver a disfrutar o recomponer relaciones perdidas.

Lo único que les interesa es lo que ellos creen que está bien y siguen considerando a sus hijos su propiedad privada, cortándoles las alas y destruyéndoles el alma. odio la propiedad privada.

en el periódico

Verónica Ferrari y Keyla Arias – “La ley de unión civil es ambigua”

(Tomado de La Republica, 30-01-2011)

Esta es la historia de dos mujeres que se quieren y que son pareja desde hace dos años. Aún no viven juntas pero les gustaría hacerlo pronto. Por ahora trabajan y ahorran para lo que podría ser un futuro juntas, a pesar de que nada les garantiza que un patrimonio en común sea respetado por la ley. Una es Keyla Arias, quien al cumplir 18 le confesó a su madre que le gustaban las chicas. Dos años más tarde, Verónica Ferrari hacía lo mismo con su madre y hermanos. Había terminado una relación de ocho años con un hombre y sentía que era el momento de vivir como su corazón le dictaba. “Te escuchan, dicen que lo aceptan, pero no hablan de ello”, manifiesta Verónica, quien también es madre de una niña de siete años. Ella empezó a asistir a talleres para lesbianas en el Movimiento Homosexual de Lima y después de un tiempo se hizo parte de su equipo. Así conoció a Keyla, y un día cayó en la cuenta de que era “la chica” que ella quería.

 

Por María Isabel Gonzales

Fotos Rocío Orellana

 

Tomadas de las manos cuentan que decidieron “salir del clóset” en sus trabajos. Lo hicieron para evitarse los comentarios de sorpresa el lunes por la mañana, cuando sus compañeros de trabajo vean esta nota. Verónica es activista por los derechos LGTB y, aunque Keyla no siempre está involucrada, dice que para ser su pareja tuvo que demostrarle que lleva el activismo por dentro. Una tarde en la Plaza San Martín, al darle un beso un grupo de gente empezó a gritarles que se vayan de allí. “Nos dijeron que éramos unas pecadoras. Supongo que eran religiosos”, cuenta Keyla. Pero ahí no quedó la cosa.  Se acercaron dos agentes de serenazgo para pedirles que dejen la plaza. Ellas no hicieron caso y siguieron besándose. Acto seguido, las separaron y entre gritos tuvieron que irse.

 

Tras un episodio como ese, se dieron cuenta de que es urgente un cambio de mentalidad. Saben que una ley no tendrá un efecto inmediato pero podría ser un buen comienzo. Para ellas la unión civil que plantea Perú Posible sería una forma de acercarse al reconocimiento de sus derechos pero también sienten que sería una norma ambigua. “La ley deja entrever que somos extrañas, ciudadanas de segunda categoría que no tienen derecho a gozar a plenitud sus derechos, y por eso tenemos una norma especial que nos protege si se nos ocurre juntarnos. Lo ideal sería tener derecho al matrimonio como cualquier persona”, dice Verónica.