Cómo explicar

Empezaba a resolver mi vida otra vez. Ya sonreía, hacía chistes, me carcajeaba, planificaba. Trabajaba en el rompimiento. Me daba apenas un par de veces para pensar en ella. Vislumbraba salidas con chicas diferentes. Nuevas amistades, nuevos cuerpos.

Domingo, lunes, martes. Todo bien. Miércoles en la noche, cuando me reunía con una amigas para ir a la discoteca por el cumpleaños de una de ellas, me llega un mensaje: Solo quiero que me respondas esta pregunta. Eso es lo único que quiero. Respóndeme por favor. ¿Sigo siendo la mujer de tu vida?

¿Por qué me preguntas eso?, le respondí.

Por que ahora me doy cuenta que tú si eres la mujer de mi vida. ¿Yo sigo siendo la mujer de tu vida?

Sí.

Voy para allá, espérame.

Ok

Viene. Tenía una enorme sonrisa en el rostro aunque en el fondo se veía tristeza y temor. Fuimos caminando hasta un parque cercano. Me dijo que estos días se había dado cuenta que me seguía amando, que no podía dejar de pensar en mí, que cometió un error terrible, que estaba arrepentida, que la perdona, que le dé otra oportunidad, que prometía que todo sería como antes, que se sentí sola, que no quería vivir sin mí.

Escuchaba todo eso y en el fondo sabía que eso era lo que quería escuchar, pero igual no confiaba. Le dije que me resultaba increíble creerle luego de todo lo que había pasado. Que era una mentirosa, manipuladora, egoísta y maquiavélica. Qué realmente no entendía qué era lo que quería luego de echarme de esa forma de su vida. Que me resultaba imposible acercarme a ella, besarla, abrazarla. Que no creía que todo pudiera ser como antes. Que no me siguiera jodiendo la vida de esa forma.

Me dijo que siguiéramos conversando. Le dije que normal. Tampoco quería ser tan cruel. Me resulta imposible ser cruel con la gente que amo o que he amado. Le dije que quizás luego de la fiesta iba a su casa.

Llegamos a la disco con mis amigas. No estoy mi media hora cuando mi hermana me llama y me dice que Cami está mal, que vaya a verla. llego y Cami ya estaba dormida y ya estaba mejor. Me quedé sin fiesta, y sin conversación.

Al día siguiente ella me sigue enviando mensajes. Yo ya estoy más dispuesta a escucharla, a conversar, a tratar de recomponer situaciones que habían sido descompuestas.

Le dije que la amaba, que no le creía, y que no quería hacer ningún plan en el futuro. Pero que en estos momentos y en estas circunstancias aún la seguía amando.

Y desde ese día no hemos dejado de vernos.

Sobreviviendo

Hace tres semanas terminamos. Primero me dijo que quería una relación abierta. Obviamente, yo tenía que sospechar que luego de dos años la propuesta como que no encajaba. Al iniciar nuestra relación yo le pedí una relación abierta, y dos años después me la pide ella. Yo la pedí por una cuestión de principios. Ella la pidió por conveniencia. Se había enamorado de otra, pero a la vez no quería perderme.

Al inicio acepté. Ingenua de mí, no sospechaba nada. Luego me puse a pensar y pensar y era como si se me estuviera abriendo el cerebro de a poquitos. Traía a mi mente recuerdos, palabras, situaciones extrañas, sospechas nunca confirmadas.

Le pedí que me dijera la verdad, pero no quería. Sus amigas le aconsejaron que lo mejor era que me diga la verdad y lo hizo. Sí, le gustaba otra chica. No podía evitarlo, ella no lo había planeado de esa forma pero así había sucedido.

Me cayó como una bomba. Yo nunca antes había dudado de su amor incondicional. Podía dudar de cualquier cosa, de la vida misma, pero de su amor no. Y ahora me decía que su amor se dirigía a otra persona. Que había estado con ella alrededor de dos meses. Tiempo en el que me estuvo diciendo a mí las mismas palabras de amor que seguramente a ella también le decía. Y yo sin darme cuenta de nada, sin tener la menor sospecha. Yo hecha una completa estúpida.

