domingo

O llega el domingo de visita a mi casa. Quiere que la ayude con unos temas que no puede resolver. Al final no la ayudo en nada y nos quedamos tiradas toda la tarde en la cama. Es un problema que sea domingo, que sea en la tarde y que seamos las dos. Simplemente dejamos todo para buscarnos, mirarnos, olernos. No podemos separarnos y tampoco podemos poner un pie fuera de la cama. En la sala las niñas ven televisión. No hace frío ni calor. Nuestros cuerpos sudan. Abrimos la ventana, tratamos de refrescarnos un rato y de nuevo nuestros cuerpos se juntan, revolotean, se mezclan, se enlazan.

Cuando terminamos O me dice que me ama. Yo le digo que está loca. Ella me dice que sí está loca. Que no le crea ni le haga caso. Ya lo sé, le digo. Añado que quiero estar todo el mes de febrero sola. Que para mí es un mes complicado porque el recuerdo de K comenzará a atormentarme así no quiera. O no quiere, me dice que no es necesario, que eso se va a dar poco a poco, que nos iremos separando lentamente, que no me ponga así. Le digo que es algo que me ha estado atormentando todos esos días, que necesito mi soledad, que quiero hundirme un tiempo en la tristeza.

O insiste por última vez. Que me va a extrañar, que me necesita, que no lo haga. Le digo que quizás cambie de idea al día siguiente. Que no se preocupe. Que yo también estoy loca. Comemos una salchipapa. Compramos una hamburguesa para las niñas. Es domingo, podemos comer porquerías.

Ella me comenta algunas situaciones con la chica que sale. Le digo que preferiría que no me las comente. Y con quién voy a hablar de ella, me dice, tú eres mi única amiga. Búscate alguien más, le digo, no quiero saber, no quiero involucrarme más de lo que ya estoy involucrada. No me parece justo ni para mí ni para ella. Luego de lo de K prometí no meterme con chicas que tuvieran pareja o algún tipo de relación con otra. Y no lo estoy cumpliendo. El cuerpo es demasiado débil.

Mientras nuestros cuerpos se juntan otra vez, ella por un momento se separa y me dice sorprendida y medio molesta: eso es nuevo, ¿te has acostado con alguien? No, le digo, aún no. Me mira con cara de que no me cree. En serio, le digo, y si lo hiciera no te lo diría. Recuerdo que cuando estuve con ella yo tenía la misma sensación. Cada cosa nueva era una sospecha. Luego dejó de importarme, pero sé cómo se siente.

Terminamos y comienza a contestar los mensajes de sus amigas, amantes, novias. Yo no tengo nada que contestar, es domingo, la gente suele dejarme en paz. Hasta Cami que suele buscarme todo el tiempo no viene a mi habitación. Ella sabe lo que pasó y lo que aún siento por K y por eso le sorprende el cariño que le tengo a O y mi familiaridad con ella. Le digo que así somos los seres humanos, avanzamos y retrocedemos, queremos y odiamos, pero que en el fondo las personas buenas no guardan rencor y perdonan para poder seguir viviendo, y que yo me considero una persona buena, y espero que ella algún día también lo sea.

Ya es hora de que O se vaya y la acompaño al paradero. Me dice que no quiere perderme todo febrero. Le digo que lo más seguro es que no me pierda. Que seguro esa sensación que tengo de escapar se me va a ir mañana en la mañana cuando vuelva a la vida real. Que los domingos son jodidos. Demasiadas horas para pensar. Me da un beso en los labios y me vuelve a decir que me ama. Le doy un beso en los labios y también le digo que la amo. Esto ya se está volviendo una mala costumbre.

