L

Con L se dio algo muy loco, creo que la conozco desde el 2008-2009, no estoy muy segura.

 Yo llego al MHOL el 2008, paso por los talleres, me comienzo a sentir bien de ser lesbiana y empieza una cacería infernal de emociones/sexo así que me pierdo en discos y bares. Luego vuelvo más calmada y en busca de algo que no sabía bien qué era. Empiezo a apoyar en los talleres y en cuestiones aleatorias y poco a poco me veo convertida en activista. Es así que conozco a una serie de personas relacionadas con el activismo y conozco a L.

La primera vez que la vi fue en un evento que organizó Versiones (mi grupo lgtb universitario). Ella fue con alguien que no recuerdo y comentó algo que tampoco recuerdo bien pero que me sorprendió, algo sobre articularnos los jóvenes supongo. Cuando se acercó a nosotrxs yo me puse un poco nerviosa. Fue la primera vez que me puso nerviosa frente a ella. No lo olvido porque mi amigo J me dijo: estás rojita. Y yo: cállate oe. Y ella se fue y seguimos con nuestras vidas.

Luego creo que nos volvimos a ver en un plantón contra un evento homofóbico, ella estaba en dos grupos, uno lgtb y otro de varias cosas. Y en ese plantón decidimos entre varios grupos formar el Bloque Estudiantil. Ella venía a las reuniones con N y de pronto ya eran novias. Yo en ese tiempo salía con K y un tiempo después ya éramos pareja. Recuerdo que cada vez que nos veíamos y como ya teníamos cierto nivel de confianza, yo la abrazaba muy fuerte, creo que era admiración mutua, me decía que para ella yo era la única que tenía legitimidad entre las lesbianas, recuerdo que sus palabras siempre me hacían mucho bien.

Y estuvimos así por un tiempo encontrándonos en diversos espacios feministas-lgtb-jóvenes y conociéndonos. Me gustaban mucho sus posiciones claras, sus palabras precisas, su expresión seria, su seguridad. Aprendí a admirarla y a reconocer su potencial. Y recuerdo que pensaba en cómo sería estar con ella, en todo lo que conversaría, crearía, aprendería. En lo excitante que sería, en las ganas que mataba porque no se podía, porque no era correcto, porque la vida es así.

Yo seguía con K, ella estaba con L (y prácticamente ya estábamos casadas las dos). Luego mi relación con K se acabó y una de las pocas personas con las que hablé de eso fue con ella. Me agrada saber que estuvo ahí, que leía las cosas que escribía, que imaginaba la magnitud de lo que me pasaba. Recuerdo que estuvimos en el cumpleaños de N y agarré con todas las que estaban ahí menos con ella. Me pregunto qué habría pasado si agarrábamos las dos. Qué cosas hubieran surgido en mi cabeza, qué hubiera despertado en mi cuerpo, pero no sucedió y las cosas siguieron su curso.

Ella también pasaba por una serie de cosas que yo desconocía, así como yo era un libro abierto de mis sentimientos/emociones y me desangraba en cada post que escribía en el blog, ella seguía siendo un ser hermético, seguro, que lo tenía todo programado. Solo en un par de ocasiones la vi más allá de eso, pero esas dos situaciones solo me confirmaban que ella tenía una decisión clara y fuerte de mantener su relación a pesar de todo, del desgaste, de la monotonía, cosas que yo desconocía y que nunca hubiera imaginado debido a estas dos experiencias previas que me hacían creer en lo fuerte y resolutivo de sus decisiones acerca de eso.

Yo seguía saliendo con varias chicas, ella trataba de salvar su relación. Y así llegó el 2012. Tuvimos que interactuar más debido a mi puesto en el Mhol y a su trabajo en una ONG que casi nos obligaba a vernos más seguido, lo cual era muy divertido porque ella siempre me había caído bien, la consideraba muy inteligente y era agradable, a pesar de su seriedad, estar a su lado. Un tiempo pensé que yo le caía mal por lo desordenada, caótica, irresponsable, o negligente que podía parecer. Pero bueno, era algo con lo que tenía que vivir.

Ella seguía con su novia, yo ya estaba saliendo del agujero oscuro en el que estuve metida mucho tiempo. Y nos vamos a Chiclayo. Jueves juntas en el bus conversando y durmiendo. Viernes todo el día en el taller. En la noche un incidente desagradable, ganas de no hablarle y de emborracharme. Salimos con un grupo de chicas, tomamos, coqueteamos. Al día siguiente otra vez taller y a la disco. 20 de mayo. Todo empieza otra vez en esa fiesta, en esa disco, en esa borrachera, entre reggaetón, lesbianas y mucha cerveza. Ella me besa, se cuelga de mí como un mono mientras bailamos y siento que me voy y que sus labios me envuelven sorprendiéndome y no quiero que me suelte, quiero que esa sensación vuelva, y la veo bailando con otra y no quiero verla, y me voy a bailar con otra y solo quiero volver a ver si se anima a besarme de nuevo. Y todo es tan excitante, tan nuevo, tan genial. Y luego volvemos al hotel, en el ascensor estamos las 4. Un piso, dos, tres, ella sale, me toma de la mano, me lleva por el pasadizo, me mete en su cama y hace conmigo lo que quiere, lo que siempre quiso, lo que siempre quise sin estar segura bien de lo que quería.

Su cuerpo delgado, su fuerza, su mano pasando sobre mi rostro, la confianza con la que tomaba mi cuerpo y lo colocaba como ella quería, su incansable esfuerzo, su excitación, su humedad. Y luego su disposición a que yo hiciera lo mismo, a que tomara lo que ella me estaba ofreciendo, sus gemidos, sus ganas, su apertura. Y al día siguiente despertando juntas, nuestros cuerpos desnudos buscándose otra vez, nerviosos, tímidos y luego salvajes otra vez, a la luz del día, con resaca pero con ganas de dejar todo atrás, de olvidar miedos, de obviar responsabilidades, de vivir el momento.

Demás esta decir que ese orgasmo me puso el alma en su sitio pero me dejó sin corazón. Mi corazón se quedó con ella y aún lo tiene en sus manos. Esas manos que me gustan tanto. Esas manos que lo cubren todo. Esas manos que me llenan tanto.