aprendiendo de los errores

Esta será la “n” vez que trato de ser fuerte y no caer nuevamente en sus redes. Es difícil.  El amor aún se mantiene, pero al lado van la desconfianza, la rabia y otros sentimientos desagradables y sin nombre. Trato de sobrellevarlo, de que no me importe, de que solo su calor, sus palabras y sus besos importen, pero no, vuelvo a estar sola y todo el desamor se acumula en mi cuerpo y me impide pensar, caminar, trabajar, dormir, respirar.

Eso de tratar de olvidar es una lucha constante, sobre todo porque uno siempre piensa en lo mismo una y otra vez. Sin cesar. Aparece en cada momento, en las calles que recorrimos juntas, en las canciones que ponen en las radios, aunque a veces hay relativos momentos de calma. A veces los primeros días me parecían más difíciles, pero estos dos días que no la veo han sido fáciles. Es ahora cuando escribo que otra vez se revuelven los recuerdos en mí. Y empieza la lucha entre perdonarla como mil veces ha pasado o ser fuerte y resistir el dolor, la pena, la tristeza, la melancolía.

Quizás no me explico bien, ella dice que me ama. El día del cumpleaños de su novia (lo celebraron en el Vale) me mandó algunos mensajes de texto, uno de ellos decía: “Estoy ligada a ti, estoy conectada, tú eres el amor de mi vida y mi otra mitad, siempre voy a regresar a ti por el simple hecho de que eres todo y mucho más”. Y otro era así: “Yo K. A. te voy a amar por el resto que me queda de vida y quiero que sepas que mi corazón y mi vida es solo tuya. Te amo, eres el amor de mi vida y como tú nadie más”.

Yo pensaba cómo puede estar con su novia en este momento y mandarme ese tipo de mensajes. Mientras tanto yo estaba en el cine con una chica y mientras nos besábamos, comíamos canchita y no le prestábamos atención a la película, respondía los mensajes diciéndole cosas parecidas. Claro, mi amiga se molestó y casi me lanza el tazón de cancha en la cara, pero luego se calmó (aunque no pienso volver a salir con ella, porque está loca, y para locas tengo suficiente con mi ex). En algún momento también se me ocurrió reenviarle los mensajes a su novia, quizás esa sería la única forma de romper la conexión, que ella me odie y ya no quiera hablarme. Pero no fui capaz de ser tan mala, ni con ella ni con la otra, así que eliminé los mensajes antes de que el diablito volviera a salir de mí.

Así que luego de eso volví a sus brazos y de pronto me convertí en la otra. Y pasé más tiempo con ella que cuando era la firme. Supongo que a ella en el fondo le gusta esta situación. Por un lado estar con dos y solo tener que mentirle a una, por lo menos es más cómodo que mentirle a dos. Habremos estado así como dos semanas, coordinando horarios para no cruzarnos, escondiéndome en el baño cuando venía de pronto. Una noche habíamos quedado en que dormiríamos juntas. Ella tenía que ir al cine con su novia, luego la acompañaba a su casa y venía conmigo. Pero la novia no quería irse, quería pasar la noche con ella. Ella le dijo que no, que no se podía, que necesitaba su espacio, que ya habían hablado de eso, que no iba a cambiar de idea. Entonces la dejó y vino conmigo. Ya estábamos a punto de dormir cuando le llega un mensaje en donde ella le decía que estaba afuera en su puerta. Ahí si nos asustamos. K me dijo que no me preocupe, que lo iba a arreglar. Cuando vuelve me dice que la había acompañado a un hostal para que pase la noche ahí. A mí otra vez me parecía increíble cómo la novia no se daba cuenta de la situación. O sea, ¿quién prefiere su “espacio” a su novia? Nadie. Pero hay que tener ganas de ser ciega (y eso es algo que yo he vivido).

Al final me cansé otra vez. Sentía que no me merecía estar en esa situación, que ninguna de nosotras se lo merecía, sea lo que sea que hubiéramos hecho en nuestras vidas pasadas. Y le puse otro ultimátum, me dijo que no podía escoger, que no se lo pida. Entonces ya escogiste le dije. Y me fui.

Tampoco entiendo por qué le doy a escoger si sé que no voy a volver con ella. Que nunca le voy a creer. Que nada será lo mismo. Ganas de joder que tengo. Además, ella tampoco es la misma, yo conocí a una chica sonriente, alegre, llena de vida, que quería coger el mundo con sus manos, que quería tomarlo todo. Ahora eso solo es un recuerdo, es una mujer triste, deprimida, cegada por la rabia, llena de mentiras, y ella lo sabe y eso la deprime más. Ella ya no es la misma, ninguna de las dos es la misma.