Regreso a casa con la sensación de que otra vez me va a resultar muy difícil escapar de esto. Y que febrero será una tortura. Y que los domingos, el verano, las horas, no son buenos compañeros para mi soledad.

cansancio

Me siento extraña cuando O dice que daría la vida por mí, pero que también la daría por otras ex novias suyas. Yo le digo: entonces qué mérito tiene. Pero es que es cierto, me dice, lo haría. Si me vas a decir huevadas mejor no me digas nada. Se molesta, unas lágrimas caen por su rostro. Yo me hago la loca. Ya no voy a hablar de esas cosas, me dice. Mejor, le digo. Me da miedo volver a lastimarte, añade. Tú no vas a volver a lastimarme, le digo, eso ya no es posible.

Me cuenta que agarró con una amiga del trabajo en el baño. Le cuento que voy a salir con una chica la semana que viene y que seguro también pasarán muchas cosas.

Me cuenta que sale con una niña que está locamente enamorada de ella y por la cual siente un deseo casi irrefrenable. Le cuento que yo no siento deseo por nadie, ya ni siquiera siento tanto deseo por ella. Parece que el asunto va mal entre las dos otra vez. Me aburro y me dan ganas de irme a mi casa. Extraño mi soledad. Pero sigo ahí.

Con R salimos otra vez el viernes. El ambiente en la disco está muy cargado. La gente está súper borracha, la música es mala, hay como tres peleas y no dejan de empujarnos cada vez que pasan por nuestro lado.

Otra vez se repiten los picos, los besos de tres y las mordidas. Solo que esta vez O se molesta porque en un momento determinado R y yo estamos besándonos más de la cuenta y ella se siente aislada. Todo el camino de regreso a su casa es incómodo, O está molesta conmigo y con R. En la habitación sigue molesta. Le cuento que mi entrevista por tv salió bien, que no me puse muy nerviosa y que respondí correctamente. Me dice, eso era lo que querías ¿no? ser reconocida por todos. No, le digo, el reconocimiento es lo que menos me importa. No seas mentirosa, me dice, tú quieres ser famosa, que la gente sepa de ti. Lo que yo quiero es que menos lesbianas sientan culpa por ser lesbianas, y que vean que hay lesbianas que no tienen miedo de ser visibles. Ella se molesta, cree que niego algo evidente. Yo me molesto, no tiene ningún sentido hablar de eso, no me interesa ni el reconocimiento, ni el éxito, ni siquiera me preocupa mi futuro.

Se levanta, se pone su ropa y me dice que va a salir un rato, que necesita tomar aire. Yo también me levanto y me pongo mi ropa. Si te vas yo me voy, al fin y al cabo es tu casa, soy yo la que debe irse. Me dice que no, que me quede, que solo es un ratito. Le digo que no, que no se preocupe, que mejor me voy. Al final las dos volvemos a echarnos. Ella sigue renegando por varias cosas, el trabajo, el estudio, la familia, las mujeres. Yo me hago la dormida, estoy cansada, no quiero hablar de nada, no quiero consolar a nadie, aunque al final tengo que hacerlo, le digo que yo la voy a ayudar, que voy a estar a su lado cuando me necesite, que no se preocupe, que las cosas van a mejorar, luego nos quedamos dormidas.

Al día siguiente tengo otra entrevista en una radio así que pido permiso en el trabajo, otra vez. Nos despedimos, me dice que nos vemos pronto, y cada quien regresa a su vida normal. Luego me manda un mensaje de texto: te amo. Yo también te amo, le respondo. Y seguimos mintiéndonos hasta la próxima vez.

Es extraño, pero todo este tiempo no he pensado en K, o sea, no como antes, supongo que es porque estoy entretenida con O, porque si estuviera sola o sin nada que hacer seguro me torturaría recordándola. Es bueno estar entretenida.

Ella, O y la masturbación

Es miércoles. O me dice, luego de un encuentro casual, que lo nuestro no es amor, que de lo que tenemos no va a surgir una relación. Yo me río. Por lo menos me adelantó algo que yo no me atrevía a decir. Yo no busco amor en estos momentos, solo pasarla bien. Le dije que estaba de acuerdo que no había problema, que estábamos en la misma línea.

