Final feliz

Me gustan las fechas, porque a pesar de ser todas arbitrarias te fijan situaciones y eventos en la mente, y puede que no sean muy precisas, pero por lo menos es lo más cercano al tiempo en el que pasó algo.

Por ejemplo, yo empecé mi relación con K el 13 de octubre de 2009, me refiero a la relación formal, o sea, al día que decidimos que sería nuestro aniversario. Porque ya salíamos desde mucho antes, específicamente desde mediados de julio, ya lo habíamos intentado una vez y habíamos terminado al mes, luego tuvimos una relación libre que me gustó mucho, y después ella insistió en la relación de pareja monogámica y para no perderla acepté.

Recuerdo también que el 11 de junio de 2010, en mi cumpleaños, fuimos a la disco con nuestras amigas, y la engañé en su cara, con tres chicas, y ella me perdonó. Recuerdo también que muchas veces la desairé y preferí a mis amigas y al activismo antes que a ella. La hacía esperar horas mientras duraba una reunión y ella se aburría, pero siempre estaba al final esperándome y feliz de que terminara por fin para poder estar juntas.

También recuerdo que muchísimas veces intenté terminar con ella, por diversas causas, no teníamos las mismas metas, a ella no le interesaba lo mío como a mí no me interesaba lo suyo. No teníamos los mismos gustos musicales, a mí me gustaba su música pero creo que ella detestaba la mía, también era una cuestión generacional, nos llevábamos casi 10 años, pero a veces resulta, es más, yo creo que muchas veces resulta esto de complementar conocimientos y experiencias, pero con K no funcionaba.

Con el papá de Cami, N, por ejemplo, coincidíamos en las metas, los dos queríamos ser humanistas, ser famosos por nuestro intelecto, dedicarnos a escribir poesía, novelas y ensayos, viajar por el mundo. Pero no había amor, o mejor dicho ya no había amor, el amor con el que habíamos empezado y durado muchos años se había ido agotando y desgastando con el paso del tiempo, con cada palabra dicha o no dicha, con cada acto mal entendido, con cada desavenencia que no podía ser corregida a tiempo, con deseos insatisfechos de una y otra parte.  Y así se acabó una relación de 8 años (aunque fueron más, ese es el cálculo oficial). Y no sirvió de nada compartir los mismos sueños y las mismas metas.

Y eso pasaba con K.  Y como no me fue bien con alguien con quien compartía casi todo, pensé que tal vez me fuera mejor con alguien con quien compartía casi nada. Y por eso muchas veces intenté terminar con K, así como muchas veces seguí salvando la relación con N. Y todo era inútil, porque las cosas ya se veían venir solo que yo no las dejaba pasar, las contenía y las contenía hasta que terminaban reventando en mi rostro.

Cuando rememoro esa parte de mi relación me apena un poco el haber sido tan desagradable y malvada (por suerte K no lee este blog, creo que nunca le gustó). Recuerdo que cuando discutíamos por cualquier tontería, y ambas estábamos muy molestas, yo decidía irme y dejarla sola, y ella venía detrás de mí y me jalaba y me decía que no me vaya, y yo insistía en irme, y así un buen rato hasta que yo desistía y me quedaba, luego nos reconciliábamos, pero creo que eso siempre lastimaba su autoestima, y yo era incapaz de ver la situación en perspectiva, y solo pensaba en mí.

Recuerdo que la primera vez que terminamos le di como excusa que no le gustaba leer y que eso generaba en nosotras una distancia enorme insuperable. Luego volvimos y eso dejó de importarme. Aunque en el tiempo en el que estuvimos hice que leyera todo Harry Potter, los 7 tomos (le gustaron mucho), y sobre todo, los tres tomos de Millenium (le fascinaron). Eso sí me hizo feliz.

Luego quise terminar porque ella no aceptaba que ocupara más tiempo en el activismo que con ella, en reuniones y actividades relacionadas. Y discutíamos continuamente por eso y al final ella terminó cediendo y dándome tiempo para mis cosas. Y a pesar de que al inicio ella estaba involucrada y parecía gustarle, poco a poco se fue alejando de ello, por lo desagradable que podía ser cierta gente con ella, por todos los riesgos que terminó corriendo por acompañarme, como perder el trabajo, la casa y la visa. En cierta forma, sus sueños. Y lo que me apena es no haberlo comprendido y haber sido indiferente a todas sus pérdidas.

También quise terminar porque sentía que no iba con mis principios esto de las relaciones de pareja monogámicas, quería una relación libre, abierta, poliamorosa. Pero ella nunca lo aceptó y yo cedí. Por ella, por mí, por las dos. Luego el poliamor me golpeó en la cara, pero ese es otro cantar, aún creo firmemente en el poliamor con sus tres premisas básicas, sinceridad, amor y deseo.

