Sobreviviendo

Hace tres semanas terminamos. Primero me dijo que quería una relación abierta. Obviamente, yo tenía que sospechar que luego de dos años la propuesta como que no encajaba. Al iniciar nuestra relación yo le pedí una relación abierta, y dos años después me la pide ella. Yo la pedí por una cuestión de principios. Ella la pidió por conveniencia. Se había enamorado de otra, pero a la vez no quería perderme.

Al inicio acepté. Ingenua de mí, no sospechaba nada. Luego me puse a pensar y pensar y era como si se me estuviera abriendo el cerebro de a poquitos. Traía a mi mente recuerdos, palabras, situaciones extrañas, sospechas nunca confirmadas.

Le pedí que me dijera la verdad, pero no quería. Sus amigas le aconsejaron que lo mejor era que me diga la verdad y lo hizo. Sí, le gustaba otra chica. No podía evitarlo, ella no lo había planeado de esa forma pero así había sucedido.

Me cayó como una bomba. Yo nunca antes había dudado de su amor incondicional. Podía dudar de cualquier cosa, de la vida misma, pero de su amor no. Y ahora me decía que su amor se dirigía a otra persona. Que había estado con ella alrededor de dos meses. Tiempo en el que me estuvo diciendo a mí las mismas palabras de amor que seguramente a ella también le decía. Y yo sin darme cuenta de nada, sin tener la menor sospecha. Yo hecha una completa estúpida.

La noticia me destruyó completamente. Literalmente quise morir, para no tener que soportar tanto dolor que sentí por dentro. Un dolor imposible de explicar, imposible de manejar, imposible de controlar. Quería desgarrarme por dentro, arrancarlo todo, sacármelo de encima y no podía.

Y las lágrimas que salían de mis ojos sin control, a cada instante, las 24 horas del día. Y las ganas de desaparecer, de dormir, de ser nada. Nunca antes había sentido una tristeza tan profunda como esta. Ni cuando murió mi padre.

Y hablando de él, recuerdo que cuando mi madre se separó de él y se fue con otro hombre, mi padre comenzó a adelgazar terriblemente, de un momento a otro el hombre que había sido mi héroe, ese hombre alto, fuerte, robusto, se convirtió en un guiñapo, en una sombra de hombre, en un pobre fantasma lacrimoso. Mi padre lloraba día y noche y usaba unos lentes negros que cubrían sus ojos. Por las noches mi casa se llenaba con la música de Javier Solís y de tangos desgarradores. El hombre sufría y yo nunca pude darme cuenta de cuánto, nunca pude ser un consuelo para él. No sé cómo mi padre pudo sobrevivir a algo así. Ahora, en estas circunstancias, me parece increíble su resistencia.

Volviendo a mí, la primera semana solo quería morir, pero tenía que ir a trabajar, seguir activando y cuidar de mi hija. No me dejaban morir. Pero la rabia y el dolor seguían perturbando mi vida. Vivía, pero vivía mal. Era una vida que daba pena.  Ella me seguía mandando mensajes en los que me decía que la perdone, que no fue su intención lastimarme, que aún me amaba, que quería conversar conmigo.

Yo sabía que llegaría el momento en que conversaríamos y estaba asustada. No quería escuchar de sus labios que ya no me amaba. Me parecía más insoportable aún tener esa certeza. Pero igual, luego de una semana, nos encontramos para conversar. Yo a ella la veía normal mientras yo era un desastre. Conversábamos y tomábamos unas cervezas hasta que llegó el momento en el que yo ya no pude más y le pregunté por qué.

Por qué me hacía esto. Por qué hizo lo que hizo. Si ella era mi vida. Para mí era mi familia, mi hogar, mi todo. Y ella había destruido todo lo que habíamos construido ese tiempo. Me había destruido a mí. Me había llenado de dolor y de miseria. Me había roto el corazón y perturbado el alma. Había destruído mis sueños, mis anhelos, mis esperanzas. Le dije que ya no tenía planes ni futuro ni nada.