Me abraza y me dice que me quiere mucho. Que se siente mal por todos los años (que solo fueron dos) que no nos vimos, que no quisimos vernos. Y de haberle dado tanta importancia a cosas que no valían la pena. Yo le digo que no importa, que esos dos años estuve muy ocupada y que en esos momentos lo que menos me hubiera importado era su amistad. Veo como se estremece y una pesada lágrima cruza su rostro. Lo oculta rápidamente pero igual logro verla.

Le digo que lo siento, que quizás fui muy brusca para explicarle que todo el tiempo que no nos vimos fui tan feliz y tan triste que no pensé en ella. Y que qué bueno que llegara ahora que ya no pienso en nadie (no tanto, ya no tanto, o ya no de la misma forma). Que el tiempo que estuvimos lejos fue lo mejor que nos pasó para poder recuperar la amistad.

Me dice que es verdad, que quizás está muy sensible, que no le haga caso. La beso en el cuello, luego su espalda. Ella vuelve a excitarse. Me jala a la cama, me pone boca abajo y jugamos un rato. Cuando terminamos me pide que le cuente lo que pasó con K. Le digo que preferiría no hablar de eso, contar toda esa triste historia es como revivirla, le digo que lea mi blog, que ahí está todo. Por suerte no insiste. Sabe que aún estoy luchando por dejar de pensar en K, por dejar de quererla, porque no importe su vida.

Luego le digo que tengo un par de reuniones, me pide que regrese en la noche. Ok le digo y me voy. Termino mis labores activistas y me llama L. Me pregunta en donde estoy. Le digo donde siempre. Me dice que la espere que ya está yendo. Le digo que ok, así que me entretengo un rato en el face.

Cuando llega me abraza y me da un beso en los labios. Pasa a la oficina y conversamos de todo un poco, sobre todo del beso de tres que nos dimos el último viernes con O. Me dijo que era algo que siempre había querido hacer. No sé si se refiere al beso de 3, a besarme a mí o a besar a O, a las tres cosas, o solo a dos. No le pregunto más.

Nos morimos de hambre, son cerca de las 10 de la noche, así que abrimos la lata de duraznos que teníamos bien escondida en un cajón. Comemos y seguimos conversando. De pronto no sé cómo la conversación recae en el tema del orgasmo. R me dice que ella no ha tenido un orgasmo por más que lo ha intentado masturbándose (ya que ella nunca se ha acostado con ninguna chica). Le digo que quizás tenga que buscar otra técnica de masturbación y le describo algunas muy someramente.

R me dice que lo ha intentado todo. Se abre de piernas, mete la mano en su ropa interior y comienza a masturbarse frente a mí. Veo sus ojos grandes, sus senos pequeños, su mano que sube y baja rápidamente. Me mira con sus ojos acuosos, sus labios entreabiertos. Yo la miro y esquivo lo que estoy viendo. Trato de resistir, me digo no carajo es mi amiga, todo se va a joder. Mientras mi otra mitad me dice que me lance sobre ella, que la ayude a masturbarse, que la bese, la lama, la frote.

Pero sigo sentada. Ves, me dice ella, puedo estar así por horas y me canso y nada de nada. Pucha, le digo, ya es tarde. O me está esperando. Eres una idiota, me dice riendo y salimos a la calle.

En el camino me cuenta con quién agarró hace unos días, que se siente sola, que necesita entretenerse. Yo le digo que estoy igual, que me siento sola, que necesito entretenerme con alguien. La conversación sigue por el mismo rumbo, aunque ahora la siento más vulnerable, menos bromista y más sensible, como si esperara algo que sabe que no va a llegar, que es completamente imposible que llegue.

Llegamos al paradero, le digo para ir a bailar el viernes, me dice que ya, le digo que O debe estar molesta porque la hago esperar demasiado. Ok vete, me dice. Mi beso, le digo. Se acerca y me da un dulce beso en los labios.. Es la primera vez que la dejo sola en el paradero. Me voy y no puedo evitar recordar ese beso toda la noche.