No recuerdo muy bien todas las razones que usé para poder terminar, aunque la última sí. Ella es de Cajamarca y allí Fujimori parece que hizo muchas cosas por la población, y ella, como toda su familia, iban a votar por Keiko, lo que a mí me resultaba espantoso. Y le dije que no podía estar con alguien que fuera a votar por ella, y que en cierta forma, me agotara más de lo que ya estaba agotada de pelear con tanto fujimorista todos los días, para llegar a casa y dormir con una fujimorista. Me quería morir y llegó un momento en que resultaba insoportable nuestra compañía. Por suerte ella reflexionó y luego se unió a mi lucha, y al final votó por Ollanta; pero en esa época, mayo, junio, ella ya estaba engañándome, así que mucho mérito tampoco tiene.

Y todo este recuento es para resumir en cierta forma todos los intentos que hice para que la relación termine y todo el esfuerzo que hizo ella en este año y nueve meses, desde el 13 de octubre del 2009 hasta el 9 de julio del 2011, para que la relación continúe. Y tengo que reconocer sus méritos en eso, por lo menos antes del engaño, porque soportarme sé que es una tarea dura.

Ella me dijo que me engañaba el 8 de julio (me dijo que la otra le gustaba mucho, pero que a mí seguía amándome y que ella sabía que podía hacernos felices a las dos, aunque eso ahora suene gracioso o pendejo), pero yo estaba muy dolida así que al día siguiente, 9 de julio, apenas tuve completa conciencia de lo que pasaba, decidí terminar. Luego de eso vinieron cuatro meses insoportables y completamente desgraciados (julio, agosto, setiembre, octubre), en los que las dos aún teníamos esperanzas de regresar, de que las cosas se arreglaran; y creo que las dos los intentamos, pero lo intentamos mal, ninguna estuvo dispuesta a ceder nada, o cedíamos pero lo volvíamos a arruinar. Ella no podía controlar su deseo, sus nuevos sentimientos, sus antiguos sentimientos; yo no podía controlar mi desolación, mi desconfianza, mi rabia. Luego vinieron dos meses más (noviembre – diciembre) de aceptar el golpe, de procesarlo, de admitir que la relación ya no podía salvarse, de tratar de ser amigas, de que no se pierda lo bonito que había sido a pesar de lo mal que terminó todo, y de despedirnos definitivamente una y mil veces.

Y en el transcurso de esos meses llanto, dolor, risas, pasión, recriminaciones, reconciliaciones, mentiras, verdades, sexo, besos, abrazos, olores, flujos, mordiscos, alcohol, bailes, despedidas, canciones, regalos, rabias, rencores, historias, pasado, recuerdos, palabras, suspiros, deseos, cuchillos, paredes, libros, sueños, pechos, cuellos, baños, amigas, perdición, desconocidas, desnudos, frío, calor, sudor, olvido, caminatas, música, cine, habitaciones, suelos, ropa, dedicatorias, cartas, notas, llaves, cargadores, comida, bebida, amanecidas, celulares, llamadas, mensajes de texto, testamentos, promesas, juramentos.

Seis meses intensos en donde conocí más de mí que en toda mi vida. En donde todas las frases hechas y en las que nunca creí, se cumplieron: el mundo da vueltas, todo se paga, todo pasa por algo, así es la vida, tedas cuenta de cuánto has amado cuando es demasiado tarde, etc., etc. Seis meses en los que fui un alma en pena, en los que me arrastré porque no quería caminar, en los que me levanté de la cama cuando solo quería dormir eternamente, en los que seguí luchando cuando solo quería declararme vencida.

Y yo sí puedo decir que luché por ella, luché contra mi orgullo, mi dignidad y mi autoestima. Luché contra todo lo que me decían, contra dejarla de una vez, contra no volver a verla, contra perdonarla, luché contra todo lo razonable y lógico, luché contra el mismo amor, luché contra el odio. Luché contra mí misma, mis deseos, mis sentimientos, mis afectos, mis emociones, luché contra mi cuerpo, luché contra mis amigas, contra mi familia. Le di la espalda a todos por ella, por su amor. Y me parece paradójico que yo haya luchado tanto por terminar con ella y luego luchar tanto por no terminar. El mundo sí que es pequeño. Y sé que no luché en vano, sé que he ganado mucho en todo esto. Sé que yo gané porque perdí lo que tanto luché por perder y la consecuencia lógica es perderlo. No es una victoria fácil, fue costosa, fue difícil, fue compleja. Es de esas victorias que parecen derrotas.

Pero igual yo sabía que esto en algún momento terminaría, y si bien la melancolía ha suplantado a la tristeza, y el dolor ya no es el mismo, ni la pena, y tampoco hay desolación, y los recuerdos siguen vivos en mi mente, ya no deseo borrarlos, deseo atesorarlos, guardarlos como breves gotas de felicidad en mi vida, hasta que solos, con el tiempo y los cambios que se vienen, vayan desapareciendo y solo dejen una difusa estela de ensoñaciones. Como todo, como nada.

