Otra vez

Esto a mí me parecía ya cosa del pasado. Volver a sufrir por amor, ¡qué locura! Tenia mi vida arreglada, una novia que me quería, un trabajo que me acomodaba, una hija que iba creciendo relativamente contenta.

Y de pronto la novia me dice que su corazón está dividido, que ya no soy solo yo que ahora hay alguien más, y bueno, mi mundo se viene abajo, un mundo que parecía tener estructuras tan fuertes, se hunde, y me demuestra que todo lo que había construido, soñado, vivido era tan endeble como la vida misma, tan fugaz, tan inútil.

La semana pasada estaba totalmente destruida. Literalmente quería estar muerta. No sentir nada, absolutamente nada, caer en el sueño más profundo, en el abandono mas letal, en el cansancio más absoluto, pero lamentablemente las cosas no funcionan así, tenía que seguir yendo a trabajar, tenía que seguir acivando, tenía que seguir al lado de mi hija.

Y como siempre muy pocos momentos en donde poder realmente llorar largo y tendido, con suspiros, gemidos, gritos y angustia. Nada. En ese mundo ya no se puede llorar tranquilamente. Hay tantas cosas que hacer, hay tanta gente alrededor.

Cuando el amor de mi vida me dijo que prácticamente yo ya no era el amor de su vida me atravesó todo un invierno por el pecho. Suspiré. Esperé. Traté de arreglarlo. Tratamos. Pero había algo que imposibilitaba nuestra existencia juntas. Ella estaba triste y yo también. Ella se sentía extraña, ausente, fuera de lugar. Yo me sentía herida, desconfiada, con rabia. Era imposible así arreglar lo desarreglado.

Le dije que prefería que sea feliz al lado de quien la haga feliz y la solté. Y ella no tardó mucho en irse. Solo unas cuantas lágrimas más derramadas, de las tantas que se derramaron todos estos días.

Como comentaba, la semana pasada me quería morir pero como sabía que no podía tenía un plan medio loco; pedir licnecia en el trabajo por dos semanas mínimo (y si no me la daban renunciar claro), llamar a mi amiga J, pedirle qu alquile un cuarto de hotel, comprar mucho alcohol y emborracharme y llorar hasta casi morir, tomar y llorar todo lo que tenía que llorar hasta quedarme sin lágrimas. Por dos días. Luego dormir por dos más. Luego recuperarme. Los días siguientes irme de viaje, lo más lejos que se pudiera, despejar la mente.

Pero nada calmaba el dolor, ni los golpes en las paredes, ni los cortes, ni la exposición al peligro. El dolor seguía incrustado en lo más hondo.

Por suerte ella me dio una semana a su lado. na semana que sirvió para enmendar un poco el golpe seco que siginificó el engaño y recuperarme a su lado de algunas heridas, además para comprender que lo nuestro ya no daba para más.

Ahora ya no estoy tan mal como la semana pasada, un paso importante es que ya no quiero morir. Vivir vegetando tal vez, pero no morir. Otro paso importante fue renovar algunas situaciones que había dejado en el pasado.

Por ejemplo, retomaré las rutinas de ejercicios, la tesis, el activismo, todo lo que hacía a medias, no es solo una escapatoria, es un método de sobreviviencia.

Trataré de sobrevivir sin ella y sin su amor. Conmigo y con mi amor.

 

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