Final feliz

Me gustan las fechas, porque a pesar de ser todas arbitrarias te fijan situaciones y eventos en la mente, y puede que no sean muy precisas, pero por lo menos es lo más cercano al tiempo en el que pasó algo.

Por ejemplo, yo empecé mi relación con K el 13 de octubre de 2009, me refiero a la relación formal, o sea, al día que decidimos que sería nuestro aniversario. Porque ya salíamos desde mucho antes, específicamente desde mediados de julio, ya lo habíamos intentado una vez y habíamos terminado al mes, luego tuvimos una relación libre que me gustó mucho, y después ella insistió en la relación de pareja monogámica y para no perderla acepté.

Recuerdo también que el 11 de junio de 2010, en mi cumpleaños, fuimos a la disco con nuestras amigas, y la engañé en su cara, con tres chicas, y ella me perdonó. Recuerdo también que muchas veces la desairé y preferí a mis amigas y al activismo antes que a ella. La hacía esperar horas mientras duraba una reunión y ella se aburría, pero siempre estaba al final esperándome y feliz de que terminara por fin para poder estar juntas.

También recuerdo que muchísimas veces intenté terminar con ella, por diversas causas, no teníamos las mismas metas, a ella no le interesaba lo mío como a mí no me interesaba lo suyo. No teníamos los mismos gustos musicales, a mí me gustaba su música pero creo que ella detestaba la mía, también era una cuestión generacional, nos llevábamos casi 10 años, pero a veces resulta, es más, yo creo que muchas veces resulta esto de complementar conocimientos y experiencias, pero con K no funcionaba.

Con el papá de Cami, N, por ejemplo, coincidíamos en las metas, los dos queríamos ser humanistas, ser famosos por nuestro intelecto, dedicarnos a escribir poesía, novelas y ensayos, viajar por el mundo. Pero no había amor, o mejor dicho ya no había amor, el amor con el que habíamos empezado y durado muchos años se había ido agotando y desgastando con el paso del tiempo, con cada palabra dicha o no dicha, con cada acto mal entendido, con cada desavenencia que no podía ser corregida a tiempo, con deseos insatisfechos de una y otra parte.  Y así se acabó una relación de 8 años (aunque fueron más, ese es el cálculo oficial). Y no sirvió de nada compartir los mismos sueños y las mismas metas.

Y eso pasaba con K.  Y como no me fue bien con alguien con quien compartía casi todo, pensé que tal vez me fuera mejor con alguien con quien compartía casi nada. Y por eso muchas veces intenté terminar con K, así como muchas veces seguí salvando la relación con N. Y todo era inútil, porque las cosas ya se veían venir solo que yo no las dejaba pasar, las contenía y las contenía hasta que terminaban reventando en mi rostro.

Cuando rememoro esa parte de mi relación me apena un poco el haber sido tan desagradable y malvada (por suerte K no lee este blog, creo que nunca le gustó). Recuerdo que cuando discutíamos por cualquier tontería, y ambas estábamos muy molestas, yo decidía irme y dejarla sola, y ella venía detrás de mí y me jalaba y me decía que no me vaya, y yo insistía en irme, y así un buen rato hasta que yo desistía y me quedaba, luego nos reconciliábamos, pero creo que eso siempre lastimaba su autoestima, y yo era incapaz de ver la situación en perspectiva, y solo pensaba en mí.

Recuerdo que la primera vez que terminamos le di como excusa que no le gustaba leer y que eso generaba en nosotras una distancia enorme insuperable. Luego volvimos y eso dejó de importarme. Aunque en el tiempo en el que estuvimos hice que leyera todo Harry Potter, los 7 tomos (le gustaron mucho), y sobre todo, los tres tomos de Millenium (le fascinaron). Eso sí me hizo feliz.

