Quién me ha robado el mes de abril

1 de abril. La soledad continúa. Pequeñas alegrías vienen a calmar las ansias de la nada. Vienen como olas débiles y se van más débiles. Distracciones, avances y retrocesos. De pronto siento que estoy muy bien y viene un bajón insoportable. A veces el dolor es físico, como si me pusieran un metal pesado sobre el cuerpo. A veces no hay dolor. Como siempre, la noche es lo peor de todo. El día por lo menos te permite escapar a calles, recovecos, extravíos, en la noche soy solo yo, sin posibilidades de nada. Solo yo.

Han pasado aproximadamente 11 días del fin. 11 días no es nada, es recién el preinicio del preinicio del inicio. Es prácticamente empezar de nada. Me gusta pensar en los días, cuando estos se vuelvan semanas, cuando se conviertan en meses, cuando se conviertan en años, cuando se conviertan en nada. Y la nada es la paz, y la paz es nuevamente la libertad de los sentimientos, la reconciliación con el pasado, el optimismo en el futuro.

No negaré que la extraño ferozmente y no negaré que tal vez es la mejor decisión que tomamos. Lamentablemente, dos cosas que pueden parecer contradictorias nunca estuvieron tan bien justificadas en lo que nos pasó. Extraño las posibilidades, los sueños, las metas truncas, pero no los temores, las ansiedades, la terrible angustia de las cotidianidades, de no saber qué hacer, ni qué pensar, ni cómo reaccionar a determinadas situaciones.

No negaré que las noches son más oscuras, más tétricas, más desesperantes, pero que en el día despierto renovada, como si hubieran asesinado de un tirón todo lo que me importaba y me dan la libertad de la manera más espantosa y radical, pero libertad al fin, tal cual, y hay que vivir con ella y saberla utilizar.

Igual, estos meses, y sobre todo abril, serán meses robados a la felicidad.

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