domingo

O llega el domingo de visita a mi casa. Quiere que la ayude con unos temas que no puede resolver. Al final no la ayudo en nada y nos quedamos tiradas toda la tarde en la cama. Es un problema que sea domingo, que sea en la tarde y que seamos las dos. Simplemente dejamos todo para buscarnos, mirarnos, olernos. No podemos separarnos y tampoco podemos poner un pie fuera de la cama. En la sala las niñas ven televisión. No hace frío ni calor. Nuestros cuerpos sudan. Abrimos la ventana, tratamos de refrescarnos un rato y de nuevo nuestros cuerpos se juntan, revolotean, se mezclan, se enlazan.

Cuando terminamos O me dice que me ama. Yo le digo que está loca. Ella me dice que sí está loca. Que no le crea ni le haga caso. Ya lo sé, le digo. Añado que quiero estar todo el mes de febrero sola. Que para mí es un mes complicado porque el recuerdo de K comenzará a atormentarme así no quiera. O no quiere, me dice que no es necesario, que eso se va a dar poco a poco, que nos iremos separando lentamente, que no me ponga así. Le digo que es algo que me ha estado atormentando todos esos días, que necesito mi soledad, que quiero hundirme un tiempo en la tristeza.

O insiste por última vez. Que me va a extrañar, que me necesita, que no lo haga. Le digo que quizás cambie de idea al día siguiente. Que no se preocupe. Que yo también estoy loca. Comemos una salchipapa. Compramos una hamburguesa para las niñas. Es domingo, podemos comer porquerías.

Ella me comenta algunas situaciones con la chica que sale. Le digo que preferiría que no me las comente. Y con quién voy a hablar de ella, me dice, tú eres mi única amiga. Búscate alguien más, le digo, no quiero saber, no quiero involucrarme más de lo que ya estoy involucrada. No me parece justo ni para mí ni para ella. Luego de lo de K prometí no meterme con chicas que tuvieran pareja o algún tipo de relación con otra. Y no lo estoy cumpliendo. El cuerpo es demasiado débil.

Mientras nuestros cuerpos se juntan otra vez, ella por un momento se separa y me dice sorprendida y medio molesta: eso es nuevo, ¿te has acostado con alguien? No, le digo, aún no. Me mira con cara de que no me cree. En serio, le digo, y si lo hiciera no te lo diría. Recuerdo que cuando estuve con ella yo tenía la misma sensación. Cada cosa nueva era una sospecha. Luego dejó de importarme, pero sé cómo se siente.

Terminamos y comienza a contestar los mensajes de sus amigas, amantes, novias. Yo no tengo nada que contestar, es domingo, la gente suele dejarme en paz. Hasta Cami que suele buscarme todo el tiempo no viene a mi habitación. Ella sabe lo que pasó y lo que aún siento por K y por eso le sorprende el cariño que le tengo a O y mi familiaridad con ella. Le digo que así somos los seres humanos, avanzamos y retrocedemos, queremos y odiamos, pero que en el fondo las personas buenas no guardan rencor y perdonan para poder seguir viviendo, y que yo me considero una persona buena, y espero que ella algún día también lo sea.

Ya es hora de que O se vaya y la acompaño al paradero. Me dice que no quiere perderme todo febrero. Le digo que lo más seguro es que no me pierda. Que seguro esa sensación que tengo de escapar se me va a ir mañana en la mañana cuando vuelva a la vida real. Que los domingos son jodidos. Demasiadas horas para pensar. Me da un beso en los labios y me vuelve a decir que me ama. Le doy un beso en los labios y también le digo que la amo. Esto ya se está volviendo una mala costumbre.

Regreso a casa con la sensación de que otra vez me va a resultar muy difícil escapar de esto. Y que febrero será una tortura. Y que los domingos, el verano, las horas, no son buenos compañeros para mi soledad.

cansancio

Me siento extraña cuando O dice que daría la vida por mí, pero que también la daría por otras ex novias suyas. Yo le digo: entonces qué mérito tiene. Pero es que es cierto, me dice, lo haría. Si me vas a decir huevadas mejor no me digas nada. Se molesta, unas lágrimas caen por su rostro. Yo me hago la loca. Ya no voy a hablar de esas cosas, me dice. Mejor, le digo. Me da miedo volver a lastimarte, añade. Tú no vas a volver a lastimarme, le digo, eso ya no es posible.

Me cuenta que agarró con una amiga del trabajo en el baño. Le cuento que voy a salir con una chica la semana que viene y que seguro también pasarán muchas cosas.

Me cuenta que sale con una niña que está locamente enamorada de ella y por la cual siente un deseo casi irrefrenable. Le cuento que yo no siento deseo por nadie, ya ni siquiera siento tanto deseo por ella. Parece que el asunto va mal entre las dos otra vez. Me aburro y me dan ganas de irme a mi casa. Extraño mi soledad. Pero sigo ahí.

Con R salimos otra vez el viernes. El ambiente en la disco está muy cargado. La gente está súper borracha, la música es mala, hay como tres peleas y no dejan de empujarnos cada vez que pasan por nuestro lado.

Otra vez se repiten los picos, los besos de tres y las mordidas. Solo que esta vez O se molesta porque en un momento determinado R y yo estamos besándonos más de la cuenta y ella se siente aislada. Todo el camino de regreso a su casa es incómodo, O está molesta conmigo y con R. En la habitación sigue molesta. Le cuento que mi entrevista por tv salió bien, que no me puse muy nerviosa y que respondí correctamente. Me dice, eso era lo que querías ¿no? ser reconocida por todos. No, le digo, el reconocimiento es lo que menos me importa. No seas mentirosa, me dice, tú quieres ser famosa, que la gente sepa de ti. Lo que yo quiero es que menos lesbianas sientan culpa por ser lesbianas, y que vean que hay lesbianas que no tienen miedo de ser visibles. Ella se molesta, cree que niego algo evidente. Yo me molesto, no tiene ningún sentido hablar de eso, no me interesa ni el reconocimiento, ni el éxito, ni siquiera me preocupa mi futuro.

