La noche

No sé qué hice con mi blog que terminó cambiando su antigua imagen, el fondo se llamaba Girl in Green, y yo sentía que ya estaba medio desfasado, que yo ya no era esa chica, que es otra persona la que escribe, la que sueña, la que sufre y la que sobrevive actualmente, y ya no podría seguir usando esa imagen. Así que traté de personalizarlo y me quedó así. No tengo muchas ganas de cambiarlo tampoco, quiero verlo así por unos días.

Acostumbrarse nuevamente a estar sola no es divertido, es jodido, sobre todo cuando has convivido con alguien y compartido decenas de manías y pequeñas cosas como hábitos y costumbres. Yo seguiré creyendo que de alguna forma el amor es eso, hábitos y costumbres que amamos y esas manías se convierten luego en la fórmula química que sostiene una relación.

Recuerdo manías y las extraño, como extraño tantas cosas que sé que con el tiempo iré abandonando hasta que quede nada. Me da pena que quede nada, y a la vez espero con ansia ese día. Andar cargando recuerdos no es bueno, pesan demasiado para llevarlos a todos lados, así que trato de echarlos atrás. La vida sigue, el mundo da vueltas, nada se ha detenido más que mi vida por un tiempo breve, comparado con situaciones pasadas, esto es el 15% de tristeza, el 15% de recuerdos, el 15% de todo.

Aún me sorprende tomarlo tan calmadamente. Derramo unas cuantas lagrimillas de vez en cuando, pero no es hundirme en el abismo, es asumir la pérdida como se merece: con sinceridad en la melancolía, con impecable pureza, con honestidad. Me duele, no lo niego, no sé tampoco por qué tendría que negarlo, y lo reconozco porque sé que pasará y que ya nada dolerá.

Me hace feliz haber intentado arreglarlo. Haber tenido el coraje para hacerlo. Me alegra no haber dejado que el orgullo me tape la boca y que mi silencio sea cómplice de una despedida mal hecha. Y sé que ella tiene razón, que no iba a cambiar de la noche a la mañana, que debo estar con alguien que ame como yo, con mis distancias, mi frialdad de vez en cuando, con alguien que me ame al 15%, que no dé más que eso, porque tal vez yo tampoco dé más que eso. No lo sé, no puedo estar segura, no sé si ha llegado la persona a la que yo ame al 100%, a la que realmente le entregue mi vida para que haga con ella lo que quiera y yo poder hacer por ella lo que ella quisiera. No sé si esa mujer llegará, también me imagino sola y tranquila al lado de mis amigas, ella entre mis amigas, todas mis exs entre mis amigas, todas cuidándonos. No me gustaría pasar una vejez solitaria, creo que eso sería más triste que no amar a nadie hasta ese momento.

Y bueno, la vida sigue, el duelo sigue y la claridad también. Me gusta escribir de nuevo en el blog. No para contar detalles de mi vida como antes, ya dije que soy otra persona. No para regodearme en el dolor y en pequeñas situaciones que pudieran generarme más daño, eso ya lo pasé, no pienso repetirlo, las cochinadillas se quedan conmigo como conmigo se queda el placer de saber, de no estar ciega. Esto será más para contar sensaciones, reflejos, sentimientos. Hasta que la vorágine vuelva nuevamente a contaminar mi vida, mi cerebro, mi corazón.

Espero a la vorágine que puede llegar mañana, en un mes, en un año, pero que sí, que sé que llegará, y que ahí por fin no tendré dudas, esa vorágine puede llegar después de decenas de torbellinos pequeños y amagos de tormenta, pero llegará y seré feliz.

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Ya no será

Hace siglos que no escribo en mi blog. No recordaba la contraseña y no tenía necesidad de hacerlo, el facebook se ha convertido en la manera más práctica de escribir pequeños posts que llegan a muchísima más gente. Ahí una puede decir automáticamente lo que siente o lo que experimenta, pero no todo, nunca todo. Así que este blog será otra vez mi catarsis.

¿Alguien sabrá cómo ponerlo en privado? Tampoco quiero que todo el mundo lea lo que escribo.

Vuelvo al blog porque vuelvo a estar sola, otra vez una persona que me amó hasta el tuétano me deja en “libertad” y esa libertad es dolorosa por momentos, por momentos es nada, por momentos se maquilla de alegría, por momentos es verdadera alegría, sobre todo cuando no pienso en el pasado, cuando me imagino un futuro con todo tranquilo nuevamente en mi vida.

Haré otra vez esa especie de ritos de abandono: cortarme el pelo, sacarme o ponerme un arete, adelgazar. Por lo pronto ya hice lo del arete, o mejor dicho, me lo hicieron. Pronto me cortaré el pelo. Adelgazar es un proceso natural, a pasado apenas una semana que terminamos y siento que ya he perdido un par de kilos, los pantalones se me caen, empezaré a usar correa otra vez.

El otro rito es salir con chicas, no es tanto un rito, es una necesidad de distracción.

Aunque en vez de ritos debería pensar en buscar trabajo. Bueno, lo pienso intensamente, y busco intensamente también, pero no sé, no quiero trabajos de mierda, y en algunas cosas creo que estoy sobrecapacitada, ¿si en una entrevista de trabajo me preguntan qué hacer, puedo responder: cambiar el mundo?

Por lo pronto, les dejo un poema que de alguna forma retrata mis sentimientos de hoy, luego del último intento de cambiar la realidad. El poema es de Idea Vilariño y tiene poemas más tristes aún, espero no llegar a esos niveles de tristeza nunca más.

 

Ya no será
ya no
no viviremos juntos
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme
nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.
No llegaré a saber
por qué ni cómo nunca
ni si era de verdad
lo que dijiste que era
ni quién fuiste
ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido
vivir juntos
querernos
esperarnos
estar.
Yo no soy más que yo
para siempre y tú
ya
no serás para mí
más que tú.
Ya no estás
en un día futuro
No sabré dónde vives
con quién
ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.
No volveré a tocarte.
No te veré morir.