La noticia me destruyó completamente. Literalmente quise morir, para no tener que soportar tanto dolor que sentí por dentro. Un dolor imposible de explicar, imposible de manejar, imposible de controlar. Quería desgarrarme por dentro, arrancarlo todo, sacármelo de encima y no podía.

Y las lágrimas que salían de mis ojos sin control, a cada instante, las 24 horas del día. Y las ganas de desaparecer, de dormir, de ser nada. Nunca antes había sentido una tristeza tan profunda como esta. Ni cuando murió mi padre.

Y hablando de él, recuerdo que cuando mi madre se separó de él y se fue con otro hombre, mi padre comenzó a adelgazar terriblemente, de un momento a otro el hombre que había sido mi héroe, ese hombre alto, fuerte, robusto, se convirtió en un guiñapo, en una sombra de hombre, en un pobre fantasma lacrimoso. Mi padre lloraba día y noche y usaba unos lentes negros que cubrían sus ojos. Por las noches mi casa se llenaba con la música de Javier Solís y de tangos desgarradores. El hombre sufría y yo nunca pude darme cuenta de cuánto, nunca pude ser un consuelo para él. No sé cómo mi padre pudo sobrevivir a algo así. Ahora, en estas circunstancias, me parece increíble su resistencia.

Volviendo a mí, la primera semana solo quería morir, pero tenía que ir a trabajar, seguir activando y cuidar de mi hija. No me dejaban morir. Pero la rabia y el dolor seguían perturbando mi vida. Vivía, pero vivía mal. Era una vida que daba pena.  Ella me seguía mandando mensajes en los que me decía que la perdone, que no fue su intención lastimarme, que aún me amaba, que quería conversar conmigo.

Yo sabía que llegaría el momento en que conversaríamos y estaba asustada. No quería escuchar de sus labios que ya no me amaba. Me parecía más insoportable aún tener esa certeza. Pero igual, luego de una semana, nos encontramos para conversar. Yo a ella la veía normal mientras yo era un desastre. Conversábamos y tomábamos unas cervezas hasta que llegó el momento en el que yo ya no pude más y le pregunté por qué.

Por qué me hacía esto. Por qué hizo lo que hizo. Si ella era mi vida. Para mí era mi familia, mi hogar, mi todo. Y ella había destruido todo lo que habíamos construido ese tiempo. Me había destruido a mí. Me había llenado de dolor y de miseria. Me había roto el corazón y perturbado el alma. Había destruído mis sueños, mis anhelos, mis esperanzas. Le dije que ya no tenía planes ni futuro ni nada.

Le dije que la odiaba. Que esperaba que se muriera. Que nunca debí haberla conocido. Que nunca debí haberla amado así como la amé. Que no se merecía nada. Ni una sola de mis lágrimas. Nada.

Y ella también lloraba, se disculpaba, lo lamentaba. Pero no daba marcha atrás. Esta chica le gustaba mucho y no quería perderla y prefería perder lo nuestro, porque sabía que si realmente nos amábamos, si realmente éramos la una para la otra, íbamos a regresar y ese regreso sería para siempre. Pero que ahora no podía hacer nada con lso sentimientos que habían nacido en ella hacia la otra mujer.

En un momento de la noche acordamos sortear el problema, intentarlo. Yo sabía que aún mi cuerpo estaba acostumbrado a su cuerpo. Que no podía dejarla tan fácilmente asi la rabia me consumiera. Y acepté la relación abierta. Pero solo sufría. Y ella veía que sufría y me dijo que no quería verme así. Que iba a terminar con ella. Que volvería conmigo y que trataríamos de arreglar lo que había pasado. Y así estuvimos una semana.