Se levanta, se pone su ropa y me dice que va a salir un rato, que necesita tomar aire. Yo también me levanto y me pongo mi ropa. Si te vas yo me voy, al fin y al cabo es tu casa, soy yo la que debe irse. Me dice que no, que me quede, que solo es un ratito. Le digo que no, que no se preocupe, que mejor me voy. Al final las dos volvemos a echarnos. Ella sigue renegando por varias cosas, el trabajo, el estudio, la familia, las mujeres. Yo me hago la dormida, estoy cansada, no quiero hablar de nada, no quiero consolar a nadie, aunque al final tengo que hacerlo, le digo que yo la voy a ayudar, que voy a estar a su lado cuando me necesite, que no se preocupe, que las cosas van a mejorar, luego nos quedamos dormidas.

Al día siguiente tengo otra entrevista en una radio así que pido permiso en el trabajo, otra vez. Nos despedimos, me dice que nos vemos pronto, y cada quien regresa a su vida normal. Luego me manda un mensaje de texto: te amo. Yo también te amo, le respondo. Y seguimos mintiéndonos hasta la próxima vez.

Es extraño, pero todo este tiempo no he pensado en K, o sea, no como antes, supongo que es porque estoy entretenida con O, porque si estuviera sola o sin nada que hacer seguro me torturaría recordándola. Es bueno estar entretenida.

Ella, O y la masturbación

Es miércoles. O me dice, luego de un encuentro casual, que lo nuestro no es amor, que de lo que tenemos no va a surgir una relación. Yo me río. Por lo menos me adelantó algo que yo no me atrevía a decir. Yo no busco amor en estos momentos, solo pasarla bien. Le dije que estaba de acuerdo que no había problema, que estábamos en la misma línea.

Me abraza y me dice que me quiere mucho. Que se siente mal por todos los años (que solo fueron dos) que no nos vimos, que no quisimos vernos. Y de haberle dado tanta importancia a cosas que no valían la pena. Yo le digo que no importa, que esos dos años estuve muy ocupada y que en esos momentos lo que menos me hubiera importado era su amistad. Veo como se estremece y una pesada lágrima cruza su rostro. Lo oculta rápidamente pero igual logro verla.

Le digo que lo siento, que quizás fui muy brusca para explicarle que todo el tiempo que no nos vimos fui tan feliz y tan triste que no pensé en ella. Y que qué bueno que llegara ahora que ya no pienso en nadie (no tanto, ya no tanto, o ya no de la misma forma). Que el tiempo que estuvimos lejos fue lo mejor que nos pasó para poder recuperar la amistad.

Me dice que es verdad, que quizás está muy sensible, que no le haga caso. La beso en el cuello, luego su espalda. Ella vuelve a excitarse. Me jala a la cama, me pone boca abajo y jugamos un rato. Cuando terminamos me pide que le cuente lo que pasó con K. Le digo que preferiría no hablar de eso, contar toda esa triste historia es como revivirla, le digo que lea mi blog, que ahí está todo. Por suerte no insiste. Sabe que aún estoy luchando por dejar de pensar en K, por dejar de quererla, porque no importe su vida.

Luego le digo que tengo un par de reuniones, me pide que regrese en la noche. Ok le digo y me voy. Termino mis labores activistas y me llama L. Me pregunta en donde estoy. Le digo donde siempre. Me dice que la espere que ya está yendo. Le digo que ok, así que me entretengo un rato en el face.

Cuando llega me abraza y me da un beso en los labios. Pasa a la oficina y conversamos de todo un poco, sobre todo del beso de tres que nos dimos el último viernes con O. Me dijo que era algo que siempre había querido hacer. No sé si se refiere al beso de 3, a besarme a mí o a besar a O, a las tres cosas, o solo a dos. No le pregunto más.

Nos morimos de hambre, son cerca de las 10 de la noche, así que abrimos la lata de duraznos que teníamos bien escondida en un cajón. Comemos y seguimos conversando. De pronto no sé cómo la conversación recae en el tema del orgasmo. R me dice que ella no ha tenido un orgasmo por más que lo ha intentado masturbándose (ya que ella nunca se ha acostado con ninguna chica). Le digo que quizás tenga que buscar otra técnica de masturbación y le describo algunas muy someramente.

R me dice que lo ha intentado todo. Se abre de piernas, mete la mano en su ropa interior y comienza a masturbarse frente a mí. Veo sus ojos grandes, sus senos pequeños, su mano que sube y baja rápidamente. Me mira con sus ojos acuosos, sus labios entreabiertos. Yo la miro y esquivo lo que estoy viendo. Trato de resistir, me digo no carajo es mi amiga, todo se va a joder. Mientras mi otra mitad me dice que me lance sobre ella, que la ayude a masturbarse, que la bese, la lama, la frote.

Pero sigo sentada. Ves, me dice ella, puedo estar así por horas y me canso y nada de nada. Pucha, le digo, ya es tarde. O me está esperando. Eres una idiota, me dice riendo y salimos a la calle.

En el camino me cuenta con quién agarró hace unos días, que se siente sola, que necesita entretenerse. Yo le digo que estoy igual, que me siento sola, que necesito entretenerme con alguien. La conversación sigue por el mismo rumbo, aunque ahora la siento más vulnerable, menos bromista y más sensible, como si esperara algo que sabe que no va a llegar, que es completamente imposible que llegue.

Llegamos al paradero, le digo para ir a bailar el viernes, me dice que ya, le digo que O debe estar molesta porque la hago esperar demasiado. Ok vete, me dice. Mi beso, le digo. Se acerca y me da un dulce beso en los labios.. Es la primera vez que la dejo sola en el paradero. Me voy y no puedo evitar recordar ese beso toda la noche.