Luego voy donde O, salimos a cenar, tomamos un par de cervezas y continuamos con nuestros juegos hasta quedarnos exhaustas.

O

O siempre ha sido una chica muy dulce. Quizás eso es lo que me atraía de ella hace muchos años. Su capacidad para el cuidado, su innata predisposición para adivinar cuáles eran mis necesidades y resolverlas rápidamente. Quizás eso es lo que más extrañaba de ella.

O, como casi todas mis novias anteriores, estaba aún enamorada de su ex. Me había pasado antes con H quien vivía guardándole un rencor, y por eso supongo que un amor, terrible a su ex, y luego cuando tuvo ese breve romance conmigo en el transcurso se enamoró perdidamente de otra (que era más “pendeivis” que yo, eso lo puedo asegurar, pero el amor es ciego), y me botó (la historia de mi vida). Así que yo fui una especie de puente entre su antiguo amor y su nuevo amor. Supongo que habré estado mal unos tres o cuatro meses, y luego llegó B, en medio de mi tristeza por H, y justo me la presentó una muy amiga de H, con quien yo también me hice muy amiga, a quien llamaré Cupido (porque no recuerdo si fue ella la que me presentó a H o si fue al revés).

Cupido me presentó a B en el Twin, y B no me gustó mucho, además yo pensaba en H y estaba apenada y quería estar sola, pero B trataba de escapar de una chica que la estaba persiguiendo así que se quedó conmigo. Nos emborrachamos, agarramos y luego nos fuimos juntas a mi casa. Era la primera vez que hacía algo así con alguien completamente desconocida y me pareció divertido, aunque fue medio extraño porque mi hermana estaba en el cuarto de al lado y mi hermano en el cuarto de arriba y podían escuchar todo lo que hacíamos. No nos volvimos a ver pero ella me bombardeaba con mensajes de texto y eso me cautivó. Fuimos amantes primero, luego pareja, luego nos dejamos. Ella me dejó, nunca me dijo por qué hasta después de mucho tiempo cuando me invitó a almorzar en uno de sus viajes a Lima, y me dijo que había vuelto con su ex y que estaba enamorada de ella cuando estuvo conmigo. No me pareció necesaria la información pero bueno. Qué chévere que me lo contara ¿no?

Cuando yo estaba triste por lo de B apareció S con quién intenté por un tiempo olvidar a B pero no funcionó, luego apareció O, y me distrajo muy bien, me sacó de la cabeza a B por fin y nos divertimos mucho. Pero O tenía un pasado del cual no quería hablarme y que volvía cada cierto tiempo y no nos dejaba ser felices, o por lo menos estar tranquilas. Yo lo aceptaba con tal de que O siguiera conmigo y me diera ese poquito de felicidad a la que ya me había acostumbrado, el problema es que O nunca se acostumbró a eso, prefirió ser sincera, volver a intentarlo con su ex y terminamos.

Mientras estaba triste por el fin de mi relación con O llegó K y todo nos fue genial (eso es mentira pero quiero recordarlo así) hasta que ella se enamoró de otra y tuve que alejarme de su vida, porque ella quería que siguiéramos las tres y yo llegué a cansarme emocionalmente de eso, aunque luego de un descanso sí creo que es posible una relación de 3, o de 4, o de 5. Una comunidad de amor. Pero todo lo que pasó con K está terriblemente detallado en todos estos meses anteriores desde julio así que mejor no lo repito.
En conclusión, o todas mis novias estaban enamoradas de otras, o se enamoraban en el transcurso de mi relación con ellas o yo no me enamoraba nunca de ellas (qué triste mi vida). De lo cual deduzco que no es que tenga mala suerte en el amor sino que todas mis elecciones han sido muy precarias.

