mis trabajos

Como mencioné hace poco, tengo prácticamente tres trabajos. Considerando que otrxs casi no tienen nada debo considerarme una persona con suerte. Sobre todo porque mis trabajos se acoplan a mi ritmo de vida. Y porque me dan la posibilidad de seguir activando en el MHOL y de atender a mi hija casi todos los días. Y como ahora vivo con Camila, los gastos se me han triplicado, y el colegio y sus necesidades diarias me sacan todos los meses un ojo de la cara.

 

Mi primer trabajo es de 7 de la mañana a 3 de la tarde de lunes a sábado, y consiste en transcribir mensajes de texto, es un trabajo muy fácil y que me permite leer y estudiar casi todo el día. Aparte de ello, mis jefes son muy buenos y me dan permiso para salir o faltar cuando tengo alguna actividad importante del MHOL. También puedo entrar más temprano y por ende salir una hora antes. O puedo deber horas que luego recupero un domingo. Me gusta porque es bastante flexible, a pesar de que no me paguen mucho. Por lo menos compensa con la posibilidad de tener permisos. Algo que no sucedería en otros trabajos tan fácilmente. Además, nunca había leído tanto en mi vida sobre temas que me gusten, porque generalmente he trabajado en editoriales revisando libros de leyes o de ciencias, o libros de texto o novelas muy aburridas. Aquí leo lo que quiero. Y de paso me pagan. Otra razón es que está muy cerca de mi casa, y puedo llegar caminando, y a la salida recoger a Cami del colegio, que también está muy cerca.

 

Mi segundo trabajo es solo fines de semana, sábados y domingos de 4 de la tarde a 12 de la noche. Lo que significa que los sábados van a ser para mí, de ahora en adelante, los días más pesados, o prácticamente días que no existen, porque me los voy a pasar encerrada en mis dos trabajos. Desde las 6 hasta las 2 en el primero, luego almorzar y volar al otro trabajo desde las 4 hasta las 12. Este segundo trabajo consiste en corregir un periódico, y como los periódicos salen muy temprano, hay que corregir hasta muy tarde, por eso ese horario se acomoda a mi vida. Lo que me gusta, aparte de que es la primera vez que corregiría un periódico, y eso me parece super interesante, es que ya no tendré tiempo para ir a juerguear los viernes para no estar muy cansada los sábados, y los sábados estaré tan cansada que no tendré ganas de salir tampoco. Y así ahorraré, y podré juntar para la inicial de un departamento (eso, y estudiar el diplomado y la maestría son mis metas para estos dos años). Aquí me pagan casi igual que en el primer trabajo, por solo 8 días al mes.

 

Mi tercer trabajo es corregir libros free lance, es decir, me mandan un libro, o una investigación, o una tesis, por correo electrónico y yo lo devuelvo tres días después, dependiendo de la cantidad de páginas.  Generalmente puedo revisar hasta 100 páginas diarias y de ahí ya la cabeza empieza a darme vueltas, los ojos me arden y mi cerebro colapsa. También es sencillo porque ya tengo mucha práctica corrigiendo, y gracias a mi laptop puedo corregir en cualquier lado, en casa, en el Mhol, o en el carro. O en cualquier cabina con un USB. Aquí me pagan más que en los dos trabajos anteriores juntos y el trabajo es más sencillo aún, solo que hay que leer mucho y tener bastante cuidado con los detalles.

 

Esos son mis tres trabajos pagados. Porque tengo dos trabajos en los que no me pagan. Y es más, gasto mi plata en ellos.

 

El primero es Camila y el trabajo de cuidado que tengo que hacer con ella. Todas las mañanas de lunes a viernes me levanto a las 5:30 de la mañana y me baño. Luego preparo el desayuno. A las 6 la despierto, hago que se asee y se vista para el colegio, que tome su desayuno y la dejo lista. A las 6:30 salgo al trabajo. A las 6:45 viene la movilidad y se la lleva al colegio porque ella estudia desde las 7 hasta las 3. A las 3 salgo del trabajo, voy a su colegio y almorzamos juntas, luego la dejo avanzando sus tareas y me voy al Mhol (generalmente solo lunes, miércoles y viernes, martes y jueves me quedo en casa o voy con Cami al cine o trabajo en las correcciones). Los sábados ella estudia inglés, pero a las 8, así que esos días mi hermana se encarga de prepararle el desayuno, llevarla a estudiar y recogerla. Luego viene su papá y se la lleva y me la trae el domingo en la tarde. Por suerte Cami tiene un papá que la quiere y que se interesa en sus cosas, y por parte de él nunca le falta nada. Y una tía que también se preocupa por ella y la ve cuando yo no puedo, o sea, los sábados. También tengo a mis dos sobrinas que la ayudan con las partes más difíciles de las tareas escolares y la acompañan cuando yo no estoy, o sea, algunas tardes después de almorzar.