Le dije que la odiaba. Que esperaba que se muriera. Que nunca debí haberla conocido. Que nunca debí haberla amado así como la amé. Que no se merecía nada. Ni una sola de mis lágrimas. Nada.

Y ella también lloraba, se disculpaba, lo lamentaba. Pero no daba marcha atrás. Esta chica le gustaba mucho y no quería perderla y prefería perder lo nuestro, porque sabía que si realmente nos amábamos, si realmente éramos la una para la otra, íbamos a regresar y ese regreso sería para siempre. Pero que ahora no podía hacer nada con lso sentimientos que habían nacido en ella hacia la otra mujer.

En un momento de la noche acordamos sortear el problema, intentarlo. Yo sabía que aún mi cuerpo estaba acostumbrado a su cuerpo. Que no podía dejarla tan fácilmente asi la rabia me consumiera. Y acepté la relación abierta. Pero solo sufría. Y ella veía que sufría y me dijo que no quería verme así. Que iba a terminar con ella. Que volvería conmigo y que trataríamos de arreglar lo que había pasado. Y así estuvimos una semana.

Creo que gracias a esa semana pude sobrevivir y le estoy agradecida por eso. Porque si me hubiera cortado tajantemente. Si me hubiera separado de su vida de una forma brusca y brutal, sin mirar atrás, sin darme un respiro, yo hubiera adelgazado tanto como mi padre, yo hubiera sido una muerta en vida. Pero ella me dio un pequeño soplo de vida, un soplo miserable, pero soplo al fin y al cabo. Esa semana tratamos de que todo volviera a funcionar como antes pero eso solo nos duró dos días, los siguientes eran recriminaciones, sospechas, dudas, mentiras, rencores, rabia, sexo. No podíamos ser felices. Yo estaba llena de frustración y revancha. Ella estaba triste y silenciosa.

No pude soportarlo más, le pregunté si extrañaba a la otra, me dijo que sí, le pregunté si preferiría estar con ella en esos momentos, me dijo que sí. Pero la respuesta era obvia, estábamos realmente mal. Le dije que yo la amaba, que no quería verla triste, y que realmente quería que ella fuera feliz. Que no estuviera conmigo solo por compasión, por evitarme sufrimiento, porque le daba pena. Que se tomara un tiempo para pensar, para reflexionar, para analizar sus sentimientos. Que volviera con ella. Que yo iba a sobrevivir. Y terminamos el mismo día en que yo iba a dar una conferencia en un hotel de Lima sobre movimientos sociales. Ahí frente al público yo no tenía corazón, yo era un cuerpo vacío hablando sobre movimientos despolitizados. Yo era un ser destruído hablando de una realidad destruída.

Eso fue un jueves, me di el viernes para llorar toda la noche. Para llorar todas las lágrimas que pudiera llorar. Para prometerme nunca más llorar de esa forma por ella. Y así fue. El sábado, el domingo, el lunes, el martes, el miércoles. Yo ya estaba acostumbrándome a vivir sin ella, aceptando la realidad, acogiendo la libertad que se me había entregado a la fuerza. Yo por fin podía respirar otra vez y comenzar a planificar cosas para el futuro. Por fin pensaba en el futuro, otra vez.

Y así pude sobrevivir, una semana de destrucción, una semana de agonía, una semana de reposo. Sin eso no sé qué sería de mi vida ahora.

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One comment

  1. mjscruse7 · marzo 20, 2012

    Jajaja, mi masoquismo no pudo más así que veme aquí leyéndote para ‘comparar’, ‘pensar’ , …
    Hay partes de dolor escritas, quejas, furia, tristeza, etc, que expresan lo que yo nunca pude desahogar escribiendo, mis manos se habían bloqueado en ‘aquellos tiempos’, no tan lejanos.

    Y rewau, yo que creía haber adelgazado por haber caminado mucho esos duros días, pero creo que es combinado con la tristeza, los llantos y la perdida de apetito sin darse cuenta. Es normal el adelgazar en esas ocasiones.

    Ya dejé mi huella, seguiré leyendo…. salu2

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