Luego quise terminar porque ella no aceptaba que ocupara más tiempo en el activismo que con ella, en reuniones y actividades relacionadas. Y discutíamos continuamente por eso y al final ella terminó cediendo y dándome tiempo para mis cosas. Y a pesar de que al inicio ella estaba involucrada y parecía gustarle, poco a poco se fue alejando de ello, por lo desagradable que podía ser cierta gente con ella, por todos los riesgos que terminó corriendo por acompañarme, como perder el trabajo, la casa y la visa. En cierta forma, sus sueños. Y lo que me apena es no haberlo comprendido y haber sido indiferente a todas sus pérdidas.

También quise terminar porque sentía que no iba con mis principios esto de las relaciones de pareja monogámicas, quería una relación libre, abierta, poliamorosa. Pero ella nunca lo aceptó y yo cedí. Por ella, por mí, por las dos. Luego el poliamor me golpeó en la cara, pero ese es otro cantar, aún creo firmemente en el poliamor con sus tres premisas básicas, sinceridad, amor y deseo.

No recuerdo muy bien todas las razones que usé para poder terminar, aunque la última sí. Ella es de Cajamarca y allí Fujimori parece que hizo muchas cosas por la población, y ella, como toda su familia, iban a votar por Keiko, lo que a mí me resultaba espantoso. Y le dije que no podía estar con alguien que fuera a votar por ella, y que en cierta forma, me agotara más de lo que ya estaba agotada de pelear con tanto fujimorista todos los días, para llegar a casa y dormir con una fujimorista. Me quería morir y llegó un momento en que resultaba insoportable nuestra compañía. Por suerte ella reflexionó y luego se unió a mi lucha, y al final votó por Ollanta; pero en esa época, mayo, junio, ella ya estaba engañándome, así que mucho mérito tampoco tiene.

Y todo este recuento es para resumir en cierta forma todos los intentos que hice para que la relación termine y todo el esfuerzo que hizo ella en este año y nueve meses, desde el 13 de octubre del 2009 hasta el 9 de julio del 2011, para que la relación continúe. Y tengo que reconocer sus méritos en eso, por lo menos antes del engaño, porque soportarme sé que es una tarea dura.

Ella me dijo que me engañaba el 8 de julio (me dijo que la otra le gustaba mucho, pero que a mí seguía amándome y que ella sabía que podía hacernos felices a las dos, aunque eso ahora suene gracioso o pendejo), pero yo estaba muy dolida así que al día siguiente, 9 de julio, apenas tuve completa conciencia de lo que pasaba, decidí terminar. Luego de eso vinieron cuatro meses insoportables y completamente desgraciados (julio, agosto, setiembre, octubre), en los que las dos aún teníamos esperanzas de regresar, de que las cosas se arreglaran; y creo que las dos los intentamos, pero lo intentamos mal, ninguna estuvo dispuesta a ceder nada, o cedíamos pero lo volvíamos a arruinar. Ella no podía controlar su deseo, sus nuevos sentimientos, sus antiguos sentimientos; yo no podía controlar mi desolación, mi desconfianza, mi rabia. Luego vinieron dos meses más (noviembre – diciembre) de aceptar el golpe, de procesarlo, de admitir que la relación ya no podía salvarse, de tratar de ser amigas, de que no se pierda lo bonito que había sido a pesar de lo mal que terminó todo, y de despedirnos definitivamente una y mil veces.

Y en el transcurso de esos meses llanto, dolor, risas, pasión, recriminaciones, reconciliaciones, mentiras, verdades, sexo, besos, abrazos, olores, flujos, mordiscos, alcohol, bailes, despedidas, canciones, regalos, rabias, rencores, historias, pasado, recuerdos, palabras, suspiros, deseos, cuchillos, paredes, libros, sueños, pechos, cuellos, baños, amigas, perdición, desconocidas, desnudos, frío, calor, sudor, olvido, caminatas, música, cine, habitaciones, suelos, ropa, dedicatorias, cartas, notas, llaves, cargadores, comida, bebida, amanecidas, celulares, llamadas, mensajes de texto, testamentos, promesas, juramentos.