Ahora O regresa, casi sin complicaciones, no creo que tan libre de amores pasados, pero con ganas de disfrutar de la vida, de hacer las cosas un poco mejor, y como yo aún estoy triste por lo de K otra vez me envuelvo en brazos de O. Y O me recibe tan cómoda, como si nada hubiera pasado entre las dos. Como si no nos hubiéramos lanzado palabras hirientes, insultos, reclamos lacerantes, como si no hubiéramos llorado con rabia nuestro fracaso, como si no nos hubiéramos lastimado una y otra vez mutuamente. Como si no hubiera pasado nada. Como si ya hubiera pasado todo. Y me sorprende cómo el tiempo puede curar las heridas y hacer que el rencor y el odio sean parte del pasado. Me sorprende también mi capacidad para decirle te quiero, ya que ella me dice te quiero, sin sentirlo, sin realmente sentirlo, como si le dijera hola como estás, me refiero a sin pasión, sin sentimientos encontrados, sin problemas. Una frase hecha. Una frase más que no lastima ni ilusiona. Me sorprende también cómo puedo dormir en su pecho tan cómodamente cuando nos reencontramos, que son pocas veces pero esas pocas son muy bien aprovechadas. Me sorprende mi capacidad para poder querer a alguien tan relajadamente, sin compromisos, sin pensar en nada, sin futuro.

Me pregunto si he cambiado mucho, si algún día tendré la capacidad de volver a amar como amé alguna vez. Si eso es posible, si existe alguna esperanza de que eso vuelva a pasar en mí. Yo imagino que sí, en el fondo sí mantengo una pequeña flamita de esperanza, muy al fondo, muy bien escondidita, una flamita que quiere apagarse de vez en cuando pero que sobrevive como sobreviven algunos sueños y algunas ilusiones, con las fuerzas que le da el seguir dando un paso más cada amanecer.

Poliamor

El viernes pasado fui un rato a la disco luego de que nos estafaran con el concierto de Los Mirlos en el CCEspaña. No estuvieron ellos, como todo el mundo esperaba, sino una grabación de un concierto antiguo con un sonido pésimo.

Estuvimos hasta el final del “concierto” con varios amigos. Ellos querían ir a un sitio llamado Warmi algo, yo quería ir a cualquier sitio cercano a donde estábamos. Al final nuestros amigos se fueron y solo se quedaron las chicas, todas lesbianas, así que nos fuimos a las 13, era eso o irnos hasta Miraflores, además, a pesar de todo lo que digan. A mí me gusta la 13, es el único espacio clasemediero abierto todos los días, barato y cercano para la mayoría de chicas, es grande, las últimas veces que he ido ya no se llena tanto como antes, y es uno de los pocos espacios lésbicos en donde va mucha gente joven de barrios populares, quizás por eso me siento cómoda ahí. Pero sobre todo, es oscuro, y eso me fascina.

Continuando. Estábamos ahí las 4, P, T, R y yo. Luego vinieron dos chicas más que eran pareja.-, luego llegó O. Después de un rato se fue la pareja. Y quedamos las 5. Luego P y T se fueron. Y quedamos R, O y yo.

Como R y O tiene apariencia femenina (a pesar de que son más machos que yo) pronto empezaron a rodearnos varios grupitos de chicas. Una de ellas saca a bailar a R, y en el transcurso del baile empiezan a tomarles foto. Termina el baile y sacan a O. y pasa lo mismo, empiezan las fotos. La diferencia es que a O no le molesta pero a R sí.

Le preguntan a O si alguna de nosotras es pareja y ella les dice que las tres estamos juntas, que somos una “pareja” de tres, o sea, que somos poliamorosas. Las chicas no le creen así que cuando termina el baile O viene, nos cuenta y nos dice que nos demos piquitos entre las tres y nos da piquitos a R y a mí. Luego nos volvemos a dar piquitos.

R dice que eso no es suficiente así que propone besos de a tres. Así que las tres nos juntamos y comenzamos a besarnos frente a todo el mundo. Nos detenemos un rato para matarnos de risa y luego volvemos a besarnos las tres.