Así que continuando con el afán de guardar fechas para la posteridad (y para el blog también porque si no me olvido), el último día que la vi, es también el último día que la veré, 27 de diciembre de 2011, 6 de la mañana.

Nos prometemos un par de cosas en la noche, conversamos largamente, derramamos nuestras últimas lágrimas juntas, tratamos de que nuestros cuerpos guarden el último contacto posible, hacemos el amor por última vez, dormimos, y al día siguiente, el último beso, la última despedida, aunque ella no lo crea, aunque diga: “esta es una más de tantas V, nosotras estamos destinadas a seguir juntas, a envejecer juntas, a morir juntas, solo a ti te puedo decir amor, esa palabra te pertenece y siempre te pertenecerá”. Yo solo pienso que quiero envejecer y morir con el amor de mi vida, y ese amor aún no lo encuentro. Y creo que tampoco quiero encontrarlo pronto, quiero que ese amor se tome un tiempo, y que me permita conocer otros amores más livianos para luego volver a zambullirme en profundidad.

Adiós 2011. Bienvenido 2012. Adiós amor. Bienvenido amor. Amores. Y todo lo demás también. Y a empezar a vivir otra vez, con fuerza, con coraje, con valor. A retomar metas, sueños y esperanzas perdidas. El mundo se abre y yo lo abrazo. Y vuelvo a respirar.

nada de nada y todo de todo

De julio a diciembre / arrancar / esconder / noches de insomnio hundidas en alcohol / ahogadas en llanto / en sucios besos que te envuelven y no te dejan avanzar

Noches perdidas / brazos abiertos / silencios / flujos que te cubren todo el cuerpo / visiones de una vida perdida / adioses y despedidas / bienvenidas llenas de rabia.

El punto muerto entre el aquí y el ahora / cajas vacías tratando de ser llenadas / de voces / de comunicación / de sexo  / de pastillas para hundirse en el sueño / en el mar / en la muerte.

Me gustan los baños de los bares / de un momento a otro se llena de acción / ni siquiera sabes muy bien cómo sucede / alguien jala de tu brazo / y de pronto estás dentro / y una mujer te está besando / y tú te dejas / no tendría ningún sentido no hacerlo / se saca la ropa y tú también te la sacas / le agarras los senos y ella toma los tuyos / te hundes en su cuello mientras ella hunde sus dedos / mientras sus gemidos invaden tu cerebro / y tu mente explota y te dejas llevar / y sientes su lengua acariciando tus labios.

Me gustan los baños de los bares / puede suceder cualquier cosa / aunque generalmente lo que sucede es sexo / pero es tan divertido / y tan sucio a la vez / aunque las enfermedades las puedes coger en cualquier parte / no es excusa para rechazar una aventura de baños / mucho menos para rechazar a una mujer bonita / y si no es muy bonita tampoco es pretexto para rechazarla / ningún tipo de amor debe rechazarse / mucho menos el que es ofrecido a manos llenas / mucho menos si estás llena de alcohol.

Me gustan los baños / pero sobre todo el amor en los baños / sobre todo el amor que comienza en los baños / y también los amores que terminan ahí.

lecciones 2010

Creo que si una no aprende de los fracasos de las relaciones está completamente ciega o es una completa egoísta  y yo creo que de mi relación con K he aprendido demasiadas cosas que pasaré a enumerar:

