Dejar

Es lunes, casi no he salido en toda la semana, excepto el viernes, que me dejé llevar de alguna forma, porque no había más opción, porque no tenía mucho que hacer, porque no sabía qué hacer. No la pasé ni bien ni mal, simplemente la pasé. Creo que ya no tengo muchos ánimos para fiestas, ni para coqueteos, ni para flirts de una noche. No le hice caso a nadie, y las pobres chicas que intentaron algo imaginarán que soy una aburrida. Igual, siempre es bueno enterarse que una es el amor platónico de un par de chicas, o que te inviten a salir, o que te digan que les gustas. Otra cosa, evidentemente, es seguirles el juego, porque al final es eso, juegos y más juegos. Y estoy medio cansada de jugar, o será que nadie me entusiasma tanto como me entusiasmaba ella.

Tengo que ir sacándola de mis pensamientos, otra vez, y cuesta. Me cuesta, sobre todo, porque lo intentamos tantas veces, y todas esas veces estuvimos de alguna forma esperanzadas en que las cosas iban a mejorar. Y que la esperanza muera debe ser lo más triste del mundo, el más agotador de los sentimientos.

A pesar de ello, siento que no es el fin del mundo y que estoy bien, siento también que mientras más me mantenga distante más rápida será la cura. A veces me dan ganas de verla, me la imagino sonriente mirándome a los ojos, bajando la mirada, volviéndome a mirar, entregándose a mí, acurrucándonos en la cama, durmiendo juntas, despertando juntas. Y de ahí ya no quiero imaginar más porque todo se vuelve medio feo. Prefiero tener esas imágenes constantes de ella y darles vuelta y vuelta, y no imaginar más, no imaginar nada más porque sino me hundo en un torbellino de recuerdos y rencores.

A veces también prefiero recordar los primeros días, cuanto toda era nuevo y sorpresivo, y eso me generaba expectativa y placer. Ahora ya nada me sorprende, de ella ya no puede sorprenderme nada. Hemos pasado por todas las crisis posibles, hemos intentado hacer lo que creíamos correcto, hemos avanzado y retrocedido una y otra vez, hemos llenado el vaso y lo hemos vaciado en un instante, nos hemos entendido todo y luego nos hicimos ininteligibles, nos hemos amado y nos hemos odiado, y después de eso no sé qué pueda pasar, no sé qué deba pasar.

Aunque tal vez sí sé qué deba pasar y sigo negándomelo insistentemente en la cabeza. Sigo pensando que es posible, y que hay esperanza. Que no ha muerto aún, que no han terminado de matarla, pero esos son manotazos de ahogado, no tienen sentido, ni tuvieron sentido desde ese primer momento en que murió la confianza, no tuvieron sentido nunca, pero qué sería de nosotros si todo el tiempo hiciéramos cosas con sentido, supongo que dejaríamos de ser humanos, de ser tan humanos, y también que dejaríamos de amar.