Luego voy donde O, salimos a cenar, tomamos un par de cervezas y continuamos con nuestros juegos hasta quedarnos exhaustas.

O

O siempre ha sido una chica muy dulce. Quizás eso es lo que me atraía de ella hace muchos años. Su capacidad para el cuidado, su innata predisposición para adivinar cuáles eran mis necesidades y resolverlas rápidamente. Quizás eso es lo que más extrañaba de ella.

O, como casi todas mis novias anteriores, estaba aún enamorada de su ex. Me había pasado antes con H quien vivía guardándole un rencor, y por eso supongo que un amor, terrible a su ex, y luego cuando tuvo ese breve romance conmigo en el transcurso se enamoró perdidamente de otra (que era más “pendeivis” que yo, eso lo puedo asegurar, pero el amor es ciego), y me botó (la historia de mi vida). Así que yo fui una especie de puente entre su antiguo amor y su nuevo amor. Supongo que habré estado mal unos tres o cuatro meses, y luego llegó B, en medio de mi tristeza por H, y justo me la presentó una muy amiga de H, con quien yo también me hice muy amiga, a quien llamaré Cupido (porque no recuerdo si fue ella la que me presentó a H o si fue al revés).

Cupido me presentó a B en el Twin, y B no me gustó mucho, además yo pensaba en H y estaba apenada y quería estar sola, pero B trataba de escapar de una chica que la estaba persiguiendo así que se quedó conmigo. Nos emborrachamos, agarramos y luego nos fuimos juntas a mi casa. Era la primera vez que hacía algo así con alguien completamente desconocida y me pareció divertido, aunque fue medio extraño porque mi hermana estaba en el cuarto de al lado y mi hermano en el cuarto de arriba y podían escuchar todo lo que hacíamos. No nos volvimos a ver pero ella me bombardeaba con mensajes de texto y eso me cautivó. Fuimos amantes primero, luego pareja, luego nos dejamos. Ella me dejó, nunca me dijo por qué hasta después de mucho tiempo cuando me invitó a almorzar en uno de sus viajes a Lima, y me dijo que había vuelto con su ex y que estaba enamorada de ella cuando estuvo conmigo. No me pareció necesaria la información pero bueno. Qué chévere que me lo contara ¿no?

Cuando yo estaba triste por lo de B apareció S con quién intenté por un tiempo olvidar a B pero no funcionó, luego apareció O, y me distrajo muy bien, me sacó de la cabeza a B por fin y nos divertimos mucho. Pero O tenía un pasado del cual no quería hablarme y que volvía cada cierto tiempo y no nos dejaba ser felices, o por lo menos estar tranquilas. Yo lo aceptaba con tal de que O siguiera conmigo y me diera ese poquito de felicidad a la que ya me había acostumbrado, el problema es que O nunca se acostumbró a eso, prefirió ser sincera, volver a intentarlo con su ex y terminamos.

Mientras estaba triste por el fin de mi relación con O llegó K y todo nos fue genial (eso es mentira pero quiero recordarlo así) hasta que ella se enamoró de otra y tuve que alejarme de su vida, porque ella quería que siguiéramos las tres y yo llegué a cansarme emocionalmente de eso, aunque luego de un descanso sí creo que es posible una relación de 3, o de 4, o de 5. Una comunidad de amor. Pero todo lo que pasó con K está terriblemente detallado en todos estos meses anteriores desde julio así que mejor no lo repito.
En conclusión, o todas mis novias estaban enamoradas de otras, o se enamoraban en el transcurso de mi relación con ellas o yo no me enamoraba nunca de ellas (qué triste mi vida). De lo cual deduzco que no es que tenga mala suerte en el amor sino que todas mis elecciones han sido muy precarias.

Ahora O regresa, casi sin complicaciones, no creo que tan libre de amores pasados, pero con ganas de disfrutar de la vida, de hacer las cosas un poco mejor, y como yo aún estoy triste por lo de K otra vez me envuelvo en brazos de O. Y O me recibe tan cómoda, como si nada hubiera pasado entre las dos. Como si no nos hubiéramos lanzado palabras hirientes, insultos, reclamos lacerantes, como si no hubiéramos llorado con rabia nuestro fracaso, como si no nos hubiéramos lastimado una y otra vez mutuamente. Como si no hubiera pasado nada. Como si ya hubiera pasado todo. Y me sorprende cómo el tiempo puede curar las heridas y hacer que el rencor y el odio sean parte del pasado. Me sorprende también mi capacidad para decirle te quiero, ya que ella me dice te quiero, sin sentirlo, sin realmente sentirlo, como si le dijera hola como estás, me refiero a sin pasión, sin sentimientos encontrados, sin problemas. Una frase hecha. Una frase más que no lastima ni ilusiona. Me sorprende también cómo puedo dormir en su pecho tan cómodamente cuando nos reencontramos, que son pocas veces pero esas pocas son muy bien aprovechadas. Me sorprende mi capacidad para poder querer a alguien tan relajadamente, sin compromisos, sin pensar en nada, sin futuro.

Me pregunto si he cambiado mucho, si algún día tendré la capacidad de volver a amar como amé alguna vez. Si eso es posible, si existe alguna esperanza de que eso vuelva a pasar en mí. Yo imagino que sí, en el fondo sí mantengo una pequeña flamita de esperanza, muy al fondo, muy bien escondidita, una flamita que quiere apagarse de vez en cuando pero que sobrevive como sobreviven algunos sueños y algunas ilusiones, con las fuerzas que le da el seguir dando un paso más cada amanecer.

Poliamor

El viernes pasado fui un rato a la disco luego de que nos estafaran con el concierto de Los Mirlos en el CCEspaña. No estuvieron ellos, como todo el mundo esperaba, sino una grabación de un concierto antiguo con un sonido pésimo.

