sin cambios de rumbo

Aprender a desaprender no es fácil. Una tiene que luchar con muchas cosas arraigadas por demasiado tiempo. Aceptar que no son fáciles de dejar pero que te hacen daño. Y tener la esperanza de que alguna vez puedas dejarlas de lado. No perder esa esperanza.

Pero no solo es aprender a desaprender lo que te puede ayudar a sobrevivir. Lo más difícil y complejo es, sobre todo, una tiene que aprende a lidiar con el dolor. Con dolores nuevos que nunca te imaginabas capaz de sentir. Y es el dolor el que no te deja avanzar, porque te devuelve a tiempos que añoras y a emociones agradables que alguna vez viviste con determinada persona y que no volverán. Y el reconocer que no volverán, que se acabaron, que no hay marcha atrás y que nada es para siempre duele.

Duele tanto que sientes que tu cuerpo es incapaz de seguir soportando tanto dolor y que de un momento a otro sucumbirá y se rendirá. Y por fin podrás decir adiós. Pero también es tan fácil hundirse en el dolor, en la autocompasión, en el desapego a la vida. En las lágrimas de la mañana, de la tarde y de la noche. Porque parece que no tendrá fin, que no hay necesidad de luchar, que nada tiene sentido más que el estar tirada en la cama recordando y llorando. Y todo se convierte en un círculo vicioso.

Mientras tanto, una se sigue levantando diariamente a cumplir con las rutinas de siempre, el trabajo, el activismo, la familia. Diariamente y sin menoscabo las horas se llenan, los minutos se completan, los segundos vuelan. Los días se pierden solo esperando a que llegue la noche para que termine de una vez el malestar y la pena del día. Y venga otro día nuevo de pena.

Y los días que se repiten, las historias pasadas que no quieren irse e insisten en seguir metidas en tu vida y la debilidad y el volver a aceptar solo para no estar sola. Es la lucha contra la soledad la que debo ganar. Es la soledad lo que hace que vuelva a hundirme en esa historia que ya es pasado, que ya murió. O que quizás a evolucionado. Quién sabe. Nada está escrito sobre las relaciones humanas. Y todo lo que una pensaba que sería no es nunca. Ni lo volverá a ser.

Y para todos los demás la misma máscara de felicidad y despreocupación, la misma persona inteligente y risueña. La que hace chistes de doble sentido y todo lo ve sexual. La que tiene un cargo importante y sigue intentando encajar en él, como con todo en su vida. La que va y viene y hace cosas, comenta, fastidia, se pelea con la gente.

Es fácil también vivir con máscaras. Creo que la mayoría de nosotras sabe cómo hacerlo. Es una forma de sobrevivencia más como tantas otras. Y es sobre todo para evitar las preguntas de la gente. Creo que yo podría vivir sin hablar con las demás personas. O solo responder “ajá” todo el tiempo. Monosílabos. Onomatopeyas. Ruidos. Nada de palabras. Nada de conversaciones. Solo murmullos y susurros. Sé que esta forma de ser mía también arruina mis relaciones. No sé si deba a empezar a entablar relaciones más humanas con la gente. A estas alturas de mi vida no tengo muchas ganas de nada.

Quizás sean las fechas que están muy próximas las que me ponen en este estado melancólico. Sumado a lo que pasó con mi relación amorosa. Sumada a las presiones como directora. Todo se suma y nada resta. Y en mí se van acumulando cada día más pesos. Más ganas de no hacer nada. Más tareas que hacer cada día.

Y así el mundo sigue girando. Las personas despiertan al nuevo día esperando realizar acciones impresionantes, la nueva oportunidad, la casualidad que cambie sus vidas. El destino, la suerte, el azar. Como todos, como nadie, como yo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s