  1. Es completamente necesario cuidar los detalles. Muchas veces la falta de cuidado en cosas pequeñas comienzan a crear huecos que se van a hondando y ahondando hasta ser imposible cerrarlos. No  dejar que aparezcan esos huequitos pero si aparecen tratar de arreglarlos lo más pronto posible, y para eso es necesaria…
  2. La comunicación, si ninguna de las dos habla no hay solución. Y si se habla demasiado generalmente se agravan los problemas. Tener un equilibrio es lo ideal, pero eso solo lo aprendemos con la práctica, y en temas tan álgidos como…
  3. El sexo. Para una relación el sexo es vital. Llegan momentos en que se puede compensar el sexo con el amor o la amistad. Pero si ni siquiera hay eso, o si llega alguien con quien consigues más satisfacción, ni el amor ni la amistad van a salvar la situación; por ello…
  4. La verdad por sobre todas las cosas. Así duela, así sea horrible, así te destruya. Es mejor eso a que te vean la cara de estúpida todo el tiempo. Y es preferible ser la amante a ser la novia engañada, ya que…
  5. Se puede llegar a nuevos niveles de bajeza. No es como en las películas en las que todos los personajes son estoicos que crees que esas son las reacciones naturales a la infidelidad, el engaño y la traición. De un momento a otro ellos deciden que se terminó y se terminó. En la vida real no es así, y una tiene que trabajar con su orgullo, dignidad y autoestima para pasar de un nivel a otro. Y pasar de ser la novia amada a ser la novia engañada y luego la amante inesperada no es simple. Requiere de todo un trabajo de aclimatación y de casi casi desesperación (de las dos partes) para que todo lo que hubo no se quede en el olvido. Y en algún momento puede ser muy divertido y loco, pero también tiene sus momentos duros y dolorosos, sobre todo si una aún tiene esperanzas de arreglar la situación y no te das cuenta que estás a años luz de arreglarla, porque ya no se pueden recobrar muchas cosas perdidas, como…
  6. La confianza. Llega un momento en que es imposible recuperarla, aunque por lo menos se intentó, pero en los vaivenes del deseo una no puede mandar y el deseo es más poderoso que el amor, la confianza y la verdad. Y una se deja guiar por él, arriesgándolo todo, perdiéndolo todo o ganándolo todo. Guiarse por el deseo no es fácil pero es un riesgo que muchos corren, y yo me he dejado llevar muchas veces por este deseo y he arriesgado mucho, y creo que no perdí nada hasta ahora, pero es con los golpes de la vida que una aprende que…
  7. El deseo puede controlarse, cuando, por un lado,  se ama; y por el otro, se quiere evitar el sufrimiento de otras. Antes a mí no me importaba meterme con chicas que tenían pareja, y me importaba un pepino el sufrimiento o el daño que podría estar ocasionando. Y una nunca aprende hasta que está en los zapatos de la otra, y cuando vive la misma situación en calidad de “víctima”. Es ahí cuando una entiende recién el alcance de sus acciones y las consecuencias de estas. Y que algo que al comienzo te puede resultar divertido, gracioso, pendejo pero todo eso se puede dar la vuelta y golpearte en la cara de la manera más brutal. A veces pienso que tuve que pagar todo el sufrimiento que causé de alguna forma, y que esta era la mejor forma, porque me enseñó a…
  8. Respetar. Yo antes no respetaba nada, ni a mi pareja ni a las parejas de mis amigas, ni a la pareja de nadie, y era capaz de cualquier cosa con tal de divertirme. Ahora sería incapaz de interferir en una relación. Por todo el sufrimiento que se puede generar, por todos los conflictos que puede traer a una relación que nació del dolor de otra persona, porque en el fondo siento que cuando una relación nace del sufrimiento de otra no puede nunca ser feliz, siempre va a estar la duda, la sospecha, la desconfianza, y sobre todo, a pesar de que muchas no creamos en esto, se puede aplicar la frase “el mundo da vueltas”, y quieras o no te va a tocar (me tocó), aunque también hay gente  a la que le pasa sin haber hecho nada malo, a ellos se les podría colocar la frase “así es la vida”.
  9. Y creo que también sería incapaz de ser infiel (por lo menos trataré). Yo he sido muy infiel, eso no lo puedo negar, pero la convivencia social te hace dar cuenta de que hay ciertas reglas que respetar así no nos gusten o así nos rebelemos ante ellas. O respetas o eres completamente sincera, no hay más vuelta que darle. O las dos cosas. Y si te engañan por lo menos hiciste bien las cosas y no tienes nada de qué arrepentirte. Pero si fuiste infiel de qué te quejas, porque realmente te lo mereces. Y yo me merezco muchas cosas, aunque creo que ya lo pagué todo. Ya pagué todo lo que tenía que pagar y todas las lágrimas que tenía que derramar y todo el sufrimiento, el dolor y la humillación fueron necesarios para crear a una nueva persona en mí, espero que más centrada y más madura. Y espero también que más fuerte (y menos llorona).

Entonces, este año he aprendido demasiado en lo que se refiere a relaciones amorosas. Aunque no creo que deje de aprender sobre las relaciones. Siempre hay algo nuevo bajo el sol.

Hice muchos ejercicios, bajé 10 kilos, me aficioné a determinada música torturante, leí demasiado, dejé de lado muchísimas cosas que estaba proyectadas para este año. Perdí y gané. Gané y perdí. Y así seguiré, aprendiendo, escribiendo, y quizás ayudando a otras mujeres.

G

Cuando la conocí yo tenía 19 y ella 17. Llegó para cuidar a mis hermanos pequeños y desde el primer día que la vi me enamoré de ella. Traía consigo una triste historia. Su madre agonizaba por el cáncer en un hospital estatal. Su padre estaba preso por violación. Su hermana menor iba de la casa de un tío al otro. Ella estaba perdida, se quedaba a dormir en las casas de sus amigas o con el enamorado de vez en cuando hasta que este la dejó por otra. Ya no sabía qué hacer hasta que casualmente conoció a mi mamá y casualmente mi mamá necesitaba una niñera. Y ella llegó a mi vida.

Yo ya antes había sentido un gusto especial por las niñas, pero nunca me atreví a decirlo sino muchos años más tarde. Me había enamorado de una compañera del salón cuando estaba en segundo grado de primaria. Y sí, es posible enamorarse a los 7 años y sufrir por ello, por la imposibilidad del amor. Ella era la niña más popular, yo era una más. Y todo el año escolar no dejó de mirarme con esa mirada altiva y fría con la que se dirigía a casi todos, incluso a los profesores. Todo el año no dejé de soñar con ella. Al año siguiente se fue a otro colegio y mi enamoramiento decayó hasta extinguirse.