Estuvimos hasta el final del “concierto” con varios amigos. Ellos querían ir a un sitio llamado Warmi algo, yo quería ir a cualquier sitio cercano a donde estábamos. Al final nuestros amigos se fueron y solo se quedaron las chicas, todas lesbianas, así que nos fuimos a las 13, era eso o irnos hasta Miraflores, además, a pesar de todo lo que digan. A mí me gusta la 13, es el único espacio clasemediero abierto todos los días, barato y cercano para la mayoría de chicas, es grande, las últimas veces que he ido ya no se llena tanto como antes, y es uno de los pocos espacios lésbicos en donde va mucha gente joven de barrios populares, quizás por eso me siento cómoda ahí. Pero sobre todo, es oscuro, y eso me fascina.

Continuando. Estábamos ahí las 4, P, T, R y yo. Luego vinieron dos chicas más que eran pareja.-, luego llegó O. Después de un rato se fue la pareja. Y quedamos las 5. Luego P y T se fueron. Y quedamos R, O y yo.

Como R y O tiene apariencia femenina (a pesar de que son más machos que yo) pronto empezaron a rodearnos varios grupitos de chicas. Una de ellas saca a bailar a R, y en el transcurso del baile empiezan a tomarles foto. Termina el baile y sacan a O. y pasa lo mismo, empiezan las fotos. La diferencia es que a O no le molesta pero a R sí.

Le preguntan a O si alguna de nosotras es pareja y ella les dice que las tres estamos juntas, que somos una “pareja” de tres, o sea, que somos poliamorosas. Las chicas no le creen así que cuando termina el baile O viene, nos cuenta y nos dice que nos demos piquitos entre las tres y nos da piquitos a R y a mí. Luego nos volvemos a dar piquitos.

R dice que eso no es suficiente así que propone besos de a tres. Así que las tres nos juntamos y comenzamos a besarnos frente a todo el mundo. Nos detenemos un rato para matarnos de risa y luego volvemos a besarnos las tres.

Supongo que después de eso nadie dudaría de nuestro ideario poliamoroso. Luego R se fue y me quedé con O tomando un poco más, besándonos y luego nos fuimos a su casa a dormir. Me encanta O cuando se comporta tan amablemente, no nos veíamos hace un buen tiempo, pero cuando nos volvemos a ver nos invade una furia sexual digna de mejores causas. Así que le dije adiós a mi abstinencia.

imágenes mentales

Regresar con una ex deber ser difícil (no digo que haya regresado con mi ex, no creo que eso suceda, aunque todo es posible, solo me pongo a analizar en todo lo que se negocia en una situación así). Y depende mucho de los términos en los que se dio fin a la relación.

Por ejemplo, si yo volviera con mi ex (la verdad este post es solo para rellenar el hecho de que no tengo nada que contar jojo) me resultaría muy difícil confiar en ella. Y yo creo que a ella le resultaría muy difícil confiar en mí. Aunque creo que lo intentaríamos. Y esta ligera esperanza es la que ha salvado muchas relaciones de pareja en las que la confianza ha sido mellada por una o por las dos partes. Y creo que también es gracias a esto que los terapeutas de pareja tienen mucho dinero.

Bueno, siguiendo con mi fantasía, no la veo hace como tres semanas (22 días) aunque sí la he visto un par de veces desde lejos y otro par de veces por fotos. Y es raro pero cuando la he visto de lejos no he sentido nada, ni ganas de cruzarme con ella ni de hablarle ni siquiera de saludarla. Pero cuando he visto sus fotos si he sentido como si algo me golpeara en el pecho. Y luego del golpe un dolor profundo.

Supongo que esto se debe a que yo he separado dos tiempos de mi relación pasada. El tiempo bueno y el tiempo malo. El tiempo bueno está asociado a imágenes y recuerdos, que es lo único que queda del pasado, recuerdos de devoción, de cuidado, de satisfacción, de amor. El tiempo malo está asociado a su presencia, a su vida misma, a su forma de caminar o de mirar, a su olor a su aliento, a su risa, a su llanto. Por eso trato de estar lo más lejos posible de su presencia, pero no puedo evitar torturarme muy de vez en cuando con su imagen, o con la imagen de un pasado que fue bueno y que no volverá.

Sé que está mal pero así es como los seres humanos trabajan sus procesos de olvido y de reconstrucción de sus vidas: cayendo y volviendo a levantarse. Y claro, imaginando mucho. Por ejemplo, yo imagino que me la encuentro un día y ella se vuelve loca de alegría, me dice que está arrepentida de lo que ha hecho, que me sigue amando y que ya terminó con su novia. También imagino que la atropella un carro. Este último es más recurrente.

Imagino situaciones y diálogos en los que ella siempre termina pidiendo perdón y yo no se lo doy y me voy, y ella se queda sola y llorando. Y a la vuelta de la esquina me está esperando la mujer que me levantó del suelo y me hizo volver a vivir. Típica novela mexicana. Y eso que nunca vi ni una de esas novelas completa, gracias a “Dios”. Otras veces solo imagino que nos encontramos en el pasadizo oscuro que da a su casa. Ella sale de su cuarto y yo estoy sentada en el muro. Ella se acerca, me toma de la mano, me levanta y nos abrazamos como si no nos hubiéramos visto por años. Luego nos besamos, entramos a su cuarto y dormimos juntas. Generalmente lo más sencillo es lo que más se acerca a la realidad.

Trato de imaginarme con otras mujeres pero aún no puedo. No logro visualizar un rostro ni un cuerpo. Y así es complicado imaginar algo. Y creo que así es mejor, me mantengo lejos de las “locas” con las que suelo cruzarme (aunque me gustan mucho las locas), me concentro en mis tareas pendientes y sigorelativamente tranquila y ligeramente contenta.

Esas extrañas formas de solidaridad

Suelo rodearme de personas que tienen serias carencias afectivas, supongo que será porque yo también tengo esas serias carencias, y aunque a veces parezca que lo opuesto se atrae, la mayoría de las veces sucede todo lo contrario, la gente que se nos acerca y con la que solemos entablar amistad tiene una serie de características que suelen ser muy parecidas a las nuestras, y siento que eso hace que se refuerce la amistad, aunque también la vuelve precaria y la coloca en el límite de la separación o el distanciamiento.