En una de esas conversaciones que solo se consiguen después de tomar mucho y de tener por demasiado tiempo contenidas las palabras me dijo que se arrepentía totalmente de haber aparecido conmigo en televisión, que era de lo único que se arrepentía en la vida, porque ahí comenzaron sus problemas, a ella la botaron de su casa, perdió el empleo que le habían ofrecido en Canadá, perdió la oportunidad de viajar y estudiar por la que tanto había luchado, pero no solo eso, eso quizás hubiera sido lo de menos si yo, en esos momentos difíciles de su vida, hubiera sido realmente una buena pareja y la hubiera apoyado y sostenido, la hubiera comprendido y ayudado.

Pero no, me comporté en forma egoísta, la dejé sola, y mientras a mí todo el mundo me felicitaba y se admiraba a ella la rechazaban y la dejaban desamparada, incluida yo, la única persona a la que ella hubiera querido tener a su lado. Y yo lo reconozco, sé que fui una insensible, egoísta e indiferente y le pedí perdón mil veces por eso. Pero parece que esas heridas no se curan. Le dije que con lo que me ha hecho sufrir he pagado con creces todo lo malo que pude hacerle. Pero ella me dice que no, que a ella le importa un pepino lo que yo sufrí, que nada se compara a todo lo que ella perdió, porque ella perdió hasta las ganas de vivir y moría lentamente. Yo no lo quise decir que esa también era mi situación. Ya era demasiado.

El viernes la pasamos bien, estuvimos en el cine viendo Amanecer. Y luego pequeñas mentiras se fueron acumulando. Y es tonto porque yo no debería reclamarle nada si soy la otra. Pero igual reclamé. Y de nuevo todo se arruinó. Yo tenía que recoger a Cami y llevarla a mi casa, todo estaba tranquilo y ordenado. Yo me iba a mi casa y ella a la suya. Pero cuando fui a recoger a Cami ella no quería ir porque era el cumpleaños de su primo y quería quedarse en la fiesta que le estaban haciendo. Así que la llamé y le pregunté si me podía quedar esa noche con ella. Ella me pregunta: “Que pasó. No. Vamos a salir”. Y yo me quedé congelada con el auricular, y luego dije: “No hay problema, chao”.  Unos minutos después me llega un mensaje: “V qué pasó, please”. No contesté. Luego otro: “Ven ya no voy a salir”. No contesté. Una hora después: “Dónde estás”. Nada. Otro: “V, sí iba a salir pero no con ella, sino con una amiga, pero no me dejaste explicarlo porque cortaste al instante, pero después  le dije que no podía. V, a estas alturas no tengo porqué mentirte, ya no más de eso, háblame cuando quieras hacerlo o estés mejor. Te quiero mucho”.

Para qué más mentiras, ella tiene razón, así que esa noche tomé esta decisión que me duele, pero es necesaria, para que ella viva y para que yo también pueda vivir. Antes me había puesto como fecha final el 31 de diciembre para tomar una decisión. Pero no tiene el más mínimo sentido, más que seguir torturándome. Me imaginé ese día esperando su llamada, sus mensajes, las palabras mágicas que me devolvieran la vida y luego nada. Nada. Y de nuevo a buscar todos los pedazos de mi corazón y reconstruirlo. No quiero que pase eso, no quiero esperar algo que sé que nunca llegará, y que si llegara volvería a echarlo de mi vida.

Así que noviembre se vuelve el mes del fin, antes apenas me llamaba yo iba volando a sus brazos. Ese viernes en algún momento deseé bajar del carro y en mi mente coordinaba las horas. Pero desistí y me fui de frente a casa. El sábado me dijo que vaya y le dije que ok. Luego me sentí tan cansada y sin ganas de nada que me fui a mi casa. El domingo me llama y me pregunta qué pasa porque no entendía lo que sucedía, le dije que iba a tratar de alejarme de ella. Balbuceamos unas cuantas palabras más y se terminó la comunicación. 

Ahora le escribo su carta de despedida. Bueno, realmente es una dedicatoria, y se la voy a escribir en el libro de Millenium 2 que le compré hace poco. Dice así: 

“Tú me escribías cartitas, yo te escribo esta dedicatoria.

Amor, deseo con toda mi alma que seas feliz y que recuperes esa alegría perdida.

Creo que es necesario que alguien se decida y quizás deba ser yo, porque no fui la que más di, pero sí la que más perdí.

Te llevaré en mi corazón por siempre, eso tenlo por seguro, pero necesito hacer y deshacer mi vida otra vez para poder reconstruirla como quiero y también volver a ser feliz.

Me hubiera gustado que las cosas fueran diferente, pero así sucedieron y ya no hay marcha atrás. Te deseo lo mejor del mundo, que estudies, que progreses, que te enamores bien, que seas una gran profesional, y que todas tus metas, proyectos y sueños se cumplan.

Sabes que siempre tendrás un lugar especial en mi vida, porque contigo aprendía a amar, y también aprendí a perder lo que más se ama.

Espero, en el futuro, volver a amar. Y tal vez, poder algún día ser amigas”.

Y colorín colorado…

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One comment

  1. Anónimo · noviembre 22, 2011

    Aun ese cuento no se ha acabado.

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