El último adiós

Las despedidas son duras. Sobre todo cuando es a ti a quien despiden. No tenía sentido continuar, era algo que yo ya sabía; que nada podría ser como antes, eso también lo sabía. Pero he visto muchas películas de amor (quizás demasiadas), y en el fondo confío en el amor, y creo que puede hacer maravillas. Creo que puede reconciliar a la gente. Creo que puede nacer de donde menos lo esperas. Creo que puede resucitar. Creo que es capaz de perdonarlo todo. Creo que es posible volver a amar, sobre todo si se amó con tanta pasión y con tanta entrega alguna vez. Creo que puede convertir a la persona más desagradable en el ser más bueno y más bello. Creo que puede mover y cambiar el mundo.

Sé que también el amor se puede ir, se puede gastar, se puede morir. Pero creo más en todo lo contrario. Esa fue mi esperanza hasta el fin. Pensé que en algún momento ella valoraría todo lo que hice luego de que me enterara del engaño. Que seguí a su lado. Que continué apoyándola. Que soporté una infinidad de humillaciones. Que perdonaba todo y volvía a su lado día tras día, semana tras semana, mes tras mes. Pero nada de eso valió la pena. Pensé que valoraría nuestra historia juntas, el tiempo que vivimos y nos apoyamos y construimos una familia. Pero no.

Ella tomó su decisión. Y eso es bueno. Es bueno porque nos permite vivir a las dos como debimos vivir desde el inicio de todo esto. Con las cosas claras, con los términos correctos, con las cartas sobre la mesa. Dejando de ocultarnos, dejando de mentir, trabajando en nuestras propias vidas, en recuperar nuestras vidas lejos de cada una. En empezar de nuevo cada una por su lado y siguiendo el camino que una eligió y la otra aceptó.

Sé que si tenemos que estar juntas de alguna manera eso se dará. Que nada está perdido. Que el tiempo ayuda. Que cada una andará lo que debe andar, vivirá lo que debe vivir y conocer lo que debe conocer. Y quizás luego de muchos años podamos volver a vernos sin ningún tipo de rabia o de rencor. Sin malos recuerdos. Sin pena, sin dolor. Como mujeres nuevas frente al sol. Con una vida vivida. Con el peso de los años encima de nosotras. Con la experiencia a flor de piel y la madurez para aceptar que se gana y se pierde y se vuelve a ganar y perder mil veces. Y se cae y se levanta como si nada hubiera pasado. Que siempre se continúa, que siempre se sigue adelante. Que por cada fracaso en la vida hay un éxito. Y por cada amor perdido uno nuevo se vuelve a encontrar.

Supongo también que mi amor no valió tanto. Que todo lo que pude entregar no lo entregué a tiempo. Que todo lo que pude amar no lo amé bien. Que hice demasiadas cosas mal. Que fue fácil dejarme de amar en algún momento. Que me comporté como una estúpida demasiadas veces. Que fui indiferente, egoísta, inútil. Y desperdicié horas de amor en desprecio y vanidad. Son las cosas que una termina aprendiendo. Porque si una no aprende de los fracasos no merece vivir, no merece volver a ser amada, no merece reconstruir su vida. Y yo fui una alumna aprovechada. Aprendí demasiado en unos cuantos meses. Todo lo que la vida no me había enseñado lo aprendí en un curso rápido de desamor y de abandono.

Como decía, ella decidió, y seguramente fue la mejor decisión. Una persona simplemente no puede equivocarse en este tipo de cosas que son como de vida o muerte. Escoges amar o escoges perder, así de simple. Y supongo que ella eligió amar. Y yo otra vez perdida en este mar de lágrimas. De angustia. De no poder dormir por las noches. De despertar sudando luego de haber soñado con ella. De haberla tenido entre mis brazos y de haber besado sus labios y su cuerpo en esa niebla gris del inconsciente. De no poder recuperar el sueño. De dar vueltas en la cama intranquilamente pensando en lo que pudo ser y no fue. Pensando en todo lo perdido. Atesorando recuerdos de las cosas buenas porque recordar las malas en estos momentos no tiene sentido. Volver a dormir pensando en ella. Volver a despertar pensando en ella. Todos los días, continuamente. Como una obsesiva rueda de la fortuna que gira sin parar. Como una extraña ruleta rusa que te dispara mil veces en la cabeza y no te deja morir, no te permite morir, no te consiente morir, así tengas el cráneo destrozado, el corazón devastado, el alma destruida. Seguir viviendo con todo destruido por dentro es posible. Soy una persona que vive con todo destruido por dentro. Y vive.

Adiós amor.

 

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One comment

  1. martha · marzo 16, 2012

    acabo de pasar por lo mismo,,, las palabras escritas han sdio muy precisas en mi vida tb!! y sii vivir cada momento es lo mejor q podemos hacer y llevar la penaa por dentro ia q el tiempo cura heridas pero jasmas lascicatrices q haran q aprendamosss…cdt

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