Cuando me pasó “todo lo malo” (así como en Millenium), hace aproximadamente seis meses, me sentí muy sola. En mi trabajo tenía exactamente 8 horas diarias 6 veces a la semana para pensar y repensar en lo que me había pasado, y analizar una y otra vez, y recordar una y otra vez, y llorar continuamente. Era un mar de lágrimas de lunes a sábado, y nadie nunca se dio cuenta. Muchas veces llegué al trabajo con los ojos reventados de tanto llorar en las noches y nada de nada. Supongo que nadie se dio cuenta porque yo lograba ocultar muy bien mi tristeza con mis típicas bromas y mis típicos resfríos.

Como decía, me sentía muy sola, a pesar de que una de mis mejores amigas se sentaba a mi lado y con ella conversaba a diario sobre lo que me pasaba. El problema con ella era que su carencia afectiva la imposibilitaba a solidarizarse conmigo, además, ella, en ese momento, vivía una situación completamente opuesta a la mía, estaba enamorándose y sentía lo que siente alguien que empieza a enamorarse: mucha felicidad. Y así es casi imposible ponerte en la piel del otro y solidarizarte con su dolor y su pena. Supongo que también influyó la advertencia que me hizo sobre sus pocas capacidades de empatía: “apenas siento que alguien quiere apoyarse emocionalmente en mí huyo”. Así que decidí no apoyarme emocionalmente en ella, porque si ya había huido el amor, no quería que huya la amistad.

Y así sobreviví 6 meses, entre idas y venidas de gente que te da consejos, pero que una siente que son completamente fríos y ajenos, gente que te dice: “yo te dije” o “ya sabía” (unas genias ellas) hasta gente que solo te mira con compasión, o que ni siquiera te mira porque le importas un pepino. Y lo único que yo sentía que necesitaba era a alguien que me dijera, mirándome a los ojos, que me estaba comportando como una idiota, que dejara de lastimarme de la forma en que me lastimaba, y que si necesitaba a alguien con quien llorar ella estaría dispuesta a escucharme, soportarme, abrazarme, esperar a que me tranquilice y me duerma, acompañarme, y luego agarrarme a cachetadas por estúpida.

En algún momento, sobre todo los primeros días, por mi mente pasaban algunas ideas para librarme del dolor, entre ellas, acostarme con la primera mujer que se me cruzara en el camino (lo que hice y me ayudó un poco, por lo cual estoy muy agradecida), pedirle a una amiga que me acompañe a un hostal con mucho pero mucho alcohol para emborracharme y llorar todo lo que pudiera con alguien que me cuide y me proteja de cualquier locura (mi amiga nunca tuvo tiempo), que un auto me atropelle (varios estuvieron cerca, pero el miedo al dolor, y a faltar a la chamba porque me descuentan un huevo de plata, pudo más), hacerme un tatuaje que me doliera mucho (me detuvo el hecho de que quiero donar sangre cuando alguien querido lo necesite), renunciar al trabajo y al MHOL e irme muy lejos y volver luego de mucho tiempo (la pobreza, por un lado, y el activismo, por el otro, pudieron más), soportar una relación de tres y convertirme en la amante (soporté unos meses pero en algún momento el dolor se hizo insoportable),  hacer mucho ejercicio (bajé de peso y ahora estoy más guapa), tomar pastillas para dormir porque el insomnio era espantoso (no lo hice no sé por qué, y teniendo las pastillas a la mano), cortarme y ver mi sangre correr (nica, miedo al dolor), leer todos los libros de autoayuda posibles (pude con unos cuantos), matricularme en el inglés desde básico 1 (es ridículo así que quizás lo haga, igual con el francés) y ya no me acuerdo qué más.

Recordar todo eso ahora me da un poco de risa, pero en esos tiempos eran cuestiones graves que me ocupaban el pensamiento. Hace poco tuve una reunión con las personas más cercanas a mí en el activismo y a quienes considero parte de mi familia. De las cuatro, tres estamos pasando por un proceso de rompimiento amoroso difícil en diversos niveles, yo siento que estoy ad portas de superarlo, me ha costado pero ahora me siento un poco más tranquila y menos desesperada. Sin necesidad de establecer ninguna relación afectiva con alguna lesbiana de momento. Con ganas de disfrutar de mi soledad (algo que me parecía prácticamente imposible hace algunas semanas). Con ganas de hacer otras cosas y esas eran las ganas que me hacían falta. Mi amiga T aún está en la mitad de su proceso, hace muy poco decidió empezarlo rompiendo lazos con la contraparte de la relación, distanciándose, generando una barrera emocional. Supongo que yo ayudé un poco acompañándola, haciéndole ver que estaba leyendo equivocadamente las señales, que no era como ella creía y que las cosas no volverán a ser como antes. Supongo, también, que tendrá recaídas como las tuve yo, y espero que sepa sobrellevarlas, levantarse de nuevo y otra vez decidir darse el espacio y el tiempo que necesita para curar sus heridas y volver a quererse a sí misma para así lograr querer a otra persona algún día. Mi amiga P está empezando el proceso, pero ella siempre ha sido más inteligente, o más dura, que nosotras en esas cuestiones, rompió radicalmente los lazos apenas se enteró del engaño, cerró su facebook y apagó su celular, está completamente consciente de que no vale la pena esa relación, y sufre, y mucho, porque se hizo muchas ilusiones, pero está decidida a que ese sufrimiento dure poco, y volver a retomar las riendas de su vida rápidamente. Quizás ayude el hecho de que su relación está a miles de kilómetros, es más fácil caer cuando sabes que la otra persona se encuentra cerquísima a ti, en mi caso a un par de cuadras del MHOL, en el caso de T en el piso de abajo (así que bien fregadas estábamos las dos).