 

Mi segundo trabajo no pagado es el Mhol, como directora tengo que reunirme con mucha gente de otras organizaciones, al inicio era más intenso, ahora, supongo que por el mismo contexto, estas actividades han disminuido. También atiendo a muchxs estudiantes que eligen como tema de investigación lo LGTB. Y tengo que ir a algunas actividades en donde el Mhol tiene que estar presente necesariamente. También debo hacer incidencia política con autoridades para promover los derechos LGTB  y articular con el mismo movimiento para tratar de hacer algo unidos. Por suerte hay todo un equipo detrás con mucha más experiencia y oficio en esos temas y me ayudan cuando yo no puedo ir a alguna actividad. Y en mi trabajo me permiten salir cuando es imprescindible que me haga presente. Así que todo bien. En el Mhol yo no recibo sueldo, es puro punche activista y mucho corazón y ganas de hacer cosas para la comunidad LGTB. Pero creo que esto, y estar al lado de mi hija, me da más satisfacciones que el trabajo mejor pagado del mundo. A veces puede ser muy desgastante, a veces puede parecer una olla de grillos esto que se llama “comunidad” LGTB, a veces hay cuestiones ridículas que hacen que todo retroceda y que sea necesario volver a andar lo ya andado. Pero eso es lo de menos. Lo mejor es ver cada día la felicidad en el rostro de una lesbiana joven que me dice que gracias a mi visibilidad ella también puede sentirse feliz con lo que es, puede tomar valor para enfrentarse a la lesbofobia de la familia o de los amigos o del barrio o del colegio o de la universidad o del trabajo, puede salir del clóset, o puede decidir vivir una vida más plena, más bella, más libre. Sacarlas de esa celda estrecha del miedo, la represión, la culpa y la vergüenza es mi trabajo de todos los días. Y salir en tv, en periódicos y en radios es la forma de ayudar en ello.

 

Lo que me da el Mhol es tener una voz que me corresponde y no me corresponde a la vez, que me permite hablar por otras y por mí, pero que a la vez no permite a otras hablar. A veces creo que las otras no pueden o no quieren hablar porque tienen mucho que perder. Y yo no tengo nada que perder. Y eso no es ser valiente. Eso es solo tener la oportunidad de ejercer un compromiso con otras lesbianas, un compromiso completamente ineludible por posible y necesario. Lo hago porque puedo, porque si no pudiera esperaría que otra mujer tomara la posta y lo hiciera y si yo no tengo voz hablara por mí si es la única posibilidad de ser escuchada o de que mi vida exista.

 

Recuerdo cuando era pequeña y buscaba referentes lésbicos en todos los libros, periódicos y revistas que leía, y de vez en cuando encontraba algo pero no era suficiente, nunca era suficiente, y siempre me quedaba la angustia de ser una aguja en un pajar y de estar muy sola. No quiero que otras niñas lesbianas pasen por lo mismo. Quiero que se vean reflejadas en otras lesbianas, lesbianas que se atreven a decir lo que son con desparpajo, con osadía, con orgullo, con satisfacción. Y si en algún momento yo asumí ese papel espero haberlo hecho bien, y espero también que muchas otras lesbianas asuman ese papel algún día y yo sea parte de una historia construida por muchas lesbianas, por lesbianas que tenían mucho más que perder que yo, y que arriesgaron todo por sus ideales. Por esas lesbianas, porque me parece que su legado no debe quedar en el olvido, y por las lesbianas que vendrán, es que yo sigo aquí, exponiendo lo que soy. Mi vida al servicio de un ideal.

 

Pero no quiero que esto suene como una cuestión épica, no soy perfecta, no quiero serlo, tengo muchos defectos y he cometido muchos errores, he hecho cosas malas en mi vida, cosas de las cuales me arrepiento, cosas de las que no tengo el menor orgullo, y las asumo como parte de mi experiencia personal en el diario existir. No actúo cínicamente como si nada hubiera pasado, reflexiono sobre ellas continuamente y me pregunto cómo fui capaz de hacerlo, qué extremos de dolor y de odio me llevaron a actuar de determinada forma o a dejar de hacer determinadas acciones, o a no poder controlar otras. Al final toda esa experiencia me sirve para no repetir los errores cometidos. Y para poder vivir en algún momento en paz conmigo misma.

 

Y esa es mi rutina diaria. Por el momento. Porque en abril inicio un diplomado en derechos humanos, que es virtual, pero que igual me tomará unas diez horas semanales durante siete u ocho meses. Y en setiembre, si tengo suerte y me gano la beca de la Cooperación belga, por fin hago la maestría en Sociología que me muero por hacer, y si no gano la beca igual la hago porque no sé si saben, pero uno de mis hobbies es estudiar, aunque suene bastante nerd. Para mí el estudio y la lectura siempre fueron un refugio frente a la indiferencia de mis padres, a la ansiedad de saberme lesbiana de pequeña, al machismo de la mayoría de hombres que se cruzaron en mi vida, y a la locura de las mayoría de mujeres que también se cruzaron en mi vida. A mi propia locura, a mi timidez, a mi fobia social. Un oasis frente a la pobreza y la ignorancia que me rodeaban. Yo creo que los libros me permitieron vivir una vida que en algún momento se hizo invivible. Y me ayudaron a sobrevivir cuando pensaba que todo estaba perdido, que ya nada tenía sentido, que era el final. Por eso tengo tantos libros en casa, porque quiero que mi hija, si no puede, por cosas de la vida, refugiarse en mí, pueda refugiarse en ellos y pueda tener esperanza y sueños. Yo soñaba con ser escritora cuando era pequeña y ese sueño me permitía flotar sobre los contratiempos. Yo quiero que ella sueñe y esos sueños le permitan flotar sobre sus pequeñas tragedias. No pierdo la esperanza de ser escritora algún día, aunque creo que ya lo soy, porque así como una sabe que es lesbiana sin necesidad de acostarse con una mujer para comprobarlo, una puede ser escritora sin necesidad de publicar un libro para comprobarlo. Este blog es mi libro.

Y esta es mi vida.

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