No volví a enamorarme hasta la secundaria y de una amiga de la que no pensé enamorarme, ya que habíamos estudiado toda la secundaria juntas y nunca antes me había interesado sino hasta quinto de secundaria, unos meses antes de que terminara el año escolar y el colegio definitivamente. Ella tenía problemas con su mamá y yo fui la única en ese momento que pudo escucharla y nuestra amistad se fue estrechando más hasta hacernos inseparables.

Caminábamos por las calles abrazadas o de la mano. Íbamos y veníamos a todos lados en el colegio y después del colegio, cada día más próximas. Hasta que de un momento a otro dejó de hablarme. Justo cuando se acababan las clases y cuando ya era muy difícil que nos volviéramos ver seguido. Yo no entendía su alejamiento y sufrí mucho por eso. Sin explicaciones, sin palabras, sin despedidas. Dos meses después nos volvimos a  ver. Nos habíamos inscrito en la misma academia. Ella se acerca y me pide que la disculpe, que no fue su intención, que no entendía bien aún por qué decidió alejarse de mí, que tuvo miedo pero no sabía de qué, que quería volver a ser mi amiga, que todo volviera a ser como antes. Yo le dije: sí claro, no hay problema. Y no le volví a hablar nunca más.

Diez años después me enteré que se fue a Venezuela, que se había casado y que tenía dos hijos. Me aceptó en el facebook pero no conversamos de nada.  Luego me mandó un mensaje en el que me felicitaba por todo lo que hacía y solo puse “me gusta”. En ese tiempo separarme de ella no me costó mucho. Ahora mi estómago se revuelve cada vez que recuerdo lo que pasó y lo que no pudo ser.

Y la tercera fue G. en ese tiempo yo terminaba mi primer año de Derecho. Detestaba la carrera que estaba estudiando y pensaba en no volver más a la universidad a pesar de estar en el tercio superior. Simplemente no era mi vocación, no podía soportar esa carrera ni a mis compañeros ni a los profesores. Además, tenía problemas con mi madre y no quería seguir dependiendo de ella económicamente para poder estudiar. En esos trances estaba cuando llega ella. Bonita, risueña, conversadora. Un encanto de persona que conquistó a toda mi familia, y por supuesto, a mí.

Y de pronto esa niña que no había terminado el colegio secundario, que se enorgullecía de no haber leído ningún libro en su vida, que no tenía planeado nada para su vida, que solo quería divertirse, me convierte en prácticamente su esclava ya que yo vivía a sus pies, concediéndole hasta sus más pequeños deseos. Porque la adoraba, la deseaba, la necesitaba. Escuché todas sus historias tristes, me sabía punto por punto su vida almacenando información sobre ella, sus gustos, sus disgustos, sus afectos, sus odios. Todo. Para por lo menos tener eso de ella si no se podía tener nada más.

Y así estuvimos un buen tiempo hasta que todo comenzó a complicarse. Ella tenía un grupo de amigas de mal vivir. Salían todos los fines de semana y se emborrachaban a morir, luego se iban con el primer tipo que se cruzara en sus caminos. Yo en ese tiempo andaba con otros amigos. No tan borrachos pero igual de díscolos. No debí juntarlos nunca. Hubo toda clase de excesos entre nosotros. Pero yo solo pensaba en G, en lo que hacía o dejaba de hacer G, a quién miraba, con quién conversaba, con quién terminaba yéndose mientras mi corazón se encogía de rabia. Y yo estaba entre todos ellos como si estuviera aparte, mirando y cuidando a G mientras ella se perdía en la inconsciencia y ya no podía hacer nada para detenerla.

Cuando volvía a aparecer en mi casa después de una noche de perdición y se acercaba a mí, me besaba suavemente en el rostro y se echaba a mi lado como si nada hubiera pasado. Luego me envolvía con su pierna y juntas dormíamos todo el día, semidesnudas, esperando que el mundo solo fuera eso y nada más que eso.

En cierta forma ella marcó mi vida y mi forma de actuar en otras relaciones. Yo a ella le perdonaba todo, le aceptaba todo, le daba todo. Y hasta cuando peor me trataba y me dejaba por cualquier poca cosa que se le cruzara, yo seguía siempre dispuesta a esperarla. Ella sabía que yo siempre la esperaría, de eso no tenía la menor duda. Pero ahora, después de tantos años no recuerdo las cosas malas que pasaron entre nosotras, o mejor dicho, no las recuerdo con dolor, las recuerdo con una ligera sonrisa por mi inmadurez, mi timidez y mi poca resolución que no me permitieron ser feliz con ella.