Como decía, en esta reunión estuvimos las cuatro (P, T, M y yo) tratando de analizar el por qué no podemos ser un soporte emocional las unas para las otras. En mi caso, me resulta muy difícil hablar sobre mis sentimientos, porque mi crianza fue, en cierta forma, carente de afecto y mis padres nunca me enseñaron a decir te quiero (y es por eso que yo a mi hija le digo te quiero a diario, para que ella no tenga ninguna mutilación sentimental), porque me hace sentir muy vulnerable expresar mis sentimientos y abrirme hacia los demás, porque tengo fobia social y esto hace que me cierre a la posibilidad de establecer relaciones profundas con otras personas, porque soy muy llorona y sé que si empiezo no paro y no quiero que nadie vea en mí ese tipo de debilidad (aunque mi ex lo vio casi a diario, pero con ella era diferente), porque no quiero cargar a nadie con mis problemas (conozco a gente que solo se te acerca para hablar de sí misma y sus problemas todo el tiempo que está con una y eso me parece egoísta y aburrido) y trato de evitar hacerme la víctima, porque suelo hacer bromas de mi dolor y del dolor de las demás con el fin de quitarle lo dramático a una situación que es de por sí traumática, porque siento que a nadie le importa o debería importarle mi dolor. Suficiente con el blog para dar rienda suelta a mi egocentrismo.

Y todas estas razones también son las que me impiden ayudar a otras personas que están en mi situación. Lo que se convierte en un extraño círculo vicioso lleno de imposibilidades.

P está en una situación similar, su familia tampoco le dio el refuerzo emocional que se necesita y no encuentra apoyo en ellos (lo que se conjuga con el hecho de que somos lesbianas, y a la mayoría de gente heterosexual les resulta complicado entendernos, y creen que si nos enamoramos de un hombre encontraremos la felicidad), para sobrevivir a los traumas de amor se creó una capa de dureza que le permitió sobrevivir a desengaños terribles, y no suele hablar de su dolor porque no encuentra la forma o el cauce para hacerlo. Y eso es también lo que le impide ayudar a otras, la dureza que se creó para sí misma es la dureza que usa para no ser vulnerable al dolor de los demás. Me refiero al dolor individual, porque frente al dolor colectivo solemos ser profundamente comprometidas. Lo que genera en nosotras una especie de esquizofrenia emocional que no es difícil de conjugar.

T tampoco habla mucho de lo que le pasa, me refiero al análisis de los sentimientos, no a la narración de los hechos. Pero ella es un poco más sensible que P y yo, es más impulsiva, es más empática y no sé por qué. Podría decir que es todo lo contrario a P y a mí. Me parece que de las tres, ella es la más humana, la más cercana a la tierra, la única capaz de caminar sobre el suelo, lo que hace que aún no pueda entender todo este asunto colectivo que sí nos moviliza a P y a mí, y que por eso no se involucre tanto en ello como nosotras. Es la menos fría y por eso es la que más se vuelve loca con los detalles de una relación que ya no tiene sentido, y quizás, de las cuatro, es la que necesita más amor, porque nosotras podemos sustituir el amor con el compromiso, pero ella aún no puede, y solo puede sustituir amor por amor.

Sobre M no pienso escribir porque su caso me parece más complejo, así que mejor lo dejo así, ya tengo suficientes anticuerpos.

A pesar de todo, nosotras somos lo único que nos tenemos, no hay más, y tenemos que aprender a lidiar con nuestros problemas y nuestras tragedias entre nosotras. Aunque no somos la perfección en esto del apoyo emocional, por lo menos sabemos que nos tenemos la una a la otra, que podemos contar con nosotras cuando nos necesitamos, que la amistad que hemos generado es fuerte, profunda y bonita. Y eso a veces es suficiente para saber que una no está sola en el mundo, que hay gente que te quiere mal, pero que te quiere al fin y al cabo. Y yo las quiero mal pero las quiero. 

Formas de olvidar

Existen algunas formas de olvidar un poco más rápido. O bueno, algunas situaciones que permiten distraerse y no pensar tanto en lo que sucedió en el pasado. Me refiero a cuestiones amorosas, no a otro tipo de hechos traumáticos.

Una de estas formas es el conocido “un clavo saca otro clavo”, me ayudó un buen tiempo, me distrajo, me ilusionó y pude sobrevivir. Y cuando se terminó la experiencia con el clavo no fue tan dolorosa, no suele serlo, porque sabemos que es un clavo y nada más. El problema es cuando vuelve el pasado y otra vez caes en sus brazos. Pero ese es otro cantar. A veces los clavos duran más y en algún momento, si una tiene mucha suerte, puede convertirse en tu pareja. Pero si no, seguro vendrán otros clavos.

Otra forma de superar lo que pasó es no analizar tanto, no permitirse analizar tanto, además, ya le hemos dado mil vueltas a los hechos, los hemos desmenuzado, los hemos vuelto a vivir infinitas veces segundo a segundo y cada vez que los vivíamos rememorábamos todo el dolor y las lágrimas. Así que un buen paso para sacarse todo eso del fondo oscuro en donde está metido es no permitirse seguir analizando y cada vez que vuelva un pensamiento o un recuerdo decirse mentalmente que ya basta. Es difícil, es complicado, es penoso, hasta a veces parece imposible, pero a mí me ha funcionado, claro luego de muchos meses me ha funcionado, pero si no lo hacía seguía destruyéndome la vida. Y eso tampoco iba a permitírmelo, menos en un momento tan crucial de mi vida.

