Viajes

Algo bueno entre tanta conmoción. Una pequeña consultoría con lesbianas y viajar a Arequipa por 4 días y a Iquitos por 4 días más. Viajar siempre ha sido la forma más intensa de olvidar a alguien. Recuerdo que en mi primera ruptura fuerte no tenía plata y tenía un trabajo horrible que no me permitía ir a ningún lado. Sufría como condenada todos los días, no tenía a dónde ir nuevamente y todo mi pesar me lo pasé en casa de mi hermana casi sin poder llorar para que no me escuchen y no me jodan. Lloraba en las calles mientras caminaba cerca de 25 cuadras de ida y vuelta, lloraba en las noches caminando hacia donde tuviera que caminar, y regresaba a casa, lloraba en silencio y me dormía. Luego de eso, creo que quedé curada de muchas cosas. Es decir, eso destruyó en mí muchas expectativas sobre las relaciones de pareja, la confianza y el amor. Para decirlo de forma más clara, destruyó la confianza y el amor. Teníamos una relación cerrada y el engaño, la infidelidad y una cantidad inmensa de mentiras hicieron un buen trabajo, un trabajo efectivo sobre mi capacidad de creer en el futuro.

Esa tal vez es la enorme diferencia con esta ruptura. En esta última no hubo mentiras, no hubo infidelidad, no hubo amargura ni rencor (a pesar de todo). Eso le da una perspectiva completamente diferente a cualquier emoción que surja. Por eso todo es más templado. Lo malo de esto es que se piense que hubo menos amor. Yo creo que la muestra palpable de que hubo un amor más grande y más bonito es esta posibilidad de sufrir de una forma que no te autodestruya, que no te quite posibilidades, que no te aleje del mundo, que no te mate la esperanza.

No hay duda de que sigo amándola, cómo no amarla, cómo dejar de amarla rápidamente, eso es imposible. Y por eso mismo, a la vez de triste me siento tranquila, porque la amo con tranquilidad y no con desesperación, porque este amor me permite vivir y no me condena a morir o a querer matar cosas en mí. Tal vez ella hará su vida y yo también haré la mía. Tal vez nos volvamos a encontrar en algún momento en algún camino de la vida. Pero suscribo cada una de las palabras que le dije cuando me despedí de su vida:

Esta no es una despedida, es un abrazo de amor, de todo el amor que nos dimos, ese amor lleno de lucha, pasión y compromiso. Me cambiaste la vida una y mil veces, y no existen palabras para explicar todo lo bien que le hiciste a mi vida. Estarás siempre en mis sueños, en mis recuerdos, en mi vida. Y cuando piense en la libertad, pensaré en ti, y cuando escuche la palabra radicalidad, pensaré en ti, porque le imprimiste a cada cosa que hiciste esas características, porque si hay una forma de describirte es con esas palabras. Te amaré de mil formas infinitas porque llegaste para llenar mi existencia de cosas bonitas. Por eso, cuando me digas ven, iré, cuando quieras calor, te abrazaré, y cuando quieras amor, ahí estaré, con todo mi amor para ti por siempre. 

He prometido también que estas serán las últimas lágrimas que derrame. Sé que romperé la promesa. Soy muy llorona y todavía me falta llorar un poco más sobre esto. Cualquier canción y cualquier película me sacan lágrimas estos días. La que me destroza es The moon song y masoquistamente la escucho a diario, cuando la deje de escuchar o cuando me deje de afectar tal vez ya esté recuperada, ya no diré adelante sino, ahora. Hoy no puedo. La lágrimas disminuirán eso sí, esa promesa sí puedo cumplir. Y juro que me esforzaré por olvidar rápido, por dejarlo todo atrás, lo juro.

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Lo peor

Un día horrible. Una que piensa que las cosas van a mejorar, que vas a dejar de amar, que lo que hubo se convertirá en amistad, que el dolor pasará, que el vacío en el que he quedado se iría llenando, pero no cargado de dolor, sino de grandes posibilidades de amistad o compañerismo o lo que sea, pero nada. La vida me golpea otra vez donde más duele, en la soledad, en este implacable sino de perder al ser amado, de que me dejen de amar, de que luchen contra mí y mis sentimientos, de perderlo todo otra vez y quedar con nada. Sin consuelo, sin paz, sin esperanza.

Describir el dolor siempre ha sido problemático para mí. Para mí es quedarme tirada en la cama sin hacer nada. Es leer sin comprender nada. Es perder el tiempo sin importarme nada. Es mirar sin mirar. Es hablar sin hablar. Es reír sin reír. Es ser una idiota y escribir idioteces. Eso es el dolor y en eso estoy envuelta ahora.

Y no, este dolor y tristeza no es 15% de nada, es algo que me consume diariamente y no me deja estar tranquila. Y no, no entregué el 15%, entregué más, hasta quería casarme y vivir eternamente con ella. Pero las estrategias de la sobrevivencia fallan, interminablemente, y como siempre el inconsciente nos juega las peores pasadas.

Lo peor de todo, tener que volver a la casa de donde me echaron. Eso es algo que realmente me ha lastimado el poquito orgullo que me quedaba. Ver ese rostro prepotente mirándome como si fuera basura y viendo en mí el reflejo de la imposibilidad de la felicidad. Me fui a la mierda y en el camino se fue a la mierda mi dignidad.

Fuimos amantes. Éramos compañeras. Ahora no somos nada. Y mi corazón se fue a la mierda una vez más.