Seis meses intensos en donde conocí más de mí que en toda mi vida. En donde todas las frases hechas y en las que nunca creí, se cumplieron: el mundo da vueltas, todo se paga, todo pasa por algo, así es la vida, tedas cuenta de cuánto has amado cuando es demasiado tarde, etc., etc. Seis meses en los que fui un alma en pena, en los que me arrastré porque no quería caminar, en los que me levanté de la cama cuando solo quería dormir eternamente, en los que seguí luchando cuando solo quería declararme vencida.

Y yo sí puedo decir que luché por ella, luché contra mi orgullo, mi dignidad y mi autoestima. Luché contra todo lo que me decían, contra dejarla de una vez, contra no volver a verla, contra perdonarla, luché contra todo lo razonable y lógico, luché contra el mismo amor, luché contra el odio. Luché contra mí misma, mis deseos, mis sentimientos, mis afectos, mis emociones, luché contra mi cuerpo, luché contra mis amigas, contra mi familia. Le di la espalda a todos por ella, por su amor. Y me parece paradójico que yo haya luchado tanto por terminar con ella y luego luchar tanto por no terminar. El mundo sí que es pequeño. Y sé que no luché en vano, sé que he ganado mucho en todo esto. Sé que yo gané porque perdí lo que tanto luché por perder y la consecuencia lógica es perderlo. No es una victoria fácil, fue costosa, fue difícil, fue compleja. Es de esas victorias que parecen derrotas.

Pero igual yo sabía que esto en algún momento terminaría, y si bien la melancolía ha suplantado a la tristeza, y el dolor ya no es el mismo, ni la pena, y tampoco hay desolación, y los recuerdos siguen vivos en mi mente, ya no deseo borrarlos, deseo atesorarlos, guardarlos como breves gotas de felicidad en mi vida, hasta que solos, con el tiempo y los cambios que se vienen, vayan desapareciendo y solo dejen una difusa estela de ensoñaciones. Como todo, como nada.

Así que continuando con el afán de guardar fechas para la posteridad (y para el blog también porque si no me olvido), el último día que la vi, es también el último día que la veré, 27 de diciembre de 2011, 6 de la mañana.

Nos prometemos un par de cosas en la noche, conversamos largamente, derramamos nuestras últimas lágrimas juntas, tratamos de que nuestros cuerpos guarden el último contacto posible, hacemos el amor por última vez, dormimos, y al día siguiente, el último beso, la última despedida, aunque ella no lo crea, aunque diga: “esta es una más de tantas V, nosotras estamos destinadas a seguir juntas, a envejecer juntas, a morir juntas, solo a ti te puedo decir amor, esa palabra te pertenece y siempre te pertenecerá”. Yo solo pienso que quiero envejecer y morir con el amor de mi vida, y ese amor aún no lo encuentro. Y creo que tampoco quiero encontrarlo pronto, quiero que ese amor se tome un tiempo, y que me permita conocer otros amores más livianos para luego volver a zambullirme en profundidad.

Adiós 2011. Bienvenido 2012. Adiós amor. Bienvenido amor. Amores. Y todo lo demás también. Y a empezar a vivir otra vez, con fuerza, con coraje, con valor. A retomar metas, sueños y esperanzas perdidas. El mundo se abre y yo lo abrazo. Y vuelvo a respirar.

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2 comments

  1. el corto maltés · enero 18, 2012

    ESTO ME GUSTÓ: Seis meses intensos en donde conocí más de mí que en toda mi vida. En donde todas las frases hechas, y en las que nunca creí, se cumplieron: el mundo da vueltas, todo se paga, todo pasa por algo, así es la vida, te das cuenta de cuánto has amado cuando es demasiado tarde, etc.

    UNA PROPUESTA DE SOUNDTRACK. CUÍDATE: Una sola vez, amor, estuve contra el paredón, / y fue difícil como decir solamente adiós. / Buena suerte a los dos / Buena suerte, nuevo amor. / Es tan ciega la ciudad que no nos vemos tú y yo. (Andrés Calamaro).

  2. exploradoralunar · enero 20, 2012

    gracias

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