Y esa es otra forma de sacarse el dolor de encima, privilegiar lo que le da un verdadero sentido a tu vida, conmigo por ejemplo, lo que me moviliza y hace que me levante de la cama todos los días, aparte de mi hija, es activar por los derechos de las lesbianas. Y en la posición en la que me encuentro, en un momento histórico como este, con un gobierno relativamente abierto a cumplir ciertas expectativas, no puedo dormirme en mis laureles y sollozar noche y día. Tengo que salir adelante sí o sí porque tengo una responsabilidad no solo conmigo y con la gente que me rodea, sino con un montón de lesbianas desconocidas que no tienen la posibilidad de vivir una vida digna.

Otra forma de olvidar, aunque parezca medio rara, es la de ver tu mismo proceso en otras personas. Y eso es lo que yo estoy viendo en dos de mis amigas más cercanas. A T yo le decía las mismas cosas que P me decía a mí. Aléjate, rompe el contacto, date un espacio y un tiempo. Y claro, yo no le hacía caso así como T no me hacía caso. Los 6 meses que yo estuve batallando para mantenerme en pie también los vivió T, porque ella también había terminado su relación con P casi al mismo tiempo que yo y casi por las mismas circunstancias, con la diferencia que a mí K me buscaba una y otra vez para volver a empezar, para arreglar las cosas y para poder estar las 3 juntas, a como dé lugar, y nunca dejó de decirme que me amaba, que me extrañaba y que lo que estaba pasando solo era un proceso, que terminaría en algún momento y volvería conmigo (floro barato, pero que suena bonito y ayuda un poco a la autoestima)

En cambio a T, la dejaron de amar y ya no le volvieron a pronunciar palabras de amor, le dijeron que todo había terminado y fin. Y luego, de vez en cuando, recibía unas cuantas migajas de amor, pero como solo eran migajas no ayudaban en nada, solo daban falsas esperanzas y le dejaban el corazón más vacío que antes.

Y claro, como yo estaba completamente concentrada y enfocada en mi dolor no tenía en cuenta lo que pasaba con T, y como yo soy tan poco comunicativa, tampoco podía refugiar todo mi dolor en T. Y las dos andábamos como almas sin rumbo mientras K y P volvían a ilusionarse, volvían a enamorarse y no podían ser capaces de ver todo lo que vivíamos nosotras, y es que la felicidad te nubla y ya no puedes pensar en nada más, supongo que es difícil ser solidaria en esas circunstancias.

Llegó un momento en que yo decidí romper el contacto, alejarme de ella y retomar mi vida. Fue duro, aún es difícil, claro que cada vez menos difícil, pero fue una decisión de la que me siento orgullosa. No feliz, aún no soy feliz, creo que me va a costar mucho volver a ser feliz, pero por lo menos estoy ecuánime, y eso ya es bastante, considerando que antes era solo un manojo de penas.

Y luego de que me decidí a retomar mi existencia a como era antes, pude ver más en perspectiva la situación de T, compré unos cuantos libros de autoayuda y volví a leer todos los lugares comunes sobre el amor y el desamor, todo lo que se supone que ya sé, y que una persona inteligente no debe leer lo leí (aunque en una perspectiva generalmente heterosexual, pero es lo que hay, quizás en algún momento se me ocurra escribir mi autoayuda para lesbianas). La autoayuda me relaja porque se toma tan poco en serio, no es esnob y, sobre todo, existe un consciente y decidido deseo de ayudar (así sea a los mismos autores que se hacen millonarios). Y para mí, eso es suficiente.

Y luego de mi decisión veo como T también decide por fin retomar las riendas de su vida y restringir el contacto, aunque para ella es más complicado porque viven en la misma casa, pero también es más fácil porque con ella el rompimiento fue más radical, no hubo una búsqueda continua de reconciliaciones absurdas, solo continuas muestras de desamor y desprecio que ella se obsesionaba en entenderlas como todo lo contrario. Por eso su situación era más triste y más fea.

Para T como para mí este año ha sido de lo peor. Pero, asimismo, fue el año en que sobrevivimos al desamor, y creo que ese, es un triunfo mayor. Las dos pasamos por nuestras relaciones lésbicas más intensas, las vivimos con mucha emoción y nos mantuvimos en pie aunque cayendo cientos de veces. Creo que ahora podríamos sobrevivir a cualquier cosa.

Ahora veo a P en la misma situación en la que estábamos T y yo. Destruida por un amor perdido, con ganas de llorar todo el día o dormir o morir. Y verla a ella me recuerda a mí hecha una bola de dolor que giraba y giraba. Lo veo tan lejano y a la vez tan cercano. Entiendo su dolor, hasta casi puedo palparlo, y eso permite que yo vea lo mío como algo más trabajado, como si el tiempo lo hubiera macerado, como un extraño dolor antiguo.

10 días

En el proceso de curación de mis heridas, decidí dejar de verla. Era completamente necesario si por fin decidía separarme de una relación que solo me destruía por todo el dolor que conllevaba seguir con alguien que en algún momento me engañó y luego decidió que muy bien podríamos estar las tres juntas, pero no revueltas (o revueltas solo con ella). La otra como la novia casi oficial (si esa posición existe en una relación de 3 que solo 2 conocen y la otra sospecha) y yo como la ex novia que no puede irse.

Porque yo seguía pegada a una relación que ya no tenía sentido, que estaba rota, que no tenía ningún futuro y que solo me lastimaba. Pero es que resulta tan difícil dejar a alguien que has amado y con la que has planeado muchas cosas en la vida, sobre todo cuando a ese alguien lo considerabas parte de tu familia, o tu familia en sí, la familia que una elige y, por lo tanto, más preciada aún.

Pero luego de casi 6 meses de este tira y afloja la cuerda tenía que romperse. Así que decidí darle punto final y no fue una decisión fácil, lo fácil hubiera sido quedarme aún en su cama casi todas las noches y seguir durmiendo con ella, lo fácil hubiera sido seguir viviendo esa especie de alegría/tristeza que me embargaba cada vez que la veía, lo fácil hubiera sido seguir manteniendo una relación basada en la mentira y en el pasado. Y viviendo sobre lo fácil estuve casi medio año.