Una noche, luego de que ella había tenido una cita con un chico, vino a mi cuarto, se echó a mi lado, se sacó la ropa, me abrazó muy fuerte y me preguntó si la quería, le contesté que sí que la quería con toda mi alma, que acaso no era evidente. Y ella me dijo que también me quería mucho, demasiado, que no la dejara nunca, que siempre estuviera a su lado, y le prometí que eso haría. A pesar de todo, eso haría.

Otro día, luego de habernos separado un tiempo debido a diversos contratiempos, ella viene y se echa a mi lado y me comenta. Siempre que estabas borracha querías besarme. Yo me sonrojo, pero no digo nada.  Ahora por qué no me besas, me pregunta. Porque no estoy borracha, le respondo. Y me arrepiento de mis palabras al instante, pero ya estaban dichas. Ella solo se rió, yo también. Nos abrazamos y nos dormimos.

Después ella se fue a Huaraz. Y yo hice que mi alma solitaria se consolara con cualquier cosa con tal de olvidarla. Pero era imposible, la extrañaba a muerte, me faltaba la respiración, solo quería dormir y dormir y sacarla de mi mente, dejar de pensar en ella. Empecé a salir con la que era su mejor amiga en otros tiempos, antes de conocerme a mí, y con la que tenía aún una relación muy estrecha. Y me perdí en su cuerpo entre alcohol y malas noches. Fue la primera chica con la que me acosté. Fue la primera chica a la que vi tener un orgasmo. Fue la primera a la que no me importó perder. Años después se casó con mi primo y tuvieron tres hijos. Luego se separaron. Yo no la volvía ver ni a tener contacto con ella. Pero cuando recuerdo a G no puedo evitar recordarla a ella. En recordarnos a las tres juntas, jóvenes, perdidas, imposibles.

Varios meses después G regresó de Huaraz. Y yo era la mujer más feliz del mundo. Me dijo que solo se quedaba un par de semanas en Lima, que estaba trabajando en un night club, que le iba muy bien, que no me preocupara por ella. Una semana antes de partir yo la veía cada día más triste. El momento de su partida se acercaba y ella no quería aceptarlo. Y yo tampoco. Las dos éramos almas en pena tratando de vivir lo más intensamente posible esos últimos días. No nos levantábamos de la cama si no era para hacer algo completamente necesario y urgente, y rápidamente volvíamos a envolvernos en abrazos rogando porque el tiempo no corriera, porque todo se detuviera, porque existieran los milagros. Pero algunos milagros son imposibles de cumplir.

Los dos últimos días yo la veía pensativa, hacía cálculos mentales, anotaba en hojas pequeños planes, me miraba y sonreía, luego se entristecía, luego volvía a sonreír. Yo solo la miraba tratando de perennizar su rostro, sus ojos, su sonrisa, su olor, su piel, su cuerpo en mi memoria sentimental. Luego de mucho reflexionar, el último día me dijo: ven a vivir conmigo. Qué. Sí, ven a vivir conmigo. Estás loca, le digo riendo. No, es en serio, allá también puedes estudiar, nos alquilamos un departamento, yo te pago los estudios, no te vas a tener que preocupar por nada V, te lo juro, pero quédate conmigo por favor, ¿ya? Pues supongo que está bien, pero G, no creo que soporte que sigas trabajando en ese night club, y en cierta forma me incomoda que me pagues todo. Eso se puede arreglar, me busco otro trabajo, compartimos gastos, lo que quieras, pero vive conmigo, no quiero separarme de ti otra vez. Está bien, le digo, viviremos juntas. Y nos damos el abrazo más feliz del mundo.

Unas horas después la acompañaba a tomar su bus rumbo a Huaraz. Llegando ella me enviaría los pasajes para ir allá. Dos días después tengo los pasajes en mis manos. Unas horas antes del viaje estoy sentada en el terminal esperando la hora para partir. Treinta minutos antes de que el bus parta me invade un desaliento espantoso que me inmoviliza los pies, el cuerpo, el alma, la respiración. Me hundo en el asiento, no me muevo y lloro silenciosamente. Lloro y lloro aproximadamente dos horas. Sin ilusiones, sin esperanzas tomo mis cosas y regreso a casa. Juré no enamorarme nunca más, pero hay promesas que son imposibles de cumplir.

Seis años después la volví a ver. Yo estaba separándome del papá de mi hija y empezaba a asumirme como lesbiana ya sin ningún temor. Ella tenía una relación con un futbolista famoso que estaba casado. Fuimos a tomar algo al Twin, conversamos sobre el pasado, rememoramos situaciones, eventos, amigos, sobre días y noches que no volverán. No pudimos evitar la tristeza, no pudimos evitar la alegría, y nos despedimos prometiéndonos volver a vernos, llamarnos, no perder el contacto.

 A las dos la vida nos llevó por rumbos muy diferentes y es completamente inútil arrepentirse de las decisiones tomadas. Pero siempre es posible preguntarse qué hubiera pasado si… aunque ya no sirva de nada.

