Arequipa

Hace frío, llueve y tengo una gripe espantosa. No debo venir a sitios en donde el estado climático es tan parecido a mi estado emocional: triste, decaído, lúgubre, nada. Tengo varias actividades y por lo menos el internet me distrae.

Seguimos avanzando, pronto no habrá nada, y cuando recuerde lo que hubo, tampoco habrá nada. 

Necesito ir urgente a Iquitos, necesito calor, agua, calles, gente alegre a mi alrededor. 

No quiero regresar a Lima, no quiero cruzarme con ella, no quiero encontrármela en la calle con alguien, o en fiestas o en reuniones, quiero estar muy aparte de todo, bajaré los decibeles de reuniones y activismo mientras tanto. Me enfocaré en los estudios y en los trabajitos que salen.

Me encerraré en una pequeña caparazón protectora hasta que esto pase y vuelva a ser feliz.

Noche y día

Lo mejor: el abrazo

Lo peor: que Cami se apene al verme lagrimear, que me abrace y sienta mi cuerpo incontrolable de sollozos y me diga “mami” y me abrace más fuerte.

El miércoles fue un día realmente triste. Será porque me agarró de sorpresa, porque no me lo esperaba, porque no entendía nada. Y de pronto estaba fuera. Tal vez sea mejor, me digo, tal vez es lo mejor, me repito, tal vez era necesario, me susurro, incansablemente. Tal vez, tal vez.

Por suerte ya pasó, pasó el jueves y ya es casi viernes, ya es casi poco. La vida sigue, todo sigue y hay que acostumbrarse nomás.

Me voy a Arequipa a las 5 am así que apenas salí de clases a las 9 pm me fui a La Molina a recoger mis cosas y estoy aquí, otra vez, esperando a que amanezca porque en La Molina no iba a encontrar ningún carro que me lleve al aeropuerto a las 3 de la mañana. Dormir en este piso frío no es novedad, pero una nunca se acostumbra.

Mientras esperaba, mi compañera de clase me acompañaba al paradero y se reía porque una chica se me había acercado a saludarme. Creo que es la quinta o sexta vez que me pasa cuando estoy con ella: alguien me reconoce y se acerca a saludarme. Dice que hará una caricatura conmigo y recuerdo que yo también quería hacer caricaturas no hace mucho. Me pregunta si sigo depre, sonrío y le digo que no, que ya se me está pasando. Ella también sonríe, su sonrisa es contagiosa, es amplia y siempre como dispuesta a repartirla. Luego vino mi carro y me fui, leí un mensaje, escuché una canción, derramé un par de lágrimas y me quedé dormida, desperté, bajé del carro, alisté mis cosas, me despedí de Cami, salí y tomé el carro, por el Jockey se le reventó la llanta, tuvimos que bajar, subí a otro carro, llegué a este sitio, y me amaneceré terminando una tarea que no entregué y que por suerte, porque parece que la profe me quiere, me dejó entregarla para el día siguiente, o sea, hoy.