Hoy son diez días que no nos vemos (es muy reciente aún todo esto), y sí, aún cuento los días, porque cada día que pasa la pienso y recuerdo lo bueno y lo malo de la relación (aunque predomina lo malo) y no puedo evitar derramar unas ligeras lágrimas en señal de duelo por lo perdido, pero ya no es como antes que me lloraba todo el río Rímac, ahora son unas pocas, hasta dulces podría decir, unas tristes y dulces lágrimas por un amor perdido.

Sé que cada día que pasa es un paso hacia la liberación y el olvido, y los asumo con valentía, a pesar de que hay días que me dan ganas de dejar toda esta valentía atrás y comportarme nuevamente como una cobarde y llamarla y volver a su lado, y estoy segura de que me recibiría y nuevamente volveríamos a tener una relación de tres, y solo de pensarlo se me quitan las ganas.

Diez días puede parecer poco, para mí es una eternidad. Siento como si estuviera en un proceso de desintoxicación de drogas y estoy con síndrome de abstinencia. Siento como si hubiera luchado con ese vicio por mucho tiempo y todo el tiempo me hubiera vencido. Menos ahora. El vicio es complejo, cuando piensas que estás recuperada es cuando viene con más fuerza, y eso me da un poco de temor, pero el tiempo y la distancia son los mejores aliados, de eso estoy completamente segura. Seguiré resistiendo, seguiré luchando contra un sentimiento que no vale la pena y que no tiene sentido.

Y en algún momento podré escribir en este blog, en donde hay mucho de mi vida (porque hay cantidad de cosas que no he contado), que por fin estoy libre de un amor malsano. Que soy feliz por fin. Y que quizás me he vuelto a enamorar.

la vida

La vida casi nunca es lo que una espera. Muchas veces ni siquiera se acerca mínimamente a los proyectos que nos forjábamos de pequeñas. La vida es aquello que te das cuenta que vives cuando todo a tu alrededor te dice que eso no es vida. Solo ahí la vida se muestra ante ti como algo que realmente es, ya no como un sueño, una meta o un anhelo, sino como la realidad. Cuando lo real te golpea es que realmente cuestiones qué es la vida, para qué se vive, qué sentido tiene seguir viviéndola. Y lo real no tiene que ser necesariamente una tragedia, a veces es el simple sinsentido, el vacío, el hastío, la angustia o el desamor.

Yo he pasado hambre junto a mi familia, hubo veces en que solo comía un tomate, una zanahoria y tomaba un poco de café en todo el día; he estado muchas veces, junto a mis hermanos, sin electricidad en casa, estudiando a la luz de las velas, porque no teníamos dinero para pagar la cuenta de la luz; he visto a mi padre empeñar hasta su vida con tal de que nosotros pudiéramos estudiar; he visto a mi madre deshonrándose para que nosotros pudiéramos comer; he tenido que ir al colegio junto con mis hermanos a pie y caminar muchas pero muchas cuadras de ida y vuelta porque no teníamos para los pasajes sin desayuno; he caminado con los zapatos rotos por mucho tiempo; en pocas palabras, he vivido y contemplado la pobreza de una forma muy cercana, pero nada de eso me hizo sentir infeliz, realmente infeliz, porque había gente que me amaba, y se sacrificaba tanto como yo me sacrificaba al ir y volver del colegio a pie, sin refrigerio y con los zapatos rotos; y seguro que es por eso que no le tengo miedo a la pobreza, aunque a mis hermanos les afectó de forma completamente diferente, mi hermana por ejemplo, le tiene terror a la pobreza y ha centrado su vida en salir de ella, y lo ha conseguido; yo le tengo el miedo al sinsentido, a que mi vida en algún momento no haya valido la pena ser vivida, que no haya hecho nada con esta vida que tuve, que mi vida no haya ayudado a otras vidas a vivir, y por eso la pobreza pasa a un segundo lugar en el orden de mis prioridades en el actuar.

Si me preguntan qué es peor vivir para mí, la pobreza o el desamor, yo respondería sin duda que el desamor, y supongo que mi hermana respondería lo contrario. Yo he vivido la pobreza y sé que esta no puede matarme, es más, me hizo más fuerte, más idealista, más guerrera. Sé que sin el amor de mis padres, un amor raro, frío, lejano, pero amor al fin y al cabo, no hubiera sobrevivido. Ese amor, con sus pro y sus contra, me ayudó a vivir y me capacitó para sobrevivir. Si ellos no me hubiesen amado, mínimamente, yo no sería lo que soy.

Con la pobreza yo nunca deseé morir, con el desamor sí. La pobreza nunca me impidió hacer nada que no quisiera, el desamor me inmovilizó en la cama, inmovilizó mi cuerpo, inmovilizó mi mente. Le quitó sentido a muchísimas cosas que eran realmente importantes para mí. Quizás cuando lo vea en perspectiva esto deje de tener tanta importancia, pero yo supongo que, conociéndome, si otra vez vivo una experiencia de desamor, será muy parecida, no creo que no haya aprendido a no sentir, solo aprendí a actuar de otra manera, pero ni siquiera estoy libre de repetir los mismos errores.

El desamor no me genera rabia, rencor, odio, que es lo que me gustaría que me genere, porque sé que esas emociones en algún momento pasan, y nunca se puede vivir con ellas toda la vida, pero una puede cargar la pérdida del sentido toda la vida. Una puede cargar cierta melancolía, cierta tristeza y ciertos vacíos hasta el último día de su vida. El tiempo y la distancia ayudan al olvido, pero así como nunca olvidé mis experiencias de pobreza. Porque marcaron en mí un devenir que formó mi personalidad. Así tampoco podré olvidar las experiencias de desamor porque también marcaron mi vida de forma indeleble, sobre todo, porque fueron errores debido a las pobres elecciones que hice, y obviamente, es diferente el sentimiento hacia una pobreza que me fue dada que hacia un desamor que fue, prácticamente, buscado.