Creo que gracias a esa semana pude sobrevivir y le estoy agradecida por eso. Porque si me hubiera cortado tajantemente. Si me hubiera separado de su vida de una forma brusca y brutal, sin mirar atrás, sin darme un respiro, yo hubiera adelgazado tanto como mi padre, yo hubiera sido una muerta en vida. Pero ella me dio un pequeño soplo de vida, un soplo miserable, pero soplo al fin y al cabo. Esa semana tratamos de que todo volviera a funcionar como antes pero eso solo nos duró dos días, los siguientes eran recriminaciones, sospechas, dudas, mentiras, rencores, rabia, sexo. No podíamos ser felices. Yo estaba llena de frustración y revancha. Ella estaba triste y silenciosa.

No pude soportarlo más, le pregunté si extrañaba a la otra, me dijo que sí, le pregunté si preferiría estar con ella en esos momentos, me dijo que sí. Pero la respuesta era obvia, estábamos realmente mal. Le dije que yo la amaba, que no quería verla triste, y que realmente quería que ella fuera feliz. Que no estuviera conmigo solo por compasión, por evitarme sufrimiento, porque le daba pena. Que se tomara un tiempo para pensar, para reflexionar, para analizar sus sentimientos. Que volviera con ella. Que yo iba a sobrevivir. Y terminamos el mismo día en que yo iba a dar una conferencia en un hotel de Lima sobre movimientos sociales. Ahí frente al público yo no tenía corazón, yo era un cuerpo vacío hablando sobre movimientos despolitizados. Yo era un ser destruído hablando de una realidad destruída.

Eso fue un jueves, me di el viernes para llorar toda la noche. Para llorar todas las lágrimas que pudiera llorar. Para prometerme nunca más llorar de esa forma por ella. Y así fue. El sábado, el domingo, el lunes, el martes, el miércoles. Yo ya estaba acostumbrándome a vivir sin ella, aceptando la realidad, acogiendo la libertad que se me había entregado a la fuerza. Yo por fin podía respirar otra vez y comenzar a planificar cosas para el futuro. Por fin pensaba en el futuro, otra vez.

Y así pude sobrevivir, una semana de destrucción, una semana de agonía, una semana de reposo. Sin eso no sé qué sería de mi vida ahora.

Volverla a ver

Juré que el viernes sería el último día que lloraría, y lo estoy cumpliendo. Aunque el sábado estaba con los ojos reventados por la noche de llanto. Igual fui al MHOL para las nuevas elecciones, que se pospusieron para dentro de dos meses.

De ahí a la feria del libro en donde casi tengo una pequeña recaída, pero logré vencer las ganas de llorar. Quizás la alegría de ver tantos libros juntos, eso es una de las pocas cosas que pueden alegrarme hizo que pudiera distrajerme, aunque igual temo cuando llega la noche, sobre todo la noche del sábado me da pánico, porque me siento muy sola.

El domingo estuvo todo tranquilo aunque ya sabía que ella iba a venir para dejarme mis últimas ropas que dejé en su casa, conversamos un poco, yo la veía triste, me dijo que no quería hacerme sufrir, que no había planeado lo que pasó, que simplemente pasó, que estaba preocupada por lo que podía pasarme, que me emborrache y me vaya con cualquiera, que me tire frente a un carro y me mate, no lo sé.

Le dije que no se preocupara, que yo estoy bien, que sobreviviré, que no pienso morir de amor ni nada por el estilo, que no le guardaba rencor, que me gustaría que fuera feliz, que si realmente me quiere me deje libre, que me suelte de una vez, que no me siga haciendo sufrir con su presencia, que me evite la experiencia de verla a ella con la otra chica, que eso era lo único que quería, no verlas.

Hizo una broma que no me gustó y corté la conversación, ya nada tenía sentido. Seguir conversando era inútil. Quiso darme un abrazo de despedida pero yo no quise. En el fondo creo que no merece ningún abrazo mío, así que no sé si realmente he perdonando o aún guardo rencor.

Simplemente quiero que se aleje, que no me toque, que no me mire, que me evite su presencia y sus palabras.

