cansancio

Me siento extraña cuando O dice que daría la vida por mí, pero que también la daría por otras ex novias suyas. Yo le digo: entonces qué mérito tiene. Pero es que es cierto, me dice, lo haría. Si me vas a decir huevadas mejor no me digas nada. Se molesta, unas lágrimas caen por su rostro. Yo me hago la loca. Ya no voy a hablar de esas cosas, me dice. Mejor, le digo. Me da miedo volver a lastimarte, añade. Tú no vas a volver a lastimarme, le digo, eso ya no es posible.

Me cuenta que agarró con una amiga del trabajo en el baño. Le cuento que voy a salir con una chica la semana que viene y que seguro también pasarán muchas cosas.

Me cuenta que sale con una niña que está locamente enamorada de ella y por la cual siente un deseo casi irrefrenable. Le cuento que yo no siento deseo por nadie, ya ni siquiera siento tanto deseo por ella. Parece que el asunto va mal entre las dos otra vez. Me aburro y me dan ganas de irme a mi casa. Extraño mi soledad. Pero sigo ahí.

Con R salimos otra vez el viernes. El ambiente en la disco está muy cargado. La gente está súper borracha, la música es mala, hay como tres peleas y no dejan de empujarnos cada vez que pasan por nuestro lado.

Otra vez se repiten los picos, los besos de tres y las mordidas. Solo que esta vez O se molesta porque en un momento determinado R y yo estamos besándonos más de la cuenta y ella se siente aislada. Todo el camino de regreso a su casa es incómodo, O está molesta conmigo y con R. En la habitación sigue molesta. Le cuento que mi entrevista por tv salió bien, que no me puse muy nerviosa y que respondí correctamente. Me dice, eso era lo que querías ¿no? ser reconocida por todos. No, le digo, el reconocimiento es lo que menos me importa. No seas mentirosa, me dice, tú quieres ser famosa, que la gente sepa de ti. Lo que yo quiero es que menos lesbianas sientan culpa por ser lesbianas, y que vean que hay lesbianas que no tienen miedo de ser visibles. Ella se molesta, cree que niego algo evidente. Yo me molesto, no tiene ningún sentido hablar de eso, no me interesa ni el reconocimiento, ni el éxito, ni siquiera me preocupa mi futuro.

Se levanta, se pone su ropa y me dice que va a salir un rato, que necesita tomar aire. Yo también me levanto y me pongo mi ropa. Si te vas yo me voy, al fin y al cabo es tu casa, soy yo la que debe irse. Me dice que no, que me quede, que solo es un ratito. Le digo que no, que no se preocupe, que mejor me voy. Al final las dos volvemos a echarnos. Ella sigue renegando por varias cosas, el trabajo, el estudio, la familia, las mujeres. Yo me hago la dormida, estoy cansada, no quiero hablar de nada, no quiero consolar a nadie, aunque al final tengo que hacerlo, le digo que yo la voy a ayudar, que voy a estar a su lado cuando me necesite, que no se preocupe, que las cosas van a mejorar, luego nos quedamos dormidas.

Al día siguiente tengo otra entrevista en una radio así que pido permiso en el trabajo, otra vez. Nos despedimos, me dice que nos vemos pronto, y cada quien regresa a su vida normal. Luego me manda un mensaje de texto: te amo. Yo también te amo, le respondo. Y seguimos mintiéndonos hasta la próxima vez.

Es extraño, pero todo este tiempo no he pensado en K, o sea, no como antes, supongo que es porque estoy entretenida con O, porque si estuviera sola o sin nada que hacer seguro me torturaría recordándola. Es bueno estar entretenida.

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