recuerdos

Es extraña la forma en que terminó lo mío con S, y es inevitable que me cause un poco de dolor. Aunque quizás debí verlo venir, ella ya no era la misma, estaba más distante, más ida los últimos días. Cuando me dijo que lo dejáramos ahí yo no quise saber el porqué. Aunque supongo que ella hubiera querido que se lo preguntara. De cualquier forma, cualquier respuesta que me diera igual me iba a lastimar: que la diferencia de edad, que muy rápido, que ya no me gustas, que solo seamos amigas, que su familia, que me gusta otra, que ya me cansé, etc., etc. Pudo ser cualquier cosa y pudo ser ninguna. Lo cierto es que me iba a doler y preferí dejarlo así. Pensé que la curiosidad me iba a ganar pero no, por el momento mi curiosidad va bien. Mis amigas me preguntan ¿pero no te hubiera gustado saber? Y yo les digo que sí, que tal vez, pero pensar, por ejemplo, que le gustaba otra mientras yo salía con ella, me resulta insoportable y prefiero no saber nada.

Otro punto que hace que no me sienta tan infeliz como podría estar es que me siento orgullosa de estos 20 días, generalmente he sido una pareja pésima, que esperaba siempre y no daba nada, indiferente, fría, egoísta. Con S hice todo lo contrario. Estuve pendiente. Fui detallista. Me fijaba en qué cosas le gustaba hacer, qué cosas le gustaba comer, qué cosas le causaban placer y la divertían. Hice mi mayor esfuerzo considerando todas mis actividades y que el pasado volvía de vez en cuando. Me esmeré, la llamé, estuve a su lado, la escuché. Quizás exageré, quizás, como suele pasar, las chicas malas son las más amadas y apreciadas, al fin y al cabo, me ha sucedido, creo que me sucederá siempre. Esto de no apreciar lo bueno y preferir lo malo es un bemol de la existencia humana. De eso ya no me quedan dudas.

Igual me gusta recordar su cara de niña en su cuerpo de mujer, sus labios haciendo pucheros, su cabello largo que me encantaba, sus dedos delgados, aquellas imágenes que no se borrarán de mi mente por un buen tiempo, quiero atesorar esas imágenes, esos pequeños recuerdos, toda esa locura que significó esos 20 días intensos y bonitos.

Y quiero seguir teniendo en mi mente su recuerdo y todo lo que me hizo sentir. Y claro, deseo que sea muy feliz.

Otra vez y otra vez…

yo: cómo estás

ella: bien y tú

yo: bien también… parecías medio molesta

ella: no nada

yo: bueno

ella: sí, necesito decirte algo

yo: dime

ella: creo que lo mejor será dejar esto aquí nada más… lo siento

yo: ok

Y así se terminó mi linda historia de amor (aunque me recordó algunas historias del pasado).

Fue bonito mientras duró.

Y ahora, a seguir viviendo…

 

Mi mejor abril

Todo empezó muy repentinamente. Primero hablamos un par de veces por Facebook y nos llevábamos bien. Yo la veía como una amiga más del face, alguien a quien había conocido hacía un par de años cuando fue por primera vez al Mhol cuando tenía 16 años y yo le dije que dijera que tenía 18 para que no hubiera problemas. Ella me sonrió, yo le sonreí. La vi unas cuantas veces más y luego desapareció. La volví a ver un año después de esa primera vez, primero en la marcha del orgullo, luego en una disco. Luego desapareció de mi vida.

Hasta ahora. Empezó en abril. Un par de conversaciones en el Facebook cambiaron todo. Quedamos en salir un sábado, pero tuve que cancelarlo por un pequeño accidente en el dedo gordo del pie. Yo aún seguía atormentada por el pasado y el pasado volvía de vez en cuando, ese fin de semana había vuelto con intensidad. Pero yo lo estaba tomando más relajadamente. Luego escuché su voz y pensé: qué sexy. Ella me había llamado para preguntarme qué decía mi mensaje de cancelación porque no podía leerlo. Conversamos un poco y maldije mi dedo.

Luego hablamos por el face. Me preguntó: ¿Te gustó mi voz sexy? Y yo le dije: Claro, me derretí en mi asiento. “Voy a ser tu actriz porno entonces”. Y con eso conquistó mi corazón.

Como habíamos perdido el sábado quedamos en vernos el lunes. Fuimos a tomar con una amiga que no se separaba de nosotras. Tomamos mucho y luego nos fuimos a su casa y nos quedamos hasta el otro día. Fue el segundo flechazo a mi corazón. Me gustan las mujeres que toman al toro por las astas. Y obvio, yo era el toro.

Nos volvimos a ver un miércoles, tomamos un poco, le dije para que sea algo más que una amiga. Me dijo que no, que mejor nos conocíamos más. Le dijo ok. Me dijo que se iba a una fiesta. Nos separamos. Al día siguiente me dice: oye, he pensado toda la noche en ti, te voy a denunciar por acoso mental.

Nos vimos un viernes, habíamos estado toda la tarde juntas e íbamos a ir a la disco, pero el pasado llamó y volvió a enloquecer mi vida durante unas horas. El pasado estaba igual que siempre, nada había cambiado a pesar de sus promesas, es más, ahora estaba más loco y delirante, más extraño y más ido.

Le comenté algunas cosas sobre ella y el pasado empezó a correr y se alejó a pesar de que yo le decía que no corra, que no se aleje, que era normal que yo rehiciera mi vida. El pasado se fue. Y yo volví con ella. Con la tranquilidad y la ilusión nueva que me daba. Y salimos y esa noche también dormimos juntas, luego su mamá nos encontró, y aunque al principio parecía que nos metíamos en un problema muy al final no fue tan terrible.

Ella es casi una niña, acaba de cumplir 19, estuve a su lado en su cumpleaños. Cuando llegaron las 12 de la noche y trajeron la torta para cantarle el cumpleaños feliz y apagaron las luces, me tomó de la mano y me colocó detrás de ella y la abracé, y así cantamos la canción, frente a toda su familia, y era la primera vez que me pasaba algo así, alguien que no tuviera miedo de que su familia no me aceptara, alguien a quien no le importaba que su familia no me aceptara, alguien que tenía la suficiente fuerza interior para afrontar lo que la familia dijera.

Le pedí por segunda vez tener una relación, me dijo otra vez que no. Que tenía miedo de muchas cosas y que no confiaba en mí. Yo le había dado muchas razones para desconfiar, eso era cierto, hasta a mí me resultaría difícil confiar en mí misma. La diferencia de edad también podría ser un problema. Nos separan 14 años. O sea, ella nacía cuando yo tenía mi primer beso. Y la presión social no recaería sobre mí sino sobre ella.

A pesar de ello, y de pequeñas y tontas discusiones, seguimos juntas. Desde el 2 de abril hasta mañana son 20 días. Y cada día me sorprende más su madurez, su forma de ser una niña-mujer, su esfuerzo para superarse a pesar de todas las limitaciones que la rodean, el amor que siente por su familia, la paciencia y el cariño que tiene conmigo, la ternura que despierta en mí, las ganas de quererla y consentirla que no sentí nunca antes.

Y por ella decidí renunciar al pasado. Y no me costó tanto como creía. Porque el pasado ya era pasado y no me había percatado de ello hasta que temí perderla a ella. No sé qué nos depare el futuro, aún no quiero pensar en eso. Pero el presente es hermoso gracias a ella. Me devolvió la ilusión que había perdido. Me devolvió las ganas de soñar otra vez. Y por eso le estoy completamente agradecida.