Y ahora, ad portas de dejar a una amor atrás para siempre, ad portas de un nuevo año, ad portas de una nueva vida y nuevas responsabilidades, recuerdo a G, recuerdo su amistad y su amor, recuerdo su piel y sus abrazos, tanto como recuerdo los abrazos, la piel, la amistad y el amor de K. Y no sé si sentirme bien por haber vivido dos grandes amores o sentirme mal por haberlos perdido. Pero a pesar de lo bien o mal que me pueda sentir por todo lo que me ha pasado todo este tiempo no me queda más que asumir lo bueno y lo malo, lo triste y lo alegre, lo bonito y lo feo. Y seguir viviendo. Y seguir luchando. Y seguir soñando. Para mí otra posibilidad no hay.

Suerte

Yo creo que a pesar de todo lo malo que he vivido también he tenido mucha suerte. Y a pesar de todas las decisiones equivocadas que he tomado también me enorgullezco de otras. Y no podría decir que no me arrepiento de nada porque me arrepiento de muchas cosas. Sobre todo de no amar como me amaron y de causar algún tipo de sufrimiento, cualquiera que este sea. Pero puedo decir que al hacer el recuento de los daños al final todo lo que he vivido me ha enseñado algo y si eso no fuera así habría vivido en vano.

Primero, tengo suerte de estar viva. Y esa es una verdadera suerte considerando que semanalmente tengo que cuidarme de que un carro no me atropelle por distraída. O considerando esas veces en que no controlé la bebida y me pudo pasar cualquier cosa, pero por suerte llegué a casa sana y salva. Tengo suerte de que nunca me hayan asaltado considerando que aquí, a casi todo el mundo han asaltado. Tengo suerte de que las 5 veces que chocaron los carros en donde yo viajaba solo me causaran heridas menores. Tengo suerte de que mi embarazo no se complicara y que la cesárea hay sido bien hecha. Tengo suerte de no tener ninguna enfermedad grave.

Tengo suerte de tener a mi madre y a mis hermanos vivos. De que mi padre ya descanse en paz luego de tanto sufrimiento. Tengo suerte de que mi hermana me quiera tanto que a pesar de todas mis malcriadeces y tonterías me siga albergando en su casa. Tengo suerte de tener una hija maravillosa, inteligente, comprensiva y buena, sobre todo buena. Tengo suerte de que me adore y quiera vivir conmigo a pesar del poco tiempo que le puedo dedicar.

Tengo suerte de haber terminado una carrera universitaria, suerte que no tienen muchas. Aunque a veces pienso que debí estudiar otra cosa, no me arrepiento de haber estudiado Lingüística, porque en esos tiempos esa era mi meta y ese era mi sueño. Pero los sueños cambian como cambian las personas y por eso tengo suerte de hacer lo que quiero en estos momentos, de luchar por lo que considero es importante para mí y para muchxs más.

Tengo suerte de pertenecer al MHOL. De que en determinado momento Mary se decidió a darme su confianza y que 3 años después me la renovara de una forma que jamás creí posible. Y que ella también creyera en milagros. Tengo suerte de conocer y compartir con las y los activistas más corajudos, más honestos, más coherentes y más locos que he conocido jamás, y eso me enorgullece, porque es demasiado fácil ver a gente que se vende y que se compra, pero no a gente que hace las cosas por amor y con valentía.

Tengo suerte de tener un trabajo en donde puedo leer casi todo el día, en donde trabajo al lado de las amigas que más quiero, en el horario que más me conviene, con lxs jefes más comprensivos del mundo que me permiten realizar algunas actividades del activismo LGTB, y eso es prácticamente un milagro, porque en otro trabajo no serían tan condescendientes, y les importaría un pepino lo que hago.

Tengo pocas amigas, pero tengo suerte de que estas pocas sean importantes para mí. Tengo suerte de que soporten desplantes, indiferencia y mal humor. Tengo suerte de que me quieran como soy porque sé que eso es a veces complicado. Tengo suerte de que siempre estén a mi lado, y que a pesar de no ser muy comunicativas sabemos que podemos contar con la otra para cualquier cosa, en cualquier momento, en cualquier circunstancia. Tengo suerte también de admirarlas como seres humanos, como activistas, como mujeres luchadoras.

Tengo suerte de tener una ex novia que me hizo muy feliz y que aún me quiere. Y yo tengo mucha suerte de aún quererla. Porque todo lo que pasó entre las dos los últimos meses pudo habernos llevado al más intenso de los odios. Pero de alguna forma ninguna de las dos se permitió odiar lo que alguna vez se había amado, y eso es lo único que nos permite seguir adelante con nuestras vidas. Y volver a soñar y volver a construir ilusiones. Ella me enseñó muchas cosas, lecciones que nunca pensé aprender ya que nunca las pensé vivir. Gracias a ella soy una mujer que no volverá a cometer los mismos errores, que ha aprendido de sus defectos y de sus virtudes, y que está más preparada para futuras relaciones.