Vida

Paso 1

Reconciliarse con ella (con la vida)

Cómo. Respirando hondo. Abriendo los brazos. Estirando el cuerpo

Volviendo a respirar. Lentamente. Despertarse temprano en la mañana. Darse una ducha. Ir caminando hacia el trabajo. Casi casi como quien no quiere. Aproximadamente 40 cuadras. Casi de noche por lo temprano del día. Escuchar música. Cantar. Sin nadie alrededor. Comprar unas zapatillas que realmente sirvan para correr. Si hay lluvia mejor. El frío ayuda a respirar. A olvidar.

Paso 2

Leer algo verdaderamente entretenido. Como los libros de Harry Potter ya fueron hace tiempo empezar la trilogía de Millenium. Libro 1. Los hombres que no amaban a las mujeres. Distrae y evade. Distracción y evasión. Aunque en cada respiro de la lectura vuelva a pensar en ella, sobre todo en su cuerpo, envolviéndose en el mío como una sábana de piel tibia.

Paso 3

Alcohol. Dos latas de cervezas diarias. Me recuerdan su aliento turbio. Y me sosiegan. No más de dos. No tiene sentido emborracharse. Solo me hundiría en el llanto, en la incomprensión y en la desesperación. Dos cervezas en lata para poder caminar con ellas por las calles de La Molina. Solitarias y frías. Dos latas heladas. Calmarán la quemazón del corazón. Cada sorbo será como agua fría en medio del desierto (que metáfora más inútil). Parte de la pena te lleva a la mediocridad. Parte de ella también puede hacerte alcanzar el genio. Siempre supe que escribo mejor cuando estoy triste. Y ahí viene el otro paso.

Paso 4

Escribir. Siempre se escribe mejor desde el dolor. Lamentablemente. La felicidad no trae nada bueno a la literatura. Abrir un blog. Llorar en él. La mejor manera de disipar el dolor es disipándolo a la vez con mucha gente (o con las/los pocas/pocos incautas/incautos que lo lean). Me ayudó una vez hace varios años. Espero que me ayude otra.

Paso 5

Llorar. Mucho y con suspiros y gemidos. Si se puede, gritar. Preguntarle al mundo, al aire, a la naturaleza, por qué. Gritar hasta quedarte sin voz. Llorar hasta creer que ya no hay más lágrimas. Que es imposible llorar más. Que nada en el mundo hará que vuelvas a llorar de esa manera. Llorar si es posible 24 horas. Todo un día. Si se tiene suerte, llorar en los brazos de ella. Decirle que cómo es posible que te haga eso. Que no te lo mereces. Que es injusto. Reclamarle todo el dolor que te hace sentir. Decirle que la odias y luego dormir abrazada a su cuerpo.

Paso 6

Amigas. A veces ayudan.

Paso 7

Respirar hondo. Esperar todo lo que va a venir. Asumir con valentía que el dolor puede superar las fuerzas. Que los deseos de morir van a pasar, se van a ir. O simplemente dejarse morir. Aunque eso resulta casi imposible con tanta gente alrededor, con tantas expectativas en tus manos. Con una hija que me mira con cara de tristeza cuando me ve triste. No morir. Por ella. No morir. Solo por ella.

Pensar tanto en la muerte también ayuda a pensar en la vida y a vivirla más. De una forma más intensa. Vivirla como el último día todos los días.

Otra vez

Esto a mí me parecía ya cosa del pasado. Volver a sufrir por amor, ¡qué locura! Tenia mi vida arreglada, una novia que me quería, un trabajo que me acomodaba, una hija que iba creciendo relativamente contenta.

Y de pronto la novia me dice que su corazón está dividido, que ya no soy solo yo que ahora hay alguien más, y bueno, mi mundo se viene abajo, un mundo que parecía tener estructuras tan fuertes, se hunde, y me demuestra que todo lo que había construido, soñado, vivido era tan endeble como la vida misma, tan fugaz, tan inútil.