Supongo que después de eso nadie dudaría de nuestro ideario poliamoroso. Luego R se fue y me quedé con O tomando un poco más, besándonos y luego nos fuimos a su casa a dormir. Me encanta O cuando se comporta tan amablemente, no nos veíamos hace un buen tiempo, pero cuando nos volvemos a ver nos invade una furia sexual digna de mejores causas. Así que le dije adiós a mi abstinencia.

imágenes mentales

Regresar con una ex deber ser difícil (no digo que haya regresado con mi ex, no creo que eso suceda, aunque todo es posible, solo me pongo a analizar en todo lo que se negocia en una situación así). Y depende mucho de los términos en los que se dio fin a la relación.

Por ejemplo, si yo volviera con mi ex (la verdad este post es solo para rellenar el hecho de que no tengo nada que contar jojo) me resultaría muy difícil confiar en ella. Y yo creo que a ella le resultaría muy difícil confiar en mí. Aunque creo que lo intentaríamos. Y esta ligera esperanza es la que ha salvado muchas relaciones de pareja en las que la confianza ha sido mellada por una o por las dos partes. Y creo que también es gracias a esto que los terapeutas de pareja tienen mucho dinero.

Bueno, siguiendo con mi fantasía, no la veo hace como tres semanas (22 días) aunque sí la he visto un par de veces desde lejos y otro par de veces por fotos. Y es raro pero cuando la he visto de lejos no he sentido nada, ni ganas de cruzarme con ella ni de hablarle ni siquiera de saludarla. Pero cuando he visto sus fotos si he sentido como si algo me golpeara en el pecho. Y luego del golpe un dolor profundo.

Supongo que esto se debe a que yo he separado dos tiempos de mi relación pasada. El tiempo bueno y el tiempo malo. El tiempo bueno está asociado a imágenes y recuerdos, que es lo único que queda del pasado, recuerdos de devoción, de cuidado, de satisfacción, de amor. El tiempo malo está asociado a su presencia, a su vida misma, a su forma de caminar o de mirar, a su olor a su aliento, a su risa, a su llanto. Por eso trato de estar lo más lejos posible de su presencia, pero no puedo evitar torturarme muy de vez en cuando con su imagen, o con la imagen de un pasado que fue bueno y que no volverá.

Sé que está mal pero así es como los seres humanos trabajan sus procesos de olvido y de reconstrucción de sus vidas: cayendo y volviendo a levantarse. Y claro, imaginando mucho. Por ejemplo, yo imagino que me la encuentro un día y ella se vuelve loca de alegría, me dice que está arrepentida de lo que ha hecho, que me sigue amando y que ya terminó con su novia. También imagino que la atropella un carro. Este último es más recurrente.

Imagino situaciones y diálogos en los que ella siempre termina pidiendo perdón y yo no se lo doy y me voy, y ella se queda sola y llorando. Y a la vuelta de la esquina me está esperando la mujer que me levantó del suelo y me hizo volver a vivir. Típica novela mexicana. Y eso que nunca vi ni una de esas novelas completa, gracias a “Dios”. Otras veces solo imagino que nos encontramos en el pasadizo oscuro que da a su casa. Ella sale de su cuarto y yo estoy sentada en el muro. Ella se acerca, me toma de la mano, me levanta y nos abrazamos como si no nos hubiéramos visto por años. Luego nos besamos, entramos a su cuarto y dormimos juntas. Generalmente lo más sencillo es lo que más se acerca a la realidad.

Trato de imaginarme con otras mujeres pero aún no puedo. No logro visualizar un rostro ni un cuerpo. Y así es complicado imaginar algo. Y creo que así es mejor, me mantengo lejos de las “locas” con las que suelo cruzarme (aunque me gustan mucho las locas), me concentro en mis tareas pendientes y sigorelativamente tranquila y ligeramente contenta.