Tengo suerte de estar viva, tengo suerte de tener una familia, tengo suerte de tener una hija, tengo suerte de tener amigas, tengo suerte de luchar por lo que quiero. Tengo suerte de haber sobrevivido al amor y al desamor. Tengo suerte de continuar en este mundo haciendo lo que me hace más feliz con gente que me da felicidad.

Tengo suerte de ser lesbiana. Tengo suerte de amar a otras mujeres, porque me dio una perspectiva nueva, diferente y transgresora de ver la vida. Una forma de vida realmente liberadora y que me llena de muchas satisfacciones.

 Soy una mujer con suerte.

Presencia

La soledad de los cines siempre me recordará a ti. Las papas fritas crujientes. Las risas de los locos. El olor de la fruta. Pienso en el pasado y esbozo una sonrisa. Pienso en el futuro y las duras miradas se repiten.

Pienso tan intensamente en ti que al día siguiente estoy muy cansada. Como si hubiera corrido una maratón de recuerdos. Luego en el trabajo red bull con coca para variar. Mantener los ojos abiertos cuando solo los quiero cerrar para soñarte. Y recostar mi cabeza sobre tu pecho y no sobre el duro escritorio de madera. Y perderme.

Las primeras horas son los recuerdos de día. Las siguientes horas son los recuerdos malos, los más recurrentes. Las últimas horas son pensar en cómo recomponer mi vida contigo y sin ti. Contigo a mi lado todo el tiempo. Porque tu recuerdo es más fuerte que tu propia presencia. Porque prefiero tu recuerdo porque es más humano. Es capaz de abrazarme sin mentirme y de consolarme sin lastimarme. Amo tu recuerdo a pesar de que no te amo a ti. Amo cada sueño soñado contigo y me alejo de la pesadilla de tus vaivenes. Amo las posibilidades, no las probabilidades. Me asusta verte otra vez, porque sé que los recuerdos se arruinarán y solo quedarás tú. Desnuda, inacabada, triste. 

Ficción

Estábamos en el cine las dos cuando casi al mismo tiempo nos lleguen mensajes a cada una. A ella su novia le había escrito que tenía problemas. A mí, una amiga me decía que estaban celebrando el fin de año adelantado y quería celebrarlo conmigo. Le digo que quizás en dos horas. Quizás.

Ella estaba desesperada. Sabía que iba a arruinar el momento otra vez, casi en la misma circunstancia de hace varios meses y sabía que no podría evitarlo y que tendría qe asumir las consecuencias, otra vez. Y eso la asustaba. Le asustaba la posibilidad de perderme otra vez y esta vez no recuperarme.

Creo que en algún momento yo perdí la capacidad de indignación. Solo le dije: haz lo que creas correcto. Y ella se fue. A la mitad de la película dejándome completamente sola en una sala repleta de gente.

Yo salgo y no sé qué hacer, quiero irme a mi casa pero mis cosas están en su cuarto. No quiero celebrar nada pero no me queda otra que ir a la celebración. Suspiro y voy para allá. Sé que mi amiga y yo terminaremos besándonos,  de eso no hay duda. Y sé también que me gustará y que eso es lo que estoy buscando cuando voy hacia ella.

Llego y me reciben, me invitan cerveza, todas cantan. Luego me llegan mensajes de ella. Ya ven. Ya se fue. Ven por favor. Regresa. Quiero dormir contigo. Vuelve ahora.

Le digo que en un par de horas, que necesito distraerme, que quiero estar sola. Me dice que no lo haga, que vuelva a ella, que me distraiga con ella. No le vuelvo a contestar.

Cuatro horas después regreso a ella. Está furiosa. Me odia. Golpea la pared y se lastima la mano una y otra vez. Respira rápido y llora. Yo otras veces lloraba a su lado. La contenía. Cogía su mano y evitaba que se golpeara. Tranquilizaba su respiración. Velaba su sueño. Ahora dejo que se lastime. Deseo que se lastime. Deseo dormir. Solo son amagos de tragedia. Tragedia tantas veces repetida, tantas veces vivida.

Luego hablamos, pero aún no comprende la dimensión de su falta. Creo que nunca lo comprenderá. Es una niña. Inmadura, insensible, egoísta, pero niña al fin y al cabo. Extraviada en el pasado, hundida en los recuerdos. Perdida, llorosa, dubitativa. Y soy solo soy una mujer cansada que quiere dormir profundamente, despertar, ir a trabajar y seguir viviendo. Sin ella.

Al día siguiente actúa como si nada hubiera pasado. Yo actúo como si todo hubiera pasado. Estamos tan cerca y tan lejos. Como si un millón de estrellas se colocaran entre nosotras y nos impidieran tocarnos, a pesar de que nos tocamos. Como si nos impidieran besarnos a pesar de que nos besamos. Como si nos impidieran amarnos a pesar de que nos amamos. Y yo me alejo otra vez como tantas veces. Con el sabor de la derrota en cada poro de mi cuerpo. Y con todas las posibilidades a flor de piel.