La semana pasada estaba totalmente destruida. Literalmente quería estar muerta. No sentir nada, absolutamente nada, caer en el sueño más profundo, en el abandono mas letal, en el cansancio más absoluto, pero lamentablemente las cosas no funcionan así, tenía que seguir yendo a trabajar, tenía que seguir acivando, tenía que seguir al lado de mi hija.

Y como siempre muy pocos momentos en donde poder realmente llorar largo y tendido, con suspiros, gemidos, gritos y angustia. Nada. En ese mundo ya no se puede llorar tranquilamente. Hay tantas cosas que hacer, hay tanta gente alrededor.

Cuando el amor de mi vida me dijo que prácticamente yo ya no era el amor de su vida me atravesó todo un invierno por el pecho. Suspiré. Esperé. Traté de arreglarlo. Tratamos. Pero había algo que imposibilitaba nuestra existencia juntas. Ella estaba triste y yo también. Ella se sentía extraña, ausente, fuera de lugar. Yo me sentía herida, desconfiada, con rabia. Era imposible así arreglar lo desarreglado.

Le dije que prefería que sea feliz al lado de quien la haga feliz y la solté. Y ella no tardó mucho en irse. Solo unas cuantas lágrimas más derramadas, de las tantas que se derramaron todos estos días.

Como comentaba, la semana pasada me quería morir pero como sabía que no podía tenía un plan medio loco; pedir licnecia en el trabajo por dos semanas mínimo (y si no me la daban renunciar claro), llamar a mi amiga J, pedirle qu alquile un cuarto de hotel, comprar mucho alcohol y emborracharme y llorar hasta casi morir, tomar y llorar todo lo que tenía que llorar hasta quedarme sin lágrimas. Por dos días. Luego dormir por dos más. Luego recuperarme. Los días siguientes irme de viaje, lo más lejos que se pudiera, despejar la mente.

Pero nada calmaba el dolor, ni los golpes en las paredes, ni los cortes, ni la exposición al peligro. El dolor seguía incrustado en lo más hondo.

Por suerte ella me dio una semana a su lado. na semana que sirvió para enmendar un poco el golpe seco que siginificó el engaño y recuperarme a su lado de algunas heridas, además para comprender que lo nuestro ya no daba para más.

Ahora ya no estoy tan mal como la semana pasada, un paso importante es que ya no quiero morir. Vivir vegetando tal vez, pero no morir. Otro paso importante fue renovar algunas situaciones que había dejado en el pasado.

Por ejemplo, retomaré las rutinas de ejercicios, la tesis, el activismo, todo lo que hacía a medias, no es solo una escapatoria, es un método de sobreviviencia.

Trataré de sobrevivir sin ella y sin su amor. Conmigo y con mi amor.

 

24 horas

Necesito 24 horas de llanto para borrar 24 horas de risas tuyas y mías

Necesito 24 horas de sueño para borrar 24 horas de vigilia por ti.

Necesito 24 horas de olvido para borrar 24 horas de recuerdos de las dos.

Necesito 24 horas de nada para borrar 24 horas de todo lo que fuiste para mí.

De vuelta, otra vez, y con el corazón jodido

Cuando creé este blog lo hice por una enorme necesidad de expresar lo que sentía, sobre todo, porque recién decidía salir del clóset y vivir algo que esperaba vivir desde hace mucho tiempo solo en mis sueños.

Y me ayudó. Creo que me ayudó demasiado. Conseguí muy buenas amigas, que luego fueron mis parejas y que ahora ya no son mis amigas, pero así es la vida.

Ahora espero tener otra vez tiempo para escribir, aunque supongo que sí lo tendré. La mujer con la que compartí dos años de mi existencia y con la que fui muy feliz (e infeliz también obvio) me reveló una verdad inimaginable en mi pequeña burbuja de amor. y la hizo explotar.

Y ahora yo estoy aquí otra vez, desconsolada, y sintiendo que el mundo se viene abajo pero que igual es posible recuperarse, lo sé, mientras tanto seguiré lamentándome de mi existencia, por este medio.

Las quiero, a las sobrevivientes del blog